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‘In memoriam’: Humberto Musacchio (1943-2026)

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Noviembre, 2026

La noche del pasado 4 de noviembre partió de este mundo, a los 83 años de edad, Humberto Musacchio. Economista egresado de la UNAM, su verdadera vocación sin embargo fue la del periodismo, la cual abrazó y ejerció desde 1969 hasta el final de sus días, convirtiéndose, con el paso de los años, en una figura fundamental del periodismo cultural en México. No sólo eso. De hecho, con sus casi seis décadas en el oficio, se podría decir que Musacchio prácticamente estuvo presente durante toda la construcción de la prensa contemporánea. Esta larga trayectoria le acarrearía una gran cantidad de lectores y admiradores, pero, también, críticos y detractores que señalaban los claroscuros de su andar. Nacido en Ciudad Obregón, Sonora, en 1943, Musa —como cariñosamente lo llamaban amigos y colegas— fue además ensayista, cronista, historiador y enciclopedista. Los periodistas Víctor Roura y Maricarmen Fernández Chapou lo recuerdan en las siguientes líneas.


La partida de Musa

Víctor Roura


Humberto Musacchio se ha ido de esta vida nueve días después de haber cumplido 83 años de vida, el pasado 26 de octubre. Era oriundo de la sonorense Ciudad Obregón. Se fue sin haberme cobrado, o yo debiéndole, los quince mil pesos que me dio en momentos de terrible ansiedad económica que sufría en momentos complejos cuando creaba, yo, el periódico cultural De Largo Aliento, el cual, por un inversionista codicioso que me dejara inundado de deudas, que me hizo vender —aquella deuda— cuatro mil libros de mi amada biblioteca, razón comprendida por el siempre bien recordado Humberto Musacchio para extenderme la mano en un argumento inédito del periodismo mexicano, que siempre ha dejado en el abandono a sus protagonistas, dinero que nunca pude devolverle al querido Musa.

A Humberto lo conocí en el viejo unomásuno, donde coordinaba él la sección cultural ofreciéndome, sin conocerme, la jefatura de información entregándome a ello (redactando a diario las órdenes de información a todos los reporteros) hasta el final de mis días en aquel periódico para fundar La Jornada, donde Musa fuera, en un principio, uno de sus cuatro subdirectores. Con él me unía no sólo la confianza (en las reuniones que hacíamos en mi departamento para renunciar al unomásuno, ubicado entonces mi depa en las calles cercanas a la dirección central del entrañable unomásuno, en la colonia Nochebuena Mixcoac, Musa era uno de los pocos que ya lo había pisado), sino, sobre todo, la entereza periodística.

(Musa, también hay que decirlo, fue muy amigo de la panista Consuelo Sáizar, directora del Fondo de Cultura Económica desde mayo de 2002 hasta marzo de 2009 para luego, de 2009 a 2012, estar al frente del Conaculta, convertido en Secretaría de Cultura el 16 de diciembre de 2015, de quien recibiera numerosos y valiosos apoyos incluso financieros. Antes de ser la afamada panista que es, en 1990 fundó la Editorial Hoja Casa, casa librera que se encargara de editar la enciclopedia Milenios de México, que dirigiera Musacchio, testigo de la infamia editorial que me causara el inversionista de De Largo Aliento haciéndolo cometer ciertos incómodos atropellos como afirmar que dos protagonistas me habían renunciado por habérseles subido a la cabeza la codicia periodística, asunto incierto que dijera de viva voz el propio Musa en su programa de radio. Quiero creer que aquello fue producto de la irascibilidad del momento, no de una categorización mal fundada. Lo cierto es que el buen Musacchio, en ese periodo panista, recibió ingente respaldo económico siempre a causa de su trabajo como autor, no como periodista dispuesto a decir lo que le impusieran.)

Para recordarlo, he recurrido a otro entrañable amigo: Hugo Martínez Téllez, editor periodístico retirado que trabajó en algunos de los medios impresos más importantes del país (unomásuno, La Jornada, El Financiero, Excélsior y Proceso, entre otros).

En el unomásuno

—Fuiste muy cercano de nuestro querido Humberto Musacchio, Hugo, tanto en la elaboración de su enciclopedia mexicana como en asuntos periodísticos (en el suplemento cultural “Comala” de El Financiero, por ejemplo). Cómo fue el acercamiento entre ambos.

—A Musacchio lo conocí muy por encimita cuando trabajábamos en el unomásuno, pero él me ubicó muy bien. Y cuando arrancó La Jornada yo lo fui a ver allá a Balderas. Le dije que quería trabajar en ese nuevo medio y él me abrió las puertas de inmediato y sin reparos. Ahí nos conocimos un poco mejor. Cuando ambos ya estábamos fuera de ese periódico, él me llamó para que lo apoyara en la elaboración del Diccionario Enciclopédico de México (supongo que le gustó mi forma de chambear). Luego, cuando él fundó el suplemento cultural “Comala” me llamó. Ahí fui su segundo de a bordo. Y todavía volví a trabajar con él en el siguiente diccionario enciclopédico que hizo, el Milenios de México.

Cuando conoció a su esposa

—El vínculo amistoso con Humberto Musacchio conseguía la proximidad con la moralidad escritural, ¿qué anécdota podriías contarnos sobre esta revelación?

—Durante el tiempo que trabajé con él, sobre todo cuando elaborábamos el diccionario enciclopédico, se forjó una amistad muy sólida entre ambos. Ya no sólo era mi jefe, sino también mi amigo (y me siento orgulloso de decirlo). Platicábamos mucho y él se abrió conmigo (me habló de su infancia en Sonora y de su tránsito a la capital, al cuidado de su hermana). Y platicar con Musacchio, en plan de amigos, era siempre un aprendizaje. Era un sabio y siempre estaba dispuesto a compartir su sabiduría, sin aspavientos ni presuntuosidades. Y aquí viene la anécdota, que es muy importante para mí. Yo conocí a mi esposa (con quien sigo casado) porque ella llegó un día al suplemento “Comala” preguntando por él y para ofrecerle colaboraciones. No lo encontró, pero me encontró a mí.

Un periodista de izquierda

—El retiro de La Jornada de Humberto Musacchio fue pocas veces entretejido en la prensa nacional, como suele ocurrir en el empresariado mediático. Sin embargo, a diferencia de Musacchio, una persona como Carlos Payán, quien se apropió de ese periódico no siendo suyo, siempre vivió, Payán, como un rey en un territorio de ceguera periodística. Musa siempre me dijo que sería mi amigo eterno por haber escrito realidades sobre esta falsa persona.

—En efecto, Payán y sus secuaces (Aguilar Camín y Carmen Lira) no soportaban que en La Jornada hubiera un periodista honesto a carta cabal, un periodista que no se vendía y que además era de izquierda de verdad, no de dientes para afuera. Por eso hicieron lo posible por aplastarlo (a él y a Granados Chapa).

“Un ser humano de primera categoría”

—¿Cómo clasificaría Hugo Martínez Téllez al periodista Humberto Musacchio?

—Humberto Musacchio (nuestro querido Musa o La Araña) era un periodista honesto, incorruptible y, por lo mismo, desagradable para quienes detentan el poder. Humberto Musacchio era un amigo como hay pocos. Un ser humano de primera categoría.

“Una zona de desastre”

—Con la partida del diestro Musa, y mirando con ojo crítico la situación, ¿qué le está haciendo falta a la prensa mexicana?

—Por desgracia la prensa mexicana es una zona de desastre. Hasta donde alcanzo a ver, los pocos medios impresos que quedan y los medios electrónicos y digitales que abundan, ya olvidaron lo que es el periodismo. Se dedican a hacer propaganda, campañas políticas (a favor de quien les pague), y la información importante, certera y verificada ya no está en sus agendas. ¿Qué le está haciendo falta a la prensa mexicana?: periodistas como Humberto Musacchio.


🔸🔶🔸



“Se necesita estar loco para escribir una enciclopedia”

Maricarmen Fernández Chapou*


Guiado por su instinto periodístico, Humberto Musacchio emprendió en 1985 la tarea de escribir una enciclopedia. Convencido de que su labor era irrenunciable, publicó Diccionario Enciclopédico (1989) y, diez años después, Milenios de México (1999).

Los tres tomos ilustrados de Milenios de México contó con más de 20 mil entradas; las tres cuartas partes integradas por personajes, alrededor de un octavo por municipios y accidentes geográficos, y el resto por la historia y otro tipo de datos. Aparecían, por ejemplo, los datos demográficos de alrededor de 2 mil 500 municipios que hay en el país, así como la información de los países con los que México tenía relaciones, sobre todo en cuanto al intercambio de gente, ideas y cultura. Una obra acorde con los tiempos que vivió.

Explicaba el autor, en entrevista, en marzo de 2000: “En estos diez años ha habido un cambio radical en el paisaje político de México: desaparecieron algunos viejos partidos, aparecieron otros y ahora hay una gran cantidad de hombres de la vida pública que hace diez años no figuraban y que ya están incluidos en Milenios de México. También hay un buen número de empresarios que no aparecieron en la otra edición porque todavía no tenían esa relevancia social avasalladora que tienen hoy: el ejemplo mayor, paradigmático, es Carlos Slim”.

Asimismo, continuaba, “una deficiencia que tiene el Diccionario Enciclopédico de México es que incluía a muy pocos científicos e investigadores; esta vez pude conseguir por lo menos un centenar de nuevos nombres. También a deportistas y más figuras del espectáculo. He tratado de incluir aquí a los que yo creo que van a quedarse, porque un error que cometí la otra vez fue que en mi afán por darle actualidad metí a muchos personajes que eran diputados, directores generales o incluso subsecretarios que no volvieron a figurar y de los que hoy nadie se acuerda, porque seguramente no tenían más relevancia que la que les daba el mismo cargo”.

—¿Cómo saber si incluir sólo a los que se van a quedar?

—Por su proyección social, trabajo, inteligencia, talento o por lo que representan para la sociedad misma. ¿Quiénes entran y quiénes no? Yo me baso en un criterio periodístico, a nosotros nos pagan por saber quién tiene relevancia social y quién no, ese es nuestro trabajo, y en eso me basé. Por supuesto que es un criterio muy subjetivo, puede dar lugar a errores, injusticias u omisiones, pero las asumo sinceramente.

“Por supuesto me enteré de lo que hay en otros diccionarios; los próceres, los acontecimientos históricos, accidentes geográficos, etcétera, pero también le puse de mi cosecha, por ejemplo, creo que puse mucho el acento en algunos hechos sociales poco apreciados por otras obras; la historia del socialismo en México desde el siglo pasado me interesa mucho, creo que metí a todas las figuras relevantes de esa corriente; las huelgas, los movimientos sociales y en los personajes que han participado en esos movimientos. Y otra cosa que me empeñé en hacer fue meter a cuanto personaje vivo de relevancia tuviera yo a la vista”.

—¿Cómo, siendo periodista, incursionó en la titánica empresa del enciclopedismo?

—Como dicen los viejos de la tribu: en el periodismo la gloria dura 24 horas; quizá por eso todos los periodistas intentamos hacer algún libro, la mayoría le busca por el lado de la novela, pero yo no tengo aptitud para ello; yo solo tengo libros de crónicas y la enciclopedia me surgió un tanto por casualidad. Un editor me dijo que si podía hacer en seis meses una obra de este tipo y yo dije que sí porque estaba desempleado, me urgía tener dinero, la que entonces era mi mujer estaba en un embarazo difícil y para mí era la oportunidad de tomar oxígeno. Por supuesto, no me bastaron seis meses. Al año iba en la letra F y con muchas deficiencias, total que me tardé cuatro años. Esto es, pues, producto de la necesidad, del azar, porque nadie anda por ahí diciendo que quiere escribir una enciclopedia, es una cosa desmesurada, hay que estar medio loco y con mucha hambre para poder hacer esto.

—Había un gran vacío de información actualizada y oportuna…

—Yo trabajé muchos años en el cierre de la edición de los diarios, y ocurría que a las 12 de la noche, cuando el reportero de guardia nos llevaba el obituario, había nombres imprecisos y referencias vagas. No siempre era posible obtener datos y no teníamos dónde consultarlos. O si nos llegaba de repente una nota fechada en un pueblo tal, nunca sabíamos dónde estaba o cómo se escribía, si es Tianguistengo o Tainquistenco o si son dos cosas diferentes. Pues todo eso yo he tratado de responderlo en el diccionario.

—En ese sentido, ¿cómo concibe el trabajo del enciclopedista?

—Como periodista. Tradicionalmente se ha considerado que las enciclopedias son obras de erudición. Yo creo que en el mundo en el que nos tocó circular las enciclopedias son obras de información, la gente busca en ella datos sobre algo o alguien y nosotros tenemos que darle esa respuesta, así como pensar en las posibles preguntas del lector hipotético. Los periodistas somos informadores; es decir, no somos especialistas en nada más que en periodismo, nuestro trabajo es buscar la información y entregarla tan resumida y brevemente como podamos. De modo que yo todos los días leo los periódicos con las tijeras en la mano.

Una visión prestada

La enciclopedia Milenios de México fue editada por Consuelo Sáizar y Gerardo Gally a pesar de lo costoso que resultaba una edición de lujo como ésta y el riesgo de venta que pudiera correr. Inicialmente se tiraron 100 mil ejemplares. Una labor poco común en México en donde el enciclopedismo ha quedado históricamente rezagado.

—En cuanto al enciclopedismo —decía Musacchio— tenemos una historia rica, variada, abundante, pero discontinua; hay momentos luminosos y luego grandes interrupciones, como la historia misma de este país y la de sus rupturas. Desde la Colonia hay esfuerzos por hacernos de esta tradición. Hoy afortunadamente hay obras enciclopédicas sobre México interesantes y con una gran continuidad, pero me parece que seguimos teniendo una serie de deficiencias.

“México, por ejemplo, no cuenta con una buena enciclopedia universal. Los datos, la cultura, la visión del mundo que recibimos a través de esas obras es una visión prestada. Creo que hemos avanzado en cuanto al enciclopedismo de tema mexicano, pero ahora nos falta tener un buen enciclopedismo universal. La última enciclopedia universa mexicana que se hizo de gran calidad fue la Enciclopedia UTEHA de la Unión Tipográfica Editorial Hispanoamericana, y es una obra que se terminó a mediados de los cincuenta, a manos de un verdadero ejército de intelectuales del exilio español. Esa es la última gran enciclopedia universal que se ha hecho en México y se hizo con ojos europeos.

“Se necesitan mexicanos que sepan hacer enciclopedias. Los historiadores por lo general se ocupan del trabajo de fuentes primarias, se pasarían la vida en una sola ficha, quien hace obra de divulgación no. Se necesita, eso sí, de un gran equipo de asesores, pero el que haga materialmente una enciclopedia deberá ser un equipo de redactores eficaces, precisos y rápidos. Periodistas, diría yo.

“Impulsar el enciclopedismo —concluía Musacchio— debe ser una tarea de Estado; el Estado mexicano debe preocuparse por que esa visión que tengamos del mundo sea nuestra y no prestada, pero hasta ahora parece que no le ha importado”.

*Esta entrevista fue publicada originalmente en la sección Cultural de El Financiero, en marzo de 2000.

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