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Los subsidios siempre serán insuficientes

Morelia, Cinépolis y su petición de aumento a los fondos públicos

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Detenido

Octubre, 2026

A pocos días de anunciada la programación de su 23ª edición, la directora del Festival Internacional de Cine de Morelia, Daniela Michel, lanzó un mensaje desesperado: los recortes han vuelto precarios los apoyos a este proyecto fílmico. A su rescate salió el cineasta mexicano Guillermo del Toro para lanzar un llamado de atención a la Secretaría de Cultura. Sin embargo, ¿realmente el festival más trascendente del país requiere más dinero? En este texto, el periodista Sergio Raúl López analiza los dineros, los métodos y la historia misma de los subsidios estatales, poniendo en duda dicha afirmación.

En Morelia, desde aquel fundacional otoño de 2003, en octubre arriban anualmente cineastas de todo el mundo y de todo el país para formar parte del encuentro cinematográfico más relevante, con mayor visibilidad y de más prestigio en México, ni duda cabe, entre los 292 festivales y eventos cinematográficos que ocurrieron durante el 2025 —de acuerdo al Anuario Estadístico de Cine Mexicano, editado por el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine). Algo así como la migración temporal de la mariposa monarca en otra región de Michoacán durante el invierno, sólo que aquí en una decena mágica repleta de estrellas, de grandes nombres, de importantes funcionarios, de cineastas emergentes, de críticos y de organizadores de algunos de los festivales más importantes de otras latitudes.

Hablamos, en efecto, del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), el cual, en estos días, ha llevado a cabo su vigésima cuarta edición. Se trata de un apabullante encuentro fílmico que, entre sus características, se concentra en el primer cuadro de la ciudad colonial, un marco no sólo bello sino cómodo, ya que todos los que acuden como participantes o público se transmutan en tranquilos viandantes que caminan las calles empedradas con parsimonia, mezclados con los ciudadanos comunes, en un ambiente de localía y confianza, que se agradece.

Así se pudo mirar en cercanía a figuras como Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón, Diego Luna, Gael García Bernal, Diego Calva, J.A. Bayona, James Gray, Demián Bichir, Felix de Givry, entre otros invitados, en esta edición que se ha llevado a cabo del viernes 16 al domingo 25 de octubre de 2026.

Claro, a cambio —y he aquí otra de sus principales “tradiciones”—, en las taquillas los boletos frecuentemente se encuentran agotados tan rápido que no los alcanzan ni los primeros formados en la fila mientras que las salas de cine no siempre se encuentran llenas, y el acceso a conferencias o a los sitios de reunión para los invitados —desde las comidas colectivas hasta los cocteles o fiestas— son estrictamente controlados, generando simultáneamente un ambiente elitista y excluyente que forma parte de las contradicciones mismas que el FICM acarrea de nacimiento.

Pero lo que realmente sorprendió este año ha sido la persistencia, casi obstinación, de sus organizadores por solicitar insistentemente un aumento de los montos que se asignan en distintos subsidios públicos federales, siendo que el organismo, bien sea una asociación privada, se integra por Alejandro Ramírez Magaña, como presidente, siendo él mismo CEO y dueño de Cinépolis —la tercera compañía de exhibición cinematográfica con más ganancias en el mundo: sí, en el mundo—; Cuauhtémoc Cárdenas Batel, como vicepresidente, perteneciente a la dinastía política de la que su hermano Lázaro fuera gobernador de Michoacán y sea actualmente Jefe de Asesores de la Presidencia de la República; y Daniela Michel como directora general y fundadora, una gestora y conductora televisiva de amplia trayectoria, muy conectada familiarmente con el medio cultural y cinematográfico.

Con ese tamaño de influencia y relevancia en el gremio, extraña que tras 24 años requieran de más recursos para realizar un festival tan exitoso, fortalecido y prestigiado.

Hagamos un close up para analizar los datos y los números.

Petición a la Secretaría de Cultura

En la conferencia de prensa para anunciar la programación del 24º FICM, el jueves 24 de septiembre, pregunté la opinión sobre las políticas cinematográficas federales en un año en que se aprobó una nueva Ley Federal de Cine y el Audiovisual y se anunciaron incremento a los fondos especializados e incluso se creó uno nuevo, el Estímulo Fiscal a la Producción Cinematográfica y Audiovisual (Efica), que entrega créditos fiscales a producciones realmente costosas realizadas en el país, sobre todo para las de plataformas o internacionales, probablemente ambas.

La respuesta de Cuauhtémoc Cárdenas Batel fue como sigue: “Para nosotros que no estamos metidos en el mundo de la producción, cualquier apoyo adicional a cualquier forma de hacer cine, es más, a cualquier forma de apoyar el quehacer cultural, sea cine o cualquier otra expresión, es bienvenido.

“Yo no soy experto en el tema de la Ley Cinematográfica pero creo que se debe impulsar aún más… El apoyo es muy bienvenido, pero debe impulsarse aún más el tema de la distribución y la exhibición para productos culturales hechos en México, no sólo de cine sino de cualquier expresión. Y, al menos en mi caso, he dicho año con año que el presupuesto para la cultura debe ir subiendo de manera progresiva hasta que permita alcanzar un mejor acceso a la cultura para la población y una difusión mucho más grande de lo que se hace en el país.

“En el caso particular de este apoyo creo que es bienvenido y que ojalá sea sólo el principio de una serie de apoyos y de incentivos fiscales más que puedan anunciarse, pero eso sí se sale de nuestras competencias”, finalizó el vicepresidente del FICM.

Hasta ahí se trataba de una lista de buenos deseos para que aumenten los presupuestos públicos en general. Pero el asunto tomó un cariz dramático hacia la opinión pública cuando Guillermo del Toro, uno de los directores más queridos no sólo de México sino del mundo entero, le dirigió una llamada de atención en la red X (antes Twitter) a la Secretaria de Cultura federal, Claudia Curiel de Icaza… y a quien corresponda, el 28 de septiembre desde su cuenta @RealGDT.

“…con mucho respeto, vale la pena recordad (sic) que Daniela Michel sostiene de manera heroica y singular este festival. A veces recibe ayuda, a veces (muchas) no. Todo mundo piensa (erróneamente) que está sostenido por capital privado. No es así. Es un festival de cara al público y al mundo entero. Si bien no hay discusión de más fondos, el contactarla para mayor visibilidad y apoyo representaría un importante gesto”.

Guillermo del Toro, uno de los directores favoritos del FICM.

El tema entonces se volvió viral. Y aunque el mensaje de Del Toro era una respuesta a una publicación de la cuenta del propio festival en X (@FICM), de ese mismo día, avisando del anuncio de la programación en la rueda de prensa; en realidad —y creo que así todos lo entendimos—, lo escrito por el cineasta mexicano había sido parte evidente de un mensaje (en la misma red social digital) de Daniela Michel, publicado ese mismo lunes a las 4:55 pm. Un sucinto: “Gracias a los amigos. Gracias, @RealGDT, @alfonsocuaron y Alejandro G. Iñárritu. Mil gracias por estar”.

En una imagen adjunta, se hallaba un texto aún mucho más largo: “Sostener un festival como el nuestro implica, cada año, redoblar esfuerzos, tocar muchas puertas y, sobre todo, recordar por qué vale la pena seguir adelante. Sin embargo, siempre hemos confirmado algo profundamente valioso: que el Festival Internacional de Cine de Morelia no está solo.

“El apoyo de los amigos incondicionales del festival, de quienes han creído en este proyecto desde sus primeros años y han acompañado su crecimiento, ha sido constante. Entre ellos, Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y Alejandro G. lñárritu, cuya generosidad y compromiso con el cine mexicano han significado un respaldo invaluable en momentos especialmente difíciles.

“A todos ellos, y a quienes de distintas maneras han decidido seguir creyendo en el FICM, quiero expresarles mi más profundo agradecimiento.

“El Festival Internacional de Cine de Morelia nació con una misión muy clara: promover el cine mexicano, acompañar a sus creadores, descubrir a nuevos talentos y abrir espacios para que sus historias lleguen a más públicos. Esa misión ha sido, desde el primer día, el corazón y el motor de este festival, y sigue siendo la razón por la que año con año vale la pena seguir adelante.

“Porque detrás de cada película, de cada cineasta que encuentra un espacio para mostrar su trabajo, de cada encuentro entre el público y nuestro cine, hay una convicción que nos sigue uniendo: el amor al cine mexicano. Y es ese amor el que nos mueve. El que nos hace resistir, insistir y seguir  construyendo, año con año, este espacio único para nuestro cine.

“Mil gracias por estar. Daniela Michel”.

Aunque la misiva no hablaba directamente de una necesidad directa de recibir más recursos por parte de la federación, en un segundo mensaje en cadena, publicado a las 5:47 de ese mismo día desde la cuenta @DanielaMichelC, advertía: “Hoy, más que nunca, es necesario decirlo con toda firmeza: los recursos para sostener los festivales culturales son cada vez más precarios. El FICM es organizado por una asociación civil sin fines de lucro y no depende de una sola instancia, pública o privada, para subsistir: depende de la suma de esfuerzos que logramos reunir cada año. Por eso, hoy más que nunca, necesitamos del compromiso de todos: gobiernos, instituciones, empresas privadas y sociedad. El cine mexicano nos necesita. Y el festival necesita de su apoyo”.

Llama la atención, por decir lo menos, que en uno de los festivales con mayores recursos de los casi tres centenares existentes en el país, se hable de precariedad y de compromiso de todos. Los aviones y helicópteros privados, los hoteles de gran lujo, los choferes y transportes privados, las comidas en el hospitality en los altos de Casa Grande, al lado del Teatro Matamoros, las comidas en Pátzcuaro a bordo de lujosos vagones antiguos de Kansas City Southern —del periodo privatizador en que se desarticuló las rutas de pasajeros—, en fin, una serie de lujos que el mapa político actual del país ha procurado desarticular y que la organización del festival se niega a recortar o a economizar.

Entre los invitados a la inauguración del viernes 16, con la proyección del cuaroniano estreno Campeón gabacho (México, 2026), coescrita —junto a la novelista Aura Xilonen—, producida y dirigida por Jonás Cuarón, con música de Mateo Cuarón, cantos vocales de Bu Cuarón y, claro está, producción general del jefe del clan, el multioscareado Alfonso Cuarón, estaba nada menos que Marcelo Ebrard Casaubon. Tras transitar por la alfombra roja y formar parte de la ceremonia inaugural, el hoy Secretario de Economía se añadió a esta campaña para sumar apoyos para el festival: “…me parece muy importante para el futuro económico del país: obvio, cultural, obvio, identidad, pero necesitamos respaldar la actividad del cine y todo lo que son las industrias creativas. Debo decirles que es un festival muy, muy identificado en todo el mundo. Yo he insistido mucho en que la presencia del Festival Internacional de Cine de Morelia probablemente sea una de las principales acciones más efectivas y afirmativas de México en el mundo”.

La petición de mayores recurso, no cabe duda, tuvo embajadores ilustres e influyentes, parte innegable de esa alta sociedad, en este caso política y cinematográfica, de la que representa un brazo operante.

De los etiquetados discrecionales al Profest sin montos

La llegada a la presidencia de la República de Andrés Manuel López Obrador provocó una enorme reestructuración del oscuro y poco público sistema de apoyos a la cultura —oscuro, discrecional y de evidente privilegio para unos cuantos— que se había consolidado, sexenio a sexenio, desde el dominio de las políticas neoliberales y globalistas consolidadas desde 1988 pero, especialmente, desde el año 2000 con el triunfo del panista Vicente Fox y la derrota tras siete décadas del régimen priista.

El primero en desaparecer fue el de los recursos etiquetados para proyectos culturales —creado por la bancada priista para seguir teniendo cierto control presupuestal tras perder la administración federal—, al ser borrados, tras una década funcionando, del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) —si bien los propios legisladores sugirieron una lista de 223 proyectos de 6 mil solicitudes, a finales de 2018—, para los 500 millones de pesos que ya no iban a ser repartidos de esa manera. Un último intento infructuoso.

A cambio, se echó mano de la Convocatoria Apoyo a Festivales Culturales y Artísticos (Profest), un instrumento creado en el 2016 como parte de las Reglas de Operación de la Secretaría de Cultura federal —creada por Decreto de Enrique Peña Nieto el 17 de diciembre del 2015— para el otorgamiento de apoyos en el esquema de coinversión para festivales culturales y artísticos. Y acabó por sustituir al sistema de etiquetados aunque con una reducción drástica de los montos.

Veamos: en el penúltimo año del sexenio de Peña Nieto, 2017, el PEF en el Ramo 48 correspondiente a Cultura se repartieron mil 500 millones de pesos en recursos etiquetados para “apoyos y donativos” de los que 10 millones correspondieron al FICM en su edición décimo quinta. Para el 2018, para su 16ª edición, el FICM recibió etiquetados federales por 7 millones de pesos, al igual que sus pares de Guadalajara y de Guanajuato.

Para el 2019, aparecen entre los 89 proyectos favorables varios festivales de cine como el GIFF de Guanajuato, el de Los Cabos o Ambulante con 5 millones 100 pesos o el de Monterrey con 2 millones 757 mil 633 pesos, pero no el FICM, como tampoco se encuentra entre los 56 beneficiarios. Para el 2020, entre los 57 proyectos apoyados, no sólo no aparece el FICM sino ningún otro festival de cine.

Las cosas cambian para 2021: hubo 110 proyectos, entre los que ya aparece el 19º FICM en la casilla vigésima, de nuevo bajo la figura de Festival Internacional del Cine en Morelia, A. C. Para el 2022 sólo aparecieron 44 beneficiarios y en el sitio 26º también se encuentra al 20º FICM. Lo mismo entre los 58 de 2023, los 74 del 2024, en octavo, y en cuarto entre los 67 de 2025 para su edición 23ª.

Ahora, en el listado oficial de resultados de Profest 2026 el primer proyecto favorable de la lista, de un total de 774 proyectos seleccionados, es el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). Un problema mayúsculo es que en la publicación de resultados desde el 2020 ya no especifican los montos asignados de forma individual para cada proyecto beneficiado. Sorprende la secrecía de la Secretaría de Cultura para mantener confidenciales los montos exactos asignados cuando los gobiernos de la 4T justo pregonan combatir lo discrecional y oscuro de los apoyos del viejo régimen.

En el 2026, Profest duplicó su presupuesto a 100 millones de pesos, por lo que apoyaron más proyectos pero sin aumentar sus premios. Lo que sabemos, por las reglas de operación vigentes para esta edición, es que existen cinco categorías que inician con los 300 mil pesos, para la A, y asciende a un monto máximo posible de 2 millones de pesos para la categoría F, que es la que seguramente recibe el FICM, por sus años, prestigio y tamaño.

Además, existen aportaciones colaterales del fondo, de manera que Profest cofinancia el Premio José María Riba de Impulso Morelia 12, con 100 mil de los 250 mil pesos en efectivo con que premian proyectos de postproducción mexicana. Otros premios de esta convocatoria son aportados por los Estudios Churubusco, Splendor Omnia y Caffeine, además del portal especializado LaTam Cinema.

De los fideicomisos al Focine

Los fideicomisos de apoyo a la producción del cine mexicano que, durante varios sexenios, operaron en el sector cinematográfico, fueron cancelados también por decreto de López Obrador. El primero fue el Foprocine, que se mantuvo en funcionamiento entre 1998 y 2020 gracias a un convenio entre el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) y Nacional Financiera (Nafin), mismo que, al carecer de estructura orgánica, fue más sencillo de desaparecer de un plumazo el 2 de abril del 2020.

A cambio, el Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (Fidecine) fue creado en enero de 1999, en los artículos 33 al 38 de la Ley Federal de Cinematografía (LFC), por lo que su abolición, también en 2020, requirió derogarlos en la Cámara de Diputados con 242 votos a favor, 178 en contra y siete abstenciones, el 6 de octubre, entre 109 fideicomisos más.

Eso sí, los diputados sugirieron al gobierno federal y a la Secretaría de Hacienda asegurar la continuidad del otorgamiento de apoyos y financiamiento de los fondos cinematográficos. De manera que se creó el programa de Fomento al Cine Mexicano (Focine), del que es responsable el Imcine, en diciembre de 2020. Las 12 convocatorias que de ahí salen no sólo apoyan la producción de cine sino también la exhibición y preservación de acervos, que este 2026 alcanzaron una bolsa de 391.4 millones de pesos, un aumento de 24.7 % respecto al año anterior.

En la convocatoria  de Apoyo a la Exhibición del Focine para este 2026 fueron apoyados 61 proyectos, del que el casillero 16º es ocupado por el proyecto Cine Mexicano en Acción 2026, para Festival Internacional del Cine en Morelia, A.C., sin tampoco transparentar el monto asignado —que va de los 200 mil al millón de pesos, de nuevo lo más lógico es que sea el segundo—, para ofrecer 40 funciones con 16 filmes mexicanos, que se exhibieron en Pátzcuaro y la región lacustre de Michoacán, entre el 15 de julio y el 6 de septiembre de este año.

Las complicadas exenciones fiscales

Entre el golpe de mesa que significó la extinción de los fideicomisos y el cambio de políticas cinematográficas también se creó el Estímulo a la Creación Audiovisual en México y Centroamérica para Comunidades Indígenas y Afrodescendientes (ECAMC), tanto en las etapas de desarrollo —hasta 90 mil pesos—, realización —450 mil pesos para cortometrajes y hasta un millón 200 mil para largometrajes—, continuidad de largometraje —hasta 850 mil— y conclusión —300 mil para cortometrajes y hasta 950 mil para largometrajes—, ayudas mucho menores que las que se acostumbran en el medio.

Porque a esta quema de brujas sobrevivió el apoyo más sustancioso y recurrido, el Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión en la Producción y Distribución Cinematográfica Nacional (Eficine Distribución), previsto en el artículo 189 de la Ley del Impuesto sobre la Renta y puesto en marcha en el 2006, mismo que prevé exenciones fiscales por hasta 25 millones de pesos para la producción de filmes y de hasta 3 millones de pesos para la distribución de películas de un fondo anual por 815 millones de pesos —750 millones para la producción y los otros 65 millones para la distribución—, divididos en dos periodos fiscales por año.

De este complejo estímulo fiscal que exige enormes carpetas en lo artístico y en lo hacendario, en su primer periodo de 2026 aparecieron en el listado de proyectos susceptibles de autorización (y luego autorizados) el ciclo Cine mexicano en acción Michoacán, con un monto de 2 millones 459 mil 978.27 pesos mediante la empresa Grupo Aeroportuario del Sureste S.A.B. de C.V., cuya segunda etapa se presenta desde el 19 de julio y hasta el 19 de diciembre, en espacios comunitarios, con 15 películas en 15 sedes de 11 estados del país. Este ciclo aparece en el quinto de una lista de 17 en el listado de proyectos susceptibles de autorización; tras éste, en el sitio 14º, aparece Cine para todxs, con un total de 2 millones de pesos de la empresa HSBC México, S.A., que presentó ocho largometrajes junto con otros tantos cortometrajes y un par de talleres, en Huecorío, Cuánajo, Tzurumútaro y Pátzcuaro, entre el 15 de julio y el 6 de septiembre. Ambos proyectos aparecen el Festival Internacional del Cine en Morelia, A.C. dentro del programa general FICM Presenta.

En tanto que en su segundo periodo del año 2026, entre el listado de 75 proyectos susceptibles de autorización, aparece el ciclo Cinetravesía: Un viaje por el cine mexicano, con un monto de 2 millones 200 mil pesos al Festival Internacional del Cine en Morelia, A.C., si bien este presupuesto, de ser finalmente autorizado —resultados que se harán públicos hasta el 4 de diciembre— se ejercerá hasta el 2027.

Cuando hablo de lo complejo que es lograr obtener el Impuesto sobre la Renta del empresariado mexicano, está el ejemplo del propio FICM; para el segundo periodo del ejercicio presupuestal 2025, de un total de 60 proyectos susceptibles de autorización, el número 2 fue para Cine Mexicano en Acción 2025, con un total de 2 millones de pesos y el 42º fue Cine para Todxs 2026, también con 2 millones de pesos, ambos para el Festival Internacional del Cine en Morelia, A.C. Sin embargo, ninguno de ellos logró consolidar su esquema financiero al no aparecer en el listado de 27 proyectos de distribución cinematográfica nacionales.

Y lo mismo ocurrió en el primer periodo del 2025 con otro par de proyectos entre los 59 susceptibles de autorización, los proyectos 45º, 46º y 47º fueron asignados a Cine para todxs 2025, con un millón 269 mil 729.64 pesos; también para Cine mexicano en acción, con 2 millones de pesos y, finalmente, para FICM presenta: IMSS cine, con otros dos millones de pesos. Pero ya en los 26 proyectos aprobados tampoco aparecen, lo que significa que tras un largo proceso, al final el monto aprobado no fue ejercido, es decir, que finalmente no contaron con el dinero.

Aquí es importante subrayar algo: si eso le ocurre al festival más importante del país, ya podemos imaginar las penurias y rechazos que enfrentan cineastas, cineclubes y festivales con menos poder.

El patronazgo estatal y otras inercias

Al mirar en perspectiva esta petición de aumentar los apoyos federales al cine y a la cultura, se mira con claridad que, en el caso del FICM, es un discurso más efectista que real. Me explico: se pasó de los 7 o los 10 millones de pesos que recibían mediante los recursos etiquetados para proyectos culturales en el PEF en 2017 o 2018, respectivamente, a una serie de presupuestos menores pero multiplicados con los distintos fondos y estímulos fiscales ya para el 2026, como el Eficine Distribución (4 millones 459 mil 978.27 pesos en el primer periodo y, de confirmarse en diciembre, 2 millones 200 mil pesos más), el Focine (un millón de pesos) y el Profest (2 millones 100 mil pesos) —gracias al cual fue incorporado al Circuito Nacional de Festivales por la Paz de la Secretaría de Cultura—, da una nada despreciable bolsa de 9 millones 759 mil 978.27 pesos, muy similar a los que recibía en el viejo régimen aunque acuse de precarios a los apoyos actuales.

Podría argumentarse que los recursos recibidos mediante el Eficine Distribución no se destinan a la realización directa del festival sino a organizar ciclos de exhibición del cine nacional en distintas sedes del estado de Michoacán, cierto. Pero también sirven a la estructura general del encuentro moreliano.

Ocurre que en el sexenio pasado, ante la cancelación de los dos fideicomisos para la producción cinematográfica, la desaparición de los etiquetados culturales directos y la restricción para operar a las asociaciones civiles que incluso alcanzaron al Profest, hubo años en los que la solicitud de los apoyos tenía que provenir de alguna institución municipal, estatal o federal —que cuentan con sus propios programas y festivales culturales, por lo que era muy difícil que avalaran las peticiones privadas—, por lo que, desde el Imcine, se propuso a los festivales cinematográficos emplear la figura del Eficine Distribución para recibir dichas exenciones fiscales y emplearlas, sí, para dichos ciclos fílmicos pero también, y sobre todo, para pagar salarios y gastos de operación durante todo el año. Basta una somera revisión para descubrir que festivales como Guadalajara, Ambulante, DocsMx, Guanajuato, Los Cabos, Doqumenta de Querétaro, además de la Academia Mexicana de Cinematografía, entre muchos otros, emplearon este recurso.

Además, denunciar el precario presupuesto que obtienen de la federación excluye, inmediatamente, a las otras instancias gubernamentales que apoyan al FICM, bien sea con recursos directos o, más frecuentemente, en especie, como el Gobierno de Michoacán —al que, en el Catálogo, agradecen su respaldo— a través de sus secretarías de Gobierno, Finanzas, Seguridad Pública, Turismo y Cultura, además de la Contraloría, el Sistema Michoacano de Radio y Televisión y el Despacho del Gobernador; también del propio Ayuntamiento de Morelia, también mediante sus secretarías de Cultura, Turismo y de su Comisión de Filmaciones local, a los que se suma el Ayuntamiento de Pátzcuaro —a ambos municipios les reconocen su ayuda—, ya que les otorgan en préstamo recintos como el Teatro Mariano Matamoros, el Teatro Melchor Ocampo, el Teatro Morelos, el Centro Cultural Clavijero, el Museo Regional Michoacano, el Andador Hidalgo y el Teatro Emperador Caltzontzin de Pátzcuaro, que sirven como sedes temporales, además de prestar apoyo logístico, de personal e incluso económico, mismo que varía en cada edición.

Alfonso Cuarón en el FICM 2026.

Sumemos, entonces, los patrocinios privados de la compañía de bebidas industrializadas Sidral Mundet, la bancaria OpenBank de Santander, la ferroviaria Canadian Pacific Kansas City de México, la línea aérea Air France, entre los principales. Y entre los secundarios se encuentran la destiladora Tequila 1800, la cervecera Cerveza Victoria, la marca de ropa Adolfo Domínguez, las de publicidad en transportes Grupo CISA y Diferenciarte, la electrónica Sony, la de redes de Mega, la aseguradora LCI Seguros y la compañía siderúrgica ArcelorMittal, además de convenios con Fundación Televisa, Acción Cultural Española, así como con los medios de comunicación JC Decaux, Canal 22, Canal Once, Internacional y Tele Urban.

Y, claro está, la cadena de exhibición cinematográfica Cinépolis —a la que agradecen su generosidad—, que no sólo es uno de los aliados sino de sus gestores y organizadores, dos de cuyos complejos locales, Cinépolis Morelia Centro y Cinépolis VIP Plaza Las Américas, son las sedes principales de las funciones regulares del festival, con excepción de las galas y de las funciones gratuitas o aquellas para la prensa. La propia conferencia de prensa ocurrió en el complejo Carso de la Ciudad de México y, sobra decirlo, la venta de boletos en taquilla y en línea también ocurren mediante la página electrónica y la aplicación de esta empresa, mientras que sus empleados, llamados cariñosamente “Cinepolitos”, atienden los complejos junto con los voluntarios y trabajadores eventuales y fijos del FICM. Recordemos que el presidente del festival moreliano es, al mismo tiempo, el director general de la compañía, la mayor del mundo en número de complejos.

A inicios de septiembre, un reporte de Latinometrics situaba en primer lugar a Cinépolis entre las compañías exhibidoras internacionales, con 892 recintos, por encima de la estadounidense AMC, con 855; de la china Ruyi Films, con 714; de la británica Regal Cineworld, con 640; de la coreana CGV Cinemas, con 519; de la estadounidense Cinemark, con 496; de la china HG, con 449; de la india PVR Inox, con 360; de la otra mexicana Cinemex, con 289, y de la indonesa Cinema 21, con 268.

Si bien no lidera en número de pantallas —salas—, ya que cuenta con 6 mil 860, en contraste con AMC que posee 9 mil 640; de Ruyi Film, con 6 mil 179, o de Cinemark, con 5 mil 637, Cinépolis tenía instaladas en México 4 mil 146 de las 7 mil 467 totales en el país en el 2024, por lo que el resto, unas 2 mil 714, se encuentran en otros 19 países, entre ellos Estados Unidos, Argentina, Chile, Brasil, India, Colombia, España, Omán, Arabia Saudita e Indonesia.

Esta expansión internacional le permite ingresos anuales que rondan los 3 mil 500 millones de dólares por debajo de los 5 mil 200 millones de la AMC, 3 mil 500 millones de Regal y 3 mil millones de Ruyi Films.

Ante esta perspectiva, cuando el FICM informa que es una asociación civil sin fines de lucro que no depende de una sola fuente de ingresos para subsistir y se queja de los recursos cada vez más precarios, cabe preguntarse si la cadena más grande del cine en el mundo, con una marca de ganancias a nivel global el año anterior, no puede destinar parte de sus recursos como sí lo hace para causas nobles desde su Fundación Cinépolis, ofreciendo operaciones para curar las cataratas a personas pobres, así como funciones gratuitas para infantes, gente de la tercera edad y grupos vulnerables; cine en comunidades de difícil acceso o afectadas por desastres, así como carreras pedestres. Pero también a otras causas políticas mucho menos aplaudibles y de abierta oposición al actual gobierno, como sus donativos a la campaña del PRI en Michoacán, su contribución a organizaciones no gubernamentales como Mexicanos Primero o Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad o la campaña del “Peligro para México”, desde el Consejo Coordinador Empresarial.

El consorcio bien podría sostener por sí mismo el festival pero la inercia de tantos años de subsidio gubernamental ha sostenido la costumbre de que el dinero público cubra este tipo de actividades en un porcentaje amplio sin que sus cabezas inviertan necesariamente sus propios recursos.

Dos días antes del cierre de su vigésimo cuarta edición, el viernes 23 de octubre al mediodía, llevaba ya 45 mil 445 boletos vendidos, según informó en la Ceremonia de Premiación su presidente Alejandro Ramírez Magaña. Si la entrada que llaman Tradicional tenía un costo de 100 pesos sin tomar en cuenta la VIP de 190 pesos, significan 4 millones 544 mil 500 pesos nada más por la venta de boletos, aunque probablemente signifique un poco más.

Es decir que el presupuesto va acumulándose por múltiples vías ya que un festival del tamaño, complejidad e internacionalización del de Morelia no puede, en efecto, depender de una solo proveedor monetario. Ya en el 2019, cuando recién desaparecían los etiquetados culturales pero aún no los fideicomisos fílmicos, los recortes a la cultura y las políticas austeridad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador hicieron que surgieran temores sobre la suspensión de la 17ª edición del FICM. Al responder una pregunta relativa al asunto, Alejandro Ramírez Magaña, develó que el presupuesto de ese año fue de 34 millones de pesos 56 por ciento provenientes del sector privado.

“Lo que se ha hecho anteriormente ha sido, uno, diversificar también las fuentes de ingreso con mayor patrocinio privado. Tenemos nuevos patrocinadores que ya escucharon algunos, y algunos que van a ver. Tenemos también apoyos de algunas embajadas y fundaciones internacionales y, finalmente, también se han optimizado los recursos”, advirtió entonces el presidente del FICM.

Renovarse o morir

Hace un par de años que el FICM puso en marcha un sistema de venta de abonos que entrega una acreditación individualizada junto con un programa de mano por dos precios: el primero vale 600 pesos para acceder a 6 funciones y el otro asciende a mil pesos para 11 películas con sus respectivos cupones de descuento por 40 % en combos de palomitas y refrescos de 3 o 5 paquetes, respectivamente,. Esto ocurre en un periodo en el que, además, las acreditaciones para invitados, participantes, jurados, organizadores y prensa acreditada han ido disminuyendo de manera gradual.

Pero ya desde el día del arranque de esta edición, un número considerable de espectadores se quejaron de que dicho documento les permitía formarse en las taquillas pero no necesariamente les garantizaba canjear las entradas prometidas por boletos efectivos, por lo que no alcanzaban a emplear todos los pases, especialmente en las funciones más mediáticas y masivas.

Se entiende que el público se decante por los estrenos internacionales más esperados, entre los ganadores de los grandes festivales europeos, las funciones con presencia de sus directores o elenco, las galas y los aniversarios de ciertos títulos.

El caso sintomático y emblemático fue la función del vigésimo aniversario de El Laberinto del Fauno (España-México, 2006), de Guillermo del Toro, que asistiría a la presentación en el Teatro Mariano Matamoros, el sábado 17 de octubre. Hubo seguidores que iniciaron la fila desde la 1:30 horas y para las 10 de la mañana en que abrió la taquilla ya se habían reunido cientos de entusiastas, sólo para que al abrirse la ventanilla anunciaran con desdén que los boletos ya se habían agotado. Hay versiones encontradas: unos afirman que ni siquiera los primeros de la fila alcanzaron entradas o que sólo un par lo lograron. En la venta en línea ocurrió algo similar, a las 10:00 horas ya se avisaba que había sala llena.

Con su proverbial bonhomía, Del Toro salió al quite de los fanáticos que le informaron del incidente y, tras algunas llamadas, negoció una segunda proyección de la película en el Matamoros e incluso logró que el festival invitara individualmente a aquellos madrugadores entusiastas ofreciéndoles entradas. Aplaudible escena con un solo reparo: el cineasta mexicano afincado en Toronto ya no estaría presente en aquella proyección, restándole toda la emoción a su (aparente) buena acción repleta de nobleza y sensibilidad.

Si hubiera sido un caso aislado podría entenderse que el furor que despierta el “Gordo” del Toro entre el público mexicano provocó dicho caos, pero en realidad se van repitiendo los casos: sea que en el primer fin de semana —el de mayor actividad—, las taquillas de Cinépolis Centro mostraran funciones agotadas, que se multiplicaran los eventos privados —como la imposición de la Orden de las Artes y las Letras a Alfonso Cuarón por parte de la Embajadora de Francia—, que las funciones con presencia de los cineastas que responden las preguntas del público están repletas o que las exigencias sean cada vez mayores para lograr una acreditación como medio de comunicación que no sea de “creadores de contenido”, “influencers” o “youtubers”.

Lo más notable es que resulta cada vez más notorio que el FICM es un festival a la defensiva, cauteloso, receloso y, sobre todo, en el que se ha ido acumulando un grupo de privilegiados y de favoritos que reciben los beneficios que les permiten disfrutar grandemente del festival, mientras que el resto de los asistentes habrán de conformarse con unas pocas funciones, un par de conferencias, recorrer alguna exposición fotográfica y encontrarse casualmente en las calles empedradas con alguno de los visitantes notables.

Un festival receloso de la crítica y los cuestionamientos, así sea con la intención de mejorar o de afinar ciertos detalles que están sueltos y que con un poco de rigor y profesionalismo pueden resolverse fácilmente, pero que, si no se atienden, pueden ir profundizándose y agravándose, tensando el ambiente aún más y confirmando la percepción de que este es un evento elitista para el deleite de unos cuantos.

Resulta ejemplificante la admonición lanzada contra los cineastas seleccionados en la Competencia Oficial tanto de largometraje como de cortometraje, en ficción o en documental, nacional y local: aquel que diera entrevistas con medios fuera de la conferencia oficial tras la función de prensa se arriesgaba a ser descalificado en automático. Aunque no hubo un documento oficial, los distintos equipos que conformaron las distintas secciones mexicanas fueron confirmando esta amenaza. La explicación para nada resultó convincente: el festival programa tantas actividades que organizar actividades con los periodistas fuera de los espacios asignados los distraería de dar cobertura a los demás eventos del día.

Una actitud mezquina para un festival que presume, en palabras de su directora fundadora, Daniela Michel, de que su misión es “apoyar a los jóvenes cineastas mexicanos. Hasta la fecha hemos mostrado el trabajo de más de 2 mil creadores de todo México”.

De acuerdo, ¿pero no podrían mejorarse las condiciones en que lo hacen con más funciones, más exposición mediática y funciones de prensa generales?

Nada de eso ocurrió, afortunadamente, y las entrevistas ocurrieron todo lo frecuentemente que debe ocurrir para que el FICM continúe siendo una gran plataforma para los estrenos mexicanos del año, como lo ha sido desde su fundación, hace casi un cuarto de siglo. Pero este ambiente cauto, receloso y que busca mantener un control absoluto —lo que es prácticamente imposible de lograr—, no reflejan otra cosa que una terca intención por mantener el funcionamiento de una manera casi idéntica a la de años pasados, cuando este país, tras la elección del 2018, la pandemia del 2020 y la irrupción de las tecnologías digitales en el audiovisual, la red global y la inteligencia artificial, han modificado no sólo nuestra visión del mundo sino la forma en que nos conducimos en él.

Es decir que se trata de un festival que si bien se renueva año con año en programación, invitados, estrenos, éste se siente anquilosado, esquemático y con un organigrama vertical casi inamovibles. Esa sensación inicial, de ambiente festivo, de verdadero gozo fílmico, de real pasión por el arte cinematográfica y sus creadores, por la cultura y la reflexión audiovisual, por su programación general y, en fin, por la vida misma en una ciudad virreinal como Morelia ha encontrado un inmejorable albergue cultural podrían recuperarse.

Pero, lamentablemente, no creo que pueda ocurrir en el estado actual de las cosas.

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