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“Lo admito, no hay un solo poema, un solo verso, que supla la sensación de lo vivo”

Poemas de Sergio Vicario (de su nuevo libro, «Cáncer»)

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Detenido

Octubre, 2026

“Comencé a escribir este texto a modo de introspección, catarsis e incluso, en una actitud sarcástica de atender mi afección. Es decir, escribía silbando en medio de la oscuridad.” Las palabras son de Sergio Vicario tomadas del ‘Prefacio’ de su nuevo libro, Cáncer. En diciembre 2024, al poeta mexicano le diagnosticaron la enfermedad: “Estas palabras que ahora escribo, llegan y se depositan con gentil inquietud en un momento que ahora sé; en ellas hay algo de mí, no como el eco de mi voz o de mi pensamiento, sino como la esencia misma de aquello cuanto puedo ser. No obstante, se alejan de mí, y son de quien momentáneamente las reciba”, apunta ahí. Hoy ya curado, en remisión, el escritor presentará su poemario este domingo 18 de octubre (de 2026), a las 14:00 horas, en el Foro José Solé (San Fernando 15, Toriello Guerra, Tlalpan Centro), como parte del Festival Internacional Octubre Negro. Con autorización, reproducimos algunos poemas.

Poema I

Sin imaginar siquiera cómo es que sería,
llego a la tarde de mi existencia.
Contento en mí, completo,
dolores de más y de menos.

Toca en mi memoria la llaga.
El recuerdo funesto.
Cada noche fui entrenado,
en un sueño, en ocasiones perturbado,
por ensoñaciones o quimeras.
Por la ansiedad heredada de cada día,
por el secreto callado objeto de mi deseo.
Llegó y me descargo.
Es lo que tiene que ser.
Duermo y renazco en otro momento.

Poema V

Nos transcurre el instante.
Aquí o allá.
¿Qué te ocupa?,
¿y qué buscas?
Sonríes.
Verídicamente.
Deliciosamente.
Delirante.
Ese instante en que somos

Vienes y te vas,
queda el recuerdo

De ese momento que ocurre, y es magnánimo y profundo,
que no total.

Poema VII

En la otredad pervivo
como un recuerdo de otro ser, supongo:
Si la muerte fuese un ser, un ángel y supiera escribir.
(Por la escritura el pobre ser humano emula a un Dios)
Y al escribir me dedicase un verso, uno solo.
¿Qué me diría?
“¿Vive aprendiendo a morir?”
¿Y Dios? Ya que le mencioné.
¿Fuésemos su más meticuloso verso iridiscente,
o la idea fugaz en el propósito de su divino aliento?
Escribo, en tanto asimiló la quimioterapia en mi cuerpo.

¡Por mí, se pueden ir al carajo!
Todo ello: jeringas, agujas, catéter, camilla, medicamentos, pastillas, recetas, hospitales.
Por mí, Bukowski puede ser innecesario, tanto como lo fui yo para él.
Por mí, el silencio es mejor.
Realmente no estoy harto, es un poco de sueño.
Es la anestesia, el paracetamol,
el mundo que dormita.

Poema XI

No tengo idea de lo que realmente está sucediendo.
Bajo mi piel; en mis venas, en los filamentos más sutiles que alientan mis pensamientos,
la claridad de lo que observo, lo que pruebo.
No sé.
Pero imagino que millares de partículas, químicos, dice el oncólogo,
entraron por la vía rápida de mi sangre.
Y trastocan todo a su paso.
Soy el territorio indeciso,
de una revolución celular.
Si tal cosa pudiera existir…
Es una delicia experimentar este acuoso malestar, porque es mío y de nadie más.
Ni siquiera mi hijo,
(que ahora toca la melódica), puede imaginar este malestar.
Y eso es así, y está bien.
Tampoco experimento el dolor de los demás, por más empático que fuese, cada cual su pan…
Y llega a mi memoria el eco.
Suave como el soplo del viento taciturno,
De unos versos, de José María Álvarez.
“¿Quién soy yo para quejarme de mi suerte? ¿Acaso está tierra no ha humillando sueños más grandes que los míos?”
Ahora percibo una batalla del propio cosmos en mi pecho…
Células que mueren ajenas a lo que pienso y escribo.

Poema XV

Me avergüenza mi humanidad.
Soy el sujeto que empuña un arma para exterminar al otro,
indefenso
ajeno a los bárbaros de casimir y corbata.
Soy el genocida.
Soy un frívolo que afanosamente desea la aprobación de todos, mientras que
ciudades enteras son devastadas.
¿Y los niños?
¿Por qué Dios, dejas que el maligno ande suelto,
en mi corazón fratricida?
Soy el soldado sionista, el racista que jura con una biblia en la mano.
Y sonrío.
Mi locura espera cruzando la puerta.

Poema XXVI

Lo admito, no hay un solo poema, un solo verso
que supla la sensación de lo vivo.
Estamos a expensas de la enfermedad más bastarda,
(aún cuando sea parte de la creación)
A merced del amor más fingido, cínico y cruel.
Tu propio amor.
Y lo que es peor, llegas a creer que no es de ti.
Estamos ante las inclemencias del mundo
solos, arrinconados ante la inmensa claridad de una mirada que te reconoce en verdad.
Luego es que sabes, que reconoces, que el tiempo es otro, la tarde misma, no es como ayer.
Y respiras, comes, sueñas, imaginas
El dolor, como el amor, lo que reclamas para vivir.

Poema XXX

Me estoy muriendo,
y usted también.
Detrás mío, siglos, milenios de historia; caudales de amor y desamor.
De hallazgo, pérdida y confusión.
Soy único, pero no el primero ni el último, soy
en el mar de tu mirada,
un vago recuerdo.
En cambio, tú en mí te vas,
como todo mi universo.
Llego aquí, postrado ante el cáncer, y libramos una atómica batalla.
Exudo veneno, sueño con flores y ríos y sol.
Un desplaciente sol.
Mi mirada recorrerá un valle, casi desierto
dónde espero encontrar
esa clara conciencia que otorga la paz.
Es por mí, por este principio de fe.
Callo y espero.
También eso es vivir.

Poema XL

Al filo de la madrugada, una cruz,
iluminada.
Cantan los gallos.
Una noche poblada de sombras.
Mi cuerpo, mi mirada
Y mi mente que aún inquiete
¿Qué es el cáncer?

Poema L

¿Cómo defender lo indefendible
o justificar contrario a lo evidente?
Peor aún, ser paladín
del cinismo austero.
Qué necedad, empeñarse en ser vocero de la estulticia.
Sin embargo, he de decir que,
incluso de la estulticia se aprende.
¿Será incontinencia verbal, obligación del ejercicio del poder, o tan solo ser oportunista del vacío sapiensal?
Mentecato, gurú del juicio inequívoco.
Sensei de los queda bien;
mentor de la pobreza espiritual, que no humildad.
Eso qué importa.
¿Qué significa?
Nada.
Acostumbrado a creer su razonamiento.
De pie juntillas su credo, en sí mismo, y no obstante.
Lo más excelso es la
prístina y clara sabiduría,
del encono a la soberbia.
Solo un pedestre, un pendenciero de corbata.

Le agradezco señor, porque me hace reparar que hay otros tipos de cáncer,
que no se pueden aliviar.

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