Transgresiones Sonoras

‘Estanterías’: Ma Rainey, Chick Corea y los Grateful Dead (en voz de otros)

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Agosto, 2026

Ante la siempre abrumadora e imparable avalancha de música nueva, poco tiempo y espacio queda para escuchar compilados, remasterizaciones y reediciones que ven la luz del día y llegan al mercado discográfico cada semana. Algunas de estas obras, pensadas para coleccionistas o melómanos análogos (es decir, de los de antes), no llegan a las plataformas digitales y sólo se publican en formato físico. En esta revisión dejamos dos novedades que nos parecen indispensables, de la incombustible Ma Rainey y del superlativo Chick Corea. También, hacemos una pausa y ‘rescatamos’ un título del pasado, dedicado a la banda Grateful Dead.

Una justa revalorización de Ma Rainey

¡Madre de Dios!…

Perdón. (Perdón, por la devoción.) Quise decir: ¡Madre del Blues!

Anunciada meses atrás, ya llegó al mercado discográfico Ma Rainey: Mother of the Blues, The Complete Paramount Recordings, 1923-1928.

Se trata de una caja de cinco discos con 118 temas —editada por el histórico sello de Harlem Black Swan Records, en colaboración con la George H. Buck Jazz Foundation—, que incluye los 92 temas que Rainey grabó para Paramount entre 1923 y 1928, además de tomas alternativas (algunas de ellas inéditas, que hasta ahora no habían sido reeditadas).

Esta no es desde luego la primera recopilación de su música; lo que la distingue de sus predecesoras es la restauración del audio. La calidad del material —ordenado sesión por sesión, siguiendo la cronología de grabación original— es excelente, está a la altura de la música, pues ofrece una restauración sonora y una remasterización de última generación a cargo de Doug Benson (a partir de las copias mejores conservadas de sus discos de 78 rpm).

Incluye, además, un cuadernillo de tapa dura de 106 páginas con un ensayo exhaustivo firmado por David Sager, asimismo textos de apreciación de Dom Flemons y Gayle Todd Adegbalola. También contiene transcripciones de las letras, fotografías, reproducciones de portadas de discos, así como información discográfica completa.

A diferencia de otros artistas de su tiempo —como Bessie Smith, Robert Johnson o Son House—, Ma Rainey no había sido objeto de una justa revalorización crítica debido a la deficiente calidad sonora de los discos originales. Esta nueva colección cambia por fin esta situación. Tal como escribe Flemons: «La colección que tiene ante usted es, con mucho, la mejor transferencia de la música de Ma Rainey que se haya publicado jamás en disco».

Y, sí, lo es. Aunque aquí vale hacer una aclaración: el objetivo de Benson, según él mismo ha explicado, fue mantener la fidelidad a las ediciones originales, evitando con ello versiones artificialmente depuradas; de hecho, en algunos pasajes conservó el ruido y el siseo, ya que eliminarlo habría restado valor a la música.

Una música que confirma (reafirma) (subraya) el lugar esencial que ocupa Rainey en el panteón del blues.

Con su metro cuarenta de estatura, sus 136 kilos de peso, su piel oscura, su bisexualidad y su espíritu libre, Gertrude Pridgett, nacida muy probablemente el 26 de abril de 1882 en el condado de Russell (Alabama, EE.UU.), fue conocida en vida como «la Madre del Blues» (“the Mother of the Blues”), un sobrenombre que hacía justicia a su condición.

En muchos sentidos, Ma Rainey fue una adelantada a su época. Por su aspecto físico y por su actitud desafiante, ella se imponía en el escenario. Pero, también, fuera de él. Tal como lo recuerda la disquera en las notas de prensa: curtida en el vodevil desde los 14 años —y después en tabernas y burdeles—, para cuando Paramount la contrató en 1923 ella ya gozaba del prestigio necesario para negociar sus propias condiciones de contrato. Así, no sólo gestionó su carrera, también —y según los registros de derechos de autor—, compuso o coescribió al menos un tercio de su repertorio grabado; todo ello en una época en la que casi ningún artista —y menos aún mujeres en el sector— ostentaba tal grado de control.

Líricamente, también fue una adelantada al abordar por ejemplo la fluidez de género. En ese sentido, sus letras —varias de fuerte carga sexual— no tenían parangón y se libraban de las normas musicales y sociales impuestas de la época. Interpretadas, además, con esa voz de contralto —áspera, poderosa, apasionada— que se adueñaba de todo, emocionalmente devastadora.

Foto: Black Swan Records

Un último detalle: además de dar forma en gran parte a lo que hoy conocemos como blues, es fácil trazar una línea desde su inimitable personalidad hasta el mundo posterior del rock and roll. Es más: mucho antes de Muddy Waters —y, obvio, mucho antes que The Rolling Stones—, Rainey ya cantaba en “Slow driving moan” (1927): “I’m a common old rollin’ stone, just got the blues for home sweet home”.

En efecto: muy poco quedaba en pie ante esta imparable fuerza de la naturaleza. De hecho, Rainey fue una de las primeras intérpretes femeninas —sino es que la primera— en llevar este género, al blues, a una audiencia mucho más amplia en su país. (Se sabe que, para 1926, sus ventas ya superaban a las de muchos nombres del blues que hoy son más recordados. Cosas de la vida.)

No hay duda: por derecho propio, Ma Rainey pertenece al pequeño y selecto grupo de grandes artistas que han revolucionado la historia de la música. Esta caja de cinco discos, disponible sólo en formato físico, lo corrobora.

Cinco años sin Chick Corea

Su música —su obra completa— es hoy sinónimo de versatilidad, eclecticismo, audacia. Y es que se movía con entera libertad por una gran diversidad de géneros: recorrió las escenas del free jazz y el post-bop, transitó por el piano solo más íntimo y el jazz latino, sin olvidar el papel que desempeñó durante las décadas de 1970 y 1980, cuando, gracias a su visión, estilos como el jazz fusion y el jazz rock cobraron vida.

En junio pasado, Chick Corea habría cumplido 85 años; empero, un raro cáncer terminó con su vida el 11 de febrero de 2021, hace justo un lustro.

Hoy, hablar de Chick Corea es referirnos a uno de los músicos más completos y más importantes que han salido del planeta jazz. Y no, no es exageración.

Veamos.

Corea rompió esquemas y modelos tradicionales del género, tocó con casi todos los grandes, grabó todo lo que pudo y, especialmente, se distinguió por seguir siempre sus impulsos creativos. Suyos son varios standards del jazz: “Spain”, “500 miles high”, “Armando’s rhumba”, “La Fiesta” o “Windows”.

Compositor y pianista —pionero del teclado eléctrico en el jazz—, Corea firmó además —tanto en plan solista como en conjunto— varios de los más influyentes discos del último medio siglo.

Para conmemorar este primer lustro de su fallecimiento, ha salido a la luz una grabación en directo de los años setenta —expresiva y magníficamente conservada— que se publica por primera vez en su totalidad.

Procedente de los archivos de Radio Bremen, Sometime Ago: Live in Germany 1972 recoge un concierto a piano solo en la legendaria sala Sendesaal (Alemania), donde Corea interpreta composiciones que, con el tiempo, se convertirían en algunos de los temas más perdurables de su catálogo.

La grabación documenta un momento decisivo: Corea tenía 31 años y se movía con fluidez entre distintos mundos musicales. Acababa de publicar Piano Improvisations, estaba a punto de iniciar la etapa de Return to Forever y buscaba nuevas colaboraciones creativas con artistas como Gary Burton y Stan Getz. Esta actuación condensa toda esa energía.

Foto: promocional.

Íntimo, ingenioso y cautivador, Corea convierte el piano de cola en un narrador de historias; entre tema y tema, se dirige al público con franqueza, presentando cada composición con breves anécdotas que enriquecen enormemente la grabación, al propio tema, y contribuyen de forma significativa a la experiencia auditiva.

Ojo: hablamos de algo más que una simple joya histórica. Se trata de un retrato revelador de un pianista que explora ideas en tiempo real —su extraordinaria imaginación se lleva aquí todo el protagonismo—, permitiendo que las composiciones evolucionen con gran libertad y respondan de forma espontánea a la interacción con el público; invitando a los oyentes a adentrarse en su universo creativo.

Sintetizo: Sometime Ago: Live in Germany 1972 muestra a un Chick Corea —aunque suene paradójico— en su máxima expresión.

Nota bene: este rescate sonoro fue ‘Álbum del Día’ en Salida de Emergencia. Está disponible en formato físico y plataformas musicales.

Rescate discográfico: Day of the Dead

No lo voy a negar: como fiel seguidor de ellos —es decir, como un DeadHead muy a la mexicana—, la muerte del gran Bob Weir, cofundador de la mítica banda estadounidense Grateful Dead, ocurrida el pasado mes de enero (de este 2026), sigue doliendo.

Weir fue un guitarrista sin igual y un compositor que creó algunas de las canciones más interesantes y emocionantes de la agrupación.

Permítanme aquí un paréntesis.

Los Dead —como se les llamaba cariñosamente— fue una de las bandas más originales, influyentes y respetadas en el mundo del rock. (Describirlos sólo como un montón de hippies estancados en la onda flower power sería un gran, gran error.)

Comandados por Jerry García —músico iconoclasta e inclasificable, un personaje esencial de la contracultura—, desde sus inicios Grateful Dead fue una de las agrupación más inusuales de todos los tiempos. Su base partía del gran cancionero estadounidense, apoyándose asimismo en las formas libres del jazz, el rockabilly, el blues delta o el country.

Más cercanos al rock psicodélico y al jazz, sus conciertos podían durar 4, 5, 6 horas. O más.

Cierro el paréntesis.

En fin, la muerte del querido Bob Weir trajo de nuevo a mis oídos la obra monumental dedicada a los Dead, comandada por los hermanos Aaron y Bryce Dessner —integrantes de The National—, llamada Day of the Dead.

Publicado exactamente hace una década, en mayo de 2016, Day of The Dead fue, es, uno de los más grandes proyectos musicales de los últimos años. (Digo “grandes” tanto por la calidad como por la cantidad). De hecho, es ya, de entrada, uno de los más importantes homenajes dedicados a un grupo de rock: hablamos de 59 temas —más de 5 horas de música—, grabados por más de 50 artistas (entre solitas y bandas), muchos de ellos pertenecientes a la plana mayor del rock alternativo —o rock indie o rock actual, como lo prefieran llamar—, divididos en tres apartados/discos: ‘Thunder’, ‘Lightning’ y ‘Sunshine’.

Como dijo Bill Callahan (acá Smog) al hablar del proyecto: “Siento que los Dead lograron mostrar un puente entre el pasado y el futuro de una manera respetuosa”. Y, sí, tiene razón: ellos supieron unir la frondosa tradición musical de Estados Unidos con los sonidos contemporáneos de entonces.

Los nombre incluidos en este homenaje marean: Angel Olsen nos entrega la bella y crepuscular “Attics of my life”; también está “St. Stephen (live)”, en donde Wilco junto con el finado Bob Weir suenan a los mismísimos Dead. Anohni (antes Antony) le imprime su sello a “Black Peter”, con esa voz que eriza la piel y en la cual se acompaña con yMusic. Por su parte, el volcánico Charles Bradley nos acerca a un blues grasiento en “Cumberland blues”.

Y así podría seguir. Desfilan aquí, por ejemplo, The Flaming Lips —los psicodélicos por antonomasia—, The War On Drugs, Orchestra Baobab, Phosphorescent, Sharon Van Etten / Perfume Genius, Kurt Vile, Courtney Barnett o Lucinda Williams.

Sí: Day of the Dead es un tributo, una celebración a Grateful Dead. Pero es también un muestrario del legado cultural y musical de esta mítica banda.

Sitio web: dayofthedeadmusic.com. Disponible en digital y formato físico.

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