Hálito de vida


Niels se sentía bien… muy bien. Parecía que su vida ahora estallaba de felicidad. No le hacía falta nada. Podía respirar y suspirar beneplácitamente. Pues lo que le importaba, en ese momento, ya lo tenía, era sólo para ella.

Niels yacía en el sótano, idiotizada, contemplaba a su “simbiosis paralizada”, a su “pasión insana”.

Una y otra vez la cambiaba de sitio. Hasta que decidió colocarla cerca de su almohadón de plumas. Quería percibir por medio de los sentidos a ese “gran átomo”, el más valioso del ser, los recuerdos y las imágenes que se creaban allí, los pensamientos que, alguna vez, quizá, se refirieron a ella; la labor de millones de minigenios que dictaban el actuar de una ex unidad.

El tiempo se desaparecía en el tiempo, mas a Niels no le interesaba realizar nada benéfico ni productivo; dejó de comer, dejó de dormir, dejó de arreglarse, abandonó el empleo. Únicamente quería estar observando y tocando lo que, en ese momento, más amaba; lo que más la atestaba de aliento, de vida.

Así se disiparon más de cuarenta días. Ella en el sótano, en medio, sólo, de una tenue luz proveniente de la vela de resina, que alumbraba su acuario. Su magnífico acuario en el que destacaban los cromatismos azulados, grises y verdosos, que se hundían y se ahogaban en el híbrido líquido. Allí en las tinieblas a donde olía a… asfixia, donde predominaba una atmósfera sin ruido. Éste era el escenario idóneo para recrear un ambiente perfecto de su irrealidad en la que el hechizo la hacía sentir intensamente real y con existencia. Ahora ella estaba tendida en el suelo; abrazando y succionando su almohadón; sin fuerzas, pálida y ojerosa. La falta de alimento en su organismo y su perenne insomnio le impregnaron en la mente la extraordinaria idea de experimentarse bien, de estar completa…

Entonces fue cuando lo decidió: tomó el cubo de cristal que contenía diferentes sustancias químicas, las cuales habían conservado plenamente esa materia de aproximadamente 1200 gramos.

Siendo así, introdujo las manos, amarillentas que se descarnaban, y con endemoniada potencia comenzó a extraer fragmentos de esa extinción.

Cerró los ojos al tiempo que disfrutaba al tragar una porción de sustancia gris, de corteza cerebral, y de otras más; hasta que se detuvo, estúpidamente, moviendo su cabeza, ligeramente, de un lado a otro, admirando esos hermosos clisos de color de cielo sin nubes; detenidamente los miró, los besó, los acarició delicadamente, no los destrozo, quiso preservarlos. Mientras, por sus dedos, corría el líquido vital; su pequeña boca se engrandeció, semejaba ser la de una famélica bestia. Entre su dentadura brotaba sangre mezclada con viscosidades; y los dientes le rechinaban cada vez que mordía y masticaba las secciones que en alguna época formaron la fracción fundamental de un ser, lo que los médicos denominan el cefalorraquídeo del homo sapiens sapiens, pero que ahora estaba convertido en simples trizas.

Al terminar de devorar… Niels siguió contemplando esos diamantes azul celeste, y sonrió satisfactoriamente al pensar que por fin estaba dentro de ella el sistema nervioso central que la hizo ser nuevamente una neonata, que le dio vida a su existencia. Desde ese instante ya con nadie lo compartiría, ni siquiera con quien había sido “la costilla legal” de ese su… hálito de vida.

9 thoughts on “Hálito de vida

  1. Cuento muy profundo, lleno de diferentes matices, te adentras en el personaje que te atrapa y ya no sabes si es la descripción de tu realidad o simplemente un cuento

    Gracias Claudia!!

  2. Kurditis es autora muy compleja. Es como escribía Nietzsche: tal vez no ha nacido quien pueda comprenderme. Hay que leer su cuento varias veces y aún así nos deja con duda. Quizás Freud nos podría ayudar.

  3. wow que cuento mas interesante y profundo ¿quien rescato a quien?. yo agradezco al creador cuando cada mañana veo a mis 5 gatos rescatados comiendo eso es amor, eso es estar vivo y sentir que vale la pena vivir.

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