«Su propio infierno»: una demencial fantasía revestida con luces neón
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Detenido
Octubre, 2026
Las vidas de Elle, una estrella de cine en ascenso, y la de K., un soldado estadounidense que busca a su hija, se cruzan y entrelazan entre las sombras y la niebla de una metrópolis futurista, donde la presencia de una siniestra figura acecha las calles… En esta entrega de ‘La Mirada Invisible’, Alberto Lima se detiene en la nueva película de Nicolas Winding Refn, Su propio infierno. Apoyado en elementos y detallitos plenamente anticomerciales —silencios prolongados, diálogos escuetos, y, sobre todo, la fuerza expresiva de la imagen en mínimo movimiento—, el director danés logra una obra singular e incómoda, mezcla thriller, horror y una estética neón muy oscura y surrealista.
Su propio infierno (Her Private Hell),
película de Nicolas Winding Refn;
coproducción Dinamarca-Reino Unido-Estados Unidos;
con Sophie Thatcher, Charles Melton, Havana Rose Liu,
Kristine Froseth, Dougray Scott. (2026, 110 min.)
Existen cineastas como David Lynch, Bertrand Bonello, Alejandro Jodorowsky o David Cronenberg, entre otros, cuya impronta estilística es la condición de lo inasible, lo insondable, lo raro. Recientemente, a esta familia se ha unido con feliz devoción el director danés Nicolas Winding Refn (Copenhague, 1970) gracias a una filmografía que no niega la cruz de su parroquia, y su nuevo filme, intitulado Su propio infierno, consolida su lugar en la estirpe de lo extraño.
En un no lugar urbanizado y cubierto por una densa niebla que envuelve los rascacielos, la lacónica y guapa actriz Elle (Sophie Thatcher) arriba cierta noche al Tower Hotel, en donde se encontrará en uno de los corredores con la también actriz rubita y frívola Hunter (Kristine Froseth) y la invitará a alojarse en su costosa habitación. Allí, más tarde llegará la también actriz y también guapa, antes su mejor amiga y ahora madrastra enemiga de Elle, Dominique (Havana Rose Liu), para rodar junto con ellas una película basada en el cómic de aventuras futuristas Candyfloss —lo cual servirá supuestamente como la oportunidad para una reconciliación entre las dos jóvenes—, y asimismo se enterarán de la tragedia del Hombre de Cuero, contada por el director de cine y pizpireto papá de Elle Johnny Thunders (Dougray Scott), la cual se refiere a un padre, quien porta guantes con diamantes afilados como navajas, que perdió a una hija y deberá entonces descender al infierno para buscarla y, como venganza, destruirá a todas aquellas mujeres que se crucen en su camino, y al que las chicas Elle y Hunter atestiguarán poco después cómo éste, desde uno de los edificios cercanos, desmembrará a una joven con sus propias manos. Mientras tanto, en otro plano espacio-temporal más antiguo —al parecer el Japón de la posguerra— el recio y fortachón soldado estadounidense K. (Charles Melton) enfrentará en combates feroces a la mafia yakuza, a la par que buscará sanar la pena de una hija desaparecida. Así, ambas realidades —la de la actriz y la del militar— colisionarán durante la desenfrenada reunión privada conocida como la Noche de los Uniformes.

Con guión suyo escrito en colaboración con Esti Giordani, el onceavo largometraje del cineasta escandinavo Nicolas Winding Refn es una demencial fantasía lóbrega revestida en niebla purpurina y luces neón, que coquetea un poco con los thrillers noir futuristas, del tipo Blade Runner (Scott, 1982) o Ciudad en tinieblas (Proyas, 1995), y también con algo del cine clásico de aventuras, pero cuyos andamiajes dramáticos ponderan fundamentalmente la fuerza expresiva de la imagen en mínimo movimiento, gracias a la tenebrosa, impecable y contrastadísima fotografía de Magnus Nordenhof Jønck, rebosante de soberbios e hipnóticos planos fijos y alternancias cromáticas entre rojos y azules gélidos al interior de una misma secuencia, y anclada a un ritmo sedante y contemplativo impuesto por la edición de Matthew Newman, la cual amalgama con sosiego el vaivén entre el tiempo presente de Elle con el tempo pasado del soldado K. Y para completar la vitalidad del filme, está la música del veterano maestro italiano Pino Donaggio, otrora colaborador de Brian de Palma, cuya orquestación inveterada, abrumadora, es el contrapunto adecuado para comentar, tensar o concluir secuencias.

La cinta privilegia la imagen sobre el relato, de ahí la insistencia de Winding Refn en los silencios prolongados durante varias secuencias de la misma, en los diálogos escuetos y la narración fragmentada como elementos ya tratados en su sanguinolento filme Sólo Dios perdona (2013), además de esa predilección por el mutismo de sus antihéroes, siempre lacónicos como el misterioso piloto en Drive, el escape (2011) o el vikingo extraterrestre de Valhalla Rising (2009), destacando entonces imágenes cruciales que veladamente operan como eslabones de las historias: un cómic antiguo de Candyfloss —cuya película será mostrada de manera sugerente mediante una secuencia con pistolitas y naves espaciales de plástico—; una bella tienda de muñecas que acabará derruida luego de una brutal pelea; un encendedor grabado propiedad del militar K. que cruzará ambas realidades y acabará en manos de Elle; un bóxer temible con nudillos puntiagudos; humor negro con un ojo reventado a un yakuza gordo en el primer combate, y posteriormente en un segundo enfrentamiento K. le vaciará el otro.

Winding Refn estima que el tenebrismo de lo sugerido —como la fragilidad del vínculo triangular entre Elle, su padre y la madrastra—, instrumentado más en el terreno del inconsciente, nada más puede cristalizar en un película que renuncia a cualquier conato de complacencia comercial. Y por eso opta por ofrecer una obra singular e incómoda, y sí, con muchas influencias a los filmes de David Lynch como Cabeza borradora (1977), Por el lado obscuro del camino (1997) o Mulholland Drive / Sueños, secretos y misterios (2001), ya que aquí también confluyen seres misteriosos como esas dos mujeres orientales cuasi emisarias infernales o aquellos salones exquisitamente amueblados e iluminados con precisión, cuya sofisticación siempre oculta atmósferas inquietantes que contienen algo temible. Además, en este infierno fantástico y subvertido subyace el propósito muy claro de que una experiencia cinematográfica deberá ser ante todo una experiencia visual, reflexiva, exigente para el espectador al que no se le va a regalar absolutamente nada antes que conformarse con contar una historia para mero divertimento dominical, porque como menciona uno de los personajes al comienzo de la cinta: “Hacer una película es como ir a la guerra”. ![]()



