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Detenido
Agosto, 2026
Tras más de seis décadas de trabajo ininterrumpidas, Ediciones Era, uno de los sellos mexicanos emblemáticos y más importantes, anunció su cierre el pasado lunes 17 de agosto. La noticia llegó a través de una circular enviada por los editores a librerías y clientes, en la cual se detalla las razones de su inminente adiós. El cierre del sello es más que la desaparición de una empresa editorial.
Dirigida específicamente a librerías, clientes y amigos, el pasado lunes 17 de agosto se filtró —primero a redes sociales y de ahí a la prensa— un comunicado-carta enviado y compartido por Ediciones Era en cuyo título traía las malas noticias: “Ediciones Era detiene sus operaciones”.
En realidad breve, la circular sintetizaba en sus dos primeros párrafos esas malas noticias. Dice el comunicado:
“El equipo de Ediciones Era les informa que la editorial suspenderá sus actividades y a partir de este momento irá cerrando cuentas con todas las librerías y puntos de venta que tienen sus libros. Nuestros agentes (representantes) se irán poniendo en contacto con cada uno de ustedes con el fin de llevar a cabo este proceso lo más ágilmente posible.
“Hoy, a 66 años de la publicación del primer libro de Ediciones Era, nos vemos en la necesidad de reconocer que el mercado del libro ha cambiado tanto que no nos permite vivir de las ventas de nuestros libros. La red de librerías que existía antes de la pandemia y que garantizaba nuestra subsistencia desapareció, al grado de que las ventas se desplomaron hasta ser apenas del 25 por ciento de lo que eran antes”.
Hacia el final de la carta, la editorial deja muy en claro algo: “Estos últimos seis años hemos peleado de mil maneras para mantener la editorial viva, pero los ingresos para lograrlo no han llegado”.
Al final, el sello se despide agradeciendo todos los años de trabajo conjunto: “Ha sido un privilegio contar con ustedes para la difusión de los libros de Ediciones Era”.
El final, justamente, de una era
Sin confirmarse primero, y luego ya confirmada, la carta provocó ese mismo lunes una sacudida en la comunidad cultural y lectora del país, quienes se expresaron sobre todo a través de las redes sociales con un aluvión de enojo, indignación, resignación, aunque también con palabras de aliento.
Y con justa razón. El cierre de la editorial no es un asunto menor.
Fundada en 1960 por tres integrantes del exilio español —Neus Espresate, José Azorín y Vicente Rojo—, Ediciones Era pronto se convirtió en uno de los sellos más respetados del mundo editorial mexicano, latinoamericano, e, incluso, hispanoamericano. A lo largo de su más de seis décadas de vida lo mismo publicó novela que poesía, cuento que crónica, historia que ciencias sociales, también se permitió editar libros de arte y libros para niños y jóvenes.
Es un hecho: el cierre del sello es más que la desaparición de una empresa editorial. La historia intelectual y literaria del México contemporáneo del último medio siglo no se puede entender sin Ediciones Era.
Y no, no es exageración.
Su catálogo —que actualmente se compone de más de quinientos títulos— incluye a la mayoría de los mejores escritores de nuestro país, y varios del mundo latinoamericano. Puros pesos pesados: Rosario Castellanos, Rafael F. Muñoz, Juan Gelman, Nellie Campobello, Octavio Paz, José Lezama Lima, Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Augusto Monterroso, Elena Poniatowska, Elsa Cross, Coral Bracho, Carlos Monsiváis, David Huerta o Raúl Zúrita.
También circulan por ahí Jorge Aguilar Mora, Ignacio Solares, Darío Jaramillo Agudelo, José Joaquín Blanco, Verónica Murguía, Fabio Morábito, Ana García Bergua, Eduardo Antonio Parra, Ernesto Lumbreras o Paloma Villegas.
Pero además, una de las características del sello es que muchos de esos autores debutaron bajo su protección, como el caso del escritor José Emilio Pacheco, a quien la editorial le publicó a los 23 años su primer libro de poemas, Los elementos de la noche, en 1963, y también a Gabriel García Márquez, a quien le publicó la primera edición de la novela El coronel no tiene quien le escriba. Otro emblemático título-debut que la editorial publicó fue el primer tomo del monumental «Abecedario del cine mexicano», del crítico y profesor Jorge Ayala Blanco.
En su área de pensamiento, por otra parte, podían dialogar Gramsci con Bolívar Echeverría, Pablo González Casanova con Immanuel Wallerstein, Alfredo López Austin con Friedrich Katz, Claudio Lomnitz con Eliot Weinberger, o John Berger con Juan Villoro.
Siempre mirando a la izquierda, el sello además propicio y fue sede de grandes debates de la intelectualidad progresista —en las décadas de 1970 y 1980— a través de las páginas de su revista Cuadernos Políticos. En la década de 1990, por otra parte, dio voz a los testimonios del Ejército Zapatista de Liberación Nacional publicando EZLN: Documentos y comunicados, o los libros de la periodista Laura Castellanos sobre el mismo tema.
El cambio generacional de escritores también se reflejaba en su frondoso catálogo, con autores como Alberto Chimal, Martín Solares, Hernán Bravo Varela o Luis Jorge Boone.
Entre los últimos grandes proyectos emprendidos por el sello están, por ejemplo, la publicación de toda la obra del gran José Revueltas (en siete tomos), o la deliciosa selección —encargada a Eduardo Antonio Parra— de los «inventarios» de José Emilio Pacheco.

Dos comunicados, en un mismo día, con explicaciones y despedidas
A eso de las 14:00 horas de ayer (martes 18 de agosto), en la página oficial de Ediciones Era fue publicado en el apartado “Noticias” un mensaje-comunicado firmado por Marcelo Uribe, actual director del sello, el cual, una hora después sería eliminado sin explicación alguna.
El escribidor de estas líneas pudo copiar completo el texto: en él, Marcelo Uribe agradece a todos los lectores, detalla más la decisión tomada, y explica lo que vendrá en los días siguientes. Por su enorme importancia y trascendencia, lo transcribo:
Muy queridos lectores de Era, quiero empezar por agradecerles a todos su confianza en nuestros libros: gracias por acompañarnos a lo largo de los años y por acercarse a ellos con tanto interés. En todo este tiempo hemos disfrutado de millones de lectores y estamos muy agradecidos con ellos por el estímulo y la oportunidad de seguir adelante. El 5 de agosto pasado, Ediciones Era cumplió 66 años. Era ha sido una presencia fundamental en la cultura mexicana, a la que le ha dado no pocos clásicos que han permanecido por décadas en el gusto de los lectores.
Cuando llegó la pandemia desacomodó al mundo entero, y también el mundo del libro en México. Nosotros vivimos del dinero que pagan los lectores por nuestros libros en las librerías: eso es lo que al final llega a nuestras cuentas de banco. Cuando en marzo de 2020 se suspendieron, de un día para otro, todos los pagos de todas las librerías porque se decretó su cierre, nosotros dejamos de tener ingresos de inmediato, aunque nuestros gastos, por supuesto, continuaron.
El inestable equilibrio ecológico del libro que habíamos vivido hasta marzo de 2020 se descompuso y se desplomó, y no se ha recompuesto para nosotros en más de seis años.
Nuestro cliente número uno dejó de pagar hace tres años y tiene una deuda acumulada enorme, pero lo grave es que su gran volumen de ventas mensuales dejó de existir y nos ha hecho falta mes con mes. Nuestro cliente número dos ha reducido sus ventas de libros de Era en un 60-70 %, debido principalmente a políticas de compra ligadas a la velocidad de venta. Otras cadenas han cerrado y algunas de las que permanecen abiertas lo hacen sin pagar.
Las cadenas de librerías ‘culturales’ del Estado dejaron de ser clientes por sus políticas de extorsión (“o firmas aquí y aceptas un pago reducido o te quedarás sin nada”), y cuando volvimos a venderles, sólo recuperamos el 20 % de las ventas anteriores.
La pandemia también trajo cambios en los usos del ocio. El libro, al menos en nuestro país, ha sufrido mucho frente a las pantallas.
El resultado de todo esto es que no hemos tenido las ventas de antes, no hemos podido reimprimir a la velocidad habitual y por lo tanto tenemos muchos libros agotados, y tampoco hemos podido sacar novedades. A la par, nos hemos tenido que endeudar con los derechos de autor. Hace unos meses tuvimos que vender la Casa de Era en Mérida 4, en la colonia Roma, para enfrentar nuestras obligaciones y para tratar de sanear la editorial.
Por su parte, el Estado como comprador también dejó de estar interesado en los libros, la literatura, el arte y el saber, para refugiarse en los saldos y los regalos, incluso al extranjero. Quizá no han percibido que al hacerlo han abandonado la difusión y el estímulo a la inteligencia y a los escritores del país.
Tomó muchos años ir tejiendo las redes de apoyo que les permitían a los escritores mexicanos continuar una carrera tan difícil como la de escritor. Ese trabajo de décadas, minucioso, colectivo y loable, fue destruido en unos cuantos meses de 2019.
Ante este contexto, Ediciones Era ha decidido que es el momento de reducir al mínimo sus operaciones comerciales y su actividad editorial. Esto se decidió formalmente hace unos pocos días y ahora lo informamos a nuestros lectores y amigos. Sé que las noticias tienen dificultades para suplantar a los chismes, pero esto es lo que está sucediendo.
El factor determinante para tomar esta decisión es que el dinero de que disponemos ahora nos alcanza para pagar las deudas de Era si reducimos los gastos en este momento para no incurrir en deudas impagables.
No hacemos nada de esto con gusto ni con alegría. Hemos intentado de todo en todos los terrenos. El equipo de Era le ha dedicado la vida a construir nuestro catálogo, desde los libros de arte hasta los infantiles, los pequeños y hermosos libros de poesía y cuento hasta las grandes biografías, las obras reunidas, las grandes novelas, la crónica y todo los demás.
Ediciones Era lanzará una campaña pública que consistirá en una gran venta de su fondo durante los próximos meses en todos los puntos que tengamos a nuestro alcance en el país: librerías, ferias y espacios amigos. Estaremos ofreciendo todos nuestros libros, incluso nuestras colecciones de archivo de títulos agotados publicados en los primeros años de la editorial. Nuestra última participación en ferias será en la del Zócalo, donde también tendremos todo nuestro fondo histórico.
No es sencillo decir todo esto ni hay una manera elegante y promisoria de concluir estas palabras. Termino con la expresión de nuestro dolor más hondo y con el agradecimiento más profundo a ustedes, nuestros lectores, por haber compartido con nosotros este viaje largo y hermoso.
Marcelo Uribe
Tras ser borrado este texto, por la tarde-noche en el sitio web de la editorial apareció uno nuevo, esta vez firmado únicamente como “Ediciones Era”, ya oficial, pues después fue compartido a través de sus redes sociales. Puede consultarse aquí: edicionesera.com.mx; pero, también, lo transcribo:
Muy queridos lectores de Era:
El pasado 5 de agosto, Ediciones Era cumplió 66 años. Pocas editoriales en lengua española pueden mirar hacia atrás y encontrar lo que nosotros encontramos: un catálogo que ayudó a formar a varias generaciones de lectores, que dio a la cultura mexicana algunos de sus clásicos indiscutibles y que acompañó a los grandes escritores de nuestro tiempo desde sus primeras páginas. Ese catálogo —los libros de arte y los infantiles, los pequeños y hermosos volúmenes de poesía y cuento, las grandes novelas, las biografías, la crónica— existe, permanece y seguirá leyéndose. Nada de eso se cierra.
Lo que hoy anunciamos es que Ediciones Era reduce al mínimo sus operaciones. Sabemos que las noticias tienen dificultades para suplantar a los chismes, pero esto es lo que está sucediendo.
El mundo cambió. La pandemia transformó de raíz el ecosistema del libro en México: las formas de vender, de comprar, de leer y de acompañar a los lectores dejaron de ser las que conocimos durante décadas. Nosotros lo intentamos todo para adaptarnos —y lo hicimos con la misma convicción con la que siempre hemos trabajado—, pero llegó el momento de reconocer que el equilibrio que sostenía nuestro modo de hacer libros ya no existe.
Era ha sido siempre fiel a sus principios: publicar con rigor, con belleza y con libertad, sin sacrificar jamás la calidad por la conveniencia. Precisamente por esa fidelidad, preferimos poner orden en casa y tener cuentas claras que traicionar lo que hemos sido. Lo hacemos por decisión propia y con la frente en alto. Ésa también es una forma de coherencia.
No hay tristeza que borre el orgullo de lo hecho. Sesenta y seis años de libros. Millones de lectores. Autoras y autores que confiaron en nosotros sus obras y su vida. Un equipo que dedicó la suya entera a construir este catálogo. Eso no lo detiene ninguna circunstancia: los libros de Era seguirán en las bibliotecas, en las manos y en la memoria de quienes los leyeron y de quienes los descubrirán mañana.
En los próximos meses realizaremos varias ventas de nuestro fondo en librerías, con espacios amigos y en ferias de todo el país, incluyendo joyas de archivo de nuestros primeros años. Será nuestra manera de celebrar, junto a ustedes, esta historia: que los libros de Era lleguen a la mayor cantidad de manos posible. Estaremos también en la feria del Zócalo, donde los esperamos con enorme cariño.
A nuestros lectores, a nuestros autores, a los libreros y a todos los que han hecho posible este viaje largo y hermoso: gracias. Era es posible por ustedes y vivirá en ustedes.
Con gratitud y con orgullo,
Ediciones Era

Una radiografía fría, dura e implacable del nuevo orden
Es un hecho: las cosas siguen cambiando demasiado rápido, a un ritmo vertiginoso, y se reconfiguran en todos los ámbitos. Y no es exclusivo de una zona o geografía. Las noticias de esos cambios —algunos ya lo llaman crisis— llegan desde Europa, desde Sudamérica, incluso desde Asia.
En los últimos años, en el centro de esas noticias y de esos cambios hay —casi siempre— un denominador común: la tecnología y sus avances agigantados. Lo está modificando todo —incluida la cultura (sus industrias culturales y el consumo cultural)—, y no siempre para bien de la propia sociedad.
México, en ese sentido, no está exento de esos cambios y de esa reconfiguración global. El cierre de la emblemática editorial Era es un ejemplo de ello. El anuncio de la suspensión de sus operaciones representa una fría, dura e implacable radiografía del nuevo orden, y, desde luego, del ecosistema del libro en México.
Que una editorial con un catálogo de esta magnitud histórica diga adiós es igualmente un reflejo de la magnitud del cambio que ya está aquí; entre otras cosas: las pantallas han desplazado al papel; la inmediatez está provocando que la nuevas generaciones ya no se permitan lecturas extensas y complejas; o el embate de la IA que está facilitando todo —que es un decir—; algo que ya varios de los autores que hemos publicado en estas mismas páginas culturales lo han advertido. (Cecilia Rikap, la última de ellas: “A mayor confianza en la inteligencia artificial, menor capacidad de pensamiento crítico y menor capacidad para organizar la resistencia”.)
Aunado a todo esto también están leyes punitivas del mercado y las reglas del modelo económico de hoy, un modelo que casi siempre valora las ideas en función de su rentabilidad.
El cierre de operaciones de Ediciones Era deja varias interrogantes sobre el futuro del libro en México. Dos de ellas, urgentes: ¿podrán las editoriales independientes sobrevivir al embate de la IA y a una población que cada vez lee menos?
El tiempo lo dirá. Supongo. ![]()



