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Consumo informativo a punta de video

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Detenido

Agosto, 2026

La verdadera crisis de nuestro tiempo quizá no es que exista demasiada información, escribe Juan Soto en esta nueva entrega, sino que hemos dejado de distinguir entre información, entretenimiento, publicidad, y, ahora, imposición algorítmica. Y es que, a punta de video se miran los acontecimientos del mundo, pero se entiende de manera superficial, o a veces nada, lo que realmente pasa. Es un hecho: las plataformas digitales han dejado de ser canales de distribución de contenidos, y de información, y se han convertido en el referente informativo para millones de personas. Es el mundo de hoy. Sí, el consumo informativo se ha plataformizado.

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Navegando en alguna plataforma publicitaria, entre videos donde aparece un podcast de alguna célebre nulidad realizando entrevistas banales que nada aportan culturalmente, otro donde aparecen virtuosos músicos de jazz, otro de peleas callejeras, otro de conflictos viales, otro de ociosos realizando “hazañas” en pantalla, otro de policías extorsionadores, otro de políticos corruptos, otro de empresarios evasores de impuestos, otro de personas llenando sus vacíos emocionales con mascotas, otro donde aparece una persona maquillándose y compartiendo su intrascendente rutina de cuidado personal —Get Ready With Me (GRWM)—, otro donde aparece un grupito de idiotas contando chistes sexistas, racistas y discriminatorios, otro donde aparece un cretino pintado de payaso denigrando personas bajo el argumento de que suben al escenario por voluntad propia, etcétera; es fácil encontrarse con videos noticiosos que hoy se han convertido en una significativa fuente de información para millones de personas en el mundo.

Los días en que era fácil encontrar a un vendedor de periódicos en las esquinas, no existen más. Hoy, las personas ya no entran con el periódico al baño sino con el teléfono celular o una tableta. Millones de personas ya no leen noticias en el baño en un periódico de papel, las ven a través de una pantalla en medios digitales. Los editores, sí, siguen decidiendo qué eventos son importantes para ser difundidos por distintos medios digitales, pero las noticias con las que nos encontramos no. Un conjunto de algoritmos decide qué merece nuestra atención y qué puede desaparecer sin dejar rastro. Los algoritmos no sólo deciden qué mundo vemos, sino cómo lo vemos y cómo lo entendemos. Esto termina por reforzar nuestras actitudes en general.

Hoy, las transformaciones culturales frente a las cuales estamos son considerables. La hiperconexión y el encapsulamiento en dominios informativos diseñados para maximizar el tiempo de permanencia frente a una pantalla no favorece la deliberación pública. Por el contrario. Ha propiciado, entre otras cosas, que el mood solipsista en el que se vive ahora se extienda y se refuerce diariamente de manera consistente. Una de las consecuencias más devastadoras de todo esto es que ha formado a millones de personas usuarias creyendo firmemente que poseen verdades absolutas y moralmente superiores a las que diverjan de ellas. Las opiniones se han convertido en convicciones. Vivimos en un tiempo propicio para vociferar que cada cabeza es un mundo, aunque esto, ni por asomo, sea ínfimamente preciso. Hoy es fácil pensar que las convicciones individuales no tienen que ser contrastadas con las de las personas de al lado para considerarlas verdaderas y racionales.

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En junio se publicó el Digital News Report 2026 del Reuters Institute de la Universidad de Oxford. La investigación tuvo como objetivo ‘medir’ los cambios en los hábitos de consumo de noticias. El informe de 2026 tomó en cuenta cerca de 100 mil entrevistas con consumidores de noticias en línea y 48 mercados a nivel mundial. El documento ofrece información detallada sobre cómo las audiencias de diversos países en el mundo interactúan con las noticias y permite tener una idea de cómo los patrones de consumo han cambiado, así como la forma en que el continuo auge de los creadores de contenido noticioso y lo que la gente piensa sobre la forma en que las empresas de noticias cubren las grandes historias. Algo que incluyó este reporte también fue información relacionada con el uso emergente de chatbots con inteligencia artificial, el auge de los videos informativos, la interacción de las audiencias con los creadores de noticias, las actitudes hacia la llamada imparcialidad, las razones por las que los medios tradicionales están perdiendo audiencias, y cómo perciben las personas las noticias de servicio público.

El reporte confirma algo interesante y preocupante a la vez. Que la gente se ha ido ‘adaptando’ a la rápida diseminación de la inteligencia artificial en varios aspectos de la vida cotidiana. Y aparece una paradoja dentro del ecosistema informativo: mientras el consumo de noticias en redes sociales, plataformas de video y los agentes de inteligencia artificial crece, la preocupación de las personas en torno a la confianza en las noticias, la desinformación y el impacto más amplio de estas plataformas, también lo hace. Es decir, los consumidores de noticias en medios digitales desconfían de los medios en los que se informan.

Los medios actualizan sus contenidos las 24 horas del día y compiten por una porción del tiempo que las personas suelen dedicar a sus teléfonos inteligentes. Mientras que para unas personas esto implica la oportunidad de mantenerse al tanto de las noticias —no precisamente bien informadas—, para otras la sobrecarga informativa es el terreno fértil para desinformarse. Y esto es importante por dos cuestiones. La primera es que mantenerse al tanto de las noticias no es precisamente informarse. Y, la segunda, es que la sobrecarga informativa suele producir desinformación por atragantamiento.

Ignacio Ramonet, el periodista español y catedrático de la teoría de la comunicación, lo dijo acertadamente: en las dictaduras es el poder el que nos impide acceder a la información mientras que en la democracia es la propia información, por saturación, la que nos lo impide. Es decir, en democracia la censura funciona por asfixia, por atragantamiento, por atasco. Y puntualizó algo muy cierto: que nos ofrecen tanta información, y la consumimos, que ya no nos damos cuenta de que alguna, precisamente la que haría más falta, no está.

Durante buena parte del siglo XX los periódicos competían por lectores, pero hoy compiten, de acuerdo con el informe mencionado, contra las plataformas digitales como TikTok, YouTube, Instagram, WhatsApp y, cada vez más, contra asistentes conversacionales (IA) capaces de resumir, reorganizar e, incluso, reinterpretar las noticias antes de que los lectores visiten el medio que las produjo. Es decir, la información ha dejado ya de circular primordialmente por las instituciones periodísticas y ahora lo hace por medio de las infraestructuras tecnológicas, cuyo objetivo —lea con atención— no es informar mejor sino mantener la atención de los usuarios el mayor tiempo posible, para lograr una especie de cautiverio digital.

Sí, las plataformas han dejado de ser canales de distribución de contenidos, y de información, y se han convertido en el referente informativo para millones de personas alrededor del mundo. Es ahí donde millones de ciudadanos construyen sus interpretaciones cotidianas de la realidad social, política y económica en la que viven. Su opinión se moldea en las plataformas digitales: ‘Lo vi en TikTok o en YouTube o en Instagram o en X’ ya es una cantaleta con la que hay que lidiar en el día a día, ya sea en la barra de un bar, en el aula universitaria o, incluso, en un coloquio, foro, congreso o conversatorio académico. Ya no hay diferencia. La intermediación tecnológica está desplazando a la intermediación periodística.

Ilustración: cortesía magnific.com.

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El consumo informativo, de acuerdo con el informe citado arriba, se ha plataformizado. Las redes sociales y las plataformas de video se convirtieron ya en las fuentes más utilizadas que la televisión, los sitios web y las mismas aplicaciones de los medios, por primera vez desde que se hace el informe. Las noticias, en el mundo online, no se leen, se ven. ¿Cuáles fueron los principales hallazgos de acuerdo con este estudio?

⠀⠀⠀1. El uso de las fuentes informativas tradicionales sigue disminuyendo mientras el consumo de noticias en redes sociales y las plataformas de video es, cada vez, más prominente (54 % recurre a las redes sociales y plataformas de video; 51 % prefiere los sitios web y las aplicaciones de los medios). Y, algo muy importante, el cambio se produjo en todos los grupos de edad.

⠀⠀⠀2. Los chatbots de IA van ganando protagonismo como vía de acceso a las noticias, concentrándose en las audiencias más jóvenes (16 % de los menores de 35 años los usa para informarse).

⠀⠀⠀3. Por primera vez en todos los mercados del Digital News Report 2026, la mayoría de la gente consume noticias en video cada semana (77 % según el promedio global y en 45 países se miran más videos informativos online que noticias de televisión, mientras que Facebook conserva el liderazgo general de noticias con un 43 %).

⠀⠀⠀4. Un poco más de la cuarta parte de los encuestados reportó obtener información de creadores o influencers vinculados a las noticias (equivalente a 27 %) y dijeron que los creadores de contenido son más entretenidos, más fáciles de entender y más cercanos que los medios tradicionales. Pero, y lea con atención, también mencionaron que los creadores de contenido eran menos confiables y más sesgados en comparación con otros atributos como la autenticidad y la cercanía. Sin embargo, esto no quiere decir que los medios tradicionales hayan sido abandonados, pues la mayoría de la gente que obtiene información de los creadores de contenido también consume medios tradicionales.

⠀⠀⠀5. Desde 2021, el interés por las noticias ha venido disminuyendo; en casi todos los países se encontraron ‘amantes de las noticias’, pero los mercados de quienes pagan por ellas han ido en decremento.

⠀⠀⠀6. Algo llamativo que arroja el informe es que en 29 de 48 países la confianza en las noticias alcanzó su nivel más bajo desde 2015. También bajó la confianza en las instituciones y en los líderes.

⠀⠀⠀7. Se ha reducido el flujo de usuarios que pagan suscripciones por recibir noticias y quienes pagan lo hacen por obtener beneficios directos y por motivaciones basadas en valores.

⠀⠀⠀8. Quienes prefieren la imparcialidad superan a los que priorizan las noticias que coinciden con sus puntos de vista. En tiempos en los que ciertos personajes afirman que la imparcialidad ya es cosa del pasado, la mayoría de los consumidores de noticias parecen seguir apoyando la utopía noticiosa de la imparcialidad.

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Así las cosas, y de acuerdo con el informe, el periodismo ha dejado de ser el principal organizador de la experiencia pública. Es cierto: los periodistas siguen investigando y los medios publicando sus investigaciones, pero lo que ha cambiado es el lugar donde los ciudadanos entran en contacto con las noticias. Este contacto se ha plataformizado. La conversación pública ocurre, precisamente, en las plataformas donde lo que más importa es la atención de los consumidores de noticias. Su materia prima ya no es únicamente la obtención de nuestros datos personales, sino la configuración de nuestra percepción de los acontecimientos. Acontecimientos que tienen que presentarse de forma ludificada para poder mantener nuestra atención.

En la misma pantalla donde aparece una tendenciosa investigación sobre corrupción, también puede aparecer un video humorístico sexista, racista y discriminatorio, un anuncio personalizado, una receta de cocina o un influencer con cara de baboso opinando sobre política. Las plataformas se han convertido en un terreno donde casi todo vale lo mismo porque todo compite por el mismo recurso: atención cronometrada.

La verdadera crisis de nuestro tiempo quizá no es que exista demasiada información, sino que hemos dejado de distinguir entre información, entretenimiento, publicidad y conversación algorítmica. A punta de video se miran los acontecimientos del mundo en pocos minutos y se entiende de manera superficial lo que realmente pasa. El objetivo del contenido noticioso no es informar, sino entretener. La lectura, el pensamiento crítico y los razonamientos profundos van desapareciendo de nuestra existencia e interacciones a ritmo acelerado y de manera irreversible. Es muy probable que si este contenido —es decir, este texto— se hubiera presentado como un video, pudiese haber tenido más difusión en las plataformas digitales… Pero es mas bonito leer.

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