Mayo, 2026
Es psicólogo, periodista, también productor de proyectos de comunicación y música popular. En el siguiente texto, Rodrigo Farías Bárcenas nos relata su experiencia en el recién concluido Taller Construir Memorias Comunitarias. “Formemos una comunidad de comunidades dedicada a la construcción y cuidado de la memoria”, escribe aquí. “La construcción (y el cuidado) de la memoria comunitaria es eminentemente colaborativa, cooperativa, solidaria. Razones más que suficientes para asegurar que el Taller Construir Memorias Comunitarias es una experiencia pedagógica de gran alcance y relevancia social”.
El Taller Construir Memorias Comunitarias[1] encierra en su nombre el fundamento de la concepción teórica y práctica que lo anima, es decir: las memorias comunitarias son una construcción colectiva. Y ese es el motivo por cual participé en él, por mi interés en explorar el papel del periodismo en la construcción de la memoria, vertiente en la que vengo trabajando desde hace tiempo. La lectura que sigue[2] es un intento de mi parte por compartir el significado que tuvo para mí el haber participado en ese taller. Para darle un cierre a la experiencia, voy a reseñarla a partir de siete dimensiones: ontológica, epistemológica, pedagógica, metodológica, ética, existencial y política.
⠀⠀⠀⠀Dimensión ontológica
¿Cómo nos situamos frente a la realidad? ¿Nos adaptamos a ella o la transformamos? Estas preguntas indagan sobre la naturaleza del ser humano y su forma de vincularse con la realidad, son de carácter ontológico. En el taller subyace la idea del ser humano como ser social, activo en la construcción de su propia historia, transforma su entorno y no simplemente acepta las condiciones que le tocan. La premisa de la dimensión ontológica es: somos creadores de memoria, venimos de un linaje de resistencia ante condiciones opresivas e injustas. Decirlo en plural es importante porque la construcción de la memoria es colaborativa. Las actividades que llevamos a cabo surgieron de esta premisa, por eso no hubo clases en el sentido tradicional en las que uno enseña y otros aprenden. Hubo exposiciones o planteamientos de carácter académico con la participación de los talleristas. La convocatoria fue dirigida a cronistas y al público en general, interesados en la memoria y en archivos locales, con la participación de integrantes de colectivos comunitarios, de instituciones privadas o gubernamentales, cronistas barriales o en el sentido periodístico del término. En nuestros propios ámbitos de convivencia y trabajo somos productores de memoria. Hacia ellos nos toca llevar la experiencia del taller, valorando el esfuerzo que hay de por medio en la formación de archivos personales, comunitarios e históricos, y tomando en cuenta que en la gestión de archivos es necesaria una concepción dinámica. Los archivos se construyen y evolucionan conforme cambia nuestra vida en sociedad, no son (no deberían ser) un mero depósito de información inerte. En mi caso, una de las comunidades que tengo como referente es el campo de la música popular mexicana independiente, he trabajado en la construcción de su memoria periodística con un archivo propio que ha sido consultado por numerosos colegas. Tengo varias formas de estar presente en mi comunidad, pero la principal es la concepción y producción de proyectos de comunicación que contribuyen a generar conexiones mediante la interacción, una de las formas de hacer comunidad.

⠀⠀⠀⠀Dimensión epistemológica
Si nos preguntamos cómo conocemos el mundo que nos rodea, nos ubicamos en esta dimensión. En las sesiones entendimos que la memoria es la esencia de nuestra identidad incorporada, forma parte de nuestro ser. No es un objeto al que estudiamos como si estuviera fuera de nosotros, siguiendo la pauta del método científico tradicional. Si bien el taller, como su nombre lo indica, nos lleva por un conocimiento empírico —cómo construir nuestras historias trabajando con documentos— y pragmático —la experiencia como criterio de conocimiento verdadero— no se queda en ese plano porque también es fundamental reflexionar en lo que hacemos. Activar un proceso de preservación documental equivale a poner en marcha un proceso de observación de nuestra propia memoria. En este sentido, es una labor eminentemente reflexiva. Vamos más allá del saber científico que eleva la objetividad como norma suprema del conocimiento, y validamos el saber comunitario como fuente legítima del mismo, como lo pueden ser las experiencias personales o colectivas y la tradición oral.
⠀⠀⠀⠀Dimensión metodológica
Se trata del qué hacemos, cómo y para qué. Generar un archivo puede ser algo arduo y hasta engorroso, pero también fascinante y esclarecedor. En este aspecto, compartieron su conocimiento personas que son expertas de verdad en el proceso que vincula la memoria comunitaria con la cultura archivística, abarcando tanto sus aspectos administrativos en el ámbito institucional, como los humanísticos en el artístico. Participaron cronistas de distintas alcaldías, responsables de archivos, representantes de instituciones como, entre otras, Fonoteca Nacional, Archivo Institucional del Colegio de México, Archivo Histórico de la Ciudad de México, Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas, Instituto Nacional de Antropología e Historia, Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, Instituto de Investigaciones José María Luis Mora, Facultad de Artes y Diseño de la UNAM, Archivo General de la Nación. La conformación de archivos es el pilar de la memoria comunitaria y, por lo mismo, tema central del taller. Hablar de cultura archivística, es hablar acerca de la profesionalización en la materia, de principios teóricos, métodos de preservación documental, normas legales, gestión documental; es hablar acerca del patrimonio documental de las comunidades y su importancia, de la trasmisión generacional de la memoria. El cuidado de la memoria documental descansa en una estrategia metodológica que comprende aspectos básicos como: preservar, conservar, restaurar, difundir, y se fundamenta en una visión humanística. Los sociólogos William I. Thomas y Florian Znaniecki, pioneros a principios del siglo XX en darle importancia a los documentos humanos en la investigación social, plantean así este punto de vista metodológico (y, por lo tanto, ontológico y epistemológico):
La causa de un fenómeno social o individual no es otro factor social o individual sólo, sino la combinación de ambos. Esta necesidad de ver lo subjetivo, valores y actitudes, de mirar cómo la gente está dentro de sus mundos, sólo puede hacerse con los documentos humanos.[3]
⠀⠀⠀⠀Dimensión pedagógica
El Taller Construir Memorias Comunitarias tiene una dimensión pedagógica (formativa) de tan gran alcance que bien pudiera transformarse en un diplomado, por tener características como, entre otras, su estructura académica de carácter modular, por la amplitud y hondura de sus opciones de aprendizaje, por su duración (un año), por tener aval institucional. Cada uno de los módulos está concebido para integrar teoría y práctica en el desarrollo de competencias específicas. La revisión conceptual es seguida por ejercicios que nos introducen en el manejo directo, corporal, de los documentos. Asimilamos mediante experiencias que involucran cognición y conducta cuáles son las funciones y cuál es la importancia de los archivos personales, comunitarios e institucionales. Mediante actividades lúdicas, conversatorios, dinámicas grupales, se enfoca en el fomento de la consciencia comunitaria, en estimular actitudes colaborativas, en agudizar la capacidad analítica (en este caso respecto a la valoración y conformación de archivos). Las visitas guiadas a significativos puntos históricos de la Ciudad de México, como el Centro Histórico o el barrio de Tacubaya, muestran que el México de hoy es el resultado de un encadenamiento de procesos culturales y socioeconómicos que vienen desde los tiempos antiguos, antes de la conquista. No se trata sólo de observar, sino de que la observación desate un pensamiento reflexivo. Esos recorridos contribuyen a que comprendamos que la construcción de una consciencia histórica es una elemento constitutivo de nosotros como seres humanos. Comprender nuestra biografía significa comprender cómo participamos en esos procesos. Cuando visitamos la Casa Museo Benita Galeana, espacio que expande la memoria de quien lo visita, mi mente viajó a la época en que era estudiante de psicología, dejándome la duda de por qué no hacíamos recorridos similares a éste para estudiar la memoria. Ahora que conozco la casa de Benita pienso que es una visita obligada para psicólogos sociales, estudiantes de historia, antropología, sociología, comunicación, investigadores de los movimientos sociales o personas interesadas en conocer los antecedentes del proceso de configuración de la izquierda actual. En última instancia, difusión mediante, el taller como tal infunde en la sociedad un sentimiento de empoderamiento, o sea: de confianza en sí misma para ser parte activa en la construcción de nuestra historia.

⠀⠀⠀⠀Dimensión ética
En la construcción de la memoria comunitaria, en su cuidado, en la responsabilidad compartida para construirla subyace la dimensión ética del hacer comunidad. Se modifican nuestras formas de convivencia al hacernos más conscientes del compromiso que ese cuidado implica. Prevalece el bienestar común por encima del interés personal. En otra parte escribí desde mi enfoque como periodista un planteamiento que implica validar la existencia del otro, con el nosotros como eje de la comunicación: “En esta época en la que son tan frágiles los vínculos interpersonales, trabajar con la memoria para mí significa dar constancia de la experiencia humana, salvaguardando su comunicabilidad”.
⠀⠀⠀⠀Dimensión existencial
Trabajar con la memoria comunitaria conlleva entender el significado que le atribuimos a nuestra participación en el propio taller, a cómo la vivimos; y luego, en un sentido más amplio, conlleva entender el significado que le atribuimos a nuestra participación en una o más comunidades, al conocimiento que de ellas hemos heredado y al conocimiento que vamos a heredar. La primera sesión la llevamos a cabo con la guía de cierta pregunta que nos remite a una de las interrogantes esenciales de la cuestión existencial: ¿De dónde vengo y de dónde soy? ¿Cuál es mi propia historia? ¿Cómo comunicarla? ¿Cómo archivos del ámbito privado adquieren un significado relevante en el ámbito público? Comunicar nuestras experiencias es condición para hacer memoria. Los “papeles” (documentos) que en cierto momento operamos con nuestras manos para finalidades varias, en otro momento representan nuestra historia personal, susceptible de integrarse a un archivo, entendido el archivo como aquello que resguarda la experiencia. Comprender que nuestra experiencia personal está ligada a la historia, que sirve a la memoria, es una forma de comprender en carne propia la noción de historicidad.

⠀⠀⠀⠀Dimensión política
Sostengo, con base en las seis dimensiones descritas, que la importancia del Taller Construir Memorias Comunitarias radica en que fue sabiamente diseñado para involucrar a los participantes en prácticas significativas. Son las que nos animan a estudiar la memoria a partir de la experiencia propia, las que propician que nos demos cuenta de cómo internalizamos la historia, las que amplían nuestra consciencia de que nuestra historia personal es parte de una historia mayor que la comprende, y que ésta no está predeterminada ni depende de un destino o poder dominante, sino que la hacemos nosotros (las comunidades) en forma colectiva, con la premisa de que la memoria comunitaria es soberana, premisa sobre la cual se construye un archivo físico: el significado que tienen los archivos para la comunidad proviene de la comunidad misma, no de un agente externo. Es una manera de instar a que las políticas públicas, y en particular las que tienen que ver con nuestro patrimonio cultural, respondan a las necesidades reales de las comunidades.
⠀⠀⠀⠀Perspectiva: comunidad de comunidades
Destaco la valía que tiene el verbo construir en el nombre del taller por su implicación psicológica, en cuando al sentido que le damos a las acciones, y por su implicación ética, porque —reiterando lo antes dicho— la construcción (y el cuidado) de la memoria comunitaria es eminentemente colaborativa, cooperativa, solidaria. Razones más que suficientes para asegurar que el Taller Construir Memorias Comunitarias es una experiencia pedagógica de gran alcance y relevancia social. Llega a su fin en un marco prometedor: cuando se vislumbra que, junto con otros talleres similares formados en distintas entidades del país, formemos una comunidad de comunidades dedicada a la construcción y cuidado de la memoria mediante el impulso de la cultura archivística desde una perspectiva comunitaria. ![]()
Notas:
[1] El taller fue organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, mediante el Programa Cultura Comunitaria, en colaboración con el Archivo General de la Nación, a través de Memoria Histórica. Se llevó a cabo del 12 de abril de 2025 al 9 de mayo de 2026 en el Pabellón de Cultura Comunitaria, Av. Constituyentes 270, Ampliación Daniel Garza, Bosque de Chapultepec 2ª sección, Miguel Hidalgo. [2] Texto leído el 9 de mayo de 2026 en el Pabellón de Cultura Comunitaria, durante la clausura del Taller Construir Memorias Comunitarias. [3] Citados por Ana Isabel Blanco García en: “El método biográfico en sociología”. Revista Contextos VIII/15-16, 1990, p. 81.



