Ilustración de Jorge Flores Manjarrez.

La evolución del pensamiento y del lenguaje

(Y 23 neologismos disruptores.)


“Language is mankind’s greatest invention that was never invented” (El lenguaje es el más grandioso invento humano jamás inventado). La frase es del lingüista Guy Deutscher, escrita en su libro The Unfolding of Language que versa sobre la evolución del lenguaje.

En su libro de 1859, El Origen de las Especies, Charles Darwin prácticamente no menciona el concepto de evolución humana. Lo hizo más de 20 años después, en su obra The Descent of Man and Selection in Relation to Sex (El origen del hombre y la selección en relación al sexo). Su modelo de “protolenguaje musical” representa una importante amalgamación de datos comparativos, profunda comprensión evolucionaria y perspectiva biológica del lenguaje. Pero, en realidad, Darwin no sabía cómo se “inventó” el lenguaje.

Ahora, después de siglo y medio de estudios multidisciplinarios y comparativos sobre la comunicación en otras especies y entre los humanos, de especialidades novedosas como la neurolingüística, la biología molecular y evolutiva, del mapeo genético de homínidos prehistóricos, de la neurociencia, incluso de la neuroprimatología computacional comparativa, etcétera, etcétera, no tenemos muy claro cómo surgió el lenguaje en los humanos.

Hay varias teorías, algunas sin datos específicos que las apoyen. Sí, nuestro cableado cerebral evolucionó para ser como somos ahora, para pensar como pensamos, para comunicarnos como nos comunicamos. Sí, sabemos que anatómicamente el cerebro humano difiere significativamente del de otras especies en el telencéfalo dorsal, el cerebelo, el hipocampo y la corteza cerebral, sobre todo la prefrontal. Sí, conocemos la secuencia de nucleótidos de la región genética FOXP2, su específica evolución en humanos y el vínculo que tiene con el lenguaje. Sí, conocemos los recientemente descubiertos cambios diminutos, únicos en nuestra especie, en las regiones no codificantes de aceleración humana. A pesar de todo el conocimiento adquirido, podemos llegar a una sola conclusión: todavía no sabemos cómo comenzó el lenguaje.

Lo que sí sabemos, o podemos inferir, es que ha habido una evolución en las lenguas. Sabemos, o deducimos, que en la historia y la prehistoria han surgido miles de idiomas y otros tantos se han desvanecido o transformado. De acuerdo a los expertos, incluyendo el lingüista David Crystal, actualmente existen más de 6 mil idiomas en el mundo. Obviamente, los idiomas difieren entre sí, y son un reflejo de la cultura de sus hablantes, de su ambiente.

Hay lenguas que no tienen pronombres masculinos o femeninos, como el turco, el finlandés, el estonio, el húngaro, el indonesio o el vietnamita. Cuando sus hablantes se refieren a otras personas, no utilizan las palabras “él” o “ella”, y si se expresan en otras lenguas, tienen que detenerse un momento a pensar antes de utilizar dichos pronombres. ¿Difícil comprender este fenómeno? No necesariamente. Para los hispanohablantes existe solamente un adjetivo posesivo de tercera persona: “su”. Para los angloparlantes, por su parte, hay dos: “his” y “her”. Cuando habla en inglés, el hispanohablante tiene que recapacitar sobre ello antes de expresarse. El lenguaje influye en nuestro modo de pensar y viceversa.

Para los angloparlantes que aprenden español es difícil comprender la diferencia entre “ser” y “estar”, mientras que para los hispanoparlantes resulta algo obvio. Del mismo modo, a los hispanoparlantes se les dificulta entender la diferencia entre “in” y “on” en inglés, ya que en español resulta suficiente con emplear la palabra “en”. En inglés existe una gran, aunque sutil, diferencia entre las preposiciones “dentro” y “sobre” (“in”, “on”) cuando se utilizan con el significado de “en”. Los hispanohablantes entienden perfectamente cuando alguien dice “en el jet”, “en el aeroplano”, “en el tren”, “en la estación”, “en el bote”, “en el río”, “en el barco”, “en el océano”. Muy distintas resultan las cosas para los angloparlantes, que varían fácilmente el uso de preposiciones en el mismo contexto, lo cual resulta sumamente enigmático e  inexplicable para los extranjeros: “on a jet plane,” “in the airplane,” “on a train.” “in a station,” “in a boat,” “on a river,” “on a ship,” “in the ocean”. De la misma manera, cuando se expresa en español, a un extranjero se le dificulta mucho saber qué artículo usar al referirse a: “la gata”, “la cocina”, “el águila”, “el hacha”, “el azúcar” o aun el sustantivo femenino “área”.

Para los hablantes de lenguas indoeuropeas es común decir “izquierda”, “derecha”, “adelante” y “atrás” al señalar a otros o dar indicaciones con orientación geográfica: “toma la taza con la mano derecha”, “sal del elevador y da vuelta a la izquierda”, “lo tienes detrás de ti”. Los aborígenes australianos Guugu Yimithirr no tienen esas coordenadas “egocéntricas” en su vocabulario. Ellos sólo utilizan las coordenadas norte (gungga), sur (jiba), este (naga) y oeste (guwa). Si nosotros decimos: “Pedro está frente al árbol”, los Guugu Yimithirr  dirían: “Pedro está al norte del árbol”. Aun en una cueva oscura, alguno de ellos advertiría: “Hay una gran araña al noroeste de tu pie”, o si describieran los movimientos de actores en un televisor, los Guugu Yimithirr se referirían a ellos de acuerdo a la orientación del aparato.

De acuerdo a la hipótesis de Sapir-Whorf, las diferencias lingüísticas en el vocabulario y las expresiones son primordialmente productos culturales y sociales. Esta hipótesis considera que el lenguaje es un complejo de símbolos que reflejan el ambiente físico o social de un grupo humano. ¿Pensamos como hablamos o hablamos como pensamos? Después de casi 100 años de una bibliografía extensa de libros y artículos, la teoría es aceptada por varios académicos y científicos y debatida por otros.

Es difícil negar que el lenguaje refleja, hasta cierto punto, nuestro modo de pensar y el de nuestra cultura en general; la forma en que percibimos el mundo. Ocho años antes de que Sapir publicara el primer artículo que formaría una de las bases de la hipótesis de Sapir-Whorf (1922), Ludwig Wittgenstein escribió en el Tractatus-Logico-Philosophicus: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”. Un componente minúsculo de esos límites puede ser traspasado por palabras de lenguas que no tienen traducción directa en otras. Para cruzar temporalmente las fronteras del lenguaje y de la percepción de “nuestro” mundo, he aquí 23 neologismos inspirados en lenguas extranjeras sin equivalente en español. Estas palabras se tomaron prestadas de varios idiomas y han sido definidas en el Lexinario:

caello, lla. (Del danés kaelling). 1. adj. Dicho del que insulta a los niños con obscenidades. 2. m. y f. El padre o la madre que insulta a los hijos persistentemente.

pervasivo. (Del inglés pervasive, penetrante). 1. m. Influjo penetrante o efecto físico inoportuno que se propaga en un área. 2. Influencia persistente o dominio desagradable que se esparce por un grupo de personas.

vibonuto, ta. (Del checo vybafnout). 1. adj. Se dice de la persona tonta y persistentemente molesta. 2. m. y f. Hermano o hermana que molesta constantemente.

besmirchar. 1. (Del inglés to besmirch, manchar). 1. tr. Dañar la reputación de alguien. 2. Decolorar o ensuciar algo.

musierda. 1. f. Tonada o porción de melodía que se repite insistentemente en la mente. 2. Porción de una pieza musical odiada que, repetidamente, se reproduce con total fidelidad en la mente y no es posible dejar de evocarla. 3. Orguormo (del alemán ohrwurm). 4. Helmoto. 5. Musiquerra.

uzún. (Del turco hüzün). m. Sentimiento de desconsuelo o desesperación que se presenta cuando uno se da cuenta de que los contratiempos que están sucediendo van a aumentar y empeorar.

enduria. (Del inglés to endure, resistir o sobrellevar). f. Capacidad de soportar o tolerar algo desagradable con gracia o estoicismo.

culochino. (Del italiano culaccino, marca en la mesa del vaso húmedo). m. Marca húmeda que deja un vaso o una taza en la superficie de una mesa al retirarlos.

boqueto. (Del japonés boketto). m. Ver en la distancia sin mirar y sin pensar.

esgribo. (Del gaélico sgriob, comezón del whiskey). m. Cosquilleo facial en anticipación a una experiencia placentera.

tantamóntico, ca. (Del inglés tantamount y éste del italiano, tanto montare). adj. Que equivale, en seriedad, a algo.

cafunear. (Del portugués cafuné). 1. tr. Pasar los dedos, suave y profundamente, por el cabello de alguien. 2. Acariciar los cabellos de alguien.

inuendo. (Del inglés innuendo). m. Conjunto de ademanes y tono de voz casi imperceptibles con los que se transmite una insinuación subliminal.

cumerespio. (Del alemán kummerspeck). 1. m. Sobrepeso adquirido al comer en demasía por estrés o duelo. 2. Sobrepeso acumulado por comer compulsivamente. 3. Persona gorda que continúa comiendo sin tener hambre. 4. Gula por estrés.

inchalantismo. 1. (Del francés nonchaloir). m. Indiferencia casual ante la opinión de otros. 2. Despreocupación afectada por lo que piensan otros de uno.

respitio. (Del inglés respite). m. Breve periodo de descanso o alivio de algo difícil, desagradable o molesto.

sadenfreda. (Del alemán schadenfreude). f. Sensación de alegría o placer al enterarse de los infortunios, pesares, sufrimientos o fracasos de alguien.

conundrado, da. (Del inglés conondrum). 1. adj. Dicho de una adivinanza imposible de resolver para el hombre común. 2. Se dice de la ganancia de tiempo de un burócrata. 3. Se dice de la paradoja por resolver por parte de un científico.

glasquén. (Del galés glas wen, sonrisa azul). 1. m. Sonrisa sarcástica o burlona que se hace como símbolo de menosprecio o desaprobación. 2. Sonrisa falsa.

kaput. (Del inglés kaput, y éste del alemán kaputt). 1. adj. Dicho de algo que está roto y es inutilizable. 2. Dicho de algo que ya no funciona, trabaja o es efectivo.

torsilospánico. (Del alemán torschlusspanik). 1. m. Sentimiento de desesperación al ver que algo deseado está desapareciendo, está siendo arrebatado de las manos o está definitivamente perdido. 2. Sentimiento de frustración o desconsuelo cuando algo que uno tiene, quiere o ama está partiendo.

contrapción. (Del inglés contraption). 1. m. Aparato, instrumento o máquina de apariencia extraña, innecesariamente complicada y de utilidad dudosa. 2. Contrapto.

blurtar. (Del inglés to blurt, hablar sin pensar). tr. Decir súbitamente algo sin reflexionarlo.

Neologismos definidos en: Lexinario – Diccionario de lo Inefable www.comoseteocurrio.com

1 thought on “La evolución del pensamiento y del lenguaje

  1. Javier excelente artículo ilustrativo y descriptivo Comenta algo más de la neurociencia y del leguaje que usan los chavosGracias felicidades y salidos.

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