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Detenido
Octubre, 2026
Muy poco se puede agregar a estas alturas en su biografía que la gente no conozca. (Al menos, los nacidos antes del siglo XXI, pues se puede asegurar que es uno de los artistas de mayor trascendencia internacional de habla hispana de la segunda mitad del siglo XX.) Es cantautor. Es guitarrista. Es compositor. Es poeta cubano. Exponente sobresaliente, junto con otros cantautores como Pablo Milanés, Noel Nicola y Vicente Feliú, de la Nueva Trova, música surgida sobre todo con la Revolución Cubana, movimiento social del que no ha dejado de ser crítico, sí, pero sobre todo un gran defensor de éste, al grado de que ante el nuevo embate del —ahora sí nunca mejor dicho— imperialista Trump, salió a decir públicamente en días recientes que estaba dispuesto a tomar el fusil para defender a su país. Con al menos medio millar de canciones escritas, una veintena de álbumes en su haber —como Días y flores, Al final de este viaje, Mujeres o Rabo de nube—, además de múltiples reconocimientos para una carrera musical de más de medio siglo, Silvio Rodríguez llega a las ocho décadas de vida en este 2026. Víctor Roura aquí lo recuerda.
1
La siguiente entrevista, publicada en el periódico cultural Melodía, Diez Años Después (número 3, 24 de febrero de 1980), fue la causante de que Silvio Rodríguez me retirara la palabra y me envolviera en denuestos acusadores: una vez el cantor Noel Nicola (Cuba, 7 de octubre de 1946 – 7 de agosto de 2005) se me acercó sólo para decirme:
—Tú eres Víctor Roura, dice Silvio que eres una mierda.
Y se alejó sonriente en busca de otra copa, porque estábamos en una reunión entre músicos.
Ese “mielda” atronador me mantuvo insomne varios días, lo recuerdo bien.
2
Imposible hablar con Silvio Rodríguez o con Pablo Milanés después de su actuación en el Teatro de la Ciudad. Por los pasillos, que desembocan en los camerinos, deambula mucha gente. Alguna persona corre. Otra más da palmadas en la espalda de Milanés quien, sudado, sólo sonríe porque tiene que sonreír. Silvio Rodríguez es acosado con una serie de preguntas, las cuales contesta sin pensar mucho y con desgano. José Xavier Návar, jefe de prensa de discos Polygram (marca que distribuye los acetatos de los creadores de la nueva trova), me dice que los cubanos no quieren tratos con la prensa mexicana porque los reporteros preguntan siempre lo mismo.
Y que aceptaron salir a comer con él pero que no llevara a nadie de la prensa.
Que, incluso, hubiesen traído un caset con las respuestas consabidas para que no los molieran a cada rato.
Bien. De reojo, veo sólo a Frank Bejarano, baterista del grupo de Milanés. El saludo es amistoso. No hay reticencias. Quedamos en vernos en el hotel donde se hospedan, el Génova, situado en la Zona Rosa.

3
Viernes, 1 de febrero. Doce del día. A la habitación 537. Y los integrantes del grupo de Milanés, en ese mismo momento, se retiraban. “Nos tenemos que ir, te esperábamos ayer”, exclaman, muy amables.
Bejarano y Emiliano Salvador, este último tecladista. Quedamos en vernos al siguiente día, más temprano, a las nueve. Se retiran. Me comunico, entonces, con Silvio Rodríguez a su habitación. Dice en el teléfono: “No, ahora no puedo, tengo que salir, mejor nos vemos en el Teatro”. Insisto. Dice: “No, no puedo, tengo que hacer”. Le pido una plática corta. Dice. “Ahora bajo”. Transcurren minutos y, de repente, pasa caminando aprisa, con dirección a la salida del hotel. Lo alcanzo.
—¡Ah, eres tú! —dice.
Resignado, acepta, “pero tiene que ser muy rápido, ¿eh?”
Nos acomodamos en una mesa, enfrente de la tienda del hotel.
¿Cómo elabora sus canciones Silvio Rodríguez?
Larga pausa, cara de fastidio y respuesta:
—Bueno, tú sabes que para eso no hay método. Yo, por lo menos, no tengo métodos. A veces tengo algo de qué hablar, un tema, una temática; a veces hago apuntes y cuando trato de ajustarlos al lenguaje musical apropiado se me ocurre un tema que me sugiere ese mismo mundo, pues entonces trato de combinarlo. Otras veces, no.
“Otras veces es mucho más espontáneo, otras veces surge el tema tanto en texto como en música inmediatamente. Yo no tengo métodos, no me impongo ninguna metodología. Es un proceso bastante anárquico”.
En una de sus actuaciones, Silvio Rodríguez dijo al público que muy pocos se interesaban en saber cómo hacía sus canciones y luego dio una ligera explicación para presentar una de sus últimas composiciones. Pero mi pregunta no le simpatizó. Añadió:
—Generalmente, trato de adaptar al texto a la música.
Y entrados a la música, le hablo sobre las orquestaciones que utilizó Milanés en su álbum Son de Cuba a Puerto Rico (1979) y que, a mi parecer, desmejoran algunas piezas. Y, advierto, esos arreglos (“pero ya en forma tremenda”) son comunes en la balada comercial.
Silvio Rodríguez dice:
—Ese tipo de orquestación tremenda, como tú le llamas, está en muy pocas canciones mías.
¿Cómo define Silvio Rodríguez la música que han aportado al contexto musical?
Responde:
—Uno trata de encontrar para una canción el lenguaje sonoro adecuado. Hay canciones que uno siente que requieren un tratamiento más complejo, entonces trata de ponerle orquestación porque eso supone que es el enriquecimiento. Cuando eso no se logra es que uno se equivocó o que la manera en que usó la orquestación no era la más apropiada.
Evidentemente, el estupendo compositor cubano o no entendió la pregunta o quería aclarar todavía lo de las orquestaciones.
Continúa:
—Hay canciones que solamente le piden a uno bombo y guitarra. Pero eso depende también un poco del gusto de cada cual, porque una misma canción acompañada de diferentes maneras se puede oír bien también.
Esta conversación la mantuve con Silvio Rodríguez cuando el cubano, nacido en San Antonio de los Baños, tenía 33 años de edad: ahora, el 29 de noviembre de 2026 llega a sus ocho décadas de vida.
4
En la nueva canción argentina se escucha de vez en cuando cierta semejanza con el canto cubano, inicio un tema; pero no obtengo sino gestos de aburrimiento por parte de Silvio Rodríguez.
—Yo creo —dice— que todo lo que es la nueva canción tiene algunos puntos de contacto. Nuestra canción parte fundamentalmente de nuestras raíces culturales, autóctonas; pero no vemos con prejuicio lo que pasa en el mundo y, sobre todo, lo que pasa para bien; o sea, la música que es buena, universal. Y entonces, bueno, analíticamente, hemos tomado de lo universal lo que es válido para enriquecer nuestra manera de decir. Así tú ves que en nuestra canción hay influencia de la música brasileña, de la música del altiplano, de la música norteamericana, de la música de cualquier parte. Pero siempre partiendo de una tradición nuestra que es trovar, o sea tratar de hacer poesía desde la guitarra y partiendo fundamentalmente de los ritmos sincopados que son los que caracterizan nuestro quehacer musical.
—¿Llegará el momento en que la música logre sobrepasar a la lírica?
—Yo lo que creo es que la lírica en los últimos años se ha visto apoyada mucho por la música, quizá como nunca antes. Quizás en lo que estamos es en la antesala de un nuevo tiempo para la poesía, en que la poesía dirá por lo menos lo que más se conozca inevitablemente acompañada de la música.
—Pero la lírica en la música sí se distancia de lo que es la poesía escrita. ¿Opinas lo contrario?
—A veces sí, pero no tiene por qué ser una regla. Ahí hay textos de canciones que pueden resultar poemas. Ahora, también hay textos de canciones que sin la música no resisten una leída. Eso depende de la fuerza poética del autor. Pero hay poemas que se han musicalizado.
—A tu consideración, ¿aún queda mucho camino por recorrer dentro de la nueva trova? —consulto.
Y Silvio Rodríguez, serio, muy serio, y atento a nuestro alrededor menos a la plática, dice:
—Bueno, imagínate, yo solamente soy un trovador. No soy adivino ni un profeta.
Y calla, y esos ojos, inquietos, recorren el grande espacio como buscando algo perdido.
—¿Cómo sientes al público cuando presentas nuevas canciones?
—Para las nuevas canciones el oído siempre ofrece alguna resistencia. Lo lógico es que la gente te pida las que ya conoce, las que están grabadas. Incluso cuando uno prueba por primera vez una cosa, pues lo prueba con un poco de reticencia o de reserva, ¿no? Es como cuando comes un plato por primera vez, te dan esto, y tú lo pruebas medio desconfiadito así a ver qué tal te sabe. Hay cosas que desde el primer momento te maravillan y hay cosas que, bueno, con el tiempo pues te van gustando cada vez más. Eso mismo pasa con las canciones.
—¿Cuál es tu reacción frente a la excesiva programación radial de tus canciones en voz de artistas comerciales?
—Bueno, en primer lugar, mucha gente me ha grabado canciones/
—Sí, pero, por ejemplo, aquí en México “Yo no te pido” de Mila/
—Bueno, tú estás hablando de México y yo estoy hablando de otros países. O sea, me ha pasado no sólo en otros países sino también en Cuba. Y hay lugares donde se ha dado el caso de que la canción de uno pues, bueno, se pasa insistentemente en la radio y entonces yo, por una parte, veo que es el mecanismo comercial, repetitivo al que recurren los medios de comunicación detrás del cual están los discjockeys y detrás de los cuales están las empresas disqueras y detrás de las cuales están los intereses mercantiles y detrás de los cuales, etcétera, y así podemos seguir la cadena hasta llegar a una concepción de lo que es la información. Pero, por otra parte, pienso que, en el caso de la canción de Pablo, yo creo que es mejor que se difundan buenas canciones, así que aplaudo calurosamente que esto suceda.

5
Cambiando de tema, le pregunto acerca de su canción “Cuba va”, de fuerte connotación rocanrolera.
Dice:
—No es mi canción totalmente. Es una canción que compusimos Noel Nicola, Pablo Milanés y yo en el año 1970. Sí tiene elementos de rock. Es que esta canción fue compuesta para un documental inglés que se hizo sobre la Revolución Cubana. Y nosotros quisimos hacer una cosa cercana al oído inglés.
Su opinión referente al rock:
—A mí me parece que es una de las cosas más fuertes que ha sucedido en la música en los últimos años, sobre todo una de las cosas más fuertemente manipuladas y una de las tendencias que evidentemente han influido más en todo el mundo, fundamentalmente porque los grandes exportadores de rock son los grandes consorcios imperialistas, los que tienen todo el poder y todo el dinero y todos los medios en sus manos. Pero también creo que hay movimientos muy fuertes que están emulando con el rock y que yo creo que si tuvieran el apoyo que ha tenido el rock llegarían a ser realmente tan evidentemente trascendentes como el rock, como es todo el caso de la nueva canción brasileña.
¿Gustos en el rock?:
—Hay mucha gente que me ha gustado. Todos los buenos me gustan. Todos los evidentes. Los evidentemente buenos me gustan.
Y calla.
Entonces, lo veo extrañado y me imagino que se me nota la extrañeza porque añade:
—No sé qué decirte, me gustan desde las cosas más puras como Leadbelly o como Woody Guthrie, hasta las cosas más sofisticadas como pudo ser en algún momento Jimi Hendrix o Emerson, Lake and Palmer o, en fin, Crosby, Stills and Nash, las cosas, así, mejor hechas, ¿no? Y últimamente también me parece que es muy interesante lo que ha hecho Yes. Pink Floyd me gusta, parece que tiene un trabajo muy serio. Y particularmente, de todo este mundo del rock o de todo este mundo que se ha derivado del rock y que en algún momento se entronca con el jazz también, me interesa un grupo italiano que se llama Premiata Forneria Marconi, me parece que tienen un gusto exquisito.
—¿Cómo describes todo ese interés que se está centrando en Cuba? Irakere ya firmó para una compañía estadounidense.
—Me parece que sí, que nosotros tenemos música que exportar y que tenemos que competir. Si competimos en deporte con todo el mundo, ¿por qué no vamos a competir en música también? Y si los mecanismos son esos, pues hay que aprovecharlos.
Pausa.
Aclara, apresuradamente:
—Cuando cambiemos el mundo, los mecanismos no van a ser así, pero mientras tanto…
Y, por fin, una sonrisa en sus labios. Sonrisa que se apaga muy pronto y que no volverá a presentarse durante el resto de la charla.
Vuelve el fastidio.
Le comento que un músico de Chicago, brasileño, me dijo, respecto a Irakere, que todo grupo que empieza a grabar y a vender discos tiene que comercializarse.
—Yo no lo creo —dice Silvio Rodríguez—. No lo creo, porque Irakere es un grupo cubano y que vive en Cuba, además, y va a seguir viviendo en Cuba, creo yo, y me parece que son gente con otros principios. No se ven sometidos. En primer lugar, Irakere tiene su sueldo fijo en Cuba; o sea, no tiene por qué comercializarse; o sea, ¿venderle su alma al diablo para sacar un disco más o un disco menos? Quizás otros grupos por ahí sí lo tengan que hacer, porque es la única manera de acumular dinero para cuando pase la hora de la moda de su sonido, pues tener algún dinero guardado y vivir con eso algunos años o el resto de su vida si puede. Pero en el caso nuestro, no. El músico nuestro tiene un sueldo fijo, tiene un retiro asegurado y, además, tiene el respeto y el cariño de todo nuestro pueblo.
—¿Cómo se implanta ese sueldo fijo?
—A través de una evaluación, que se hace periódicamente. El dinero, por supuesto, lo da el gobierno por medio del Ministerio de Cultura.
—¿No importa la cantidad de álbumes que gra/
—No no no no no… tienes un sueldo fijo básico, básico; pero cada vez que grabes un disco, ganas más.
—Lo correspondiente a/
—No, te pagan el disco, te pagan los derechos de autor. Te lo pagan todo, pero además tienes básicamente un sueldo fijo, hagas o no hagas esa grabación. Te puedes dedicar a crear, sin necesidad de estar atado a ese mecanismo del comercio que prostituye en definitiva a muchos buenos músicos.
6
Sábado, 2 de febrero [de 1980]. Nueve de la mañana. Hotel Génova. Me comunico con los músicos de Pablo Milanés. Atentos, dicen sí, que los espere cinco minutos. De pronto, observo a Pablo Milanés, todo de azul, que pasa despreocupadamente hacia la puerta de salida. A su regreso, un minuto cuando mucho, le propongo una breve plática a la que se niega de inmediato.
“Tengo que hacer, tengo que salir en estos momentos…”, “al rato, búscame al rato”, “no no puedo”, y se aleja por entre el ancho corredor del hotel, cojeando de esa pierna que lo molesta desde hace tiempo. El buen Pablo Milanés. Pero, un poco después de haberme revelado su prisa por salir, lo encuentro cómodamente sentado en una de las sillas que conforman la amplia sala de espera. Solo. Ya no lo molesto. Entro a la tienda del hotel, compro pastillas. De nuevo en la recepción, siento una palmada en el hombro y es Frank Bejarano. Vamos arriba, dice amablemente. Llegamos al cuarto 577. Adentro está Emiliano Salvador. No va a venir a la plática Eduardo Ramos, el bajista. Emiliano pide una cerveza, para calmar los estragos de la noche anterior pero antes sorbe un trago de una botella que contiene líquido blanco.
Comentan que su grupo no se llama Experimentación Sonora, que éste ya no existe. Experimentación Sonora se formó en 1969, con Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, entre otros. Dicen que sólo son “el grupo acompañante de Pablito” y que en Cuba son considerados músicos de jazz. Emiliano Salvador acaba de grabar su primer disco como solista, intitulado Nueva visión y en el cual participan miembros de Irakere. Bejarano dice que hoy en día está grabando mucha gente en Cuba y que se le está dando oportunidad a jóvenes músicos así como a “viejos tocadores de son, que antes tocaban en barra y que ahora ya ni tocan. A veces se mueren y no queda su música registrada en la historia”.
—Pablo Milanés —informan— grabó hace poco con Luis Peña, de 70 años de edad, un trovador viejísimo, haciéndole dúo y hay canciones del mismo viejo y cosas de Pablo. Es muy interesante.
“El que tiene una formación jazzística, ya tiene una formación de rock”, afirman.
La plática gira desde el radio (“sí se pone en Cuba mucha porquería, no te creas… aunque hay buenos programas, como uno titulado Encuentros con la música, que tiene varias secciones. Pero el radio tiene sus programas comerciales, cómo no”) hasta el festival OTI (“lo conocemos de oídas, pero no sabemos nada al respecto”). Y, por último, extienden la noticia de que cada uno de los integrantes de Irakere está grabando un álbum solista. Bejarano, Emiliano y el ausente Ramos, si lo quisieran destacarían mucho en el terreno del jazz. Pero su intención no va por ahí. Su verdadero objetivo es sólo el de crear música, ya sea por este lado o por aquél, como los dos primeros aseveraron. Y es cuestión de constatar su calidad musical en el reciente elepé de Pablo Milanés, ahora sí grabado en su totalidad por ellos, a editarse en México.

7
Releo la conversación y sigo sin entender las razones de la ira de Silvio Rodríguez, de sus insultos, de su insania.
Un cubano me dijo que a Silvio lo habían sancionado con severidad por haber hablado de rock, esa música del imperialismo.
No lo sé.
Quizás.
O el temperamento iracundo, nada más, de un cantor.
Tal vez también, por no haber hablado conmigo, y yo haberlo denunciado, Pablo también me tomó tirria.
No lo sé. ![]()



