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Detenido
Octubre, 2026
A 100 años del nacimiento de Chuck Berry, el rock and roll celebra a uno de sus principales fundadores. Elvis pudo ser la primera gran estrella que emanó del rock, pero fue Berry el arquitecto y maestro conceptual de todo aquello que, a mitad del siglo XX, puso patas arriba al mundo. Sus riffs de guitarra, su osadía y sus canciones sobre autos, romances juveniles y fiestas salvajes, sumado a su potente estilo en el escenario, definieron el camino a seguir, de ahí que hoy sea considerado uno de los músicos más influyentes de la historia del rock and roll. Nacido como Charles Edward Anderson Berry en la estadounidense St. Louis, en octubre 1926, el cantante, compositor y guitarrista partiría de este mundo 90 años después, en marzo de 2017, dejándonos como herencia un puñado de grandes clásicos como “Maybellene”, “Roll over Beethoven”, “Rock and roll music”, “Johnny B. Goode” o “My ding-a-ling”, canciones en las que, bajo la definición de rock and roll, mezclaba todos esos géneros musicales que había absorbido de chavo: el country, el blues, el gospel, el rithm & blues, el boogie-woogie o el swing. Como recuerda el periodista y cronista musical Víctor Roura: a un siglo de su llegada al mundo, la memoria de verlo en el escenario en julio de 1974 cobra el valor de un testimonio definitivo: fue presenciar al mero padre del rock and roll.
De manera completamente inesperada, Chuck Berry (Charles Edward Anderson Berry), nada menos que el mismísimo padre del rock and roll, estaba programado para ofrecer un único concierto en México en el Teatro del Ferrocarrilero, en plena época de la prohibición de esta corriente musical ordenada por el presidente Luis Echeverría Álvarez después del Festival de Avándaro realizado el 11 de septiembre de 1971. La audición se efectuaría el sábado 27 de julio de 1974, un día antes de que yo cumpliera 19 años de edad.
Acostumbrado a viajar solo, sin su banda ya que los mejores músicos de blues de cada nación formaban en ese momento su improvisado grupo musical, el compositor, cantante y guitarrista, nacido en San Luis, Misuri, hace un siglo, el 18 de octubre de 1926, sería acompañado, según se determinó empresarialmente, por los integrantes blueseros en ese momento de Javier Bátiz, los más capacitados, se suponía, en este tipo de música: El Cartucho (Ángel Miranda) en la batería, Olaf de la Barreda en el bajo y Freddy Armstrong en la guitarra, que a la mera hora fueron retirados de la escena por el propio Chuck Berry quien decidiera, mejor, acabar su concierto él solo con su guitarra ante la deficiente calidad, según expresó Berry, de los músicos mexicanos elegidos para su presentación.
No recuerdo en cuántas canciones lo acompañaron hasta que, disgustado, Chuck Berry los despidió del escenario para, en solitario con su guitarra y su voz, finalizar de maravilla (tampoco preciso cuántas canciones más dio a conocer) ese impredecible concierto, que no llenó, por cierto, el teatro en su totalidad.
Yo, por lo menos, salí convencido de lo que era, es, fue, el rock and roll, percibiendo, de manera casi diametralmente opuesta, la ausencia de la viveza y la aleatoriedad consumada de los grupos roqueros nacionales durante el Festival de Avándaro, tres años atrás, mismo que les costara a los músicos mexicanos años de penuria y de abandono.

No en vano había yo presenciado al mero padre del rock and roll, es decir a un hombre, enteramente negro del corazón, que dominaba esta música que él mismo creó rodeándola de fuentes sonoras, alimentándola creativamente, inventándola en todo momento, rociándole polvorines al azar, manifestándose Chuck Berry a sí mismo una y otra vez, sin equivocarse ni conjurando contra su música: por algo estaba yo delante del creador, del difusor, del máximo exponente del rock, asunto del que me fui percatando de a poco: todo lo demás que yo vi y oí de esta música, alrededor de medio centenar de conciertos, sin contar las audiciones nacionales, procedía de aquel músico que visualicé en julio de 1974, quizás de ahí la perfección de su estruendo, la algarabía de su canto, la cantaleta de su baile, la invención de sus alborozados sonidos guturales, porque todo en Chuck Berry se trataba de un asombro particular, lo que él hacía en ese instante sería posteriormente reproducido bajo otras consignas, otros designios, otros delirios.
Si bien primeramente denominado (desde finales de la década de 1940, popularizándose el término hacia 1948 o 1949) rhythm and blues por los reseñistas de la revista musical Billboard y por las discográficas para reemplazar el término discriminatorio “música racial”, como antes se llamaba a esta mezcla urbana de jazz, blues y gospel impulsada por la migración afroamericana, no fue sino hasta 1951 cuando el disc jockey Alan Freed (Pensilvania, nacido en 1921 y fallecido un mes después de haber cumplido los 43 años de edad, el 20 de enero de 1965), en su programa radiofónico nocturno, transmitido en Cleveland en la WJW, llamado The Moondog Rock & Roll House Party, “blanqueó” el término definiéndolo como “rock and roll” (ya no más rhythm and blues, considerada entonces música exclusiva de los negros), serie trasladada a Nueva York en 1954 con el simple nombre de Rock ‘n’ Roll Party.
Cuatro años después de haberse clasificado esta música como rock and roll surge, en 1955, Chuck Berry inicialmente con su canción “Maybellene” a la que le seguirían piezas clásicas del rock and roll como “Roll over Beethoven”, de 1956, o “Sweet little sixteen”, de 1958, o “Go, Johnny, go”, de 1959, asociada con la película del mismo título, canciones mil veces reproducidas por artistas subsecuentes como Elvis Presley o los Beatles.
El último álbum de estudio de Chuck Berry, intitulado Chuck, fue anunciado el 18 de octubre de 2016, el día del cumpleaños número 90 de Berry, que saliera al mercado el 16 de junio de 2017, tres meses después de la muerte del compositor, ocurrida el 18 de marzo de 2017, álbum póstumo entonces con material inédito desde Rock It en 1979, disco, el nuevo (el póstumo), dedicado a Themetta Toddy Berry, esposa del pionero del rock and roll durante 68 años, desde el 28 de octubre de 1948 hasta la muerte de él en 2017. Toddy, nacida el mismo año que Berry (el 30 de noviembre de 1926) le sobrevivió siete años más ya que la mujer falleció el 13 de agosto de 2024 a la edad de 97 años.
Basta escuchar uno solo de los más de 30 discos que dejara en su catálogo Chuck Berry para vislumbrar cómo el músico soltaba numerosas versiones de una canción logrando, con ello, no sólo un estilo personal sino derivar de su propia armadura toda una corriente musical… llena de estropicios y lamentables sucesos, como el acontecido en diciembre de 1959, cuando enfrentó “una de las acusaciones más graves de su carrera” a causa de una inocente mentira proporcionada, en Texas, por Janice Norine Escalanti al decirle, esta joven, a Berry que tenía 21 años de edad cuando en realidad tenía 14, razón por la cual Berry le ofreció un trabajo de camarera en su club Bandstand, llevándosela a Saint Louis. Pocos días después arrestaban a la joven “por ejercer la prostitución en un hotel de la ciudad” convirtiendo este hecho en un tremendo lío judicial a Berry que ignoraba la ambición candente de esta joven, que le costara al músico tres años de prisión, rebajada la sentencia (en un principio elevada a un lustro y a una fuerte cantidad de miles de dólares) “debido a los comentarios racistas que había hecho el juez durante el juicio”, lección aprehendida posteriormente por Berry al mirar las sinuosidades de las muchachas (entonces los negros eran los negros, sin importar sus famas o sus dineros… y Berry no lo negaba, pues tratábase de un auténtico negro del corazón retacado de blues).

El creador del rock and roll fue considerado traficante de lindas jovencitas con fines (por parte de Berry, no de las lindas jovencitas) inmorales.
Pero Chuck Berry, tras ser condenado en marzo de 1961 a tres años de prisión “por violar la Ley Mann (trasladar a una menor a través de fronteras estatales)”, vivió encarcelado un año con 18 meses (de febrero de 1962 a octubre de 1963), tiempo que aprovechó para estudiar contabilidad y escribir canciones, pues al salir de prisión ocurría la denominada Invasión Británica donde grupos como los Beatles y los Rolling Stones reinterpretaban sus temas: once años después de haber obtenido su libertad vino a México y fue, sí, como ver a un clásico de la música… ¡conduciéndose a sí mismo!
(Me imagino que de igual forma, o de manera similar, el espectador se sentía cuando estaba delante suyo nada menos que Beethoven o Mozart o Bach.)
Su discografía no dejó de exhibirse pese a su encierro, ya que los hermanos Chess, Leonard y Phil (fundadores de la fonográfica Chess asentada en Chicago a partir de 1950 que grabara a gente como Muddy Waters, Etta James, Howlin’ Wolf, Willie Dixon, Little Walter o a Chuck Berry), bien sabían el tesoro que tenían en sus cintas embodegadas —los hermanos Leonard y Phil, nacidos en Bielorrusia respectivamente en 1917 y en 1921 y fallecidos, ambos, en Estados Unidos el 16 de octubre de 1969 y el 18 de octubre de 2016—, aunque Berry tuvo, discográficamente hablando, largas ausencias ya de un lustro (de Super Stars, de 1997, a Star Power, de 2002) o de once años (de Sidy by Side, de 2006, a Chuck, el último del año 2017). Su grabación, que resultara póstuma, se adentra en lo que siempre hizo Berry: darle vuelta a la vuelta al rock and roll, esa música inventariada por él mismo para divertirse consigo mismo. ![]()



