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“Hay que cambiar radicalmente el periodismo”

Emmanuel Carballo, premiado hace dos décadas

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Octubre, 2026

En un mundo como el de ahora, en el que reina la banalidad de las redes sociales —empezando por TikTok y terminando por X—, en el que el publicista se disfraza de crítico, o en el que los medios están cediendo más terreno a las tecnologías tipo la IA… Sí, en un mundo como el de ahora se extraña una mirada, una voz y, sobre todo, una pluma firme e implacable como la de Emmanuel Carballo: fue narrador, poeta, ensayista, comentarista de radio y televisión, editor, investigador e impulsor de revistas y editoriales. Pero, básicamente, fue crítico literario —para muchos, uno de nuestros más importantes críticos de la literatura mexicana de la segunda mitad del siglo XX. Víctor Roura recuerda al periodista y escritor mexicano.

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Hace 20 años, con una diferencia de 25 días, Emmanuel Carballo recibió, primero, el Premio Nacional de Ciencias y Artes, en el área de Lingüística y Literatura, el 8 de noviembre de 2006, y después, el 3 de diciembre de ese mismo año, el Premio de Periodismo Cultural Fernando Benítez en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara.

Nacido justamente en Guadalajara el 2 de julio de 1929, el caso es que a don Emmanuel Carballo le fue otorgado el máximo galardón que entrega el gobierno mexicano a sus creadores literarios… ¡veintiocho años después de que se lo dieran a Fernando Benítez!, aunque en estas decisiones meritorias cabe cualquier circunstancia y parecer: a José Agustín se lo concedieron en 2011 luego, y sólo luego, de haber suspendido su prolífica carrera literaria a partir de 2009 tras sufrir un grave accidente el 1 de abril de ese año en Puebla, asimismo, ¡casi cuatro décadas después de que el padre —Efraín— recibiera el Premio en 1976, al hijo —David, en el único caso de familia literaria condecorada— le fue otorgado en 2015 —fallecido, David, el 3 de octubre de 2022, cinco días antes de que cumpliera 72 años de edad— el mismo galardón nacional en lingüística!

Pero Emmanuel Carballo entendía todo este proceso escritural manejado desde los círculos burocráticos del poder cultural, porque estaba inmerso en la crítica, que de ella no saldría hasta su muerte, ocurrida en la Ciudad de México el 20 de abril de 2014, a sus 84 años de vida.

Cronista de Cuajimalpa —donde vivía con su esposa Beatriz Espejo (Veracruz, 19 de septiembre de 1939), galardonada con el Premio Nacional de Literatura 2023, siendo el segunda caso de intimidad familiar en recibir el mismo premio— e integrante del Consejo de la Crónica de la Ciudad de México (instituido el 18 de febrero de 1987), Emmanuel Carballo fue editor de Diógenes (“como escritor he malgastado 20 años de mi vida, pude haber escrito diez o veinte libros más, pero en lugar de eso edité 300 libros de otros”, dijo Carballo a Manuélez en el diario de la Feria del Libro de Minería, en la Ciudad de México, el 7 de marzo de 1987) y animador de suplementos culturales. En el periodo en que platicamos era el coordinador de la página cultural del periódico semanal Punto, que dirigía Benjamín Wong Castañeda, fallecido el 25 de mayo de 2019 a los 84 años de edad (la misma edad en la que falleciera Carballo).

Esta plática, que he dejado en tiempo presente, la sostuve con don Emmanuel Carballo en 1987.

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Siempre tiene muchas cosas que decir. Emmanuel Carballo las apura:

—Creo que en este momento hay más periódicos que periodistas. Nos viene tocando de uno y medio o dos y medio por diario, por publicación. Ese es un gran problema porque a la mera hora no tienes a gente capacitada para todas las secciones.

“Si hacemos una lista rigurosa de las personas capaces para elaborar crítica literaria o musical, de artes plásticas, de cine o de teatro, de televisión o de radio, nos daremos cuenta de que es bastante menor el número de escritores hechos y derechos. Hay algunos ya deshechos o a punto de desintegrarse, pero se asoma una promoción de escritores jóvenes muy interesante. Sobre todo, yo los veo en el unomásuno y en Punto. De Punto te puedo hablar con absoluta sinceridad porque tengo cuatro años y medio de dirigir la plana cultural. Por razones económicas, Punto es un periódico de periodistas: no tiene un dueño capitalista, no sirve a intereses de un grupo en el poder. Por lo tanto, se paga poco. Obviamente, yo no voy a tratar de conquistar a Carlos Monsiváis o a José Emilio Pacheco o a José de la Colina. Además, si hubiera dinero tampoco lo haría. La función de Punto ha sido la de preparar periodistas para que después se vayan a periódicos de circulación diaria…”

Una larga bocanada.

El cigarro se consume aprisa.

—Una cosa muy triste son las escuelas de periodismo. Tanto la Septién García como la de la Universidad (y si la UAM y la Ibero tienen cursos de prensa también las incluyo), todas las habidas y por fundarse, no cumplen realmente su función. Los muchachos que salen de las escuelas no tienen la cultura suficiente ni la capacidad de la pluma suelta y lista a trabajar sobre un tema determinado. Hay que hacerlos en la práctica. Y en México, tal como hacemos revoluciones sin ideología previa, seguimos haciendo periodistas que llegan a las redacciones sin saber redactar. El periodista nacional podría ser aquel que se tropieza tres veces con el mismo obstáculo y no sabe cómo salvarlo. Eso es muy grave. Yo por eso, de tener los vicios de todos los periodistas, he preferido ganar muchachos que no sepan nada, que estén silvestres, irlos recogiendo del campo, de las zonas periféricas de la ciudad, o hijos de escritores, muchachos que se acercan por ahí. Van a ir aprendiendo. Yo te puedo decir que en Punto no hay un genio, pero sí hay gente con talento. Eso ya es una ventaja.

Emmanuel Carballo. / Fotos: Elena Juárez/CNL-INBA.

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Una mirada a los primeros suplementos de cultura:

—Cuando yo llegué a la Ciudad de México en 1953 había realmente sólo dos: “La Revista Mexicana de Cultura” de El Nacional que empezaba con Rejano lentamente su decadencia hasta llegar a lo que es hoy, y “México en la Cultura” del Novedades que dirigía Fernando Benítez: era el mejor suplemento de su época y, viéndolo a toro pasado, yo creo que ha sido quizá el mejor (o uno de los dos o tres mejores suplementos de los últimos treinta y ocho años).

“Yo creo que Benítez ni en Siempre!, ni en el unomásuno, ni en La Jornada, va a superar lo que hizo en Novedades. ¿Por qué? Porque tuvo una generación magnífica que fue la generación de la gente que nacimos en los años veinte y que empezamos a publicar a principios de los cincuenta [del siglo XX]. Cuando yo hacía una entrevista con Vasconcelos me pagaban 150 pesos (unos 15 mil de ahora, que no te sacan de ningún problema), que en ese entonces quizá te ayudaban a pagar un pequeño departamento de dos recámaras, sala y comedor en la colonia Cuauhtémoc. Pero nosotros hicimos periodismo no por el dinero que nos fueran a dar, sino porque es una de las pocas tribunas que había para escribir”.

Emmanuel Carballo está en la comodidad de su casa, rodeado de sus miles de libros. Su plática es febril. Por momento se habla a sí mismo, se consulta, duda, se responde, continúa:

—Bueno, hay que ver que Benítez tenía todo por ganar y nada que perder. Como manejaba el único suplemento todos, por gravedad, caíamos al Novedades: los magníficos, los buenos, los regulares y uno que otro malo. Las personas que no encontraban acomodo porque no tenían la calidad suficiente, se iban a la “Revista Mexicana de Cultura”, que era un poco el lumpenproletariado de la cultura de la época.

“Luego empieza a haber más revistas y algunos periódicos comienzan a pagar más; después, la mafia se fragmentó: antes era un solo grupo homogéneo al cual pertenecíamos todos nosotros. Para bien o para mal, éramos una cultura monárquica, elitista, poco democrática, revolucionariamente triste. Pero nos viene a cambiar la Revolución Cubana. Unos siguieron aferrados a su inmovilismo político, a su falta de convicción, de compromiso. Y otros fuimos sacudidos fuertemente por ese suceso. Nuestra generación avaló la Revolución Cubana: un equivalente de lo que representó la Guerra Civil Española a la generación de Taller de Octavio Paz o de Tierra Nueva de Alí Chumacero, la cual estuvo a favor de la República y en contra del franquismo…”

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Emmanuel Carballo mira queriendo introducirse en el interlocutor, como para calibrar si sus palabras son atendidas, captadas en su justo tono. Uno, dos, tres momentos de silencio rotundo.

—… Los problemas empezaron a agudizarse cuando Fidel, en aquel memorable discurso, se declara marxista leninista. Entonces ya la cosa comenzó a cambiar. Unos nos fuimos hacia Cuba y prestamos nuestros servicios a la altura de las posibilidades. Otras personas dudaron y algunos más se quedaron al margen. Yo fui de los que dieron el paso adelante y me enrolé como un soldado raso a la causa de la Revolución Cubana en México: fui director del Instituto Mexicano Cubano de Relaciones Culturales (hicimos, sin dinero, esfuerzos maravillosos: teatro periodístico, cineclub, jazz, fuimos precursores de una serie de cosas importantes. Tuvimos muchos problemas, con decirte que hasta en nuestras representaciones los contrarrevolucionarios nos ponían bombas pestilentes de ácido sulfhídrico, para que abandonáramos el lugar, que quedaba en Tokio 70 o algo así, a espaldas del Seguro Social de Reforma en la Juárez).

Pero Carballo se percata de que ha dado un salto sin acabar lo que había comenzado.

Y retoma:

—Empecé a escribir en el Novedades en 1953, pero los dueños del periódico nos corren en grupo por considerarnos gentes rojas y peligrosas. Entonces, el presidente López Mateos nos hace entrega de un millón de pesos. Se lo dan a Benítez y alguien lo convence de que, en lugar de hacer una cooperativa, de hacer un periódico semanal, quincenal o mensual, se le diera dinero a Pagés Llergo y nos metiéramos todos a Siempre! Y ahí empezó la decadencia del grupo. Siempre! es una revista de peluquerías. Parece siempre el mismo número. Puede Gorbachov cambiar a la Unión Soviética, pero si lees Siempre! tendrás una idea fija de que aún Stalin sigue gobernando. Por x o y, es una revista que no ha evolucionado. Pagés Llergo vio que tenía éxito ese pluripartidismo dentro de la revista (sobre un mismo tema, diferente colorido: santones de la cultura vernácula y provinciana) y conserva hasta hoy ese coctel. Treinta años después sigue siendo el mismo. Ahí nos morimos un poco. Ahí se confinó la cultura.

“Sin embargo, los primeros 100 o 150 números de ‘La Cultura en México’ (sólo invertimos el nombre) fueron excelentes. Luego entra el relevo: Pacheco se hace cargo. Mientras Pacheco estuvo, la altura del suplemento fue muy decorosa. Después sigue Monsiváis, quien tuvo y tiene la virtud de descubrir gente talentosa. Nomás que Monsiváis fue un poco mafioso. El que no era su amigo o el que no se declaraba su discípulo, no tenía el lugar que merecía. Es una cosa verdaderamente indigna en una persona inteligente como es Monsiváis. Yo creo que eso no se debe hacer. No debemos ser provincianos. Si alguna gente no me simpatiza en lo más mínimo, pero forma parte de alguna manera de la cultura nacional, yo tengo la obligación de buscarla y darle espacio. Tenemos que ser universales…

“Nos está ahogando esta falsa visión única de la vida. En ese sentido, el PRI nos conformó mentalmente. Estamos en contra del PRI, pero actuamos como si fuéramos de ese partido. Yo me voy, en los años sesenta, un poco hastiado, y no en muy buenas relaciones con la gente de ‘La Cultura en México’, a dirigir un suplemento en el Ovaciones y a escribir en el Excélsior y en el ‘Diorama de la Cultura’ de ese mismo periódico (cuando estaban Hero Rodríguez Toro, Hugo Latorre Cabral, Max Aub, García Terrés… el ‘Diorama’ manejado por Ignacio Solares, en tiempo de Julio Scherer, ya para mí es la decadencia de la cultura).

“En Ovaciones me tocó ser el partero, el oficial del registro civil, de la generación de los onderos. Creo firmemente que siempre hay que apostar por la gente que empieza. Si no haces eso eres un mal mexicano y un intelectual de mierda: no tienes derecho de dirigir un suplemento. Hay que abrirle las puertas a la gente. Por esa puerta abierta pasaron José Agustín, Gustavo Sainz, Parménides García Saldaña, Avilés Fabila, Gerardo de la Torre”.

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Cuenta Emmanuel Carballo que, en ese suplemento, intitulado “Artes, Letras y Ciencias”, escribieron sus primeros textos Miguel de la Madrid Hurtado y José López Portillo y Pacheco, recomendados de Reyes Heroles:

—Me acuerdo que una de las pocas veces que he visto a De la Madrid, me dijo:

“—Mi señor editor, cómo le va…

“Yo me quedé estupefacto…

“—¿No se acuerda de mí como escritor? —me preguntó.

“No, yo nomás no me acordaba.

“—Pues no…

“Y me dijo el número de suplemento y la fecha. Yo no lo registraba. Yo me dedicaba más bien a lo literario. Quien registraba la política era Alfredo Leal Cortés, el coeditor del suplemento y quien ha hecho carrera dentro del establishment mexicano. Quizá hasta haya aprovechado esos descubrimientos”.

Se interrumpe. Aclara con prontitud:

—Ese suplemento fue malo. El diseño era verdaderamente indigno, es una de las formaciones más malas que se han hecho en México en el siglo XX. Pero teníamos interesantes colaboraciones: inéditos de Alfonso Reyes, entrevistas con Martín Luis Guzmán, con los Contemporáneos. Tratábamos de integrar el país. Que no fuera la cabeza de Goliath, que es la Ciudad de México, con el cuerpo de David. Por eso apuesto por los muchachos de la onda. Y el grupo de Monsiváis y de Benítez tenía un desprecio infinito por estos muchachos. Los consideraban subescritores. Imagínate: gentes de pelo largo, la droga, el peace and love, gente que en lugar de libros tenía discos de cabecera, gente que combatía con su vida, con su actitud, con su lenguaje, a la familia, a la sociedad. Yo confiaba en ellos. Creo que fue uno de mis aciertos como difusor de la cultura mexicana.

Cuenta que “Artes, Letras y Ciencias” tronó por falta de dinero:

—Una de las primeras televisiones a color que tuve me la dio Ovaciones porque me debía ocho o nueve meses de salario. Era una televisión gigantesca. Antes del 68…

Porque este año, el de 1968, modifica al país, dice Carballo:

—El año del 68 es como 1810 o como 1910 o como 1867. Son años clave. México se parte. Ya es uno hacia atrás y otro hacia adelante.

—Después del 68 aún más se fragmentan los núcleos culturales…

—Pero también, a toro pasado te lo digo, nosotros hicimos mucho por la cultura cuando éramos mafia. Mi jefe era Alfonso Reyes, estaba Octavio Paz que era nuestro maestro inmediato, estaba Carlos Fuentes, estaba yo, García Terrés, Alí Chumacero, José Luis Martínez, Leopoldo Zea. Gente destacada de los cincuenta y sesenta. Pero al mismo tiempo fuimos soberbios, altaneros, nos sentíamos mesiánicos, la nata y la mantequilla de una sociedad que empezaba a estar devaluada: éramos insoportables…

“Yo evolucioné gracias a la Revolución Cubana…

“Y el 68 de plano fue otra situación. Surge la literatura marginal, periódicos tirados en mimeógrafos, se empiezan a repartir (como las octavillas políticas en la España de Franco) poemas y prosas reflexivas sobre el movimiento del 68. Cambia la generación y cambia de actitud la literatura mexicana frente a los grandes problemas del país. Es más comprometida. Un tanto populista, más que revolucionaria”.

De periódicos o de comportamientos de la prensa actual:

—Yo escribo en Punto y en unomásuno. Cosa que no es muy ortodoxa que digamos. Yo debía escribir en La Jornada, que es el periódico más cercano a Punto. Y no he tenido ningún problema. Yo escribo en unomásuno porque Huberto Batis es una persona a la que estimo y con la cual me siento ligada. Y ahora que Fernando Benítez va a dirigir el suplemento cultural de La Jornada, si aceptáramos su invitación de escribir ahí haríamos el mismo acto de esquirolaje que cometieron Jaime Labastida y el grupo de La Espiga Amotinada al entrar a sustituir al equipo de Octavio Paz cuando éste renunció en solidaridad con Julio Scherer. Quien hace eso comete un acto de deslealtad. Yo no lo haría.

—Lealtades y deslealtades, ¿pero dónde queda la información?

—Yo, civilizadamente te cuento: hago una sección cultural en un periódico que no tiene relaciones con unomásuno y colaboro como escritor en el diario que dirige Miguel Becerra Acosta. No he tenido problemas. Yo ahí escogí a mis amigos. Y estuve y estoy con ellos. Si Benítez se va por pleitos con el director o con quien haya sido, el problema es suyo y no mío. En este caso particular no entran en juego las lealtades y deslealtades. Yo sigo en unomásuno.

—Debido a eso surgen las listas negras…

—Ese es uno de los grandes problemas del periodismo mexicano. Por ejemplo, yo publico un libro y La Jornada no me menciona. Participo en un acto cultural y anotan dos o tres nombres que estuvieron en la mesa redonda, pero yo nunca aparezco (bueno, ni cuando se formó el Comité de la Crónica de la Ciudad de México apareció mi nombre en la lista de La Jornada). Pero se presenta un libro de Marco Antonio Campos, De viva voz, un volumen que en cierto sentido sigue una tradición que yo inicio con Protagonistas de la literatura mexicana y La Jornada dice: “En México no se hacen entrevistas literarias”. Y citan a Elena Poniatowska que es una persona respetable, pero inferior a mí (te lo digo sinceramente, sin vanagloria)…

“Sé que también en el unomásuno y en casi todos los periódicos hay nombres prohibidos. ¿Tú no conoces la obra de Salvador Novo que se llama A ocho columnas en la cual narra su pleito con Rodrigo Del Llano, entones director de Excélsior? De ser una de las gentes mimadas de ese diario, de pronto Novo rompe con Del Llano, quien dijo:

“—Este hombre no saldrá en mi periódico, ni siquiera cuando me paguen su esquela…

“Eso es borrar a una persona. Es el ninguneo. La conspiración del silencio. Es una de las cosas más canallas que se puedan dar en el periodismo. Tal vez ni los mismos directores se den cuenta y sean los jefes de sección los que hagan este tejemaneje absurdo y provinciano.

“Ya Alfonso Reyes en uno de sus libros habla sobre Alfonso el Sabio y la conspiración del silencio como coronación de la guerra literaria. Así que esto ya data de siglos. Alfonso X el Sabio dijo:

“—La mejor manera de combatir a un enemigo no es atacarlo sino no nombrarlo, darle muerte civil.

“No estamos inventando nada. Sólo estamos siguiendo una tradición negra, nefasta. ¿Qué ganamos con ignorarnos los unos a los otros si somos veinte gatos nomás, los trescientos y algunos más, como se llamaba la columna de Duque de Otranto?”

Apura Emmanuel Carballo sus palabras:

—Vamos a cambiar el periodismo, ya que nuestro esquema es obsoleto. Caray. La prensa se sigue haciendo con técnicas que pasaron de moda hace quince o veinte años. Debe el periodismo ser menos individual y más colectivista…

“Como decía Paz: son periódicos ideologizados. No informativos. Porque uno ya sabe lo que van a decir todas las mañanas, de acuerdo a las noticias, tanto el unomásuno como La Jornada, el Excélsior, el Novedades, el Heraldo. Y la televisión no se salva de eso. La TV, informativamente, es la radio con pretensiones de hacer televisión.

“Estamos muy mal. Informativamente, los periódicos son muy malos. Yo leo tres para más o menos enterarme de lo que sucede aproximadamente en el mundo. Por desgracia sabemos más de México y de América Latina por lo que dicen las publicaciones extranjeras que por lo que dicen las propias. Habría que cambiar radicalmente el periodismo…

“Porque esa famosa frase de que es más nuevo Homero que el Excélsior va siendo cada vez mas cierta”.

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