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Las ocho décadas de Alberto Zuckermann

Jazzista y escritor

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Septiembre, 2026

Como suele decirse, fue amor a primera vista. (O, en este caso, amor a primer oído.) Y es que, aunque con formación clásica, desde muy joven Alberto Zuckermann decidió seguir el llamado del jazz. Desde entonces, no sólo se convirtió en un importante e incansable divulgador del género en México —publicando en diversos medios—, también tiene en su haber discos y libros de su autoría marcados por el ritmo sincopado. Convertido hoy en músico y escritor, o escritor y músico —pues le entró asimismo a la novela—, Alberto Zuckermann ha llegado a las ocho décadas de vida. Víctor Roura conversó con el pianista mexicano, para sumarnos a la celebración.

Alberto Zuckermann nació en la Ciudad de México el 6 de octubre de 1946. Además de ser un respetado pianista de jazz con tres discos, hasta el momento, de ese género: Solo Zuckermann (1998), Dúo-Trío (2001) y Zuckermann en vivo (2011), de haber participado en numerosos festivales internacionales de jazz, es autor de los ya clásicos libros El jazz en el Palacio de Bellas Artes: (1962-2011), editado en 2014 por el propio INBA, y El jazz en la Ciudad de México 1960–1969 (Fondo de Cultura Económica, 2022), porque, aparte de ser un activo músico, es un difusor importante de esta corriente melódica cuyo oficio escritural asimismo lo define también como literato con títulos como Ah, los 60’s, ¡qué suerte de vivirlos! (Plaza y Valdés, 1993), Todo acerca de Eda (Plaza y Valdés, 1995) y Penumbra (Sediento Ediciones, 2011).

Para celebrar este aniversario conversamos con el afamado escritor y tecladista.

Alberto Zuckermann en una imagen de 2023. / Fotos: Sergio Raúl López.

Carrera clásica

—¿Por qué Alberto Zuckermann eligió el jazz y no, digamos, la música clásica?

—En mis inicios estudié música clásica, tanto en el Conservatorio Nacional como con maestros privados. Ya para 1963, con casi 17 años cumplidos, descubrí el jazz y me atrajo sobremanera por su libertad de interpretación y por su riqueza armónica.

El pianista

—Tengo entendido que fue el pianista Bill Evans (1929-1980) el que deslumbrara a Alberto Zuckermann una noche en Bellas Artes, ¿acabó este pianista por definir tu oficio o lo completó?

—Al principio el pianista Bill Evans no me atrajo mucho, me parecía romántico y con poca intensidad. Tal vez se debía a que mi primer disco de él era de corte baládico, el álbum Moonbeams. Conforme lo fui escuchando más descubrí su grandeza y la riqueza de su lenguaje melódico y armónico. Ha sido una fuente de inspiración grande en mi trayecto musical.

Aprendizaje por ósmosis

—¿El jazzista es autodidacta o hay estudios de por medio?

—Como pianista tengo una formación de estudios clásica, sé poner las manos en el teclado y estudié por un buen tiempo técnica de digitalización y sé leer música. Con respecto al jazz, en buena parte soy autodidacta o, como dijo el pianista Denny Zeitlin, lo aprendí por ósmosis.

Todo acerca de la escritura

—Después de la música, la literatura. ¿Cómo se adentra Zuckermann en la ficción escritural y por qué?

—Desde muy joven fui un lector voraz, sobre todo de novelas, mi madre fue en parte la culpable: de niño me leía de su colección de lecturas, entre ellas algo maravilloso: Las mil y una noches. He tenido a varios escritores favoritos, según la etapa de mi vida. Cuando muy joven leí Juan Cristobal de Rolland, más tarde casi todos los libros de Henry Miller, luego La guerra y la paz de Tolstoi y otros libros de ese gran escritor; de Durrell su famoso cuarteto de Alejandría y de lo nuestro la breve pero inmensa obra de Rulfo. Me gustaron, aunque a un nivel menor, Casi el Paraíso de Spota y La región más transparente de Fuentes. Sigo leyendo y ahora estoy con algunos cubanos como Cabrera Infante y Leonardo Padura.

“Me puse a escribir de muy joven algunos cuentos y por largo tiempo abandoné la escritura, hasta que en diciembre de 1988, cuando concluyo mi trabajo como agregado cultural en Polonia, lo retomé y empecé mi primera novela a los 42 años de edad. Como había pasado ocho años en tres países de Europa del este traía la experiencia de cómo se vivía en el comunismo real, y del férreo control que ejercía el Estado sobre la población, sobre todo en la Rumania de Ceausescu. Así que, con ello, hice una novela de ciencia ficción: Los amantes de la Nueva Metrópolis, que a algunos les pareció orwelliana. Confieso que en ese entonces yo no había leído 1984 y mi libro va en buena parte por otra ruta. Después de eso tengo cinco novelas más, una aún no publicada. En ellas plasmo algo de mi vida y de algunos conocidos míos que me han servido de personajes, entre ellos un amigo que acabó suicidándose (Penumbra) y una mujer polaca con la que tuve una relación amorosa que acabó mal (Todo acerca de Eda)”.

Por fin incluido en un diccionario

—No preciso haber visto el nombre de Alberto Zuckermann en la primera edición del Diccionario del Jazz en México, de Antonio Malacara Palacios, ¿ya está enmendado ese fatal yerro editorial?

—Antonio Malacara ya me incluyó en sus últimos trabajos, creo que pensó que me tenía que incluir dada mi trayectoría.

Con Kapuscinski

—Pero Alberto Zuckermann se ha desarrollado también como diplomático donde conoció antes que nadie, me parece, a Ryszard Kapuściński, ¿cómo estuvo el asunto y cuántos años duró la experiencia?

—Trabajé cuatro años en la embajada de México en Polonia y ya había leído algo de Kapuściński, así que desde la primera fiesta por el 15 de septiembre le pedí al embajador que se le invitara. En esa ocasión declinó por tener un viaje en puerta. Al año siguiente sí asistió y luego también fue a una reunión que organicé en casa con algunos agregados culturales de embajadas de América Latina. Hablaba un español fluido con un cierto acento y se veía que le gustaba estar en contacto con lo que pasaba en nuestros países. Había viajado mucho y conocía buena parte de nuestro continente. Según supe, su vida familiar no era buena y algunos achacaban a esto su frecuente ausencia de su país; tal vez era al revés, ya que su vocación periodística lo obligaba a ello.

El jazz aún no tiene su lugar en México

—Tu recuento sobre el jazz en la Ciudad de México es un meticuloso trabajo de memoria musical inexistente en México, publicado para nuestra fortuna por el Fondo de Cultura Económica, ¿a qué crees que se deba esta ausencia de reportes de investigación culturales en México?

—He hecho dos recuentos sobre el jazz: el primero abarca 50 años del jazz en Bellas Artes y el segundo es sobre la actividad en los sesenta en la Ciudad de México. En otros ámbitos culturales se han hecho bastantes recuentos, por ejemplo en el cine algunas instituciones han apoyado esto (la Cineteca Nacional y la Filmoteca de la UNAM). En el caso de la música esto ha sido menor, sobre todo en el jazz, de ahí que me atreví a hacerlo y la publicación de ambos recuentos fue complicada ya que se llevó algo de tiempo y mucha insistencia para lograrlo. Este género musical aún no tiene el lugar que merece en la cultura de nuestro país.

Alberto Zuckermann. / Foto: Verónica Zuckermann Ostolaza

La cultura, a un lado

—Un jazzista literato metido en la diplomacia cultural no es usual vislumbrarlo en México, ¿por qué se dio esta situación en periodos políticos supuestamente cuando la cultura no era considerada por el Estado?, ¿no es una paradoja burocrática precisamente en los tiempos morenistas cuando, a diferencia de lo que al principio se pensaba, la cultura de verdad ha sido abandonada por el Estado?

—En nuestra diplomacia ha habido varios literatos, algunos de gran alcurnia, que han sido representantes culturales. Así también algunos músicos, aunque muy pocos y jazzistas creo que soy el único. Pienso que la llamada austeridad republicana ha tenido poca consideración con la cultura y ésta se ha visto afectada por los recortes drásticos que se le han hecho. En otros periodos se le brindó mayor atención y apoyo y esto vistió bien al país en ese aspecto (con todo y la hegemonía de un partido que duró tanto tiempo en el poder).

Malas costumbres

—¿Qué se considera más Alberto Zuckermann: un jazzista o un escritor?

—Llevo más tiempo con la música en activo y soy más conocido en ese campo. Las dos actividades me importan mucho y ambas las disfruto al ejercerlas, aunque en las dos no creo haber llegado a donde desearía; pero sigo en el empeño con todo y mi edad ya algo avanzada. Hasta ahora el jazz me ha dado más satisfacciones con todo y que aquí decir que eres jazzista es visto todavía como alguien con malas costumbres y con menos preparación que un músico clásico.

Demasiado individualismo

—El mundo ha cambiado vertiginosamente no sólo por la pandemia sino por los adelantos tecnológicos, ¿añora algo Alberto Zuckermann del pasado inmediato?

—La verdad, sí. Veo un panorama de menor interés por la cultura en general, veo también demasiado individualismo y tribalismo ya sea por sectores económicos o de raza y religión. La gente ahora depende mucho de sus celulares y de los demás recursos tecnológicos. Es terrible ver cómo pasan el tiempo usándolos, aun en una comida o en una reunión y dejan de prestar atención a los que están con ellos. Es una dependencia insana que los aísla y les quita de que aprecien otras cosas, otras actividades. Esto ya está hasta en la niñez. También añoro a los músicos tan originales de otras épocas en el jazz como Bill Evans y Thelonious Monk, a los que tuve la fortuna de conocer y escuchar en varias ocasiones en vivo; la mayoría de los de ahora, como casi todos se formaron en academias y universidades, han perdido eso y suenan a métodos y fórmulas frecuentes y tienden a ser predecibles, por más recursos técnicos que tengan.

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