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Detenido
Septiembre, 2026
Angela Davis es doctora en Filosofía por la Universidad Humboldt de Berlín, y Gina Dent es doctora en Inglés y Literatura Comparada por la Universidad de Columbia en Nueva York. Ambas investigadoras vinieron a la UNAM para presentar un libro, pero acabaron por dar cátedra sobre la contracultura como estrategia para luchar contra el capitalismo, apunta en este texto Rodrigo Farías Bárcenas. Fueron invitadas por la institución educativa para que dieran una charla acerca de su más reciente obra: Abolicionismo, feminismo, ¡ahora!, el pasado 26 de agosto (de 2026), como parte de las actividades la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios.
Angela Davis y Gina Dent vinieron a la UNAM para presentar un libro, pero acabaron por dar cátedra sobre la contracultura como estrategia para luchar contra el capitalismo. Ambas investigadoras fueron invitadas por la institución educativa para que dieran una conferencia acerca de su más reciente publicación, titulada Abolicionismo, feminismo, ¡ahora!, el pasado 26 de agosto, como parte de las actividades de la VIII Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios.
Además de Angela y Gina, participaron como coautoras Erica R. Meiners y Beth E. Richie. El volumen fue coeditado por la UNAM / Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) y U-Tópicas Ediciones.
Es un evento histórico por el significado de la obra en sí —hito editorial para comprender el tiempo presente— y por la relevancia cultural de quienes la presentaron, tomando en cuenta la coyuntura política actual, marcada por el avance del fascismo.
La abolición del sistema carcelario y del poder punitivo del Estado como eje central del cambio
En el primer párrafo afirmo que las dos militantes feministas, más que presentar un libro de manera convencional, acabaron por dar cátedra en torno a la contracultura como estrategia de lucha contra el capitalismo. En relación con esto aclaro: durante la reunión en ningún momento mencionaron la palabra “contracultura”; sin embargo, en sus intervenciones advierto planteamientos que son puntos de encuentro con la contracultura de los años sesenta y con algunos postulados de la Nueva Izquierda.
Tal es mi lectura, no sugiero que vinieron a México enarbolando banderas de aquella década.
Su exposición, de hecho, tuvo como eje central la abolición del sistema carcelario y del poder punitivo del Estado, porque son parte de la violencia de género, no la resuelven. Conforman un sistema de control social de por sí violento, racista, colonialista y capitalista.
Reclamó Angela: “¿Cuánto tiempo nos ha tomado entender que debemos oponernos al racismo, en todos lados, también en un lugar como México, donde ha habido esclavitud y colonialismo, ingredientes que construyen el capitalismo racial? Yo creo que el feminismo abolicionista es una manera revolucionaria de pensar para derrotar el capitalismo y el colonialismo”.
Rosa Beltrán, coordinadora de Difusión Cultural UNAM, al presentar el evento se refirió a Angela Davis así: “Desafía la idea convencional, tanto de la academia como de la militancia, al encarnar la teoría y la experiencia personal para analizar los temas urgentes. Asumiendo los costos de sumarse a los cambios progresistas, como ocurrió en los años setenta”. Descripción que bien puede aplicarse a Gina Dent, ignorada en el discurso inaugural.
La clave contracultural en este caso es “encarnar la teoría y la experiencia personal”. En los años sesenta, el ámbito académico en Estados Unidos fue cuestionado por su adhesión a la filosofía positivista, la cual se caracteriza por excluir la experiencia del investigador en el proceso de investigación, considerándola neutral, asunto que desmenuza en detalle uno de los máximos exponentes de la Nueva Izquierda, Charles Wright Mills, en su célebre libro La imaginación sociológica (1959).
Angela es doctora en Filosofía por la Universidad Humboldt de Berlín, y Gina es doctora en Inglés y Literatura Comparada por la Universidad de Columbia en Nueva York. Hablaron en clave contracultural cada vez que cuestionaron el racismo y el vínculo de la violencia estatal con la violencia cotidiana, en especial la que se ejerce sobre las mujeres de raza negra.

“La desesperanza no es una opción. Nosotros generamos esperanza”
En las referencias al libro Abolicionismo, feminismo, ¡ahora!, también deslizaron claves contraculturales. Por ejemplo, cuando relataron que a las cuatro autoras les resultó muy difícil ponerse de acuerdo, a pesar de coincidir en sus posturas de abolicionistas carcelarias. Por eso, celebraron el resultado final como “una manera de construir comunidad”.
La clave contracultural está en cuestionar las estructuras jerárquicas e individualistas, lo cual se deja ver en estas palabras de Angela, impregnadas por su formación marxista: “Debemos promover el trabajo colectivo en las instituciones”. Esto es: el trabajo colectivo combate la carrera de las ratas, metáfora que alude a la burocracia competitiva que se impone al trabajo científico.
Asocié el hincapié puesto en la importancia del trabajo comunitario con una de las estrategias políticas del Partido de las Panteras Negras, con el cual colaboró Angela en los años sesenta, atestiguando de primera mano el impacto de las redes sociales de apoyo. Hay un hilo conductor en lo estratégico y en lo ideológico entre los Programas de Supervivencia que ponía en práctica aquel partido —desayunos gratuitos, clínicas médicas populares gratuitas, escuelas de liberación— y el abolicionismo penitenciario que vinieron a defender Angela y Gina.
No se trata de programas asistencialistas sino de una línea política que consiste en formar redes sociales que fortalezcan la autonomía de las comunidades frente a un Estado punitivo o ausente. La estrategia comunitaria que proponen Angela y Gina, en la actualidad es el fundamento para construir una sociedad sin prisiones.
En respuesta a un comentario de la moderadora Amneris Chaparro, directora del CIEG, acerca del avance actual del fascismo y de las violencias de género y raciales, Angela respondió de una manera contundente: “La desesperanza no es una opción. Nosotros generamos esperanza. Cuando hacemos nuestro trabajo, el activismo me ha dado mucha esperanza; desde que me volví activista a los 11 años, tengo presente que soy una persona de Birmingham, Alabama, una ciudad muy segregada, donde todo parecía llevar a la desesperanza, donde la gente negra no podía entrar en los museos. Pero fue la esperanza lo que nos motivó. Nunca tuve duda de que las cosas iban a ser diferentes algún día”.
Escribí este comentario en parte motivado por aquellas personas que conciben la contracultura como una forma de vida bohemia y relajada, sin filo político, incompatible con cualquier tipo de organización, en especial la que tiene que ver con el arte. Angela Davis y Gina Dent, por el contrario, impulsan un proyecto que integra el arte, la música y otras formas culturales en “movimientos a favor de la justicia, la igualdad y la libertad”.
Angela Davis —discípula de Marcuse en su juventud y exmilitante del Partido Comunista en Estados Unidos— y Gina Dent —con una trayectoria propia como teórica del movimiento feminista—, de alguna manera vinieron a poner los puntos sobre las íes. Por un lado, su intervención invita a comprender la contracultura en su devenir histórico, ya que las formas de lucha cambian. Y por el otro, recalcaron que la esperanza se construye con trabajo; si no estás conforme con el sistema, tienes que organizarte para cambiarlo, como bien apuntó Angela: “La tarea primordial de los activistas radicales es generar un clima de esperanza. Es convencer a la gente de que un mundo mejor es realmente posible. Generamos esperanza cuando nos organizamos”.
Gina Dent abunda en el aspecto estratégico, en el cual se aprecia otra clave contracultural de origen feminista, lo personal es político: “El feminismo abolicionista se refiere a que no podemos usar las cárceles para solucionar los problemas de género que existen. Se trata de un proyecto de construcción y desarrollo. Es un proyecto para reconstruir el mundo. El feminismo abolicionista insta a que no asumamos que podemos deshacernos de la violencia íntima sin abolir al mismo tiempo las formas institucionales de violencia que a menudo fomentan la violencia en el nivel íntimo”.

“¿Qué está sucediendo en este lugar?”
El evento académico inició de manera inesperada. Dos o tres estudiantes mujeres y un estudiante hombre tomaron el escenario para exigir el cumplimiento de dos demandas: el esclarecimiento de las muertes de seis internas —Rosa, Vanesa, Viridiana, María Elena, Mónica Valeria y Diana Laura— bajo custodia del Estado en el penal de Santa Martha Acatitla; y poner un alto a la criminilazación de la protesta en la UNAM, en relación con el encarcelamiento del estudiante Arturo Lugo Macías, apodado Sheveck, cuya libertad fue exigida.
Duró unos quince minutos la discusión entre las y el estudiantes que insistían en ocupar el escenario, y las representantes de la UNAM (Beltrán y Chaparro) que requerían su desalojo.
En este punto quiero destacar la reacción de Angela y Gina. Ambas observaron atentamente y con respeto lo que ocurría, captando la energía de la audiencia, involucrándose en silencio, sin dar muestras de disgusto en ningún momento.
Una vez que Rosa Beltrán y Amneris Chaparro hicieron sus respectivas presentaciones, tocó a Angela abrir su participación. Este pasaje me parece crucial, porque lo primero que hizo la filósofa fue confesar que estaba tratando de hacer una transición, de la protesta previa a las participaciones de ella y Gina. Lejos de ignorar las denuncias estudiantiles, las abrazó, incorporándolas a su discurso, reconociéndolas en el más profundo sentido ético del verbo reconocer, como afecto, solidaridad e igualdad jurídica (las y el estudiante tenían el derecho a protestar).
En ese momento, la teoría de ella, Gina y otras feministas en contra de las acciones punitivas pasó a ser una praxis total, poniendo en evidencia la rigidez de la institución anfitriona que momentos antes se había manifestado con la actitud retadora de Amneris al espetarle a uno de los protestantes: “Un vato no me va a decir qué hacer”.
Pero cuando Angela tomo el micrófono la energía del recinto cambió, pasó de la tensión conflictiva a un clima de audiencia integrada. Sentada en un sillón, con Gina junto a ella, y apenas moviendo los brazos, la maestra (porque lo es) demostró tener un gran dominio escénico. Ejemplo viviente de lo que significa el liderazgo no individualista.
“Antes que nada déjenme agradecerles a todos ustedes por haber venido a vernos, incluyendo a quienes participaron en el evento que precedió este diálogo [en su voz se notaba la emoción]. Estoy tratando de entender cómo podemos hacer la transición [con actitud pensativa], y sobre eso me gustaría decir que me impresionó muchísimo su energía [con énfasis que fue aplaudido]. Me di cuenta de que deseo canalizarla para generar un cambio real, para poner fin a las prisiones, para abolir el capitalismo, para terminar con el feminicidio en México [subrayó sus palabras agitando su brazo izquierdo]. De eso vamos a hablar hoy. Y también queremos hablar del proceso de activismo, de organizar movimientos masivos para contrarrestar el fascismo que se ve en el país”.
La ovación apabullante dejó atrás la tirantez inicial. Así, un evento local alcanzó resonancia internacional.
La actitud de Angela (Alabama, 1944) y Gina (nació en Estados Unidos, lugar exacto desconocido, 1966) frente a la protesta, demuestra la gran capacidad que tienen ambas para escuchar. Transformaron una “conferencia magistral” en un círculo de escucha. Gina formuló la pregunta precisa: “¿Qué está sucediendo en este lugar?”, antes de opinar cualquier cosa. Es decir: no se presentaron en la Sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario para echar un choro, vinieron a compartir su experiencia en cuanto a cómo visualizar el cambio social y cómo hacerlo realidad mediante la acción colectiva y el trabajo comunitario. Es la congruencia como dínamo social, político y cultural.
Quiero pensar que esa capacidad de escucha, esa congruencia, ese poder para visualizar y realizar son —como las otras que he mencionado— claves contraculturales. ![]()



