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Aniversarios sonorenses

Circunstancias geopolíticas

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Julio, 2026

¿Qué tienen en común Mosén Francisco de Ávila, Abigael Bohórquez y Alonso Vidal? Además de ser de Sonora y ser tres grandes poetas sin duda, figuras de la literatura mexicana del siglo XX, en este 2026 sobrevuela en cada uno de ellos un aniversario importante: se cumple el aniversario natal número 130 de Mosén Francisco; hace nueve décadas nacía Abigael Bohórquez; y se conmemoran dos décadas de la partida de Alonso Vidal. Víctor Roura los recuerda.

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“La interpretación de grupos culturales tiene su origen en una larga tradición en Sonora —dice Martha Elena Munguía en su ensayo ‘Ya no estoy para rosas’ en Cuadernos de Humanidades número 4, 1989— con intelectuales en busca de alternativas para sobrevivir en un medio hostil a las artes y los intentos por consolidarse son muchos; por ejemplo, como un antecedente inmediato a los sesenta tenemos en Nogales la lucha de Mosén Francisco de Ávila [cuyo aniversario natal número 130, nacido en Guaymas, se conmemoró este 9 de julio de 2026] por formar un Colegio Cultural que fue integrado por poetas y la gente interesada en la literatura y las artes. Cuando Arístides Prats se hace cargo del departamento de Extensión Universitaria, integra a su equipo de trabajo al poeta Abigael Bohórquez, quien viene a alentar la actividad literaria y teatral”.

De Mosén Francisco de Ávila (1896-1963), prácticamente el primer poeta sonorense de altura que abre el siglo XX, es “Limpio limpio el mar limpio como Tagmar”:

El mar:
es una cuna que mece la luna
la luna nodriza
acaricia la piel de la cuna
y se duermen las olas inquietas
al arrullo del viento y la luna…

Maestro literario de Abigael Bohórquez, Mosén Francisco fue un puente entre generaciones de escritores del noroeste mexicano.

El poeta Mosén Francisco de Ávila (1896–1963). / Foto: Departamento de Literatura y Bibliotecas del Instituto Sonorense de Cultura (Facebook).

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Sin embargo, el poeta de Sonora es, sin duda, Abigael Bohórquez (nacido en Caborca hace nueve décadas, el 12 de marzo de 1936, fallecido el 28 de noviembre de 1995 en Hermosillo a sus 59 años de edad), a quien todos los sonorenses respetan, incluyendo a los más jóvenes. Con Bohórquez sucede lo que muy rara vez en el espectro literario: hay un consenso generalizado; nadie le arrebata su mérito, ni nadie —por el momento— se lo discute ni, mucho menos, nadie busca sustituirlo. Bohórquez es, pese a su desaparición física, el poeta de Sonora:

Hoy me llegó una carta de mi madre
y me dice, entre otras cosas —besos y palabras—
que alguien mató a mi perro.
“Ladrándole a la muerte,
como antes a la luna y al silencio,
el perro abandonó la casa de su cuerpo
—me cuenta—
y se fue tras de su alma
con su paso extraviado y generoso
el miércoles pasado.
No supimos la causa de su sangre,
llegó chorreando angustia,
tambaleándose casi con su aullido,
como si desde su paisaje desgarrado
hubiera querido despedirse de nosotros
tristemente tendido quedó
—blanco y quebrado—
a los pies de la que antes fue tu cama de fierro.
Lo hemos llorado mucho…”
¿Y por qué no?
Yo también lo he llorado.
La muerte de mi perro sin palabras
me duele más que la del perro que habla
y engaña y ríe y asesina.
Mi perro siendo perro no mordía.
Mi perro no envidiaba ni mordía.
No engañaba ni mordía
como los que no siendo perros descuartizan,
destazan,
muerden,
en las magistraturas,
en las fábricas,
en los ingenios,
en las fundiciones,
al obrero,
al empleado,
al mecanógrafo,
a la costurera,
hombre, mujer
adolescente o viejo…

El poeta y dramaturgo Abigael Bohórquez (1936-1995). / Foto: INBAL.

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Alonso Vidal (fallecido en Hermosillo, su ciudad natal, hace dos décadas el 29 de mayo de 2006) es el tercer grande poeta de Sonora, reconocido también por sus pares. Con humildad, se ganó un lugar primerísimo en el estro norteño.

Un aleteo de frágiles, nocturnos pájaros
abrió la secreta puerta de Orcomenos.
Dionisio sentado sobre mullido relato
alzó de vino la dorada copa,
inventando gozosos farallones
en las heridas y gastadas naves
que vagaban al garete sobre sorprendidos vidrios.
Beocia palpó el astro moribundo
de las hijas de Minias,
mientras Orcomenos construía catacumbas aturdidas
bajo el cordaje siniestro de aterradas frutas.
El aleteo de azules, diurnificadas urnas de agua
—el mar Egeo—
descorrió las sabidas puertas de Icaria.
Rota su nave festiva
Dionisio urdió engaños costeros, faros de luces portuarias
y dibujó en el mar escaleras de sal
para trepar los maderos de desconocida barcaza.
Si tuviera el sol entre sus manos
lo haría pedazos en un instante.
La multitud de signos imprevistos
acuden por el viento
y muchas veces el golpe irrumpe
para volverse ciclón desaforado.
Es entonces cuando el cormorán decide
y le brinca el corazón a ser volcán y llamarada.
Si tuviera en su poder la llama
escaparía por el aire para ser agua.
Sol… y olivo… custodian el cántaro
mientras en el palenque el gallo canta…

El poeta y ensayista Alonso Vidal (1942-2006). / Foto: Departamento de Literatura y Bibliotecas del Instituto Sonorense de Cultura (Facebook).

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Maestros de la poesía que no han vivido en la Ciudad de México (que no se han “centralizado”, que se han mantenido por lo tanto al margen, a su pesar, de las grandes concentraciones en antologías y tertulias para ser favorecidos en las referencias literarias) han sido, y son, numerosos.

¿Qué habría sido de Jaime Sabines, por ejemplo, de no haber radicado en la Ciudad de México o de no haber tenido nexos con la política? ¿Alguien menciona ahora a Joaquín Ignacio de Arellano, el poeta chihuahuense nacido en la capital de la República en el siglo XIX? ¿Por qué no aparecen en los florilegios poéticos el potosino Félix Dauajare (8 de julio de 1920 y fallecido hace tres lustros, el 30 de diciembre de 2011) o el michoacano Ramón Martínez Ocaranza (cuyo aniversario natal número 110 se conmemoró el año pasado, el 5 de abril de 2025, fallecido 67 años después el 21 de septiembre de 1982)?

Porque no formaban cónclaves con poetas de renombre en el circuito literario centralizado del país.

¡Las palabras son medidas de acuerdo a estas circunstancias geopolíticas, vaya por Dios!

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