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Recordando a Carlos Colorado

Cuarenta aniversario mortuorio

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Julio, 2026

Entre 1984 y 1989, en el desaparecido El Nacional, el periodista Manuel Blanco (1943-1998) nos fue contando sus memorias en la columna ‘Ciudad en el Alba’, textos que luego reuniría en el libro del mismo nombre editado por el Conaculta. De él recuperamos dos breves piezas dedicadas a la Sonora Santanera y, sobre todo, a Carlos Colorado —su fundador y director artístico, de quien se cumplen cuatro décadas de su partida: el 25 de abril de 1986, mientras se dirigía junto a su agrupación a la Feria de San Marcos, en Aguascalientes, el autobús en el que viajaban fue impactado, provocando una volcadura fatal. El músico mexicano tenía 52 años.

I. Adiós a Carlos Colorado

Una carambola maligna. Un camión alcanzó a otro y éste a otro. Es, ya sabemos, una zona de escasa visibilidad, especialmente en las mañanas. Y así fue entonces el accidente en el que perdió la vida Carlos Colorado, el fundador y director artístico de la Sonora Santanera.

De aquel sombrío misterio de tus ojos no queda nada para mí. Y de tu amor de ayer sólo despojos…

Los aires soneros seguirán escuchándose para siempre. ¿Acaso hay algún conjunto tropical más conocido? Fueron treinta años de duro trabajo sostenido. Cómo no iba a exigir el más alto profesionalismo de cada uno de sus doce integrantes.

Fue allá por 1955 cuando a Carlos Colorado le prendió la idea de crear un conjunto musical. Claro que entonces se llamó Tropical Santana y no Sonora Santanera. ¿El origen del nombre? Carlos Colorado era originario de la Barra de Santana, en Tabasco, y de ahí.

Y eran chamacos todos. Carlos Colorado apenas alcanzaba los veinte años. ¿No a su primer cantante, Sonia López, se le quedó el mote de la Chamaca de Oro?

Tengo el pecho como piedra, que no le entran ni puñales. Y la culpa tú la tienes, por todas tus falsedades…

Se cuenta que rondaban los rumbos de La Merced. Y tocaban en fiesta familiares y en guateques improvisados. Tiempos difíciles porque el chachachá ya andaba dando tumbos ante la novedad del rock. Y los músicos soneros se veían cada vez más desplazados de la radio comercial. No abundaban tampoco los centros de trabajo.

Pero así, así sola, se sostuvo La Santanera. El único plato fuerte, pero indudablemente con menos público, fue el conjunto de Lobo y Melón (“pelotero a la bola, quiritá, quiritá…”), que se fundó allá por el 57 y que duró hasta principiar los setenta. Y es que la Santanera no sólo nació del barrio, sino que los inundó rápidamente a todos.

Claro que estaban las funciones del Blanquita y del Lírico. Pero tampoco hubo rocola de cantina o tepachería que dejara de incluir los números ya clásicos de la Sonora: “Aquí estoy entre botellas, apagando con el vino mi dolor, celebrando a mi manera la derrota de mi pobre corazón…” Así que, ¿cómo imaginar un baile de vecindad sin los discos de la Santanera?

Siempre unidos, lejos del escándalo comercialón, los santaneros supieron mantenerse bajo la conducción de Carlos. ¿No ahora mismo los cubanos sesentones de la Sonora Matancera no han escatimado elogios para Carlos Colorado y los suyos?

Te digo adiós, te deseo que haya suerte. Y que logren quererte, como te quise yo…

¿Cómo va a morir Carlos, cómo la Sonora Santanera?

Imagen: Sonora Santanera de Carlos Colorado (Facebook oficial).

II. Sonora tentación

Antes de que me cuentes de los soneros mexicanos, dice el compadre Mauricio, me quiero acordar de cómo, durante cosa de veinticinco años, cuando la música tropical andaba por los suelos, sólo hubo un conjunto netamente popular. Claro, te hablo de la Sonora Santanera, de Carlos Colorado.

Nada más que a los soneros ni se la menciones, compadre, arriscan la nariz y te dicen: ah, la sonoritis. Pero tú tienes mucha parte de razón. Fueron años en que hasta las danzoneras cayeron en el olvido. Y Acerina, Mercerón y Pérez Prado vivieron en oscuros refugios. Sólo el conjunto de Lobo y Melón levantó por un tiempo los ánimos. Digo por un tiempo porque siempre anduvieron a la greña estos dos buenos soneros. Y todo terminó con la desintegración del grupo.

Pues yo pienso, compadre, que la Santanera sí desempeñó un papel de primera. Ese primer disco con Sonia López es todavía de fábula. “El nido”, “Corazón de acero” y para qué te digo. Ya sin Sonia hay por lo menos un álbum de tres discos que es de antología, porque en verdad recoge lo mejor de la Sonora. Pienso que debíamos reivindicar a este conjunto. Más que popular se dice que fue populachero, pero habría que ver.

Claro. El primer lugar la Santanera es dueña de un estilo inconfundible, propio, pero muy lejos de la melcocha digamos de Carlos Campos, que es el Ray Conniff de acá. En segundo término, cosa importantísima, recuperó nada menos que a Agustín Lara: “Aventurera”, “Luces de Nueva York”, “Naufragio”… y en tercer sitio escarbó en los barrios y volvió a la música tropical una música plenamente urbana. ¿No son razones bastantes para considerarla con menos dureza?

Mucho compadre, ahora sí te fuiste hasta el fondo. Pero además te apunto otras dos curiosidades. Una, que el grupo se ha mantenido el mismo durante más de un cuarto de siglo. Otra, que no hay figurones que luego hayan abandonado al conjunto. Juan, Andrés, Silvestre, todos son estupendos cantantes. Y ahí siguen. Con la sola excepción de la Chamaca de Oro, pero ésas parece que fueron cuestiones personales y no hay que entrometerse.

Concluyamos hoy con esto, compadre: la Santanera sostuvo la tradición del baile popular y nunca en verdad ha dejado de ser sangre del barrio. ¿Populachera? Que lo sea. A mí me sigue gustando.

[Textos tomados de Ciudad en el alba, de Manuel Blanco, publicado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes —hoy Secretaría de Cultura federal— en su Colección: Periodismo Cultural; 1994]

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