Artículos

«Horizontes perdidos», la antesala del mundo que conocemos

El documentalista canadiense Julien Elie estrena su más reciente filme en salas comerciales y culturales de nuestro país; con él es la charla

Escuchar esta nota

Detenido

Julio, 2026

Julien Elie, documentalista canadiense, pasaba tiempo con un amigo en una zona rural. Cuando el firmamento se tiñó de oscuridad, miró a través de él un tapete de estrellas y docenas de satélites. De esa observación nació su tercer largometraje, Horizontes perdidos, una película que subraya y enfatiza la belleza de nuestro universo y del planeta, pero también subraya y enfatiza los costos del progreso científico y aeroespacial. La cinta se estrena en México en salas comerciales y culturales del país. Estefania Ibañez ha conversado con el director.

Julien Elie, documentalista canadiense, pasaba tiempo con un amigo en una zona rural. Cuando el firmamento se tiñó de oscuridad, miró a través de él un tapete de estrellas y docenas de satélites. De esa observación nació su tercer largometraje, Shifting Baselines (Horizontes perdidos; Artegios Distribución, 2025).

El director estrena su documental en nuestro país; tendrá funciones durante julio en salas de cine culturales y comerciales de la Ciudad de México, Naucalpan, Toluca, San José del Cabo, Tijuana, San Cristóbal de las Casas, Zapopan, Guadalajara, Monterrey, Puebla, Tehuacán, San Luis Potosí, Zacatecas, San Miguel de Allende y Playa del Carmen.

La película, con una imponente fotografía en blanco y negro, fue filmada por los cinefotógrafos Glauco Bermúdez y François Messier-Rheault, y tiene un ambiente acústico —con matices de ciencia ficción— de la artista sonora Mimi Allard.

Cada generación normaliza una degradación heredada

Para el desarrollo de la cinta, Julien tomó como punto de partida Boca Chica, Texas, una zona costera ubicada entre el Golfo de México y el Río Bravo.

En ese sitio, se eleva —de acuerdo al comunicado de Artegios Distribución— “un cohete de 50 pisos”, propiedad de Space Exploration Technologies Corp, conocida como SpaceX, empresa aeroespacial estadounidense creada en 2002 por Elon Musk. El propósito de la empresa es “revolucionar la tecnología espacial y reducir los costos de los viajes, con la meta final de establecer vida en otros planetas, especialmente en Marte”.

Sin embargo, como sucede con muchas empresas, lo que no se alcanza a leer es la letra pequeña.

De acuerdo con la visión del documentalista, su interés es recuperar la idea de shifting baselines, establecida por el biólogo marino Daniel Pauly, para analizar “cómo cada generación normaliza una degradación heredada, perdiendo la memoria de lo que existía antes”.

De manera que en Horizontes perdidos —una producción que destaca por su tratamiento estrictamente observacional—, Julien ofrece otras perspectivas: la de los seres humanos que demuestran fortaleza y la de la “tierra herida”.

Un punto relevante es que el cineasta no está en contra de los avances en cuanto a la exploración espacial, por ello incluyó las voces de científicos y astrofísicos —quienes manifiestan sentirse preocupados por el Síndrome de Kessler (la peligrosa acumulación de basura espacial)—, además de “las vivencias de los residentes locales, turistas entusiastas de la tecnología y las familias mexicanas que pescan al otro lado del río bajo la mirada vigilante de la Patrulla Fronteriza”.

Fotograma de Horizontes perdidos, del documentalista canadiense Julien Elie.

La destrucción de territorios y de memoria

En entrevista, Julien —también director de Soles negros (2018) y La guardia blanca (2023)— habla acerca de sus características creativas, como el uso de la fotografía en blanco y negro, no sólo en su nueva producción, sino en anteriores; y explica su punto de vista respecto al progreso espacial.

De entrada, nos cuenta el cineasta, el documental “sí trata de la carrera espacial, de la basura, de los desechos de satélites, de la contaminación del cielo. Pero, sobre todo, es una película que trata de destrucción de territorios y de memoria. Y el cielo me parece la mejor manera de tratar este concepto”, dice.

En sus filmes, explica Julien, incluye temas como el colonialismo e imperialismo; por ejemplo: Soles negros, en donde principalmente relata los asesinatos de mujeres jóvenes en México, mientras que en La guardia blanca se enfoca en la privación territorial en la República Mexicana.

—En Horizontes perdidos, la base de SpaceX la veo como un pretexto muy potente, muy importante, pues por el lado creativo es muy fuerte —explica el director—. Desde el momento que vi esas imágenes de cohetes que aparecen en un jardín de una casa, me estuve preguntando “qué es eso”. Por eso tomé un avión, fui ahí y descubrí este mundo de distopía total. Un mundo irreal, que parece otro, pero es nuestro mundo. Creo que es eso la película.

Entre los aspectos que cuidó, destaca el de elaborar un filme inmersivo, mediante el cual el espectador sienta que está en el mismo lugar que el director. A través de ese proceso, comparte su gusto particular por los espacios o los territorios.

—De ahí la labor muy importante del sonido y de las imágenes —comenta—. No es una búsqueda de una estética pura, sólo que me encanta hacer cuadros lindos. Tomamos el tiempo de buscar la buena luz; la verdad grabamos muy poco y esperamos que algo pasara.

Julien es un creativo que respeta las fases en sus películas. En lo que refiere al sonido y a la música, es necesario para él comunicar a sus colaboradores todos los planes de forma asertiva, pero sin dejar de divertirse.

—No soy de los que espera a que se termine la grabación o la edición —explica el director—; al momento que tengo una idea empiezo el trabajo del sonido con mi equipo. Hablamos, vamos a tomar una cerveza o un café y cuento mis ideas, a partir de eso poco a poco se construye.

“Es importante establecer cómo vamos a construir la narrativa del sonido, porque, para mí, el sonido aporta igual que la imagen: una narrativa. Y si esperas a la edición, ya es un poco tarde para hacer eso. Es un proceso creativo que necesita mucho tiempo, muchos cafés y cervezas”.

Fotograma de Horizontes perdidos, del documentalista canadiense Julien Elie.

La película no una contienda contra el progreso

Julien explica que en sus producciones se inclina por la fotografía en blanco y negro. Así lo hizo en Soles negros, cinta que realizó con el fotógrafo mexicano Ernesto Pardo. En ella fue necesario utilizar ese procedimiento visual, de lo contrario no habría funcionado su concepto, nos explica.

El uso de esta técnica le ofrece diferentes opciones de trabajo al director, porque, afirma, la herramienta se orienta “a los lados un poco oscuros”. Así sucedió en Horizontes perdidos:

—El color parecía demasiado real. Yo quería enfocar, mostrar y que sobresaliera el lado surreal o distópico de la película, entonces el blanco y negro me aportaba eso. La gente mira la película como si fuera otro mundo, pero al momento que se entera que es nuestro mundo, te da más un sentimiento de terror… Me encanta que cada espectador encuentre su opinión sobre el blanco y negro.

Eso sí, Julien no está en contra del desarrollo espacial. De hecho, para el filme eligió figuras relevantes científicas con la intención de que ofrecieran su mirada profesional.

—Escuchamos tantas historias tontas durante la pandemia contra la narrativa científica. No tengo ningún talento de científico, pero me parecía importante dar la voz a estas personas —puntualiza—. Desde hace algunos años, por ejemplo, con el Telescopio Espacial James Webb podemos entender el espacio, el universo, sin intentar ir a Marte.

“No soy especialista, pero, si buscan el mínimo de información, entenderán que está muy loco intentar ir a Marte, especialmente ahora. Seguramente un día se logrará, pero ¿en cuántos años? ¿Tal vez, en 30? Pienso que podemos seguir la investigación científica de otras maneras”.

Que quede claro: la confección de Horizontes perdidos no significa una contienda contra el progreso, recalca el director. Su visión está basada más en una lucha de lo que hay en este momento: “Me refiero a destruir nuestro entorno, nuestro mar, para proyectos que no tienen sentido”.

Y enfatiza: “Es eso, son proyectos que no tienen sentido. No hay prisa, no hay razones para esta loca carrera espacial para ir a Marte. La gente dice que está buscando la posibilidad de habitar otro planeta… Bueno, ¡ya no hay otro planeta! Entonces, mejor proteger el que tenemos”.

Julien Elie considera que comparte con muchas personas el gusto por observar el cielo. Si bien no tiene conocimientos en astronomía, reconoce que sí nutre su imaginación mirar hacia arriba, porque “contemplar un cielo oscuro es una de las cosas bonitas del mundo”, dice.

En ese ejercicio, evita caer en distracciones. Prefiere concentrarse y valorar su capacidad de admirar a la bóveda celeste. Y es que la grandeza de ésta lo inspira a manifestar sus propias preguntas, como la que acompaña al documental: “¿Cuánto le cuesta al planeta la conquista del espacio?”.

Nota bene: Horizontes perdidos fue producida por GreenGround Productions y Cinema Belmopán. Gracias a la relevancia de su temática, su eco continúa y ha obtenido reconocimientos como el Grand Jury Prize, en DOC NYC 2025, y el Green Dox Award, en DokuFest 2025.

Related Articles

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back to top button