Artículos

La sabiduría de Borges

Cuadragésimo aniversario mortuorio

Escuchar esta nota

Detenido

Junio, 2026

Curiosa coincidencia: en plena efervescencia mundialista, recordamos a Jorge Luis Borges, el intelectual que más brillantemente despreció el futbol. ¿Y cómo no hacerlo? Nacido en Buenos Aires en 1899, el escritor argentino practicó con maestría el cuento, la poesía, el ensayo y la crítica literaria. Suyas son obras consideradas ya clásicas de la literatura como Historia universal de la infamia, Ficciones o El Aleph. Sus libros de poesía constituyen un testimonio indispensable también. Considerado uno de los escritores más brillantes del siglo XX, Borges partiría de este mundo hace justo cuatro décadas, en junio de 1986. Víctor Roura lo recuerda.

1

El primer libro de Jorge Luis Borges se publicó en 1923, a la edad de los 24 años: “Su padre le había dicho que cuando escribiera un libro que juzgara digno de la imprenta, él le daría el dinero para publicarlo. Ya había escrito dos libros que prefirió destruir. Pero Fervor de Buenos Aires le pareció una obra publicable. La edición, pagada por el padre, fue de trescientos ejemplares, costó trescientos pesos y apareció en vísperas de que la familia Borges hiciera un nuevo viaje a Europa”.

Antes de su partida, el escritor se presentó en las oficinas de la revista Nosotros: “El director, Alfredo Bianchi, lo miró horrorizado pensando que Borges quería que le vendiera los libros. Pero él le dijo:

“—Lo que quiero es que ustedes deslicen un ejemplar gratuito de este libro en cada uno de los sobretodos que circulan por aquí.

“La extraña encomienda se cumplió. Con excelentes resultados, pues cuando un año después Borges volvió a Buenos Aires el libro era conocido, y se habían publicado comentarios laudatorios acerca de él”.

La anécdota la cuenta Jorge Mejía Prieto (Ciudad de México, 1927 / Veracruz, 1996) en su libro La sabiduría de Jorge Luis Borges (publicado hace tres décadas por Planeta, en 1996), que recoge 25 capítulos diversos para entregarnos un total de 537 pensamientos, certezas, ideas o aproximaciones que el gran escritor argentino (nacido en Buenos Aires en 1899, fallecido en Ginebra 86 años después el 14 de junio de 1986 hace ya cuatro décadas) tenía sobre varios temas. El volumen, de 166 páginas, es realmente un acercamiento sensible (antes de leer, por supuesto, el libro póstumo de Borges que hiciera su esposa María Kodama: Cartas del fervor, donde aparece un Borges cicatero y mezquino) a uno de los escritores con mayor solidez en la historia literaria.

Algunos título del escritor argentino. / Foto: penguinlibros.com

2

Sobre el amor, Borges escribió:

“Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única”,

“Hay quien busca el amor de una mujer para olvidarse de ella, para no pensar más en ella”,

“Enamorarse es crear una religión cuyo dios es falible”,

“Las agonías y desesperaciones que el amor nos crea son compensaciones de la felicidad que se recibe. Un solo segundo de felicidad es suficiente para satisfacer las agonías, las monotonías, las angustias, las desesperaciones, los celos, la soledad y el abandono”,

“El amor me preocupa demasiado en la vida real. Por eso no aparece en mis cuentos: no quiero pensar en él cuando escribo”,

“El primer amor (ideal, por cierto) de mi vida fue una actriz, Ava Gardner. Solía ver sus películas dos veces por día. Apenas terminada la función, deseaba que llegara el día siguiente para volver a verla. El amor exige pruebas. Pruebas sobrenaturales”.

3

Sobre la ceguera:

“Tengo una espléndida vista en sueños. Y muchas veces me equivoco. Estoy durmiendo, y estoy leyendo, y pienso: Caramba, he recuperado mi vista. Y luego, sin despertarme, pienso: No, lo que pasa es que estoy inventando el texto que leo”,

“El color amarillo me ha acompañado a lo largo de la vida. Y cuando he perdido la vista no he perdido el color amarillo: es el único color que veo con alguna claridad”,

“La ceguera se acepta si viene con lentitud. Es un crepúsculo: de verano, así, lento. No tiene mayor importancia. En cambio, la ceguera brusca puede ser terrible; uno puede pensar en matarse”,

“Se cree en general que los ciegos viven en la oscuridad. Es un error. Viven en una suerte de neblina, de neblina azulada, verdosa o amarilla, pero el negro lo pierden”,

“A los setenta y seis años recuperé parte de mi vista y volví a contemplar el rostro de una hermosa amiga de mi juventud. Comprendí que eran preferibles las tinieblas”.

4

Sobre los escritores, la lectura y la literatura:

“Yo comparto lo que decía Stevenson: ‘Un libro tiene muchas cualidades. Pero hay una sin la cual todas son inútiles. Esa cualidad es el encanto’. Cuando usted lee un libro debe percibir ese encanto, y sentirse interesado. Yo he formado parte de varios jurados y hay pocos escritores con encanto”,

“Uno siempre piensa que su próximo libro será su mejor libro, y luego se convence de que no ha sido el mejor, pero es necesaria esa fe, es una ilusión necesaria para seguir trabajando pensando en el porvenir”,

“No hay libro bueno sin su atribución estilística, de la que nadie puede prescindir —excepto su escritor”,

“La buena escritura —lo creo con firmeza— debe ser hecha de manera discreta”,

“A lo mejor a un escritor le conviene no ser leído. En mi caso, por ejemplo, se venden mis libros. Felizmente no se leen”,

“Es mejor que un cuento exceda el propósito consciente del autor. Si no, no valdría la pena escribirlo”,

“Es curiosa la suerte del escritor. Al principio es barroco, vanidosamente barroco, y al cabo de los años puede lograr, si son favorables los astros, no la sencillez, que no es nada, sino la modesta y secreta complejidad”,

“Pocas cosas me han ocurrido y muchas he leído”,

“El lector siempre mejora mis textos”,

“Lo bueno sería quedarse en lector. Y no escribir. Porque ya se ha escrito bastante”,

“La imprecisión es tolerable o verosímil en la literatura, porque a ella propendemos en la realidad”,

“Uno se pasa la vida escribiendo libros para escribir una página, y escribiendo páginas para escribir una línea”,

“No escribo novelas porque me juzgo indigno de escribirlas. Para mí, la novela consiste esencialmente en mostrar personas, y el cuento en referir fábulas. Me creo más capaz de inventar fábulas que personas”.

El escritor argentino Jorge Luis Borges. / Foto: IMDb

5

Siempre es alentador saber de Borges, ya sea para refutarlo con admiración o para, de plano, cubrirse con sus sabias palabras.

Borges, en este sentido, es interminable.

Porque, como él mismo apuntaba, la tarea literaria no tiene fin, cambia y se renueva constantemente. No en balde el buen Borges dijo que preferiría que la gente contara un cuento suyo sin nombrar su autoría: “Que frases mías fueran parte del idioma castellano. Y que olvidaran mi nombre”.

Como ocurrió con Miguel de Cervantes, cuyas frases con el tiempo se convirtieron en dogmas, refranes, proverbios o sentencias.

Es probable, sí, que a veces hablemos como si fuéramos nosotros, pero en realidad estamos tejiendo las palabras que ya había pronunciado Borges y que, una vez, en algún lado, las leímos sin recordar su procedencia.

Related Articles

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back to top button