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Detenido
Junio, 2026
El encuentro con una niña en situación de calle, carente de modales y educación, en una plaza de Bruselas, modifica completamente la vida de un ciudadano común y de cómo percibe al mundo. Esa es la trama del monólogo El niño salvaje, de Céline Delbecq, una obra que Boris Schoemann ha montado con su compañía Los Endebles. A punto de cerrar su temporada, Estefania Ibañez ha conversado con dos de sus protagonistas.
Un ciudadano común camina con sus compañeros de trabajo hacia un restaurante. Justo cuando se encuentra en la Plaza Jeu de Balle de Bruselas, Bélgica, se detiene frente a una niña en situación de calle carente de modales y educación.
El encuentro trastoca las emociones del hombre, pues ver a la menor de edad totalmente desamparada modifica drásticamente su manera de percibir el mundo. Esa es la trama del monólogo El niño salvaje, de Céline Delbecq.
En la Ciudad de México el director de la obra —traducida por Nadxeli Yrízar y Humberto Pérez Mortera— es Boris Schoemann, quien guía, a través de su compañía Los Endebles, a trece actores egresados de la Quinta Generación de Laboratorio de Formación y Creación Teatral (LAB Capilla), quienes están a punto de cerrar temporada el jueves 11 de junio, a las 20:00 horas, en el Teatro La Capilla.
Cobijar a las infancias
En la puesta en escena, el hombre decide hacerse cargo de la pequeña y se enfrenta a un sistema que privilegia la burocracia institucional en lugar de la calidad de vida de los niños. Además, se indigna debido a la indiferencia colectiva que afecta igualmente a quienes no tienen un hogar y servicios básicos para vivir que a aquellos que sí los gozan.
En charla con los actores Lo y Mónica Chávez, mencionan cómo ha cambiado su forma de ver a las infancias abandonadas a partir de desarrollar el monólogo cuyo formato es de ensamble; así como el significado que adquieren las problemáticas y pendientes sociales expresados a través de las artes.
Durante los ensayos de El niño salvaje —al ser una historia coral, un relato donde diversos actores comparten el protagonismo—, el director les dio libertad de analizar, improvisar y escucharse, para más tarde planear y ejecutar las escenas de forma más “pensada”, dice Mónica.
—Fue muy interesante porque justamente sí pudimos percibir un poco de la interpretación de cada uno de nosotros, sabiendo que todos estamos interpretando al mismo personaje —explica la actriz—. Fue muy importante reconocernos en el otro, como el carácter que iba adquiriendo la voz del personaje del monólogo.

Respecto a la soledad y la precariedad que viven las infancias en las calles, Lo dice que realmente “tienen vidas muy salvajes”; además, que asumen con resignación el abandono y el olvido de la sociedad.
“Durante algún tiempo, más joven, pude convivir con la gente de la calle, y me di cuenta de eso: de cómo estos niños —y los adultos en los que se convierten, que nunca dejan esa sensación de niñez abandonada— van viviendo los afectos”, cuenta el intérprete.
Lo comenta esto porque en la pieza teatral, la pequeña, a partir de que conoce al hombre que quiere ayudarla, aprende a desarrollar el cariño y otras emociones.
—Del lado del hombre, él está empezando a vivir justamente la empatía, está dejando la forma desapegada de vivir esos temas en sociedad. Es muy interesante ver cómo en México vivimos esto de manera muy cotidiana y cómo lo viven los niños también. Es un poco tremendo —dice Lo.
El actor explica que el monólogo integra diferentes análisis del abandono de las infancias a nivel mundial. Éstos incluyen otras artes, como el cine y la literatura, sin embargo, a nivel general, el actor destaca algunos.
—Por ejemplo, existe la novela de Jakob Wassermann, Caspar Hauser, que después fue llevada al cine; y la película de Truffaut, El pequeño salvaje (1970). Es muy interesante porque son niños que —estos sí— fueron casos únicos y fueron trasladados por directores o escritores a la literatura. Cuando uno ve estas historias, se entera de que justamente es universal la indolencia de estos niños; es universal la falta de empatía; es universal quererlos ignorar, no verlos; es universal la burocracia que los victimiza.
En este sentido, Mónica dice que el tema “está invisibilizado” socialmente, debido a que falta cuestionarse sobre las razones de las negligencias y los contextos en los que crecen los menores de edad. Asimismo, plantea que la deuda con ellos no es “únicamente la pobreza” y que existe desinformación acerca de lo que podemos hacer para respaldarlos.
—Por ejemplo, el tema de las familias temporales de emergencia, que aquí en México tiene otro nombre, pero sí está empezando a implementarse. Son acciones que la mayoría de la gente desconoce. Creo que está buenísimo que se pongan sobre la mesa para que nos empecemos a sensibilizar.
La historia y unirse al elenco de El niño salvaje a Mónica le movió el piso: “He empezado a tomar mano en investigar qué podría hacer yo desde mi trinchera. Esto me ha cambiado, me ha impactado”.
La indiferencia dinamita el crecimiento
La actriz afirma que algunas escenas la han confrontado, sobre todo las dedicadas a la indiferencia de los ciudadanos y “a la burocracia con la que se maneja el tema de la pérdida de la niña”.
—Otra escena que me llama muchísimo la atención es cuando nos empezamos a cuestionar por qué los demás se van a comer su estofado al restaurante de Josephine… —confiesa Mónica—. Como intérprete, estoy conectada con el personaje en el sentido de que para mí sí es relevante ver a un niño abandonado, y empatizo”.
Pero también aclara que El niño salvaje no es solamente una obra que crítica las estructuras establecidas, también invita a que seamos autorreflexivos y nos preguntemos cómo podemos proteger a los menores vulnerados.
Mónica revela que se cuestiona varios aspectos, entre ellos: “¿Cómo te vinculas tú con otro ser humano vulnerable?, ¿qué despierta en ti la necesidad de conectarte y de ayudar?, ¿qué te puede desestabilizar de tu rutina para hacerte voltear a otro lado y desviar en ese momento la prioridad hacia otro lado?, y ¿por qué dejamos de ver a otros seres humanos con esa necesidad?”
Por su parte, Lo dice sentirse estrechamente vinculado con el personaje masculino, sobre todo cuando éste saca a relucir emociones intensas.
—Me siento, a veces, muy conectado con el personaje, con el hombre, en las partes donde muestra el enojo por la impotencia. Hay una impotencia en el caso de este personaje y de quienes han querido pasar a un nivel más profundo de ayuda de enfrentarse a las instituciones… Ese enojo por la impotencia por no poder hacer nada, es algo con lo que conecto mucho —comenta el actor

Sensibilizarse a través del arte
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), más de 150 millones de niñas, niños y jóvenes “no existen oficialmente”; es decir, no tienen registro ni acceso asegurado a la educación ni a los servicios de salud.
La cifra es preocupante y las artes —en algunos casos— ayudan a cambiar de mentalidad ante la crudeza que viven los semejantes.
Enfocado a ello, Mónica dice que todas las expresiones del arte deben verse “como vehículo de transformación de sociedad, pues, básicamente así surgió: un poco para impactar desde un lugar que no pareciera adoctrinamiento, desde vestirlo de entretenimiento para impregnar discursos en la sociedad, principalmente políticos. En este caso es una manera de ser escuchados sobre temas relevantes”, comenta.
A su vez, Lo se detiene especialmente a una cinta de antaño, misma que sacudió las emociones de su entorno cuando ésta fue lanzada.
—Recuerdo mucho cuando apareció (tengo la edad para recordar eso) La sociedad de los poetas muertos (1989). Esa película que habla sobre el suicidio juvenil y sobre la represión familiar de las vocaciones adolescentes provocó, en un entorno más o menos inmediato escolar en el que estaba, una modificación de la conducta de padres y de autoridades escolares; realmente hubo un impacto. Claro, estamos hablando de una película hollywoodense típica con todo el aparato promocional detrás, Robin Williams, etcétera. Para mí, ahí quedó claro que los productos culturales artísticos, o a veces los espectaculares mediáticos, pueden llegar a tener un impacto muy potente en la vida cotidiana de la gente.
Y aunque no es el objetivo de la obra, Lo enfatiza que sí, que existe cierta esperanza de que por medio de ella algún integrante del público desee modificar su forma de pensar o actuar respecto al abandono de las infancias.
—En una entrevista, la autora [Céline Delbecq] dice que ella se dio cuenta del impacto que tenía su obra cuando recibió una carta de un espectador que le dijo que había adoptado a un niño. Entonces, cuando menos ahí hay una cosa muy específica; pero, sino al menos está la emoción con la que se va el público, que eso abre perspectiva del asunto social que implican los llamados niños salvajes en esta obra —finaliza Lo. ![]()
Sobre Boris Schoemann
Es director, traductor, actor, editor y maestro de teatro. Fundó la compañía Los Endebles y es director artístico del Teatro La Capilla.
Los actores en escena son: Juan José Aguilera, Paula Herrada, Moramay Ovalle, Ragde Moreno, Andony Brey, Antonio Pina, Luiz Rivera de Lucio, Gio Mendoza, Aura Velázquez, Diana Martínez, Fran Zepeda, Mónica Chávez y Lo.



