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Una brújula felina para toda la vida

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Mayo, 2026

Música, astrología, riquísimos postres, originales ilustraciones y un bello mensaje sobre la magia del destino. En esta nueva entrega de ‘Voces Insurrectas’, Estefania Ibañez nos adentra a Un regalo en el Café de la Luna Llena, de Mai Mochizuki. De entrada, nos aclara: “Aunque no soy seguidora de la novela feel good, tuve apertura a esta lectura donde gatos sabios y postres mágicos enseñan que siempre será oportuno arriesgarse a tomar decisiones, incluso sintiendo temor e incertidumbre”.

Sugerencia: acompañar esta lectura con la playlist: enlace YouTube.

No creo en las coincidencias; aun así, es curioso que Un regalo en el Café de la Luna Llena (Plaza y Janés, 2025) llegara a mis manos, mente y corazón la pasada Nochebuena, temporada en la que está ambientado el libro. La narración, continuación de El Café de la Luna Llena —misma editorial y año de publicación en español—, puede leerse con libertad, sin necesidad de conocer el primer volumen.

En esta pieza editorial, la ficción ayuda a sofocar las llamaradas producidas por las rupturas familiares; la presión que se experimenta al esforzarse en ser una persona integral —equilibrar el éxito profesional con el matrimonio—; y los cuestionamientos que se develan en la búsqueda de la identidad y la vulnerabilidad derivada del proceso de autoconocimiento.

No son temas menores, sólo que la autora Mai Mochizuki (Hokkaido, Japón), con su estilo elegante, los sumerge —y a los lectores— en un universo astrológico donde gatos sabios y postres mágicos enseñan que siempre será oportuno arriesgarse a tomar decisiones, incluso sintiendo temor e incertidumbre.

Aunque no soy seguidora de la novela feel good —género caracterizado por historias optimistas, tonos amables y personajes queridos que usualmente atienden locales que evocan seguridad—, tuve apertura a esta lectura y recorrí con interés avenidas japonesas y detalles culturales, especialmente de Tokio, Tsukuba y Kamakura, gracias a la traducción de Juan Francisco González Sánchez.

La best seller, apasionada de la astrología, dividió su obra —a la que le añadió detalles personales— en tres capítulos, ilustrados con el selecto y sublime arte de Chihiro Sakurada (Sanda, Japón), y situó en ellos a tres morras que son arrasadas por dilemas íntimos y cuyas vidas están entrelazadas.

Cambios mágicos de perspectiva

En diversos recovecos de Japón —país que considera símbolos de buena suerte algunos tipos de gatos—, suele abrir, durante las noches de luna llena y de luna nueva, El Café de la Luna Llena, con distinguidos gatos que hablan y atienden el lugar.

El café es para clientes exclusivos; es decir, que atraviesan situaciones límite y necesitan de una ayudadita para recobrar el orden en su vida. No existe un menú en especial: los felinos llevan a la mesa de los comensales los dulces, cafés o tés que consideran necesarios. Mientras, un gato tricolor —dueño del mesón— les lee su carta astral, con la intención de que perciban la torcedura en su andar y darles ese empujoncito para alinearlo de la mejor manera.

Las tres protagonistas en apuros se topan, en diferentes momentos, con la cafetería ambulante; es en el sitio donde contextualizan los temas que no les permiten evolucionar, las nuevas decisiones que deben tomar y los cambios que deben realizar.

La primera sección: Fondue de queso de Cáncer y manzana caramelizada de Sagitario, le pertenece a Satomi, responsable de eventos en una agencia de publicidad en Tokio, cuya carrera va en ascenso… sólo que su entrega laboral se trastoca por la iniciativa de su novio de proponerle matrimonio en víspera navideña, y, con ello, la posibilidad de mudarse a una ciudad universitaria y tranquila.

El segundo apartado —mi favorito—: Mont Blanc de la luna nueva y una noche mágica, es de Koyuki, una joven profesional que no se permite ser feliz debido a la muerte de su padre una Navidad nevada, cuando ella tenía ocho años. Si bien privilegió un comportamiento afable durante un tiempo, cuando su madre se casa de nuevo y tiene otro hijo, Koyuki se siente ajena a la nueva dinámica familiar.

El tercer capítulo: Vínculos con una vida anterior y té frío de bengala, donde la fantasía estructura todo, lo ilumina Junko, la apasionada madre de Ayu —una pequeña muy vivaz de cinco años que significa una bendición para todos los que la conocen. Cuando el padre de Junko —a quien no ve desde hace años por diferencias ideológicas— es hospitalizado, ella decide visitarlo con su hija, tan sólo para darse cuenta que, en su caso, la magia gatuna y el tema de la reencarnación le ayudaron a cambiar de perspectiva.

Sin perdón no avanzas

La novela transcurre en el cierre de 2020 durante la pandemia del covid-19, aunque no hay grandes referencias al respecto pues la autora, por elección propia que aclara en su nota al final del libro, no quiso hablar de cubrebocas o de distanciamiento social.

El texto no me defraudó, sólo que me costó conectar —no es mi estilo— con este lenguaje que proporciona alivio emocional y es alentador. Un ejemplo es cuando Koyuki, aún sentada en la mesa de la cafetería e impactada debido a un mágico encuentro, dice: “Si no me había aceptado a mí misma, ¿cómo iban a aceptarme los demás? ¿Cómo iban a querer tenerme a su lado, si en lo más hondo de mi corazón lo que sentía era rechazo por mí misma?”.

Empero, reconozco oportuno y aplaudo que la escritora hable de las sensaciones y acciones, a veces autoexigentes, de las morras por lograr plenitud alineando pilares fundamentales de su vida. Algo de ello —y con lo que me identifiqué— lo expone a través de Satomi y sus deseos por crecer en su vocación y casarse (porque he experimentado la intensidad de integrar los objetivos profesionales y la formalidad en una relación); y también con Koyuki y su dureza con ella misma (porque uno de los procesos que más me duelen y pesan es no saber perdonarme).

Para los amantes de la repostería, la astrología y la fantasía, Un regalo en El Café de la Luna Llena les vendrá fenomenal: simbolizará una etapa de crecimiento profundo. No estoy segura de querer regresar a la novela constantemente. Quizá busque a Mai Mochizuki —a través de Satomi, Soyuki y Junko— cada vez que necesite recordar que la voluntad, acompañada de un buen café caliente, siempre será la brújula necesaria para aprender a vivir más ligera.

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