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‘In memoriam’: Sinéad O’Connor (1966-2023)

‘Muerta’ desde hace varios años

Julio, 2023

La noticia sorprendió a sus fanáticos, y, en general, al público del planeta rock: el pasado 26 de julio falleció, a los 56 años de edad, Sinéad O’Connor, una de las más emblemáticas cantantes del rock pop europeo; nos deja como herencia una decena de discos, el primero de ellos publicado en 1987, el último en 2014. Aclamada por su poderosa y hermosa voz, y por sus composiciones, la intérprete de Dublín —nacida en 1966— fue también una de las artistas del pop más controvertidas; lo fue tanto por sus opiniones políticas y religiosas, así como por su problemas de salud mental: desde 2003, Sinéad padecía trastorno bipolar y había protagonizado varios intentos de suicidio, una situación que había generado preocupación en su entorno en los últimos años, especialmente duros tras el suicidio de Shane, el tercero de sus cuatro hijos, en 2022. “Su música era amada en todo el mundo y su talento era inigualable e incomparable”, escribió el primer ministro irlandés, Leo Varadkar, en sus redes sociales. El cronista musical Víctor Roura le dedica aquí unas líneas, a manera de despedida.

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Llamada Sinéad Marie Bernadette por sus padres en su nacimiento, acaecido en Dublín el 8 de diciembre de 1966, la cantante, de apenas un catálogo de diez álbumes, se hizo de los reflectores en 1987 por su disco El león y la cobra (The Lion and the Cobra), asombroso disco por las atmósferas sonoras y, sobre todo, por las inaugurales vocalizaciones en él practicadas, extrañas entonces para el ámbito roquero, ruta que exploraría casi un lustro después la islandesa Björk Guðmundsdóttir (1965) con su disco Debut, ya fuera de la banda Sykurmolarnir (Sugarcubes en inglés), también con voces inusuales dentro del panorama del rock.

Pero, sin duda, Sinéad fue una solitaria en este rubro musical por no parecerse a nadie, al grado de que Peter Gabriel, siempre atento a las nuevas, o distintas, facetas musicales, se acercó a ella para alimentar su propia experiencia compositiva haciéndose acompañar de ella incluso en algunas de sus giras, entre éstas la abocada a México a principios de la década de los noventa permitiéndome mirarla de frente cuando Sinéad acudió al Tianguis del Chopo para respirar su aroma entonces de independencia roquera.

Los discos de esta señera cantante irlandesa asombran porque se salen de las cuadraturas del rock, aislándose de los top ten, aunque la canción de Prince “Nothing compares 2 u”, compuesta en 1984, la retomara Sinéad en 1990 para completar su álbum I Do Not Want What I Havent Got, el único, al parecer, que tuviera una grandísima acogida por parte del público… antes de la inesperada muerte propinada por los receptores, en el año 1992, cuando en los prolegómenos de una actuación suya en directo en el programa Saturday Night Live la cantante, valiente y arrojada —al enterarse de la pederastia ejercida contra menores de edad por varios representantes de la iglesia católica—, rompió en pedacitos la figura del papa Juan Pablo II diciendo algo así que habría que acabar con los verdaderos enemigos de la vida en esta Tierra, afirmación que le costara el desprecio generalizado de la audiencia evidenciado, en ese mismo año, durante el concierto homenaje a Bob Dylan, en su primer cuarto de siglo como compositor (24 años antes de que recibiera el Nobel de Literatura, en 2016), cuando fuera abucheada tumultuosamente por haberle faltado el respeto al catolicismo mundial, según sostuvieron los que no dejaron que cantara en aquel concierto que incluso fuera convertido en disco compacto.

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La dejaron sola, en efecto, como bien apuntara Morrissey el día en que murió Sinéad O’Connor.

Tengo su decena de álbumes, aunque siempre recurro al Collaborations, del año 2005, una grabación tan variada, y diversa, como lo fuera en vida la propia creadora, disco en el cual participaron, entre otros, Peter Gabriel, Bono, Massive Attack, Moby, The The, Terry Hall y Asian Dub Foundation.

Que fuera una persona de insólita definición, sí, al grado de cambiar de nombre, en 2017, por el de Magda Davitt y, un año después, siguiendo el contradictorio ejemplo de Cat Stevens, tras convertirse al islam decidió llamarse Shuhada’Sadaqat, nombre con el que se fuera a la tumba, ya sin ningún otro disco memorable —tal como le sucediera al otrora grandioso Cat Stevens antes de añorar a Mahoma—, el último de los cuales, tal vez, sea el intitulado Im Not Bossy, Im the Boss, del año 2014.

Sinéad O’Connor en una imagen de marzo pasado, durante la entrega de los Choice Music Prize en su natal Irlanda. / Foto: Facebook oficial de la cantante.

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El excantante de The Smiths, Morrissey, escribió en su blog al enterarse de la muerte de Sinéad O’Connor estas palabras que, en su conjunto, calibran, y sintetizan, muy bien la personalidad de esta maravillosa artista que fue aislada por la industria fonográfica para abandonarla a su negro destino en un rapto oprobioso del estruendoso capitalismo que, no sé, quizás instó, en su soledad, a incursionar en prácticas que le eran completamente ajenas.

Vale la pena transcribir completas las palabras de Morrissey: “Tenía tanto de ella para dar. Su sello la dejó caer después de vender siete millones de álbumes para ellos. Se volvió loca, sí; pero poco interesante, nunca. Ella no había hecho nada malo. Ella tenía una vulnerabilidad orgullosa… y hay cierto odio en la industria de la música hacia los cantantes que no ‘encajan’ (esto lo sé muy bien), y nunca son elogiados sino hasta que mueren, cuando, finalmente, no pueden responder. El cruel corralito de la fama rebosa hoy de elogios para Sinéad… con las habituales etiquetas tontas de ‘icono’ y ‘leyenda’… La elogian ahora SÓLO porque ya es demasiado tarde. No tuvieron las agallas para apoyarla cuando estaba viva y los estaba buscando. La prensa etiquetará a los artistas como plagas por lo que ocultan… y llamarían a Sinéad triste, gorda, escandalosa, loca… ¡oh, pero hoy no!

“Los directores ejecutivos de la industria de la música que pusieron su sonrisa más encantadora cuando la rechazaron para su lista están haciendo hoy fila para llamarla un ‘icono feminista’, y celebridades de 15 minutos y duendes del infierno y sellos discográficos de diversidad artificial están entrando a Twitter para escribir sus sandeces… cuando fueron todos USTEDES quienes convencieron a Sinéad para que se rindiera… porque ella se negó a ser etiquetada, y fue degradada, como siempre son degradados los pocos que mueven el mundo.

“¿Por qué ALGUIEN se sorprende de que Sinéad O’Connor esté muerta? ¿A quién le importó lo suficiente como para salvar a Judy Garland, Whitney Houston, Amy Winehouse, Marilyn Monroe, Billie Holiday? ¿Adónde vas cuando la muerte puede ser el mejor resultado? ¿Esta locura musical valió la vida de Sinéad? No.

“Ella era un reto, no se la podía encasillar, y tuvo el valor y el coraje de hablar cuando todos los demás permanecieron en silencio. La acosaban simplemente por ser ella misma. Sus ojos finalmente se cerraron en busca de un alma que pudiera llamar suya.

“Como siempre, los lamestreamers no dan en el clavo, y con las mandíbulas trabadas vuelven al insultantemente estúpido ‘icono’ y ‘leyenda’ cuando la semana pasada habrían arrojado palabras mucho más crueles y despectivas (para ella). Mañana, los aduladores volverán a sus comentarios de mierda en Internet, a su acogedora cultura del cáncer, a su superioridad moral y a sus obituarios de vómito repetidos como loros, los cuales los descubrirán mintiendo en días como hoy… cuando Sinéad no necesita su basura estéril”.

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