Abril, 2026
Artemis II, la misión histórica de la NASA que llevó a los astronautas Reid Wiseman, Victor J. Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen a explorar el lado inédito de la Luna sobre la nave Orión —en un viaje hacia el espacio profundo de 10 días—, ha regresado al planeta Tierra. Pasadas las seis de la tarde —hora del centro de México de este viernes 10 abril de 2026—, la agencia espacial estadounidense dio la bienvenida a los miembros de la primera nave tripulada en viajar a la Luna en más de medio siglo. Esta misión servirá de precedente para la Artemis III, que despegará el año que viene y buscará construir una base en la Luna.
13 minutos en vilo: el regreso a la Tierra de Artemis II
Valen Gómez Jáuregui / José Andrés Díaz Severiano / Miguel Iglesias / Noemí Barral Ramón
Hoy, en la tarde del 10 de abril de 2026 en América, una estrella fugaz ha entrado en la atmósfera de nuestro planeta. Solo que esta vez no procedía del polvo cósmico: la hemos construido nosotros.
Dentro de ella han llegado cuatro seres humanos envueltos en plasma refulgente para recordarnos una idea tan antigua como radicalmente vanguardista: que la humanidad no está condenada a repetirse en la Tierra, sino llamada a reinventarse en el espacio.
La cápsula Orión, del programa Artemis II, ha amerizado en el Pacífico, frente a la costa de San Diego (EE. UU.), este viernes 10 de abril por la noche, a las 20:07 p.m. hora local —18:07, hora del centro de México—, exactamente la hora programada. De las 2 600 toneladas que despegaron de Cabo Cañaveral hace 10 días, sólo han regresado unas 9,3. Proporcionalmente, es como si de una botella de vino entera solo hubiese vuelto el tapón.
Una bola de fuego a 2 760 ºC
Orión ha afrontado la reentrada a alrededor de 40 000 km/h. A esa velocidad, que es casi 20 veces más rápida que la del malogrado Concorde, tardaríamos menos de 9 minutos en ir de Madrid a Nueva York. Vamos, que no nos daría tiempo a escuchar completo el American Pie de Don McLean —una canción muy apropiada para estos tiempos convulsos que nos acompañan, por cierto.
Esas condiciones generan, al entrar en la atmósfera, temperaturas exteriores de alrededor de 2 760 ºC, provocando una bola de fuego brutal. La NASA dice que los meteoritos menores que un campo de fútbol se desintegran antes de llegar al suelo. Durante unos minutos, Orión no ha volado por el aire, sino que ha luchado encarnizadamente contra la atmósfera a base de incendiar el firmamento.
La cápsula, bautizada por sus inquilinos como Integrity (Integridad), ha soportado ese calor infernal gracias al escudo térmico de protección, que medía cerca de 5 metros de diámetro. Su superficie estaba formada por 186 bloques mecanizados de Avcoat, un material descendiente directo del usado en las naves Apolo. La NASA lo describe como el mayor escudo ablativo (es decir, que se sacrifica, degrada y carboniza para salvar el interior) construido para una nave tripulada.
Pues bien, ese escudo ha cumplido su misión, sacrificándose de forma más “brillante”, nunca mejor dicho. No estaba pensado sólo para sobrevivir a la reentrada sino para que sobrevivieran quienes viajaban tras él.
Reentrada a saltos
Aunque no se ha podido apreciar en las imágenes, Orión no ha entrado “a saco”, zambulléndose en la atmósfera “de cabeza”. Lo ha hecho utilizando una técnica llamada skip entry o reentrada a saltos, parecida al salto de la rana que hace una piedra plana rebotando sobre el agua.
Es decir, la cápsula ha entrado en capas altas de la atmósfera, ha “rebotado” parcialmente y ha vuelto a descender, aunque de forma más gradual que la anterior experiencia de 2022 con Artemis I. De este modo, ha podido reducir cargas térmicas y aceleraciones en ciertos perfiles, mejorando la precisión del amerizaje.
¿Y dónde ha ido a caer esa estrella fugaz tripulada? Orión ha llegado a una zona de recuperación prevista, no a un “capsulapuerto” ideal con código postal y coordenadas concretas. La operación estaba pensada precisamente para eso: absorber desviaciones de la ubicación de llegada. Así, recuperarla no dependía de un único barco, sino de un dispositivo naval y aéreo escalonado, con un buque anfibio principal, lanchas rápidas, buzos y apoyo aéreo. Esta “comitiva de bienvenida” estaba lista para actuar incluso si la cápsula caía lejos del punto ideal previsto.

Esperar vivo a que te encuentren
La filosofía moderna del kit de supervivencia espacial nació muy pronto. El océano enseñó a la carrera espacial que volver no basta: hay que ser capaz de esperar vivo a que te encuentren.
Durante los primeros vuelos estadounidenses se aprendió muy deprisa que un amerizaje en el océano no es lo mismo que una llegada a un aeródromo acuático. Ham, el chimpancé astronauta del vuelo Mercury-Redstone 2 (1961), fue el primer ser vivo que los EE. UU. enviaron al espacio. Desafortunadamente, en aquella ocasión la cápsula amerizó bastante más lejos de lo previsto y hubo tensión real durante la recuperación: el homínido estuvo a punto de perecer tras inundarse la cápsula. Ese tipo de incidentes llevó a decidir de que cada tripulación debía llevar equipo autónomo de supervivencia, no sólo esperar al rescate.
En alta mar, como en el espacio profundo, la frontera entre la alta tecnología y el instinto más antiguo de la especie es sorprendentemente fina. Así, la cápsula lleva un kit de supervivencia que no sólo permite flotar: colorea el agua para ser visible desde kilómetros de altura, protege del frío y del sol, emite señales luminosas y sonoras… y hasta incluye sistemas para ahuyentar tiburones. Cada elemento está pensado para que los astronautas puedan ganar tiempo mientras llegan los equipos de rescate y se abre la escotilla.
Hoy, los astronautas han pasado varias horas afrontando esa última prueba: esperar dentro de una cápsula flotando en mitad del océano, rodeados de silencio, gases tóxicos, calor residual y protocolos estrictos, hasta que la NASA ha confirmado que era seguro volver a casa.
Artemis II ha resultado un éxito, pero no se puede decir que lo haya sido “a pesar de los fallos de Artemis I”: precisamente ha conseguido regresar gracias a lo aprendido de aquellos. Como siempre ocurre en ciencia, cada error se ha convertido en conocimiento.
Hoy, durante el regreso de Integrity cual estrella fugaz, le hemos pedido un deseo al ver su estela, que tiene más que ver con las cosas que nos unen a los habitantes del planeta que con lo que nos separa. La diferencia es que, esta vez, dentro de la estrella había personas intentando concedérnoslo. ![]()
[Fuente: The Conversation. Licencia
Creative Commons — CC BY-ND 4.0]
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Artemis II amerizan con éxito tras una misión lunar histórica
SINC / SdE
Los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, junto con el astronauta canadiense Jeremy Hansen, amerizaron pasadas las 18:07 de la tarde, hora del centro de México, frente a la costa de San Diego (California) tras completar un viaje de casi 10 días que los llevó a más de 406 mil kilómetros de su hogar.
La NASA ha asegurado que los cuatro astronautas están bien. El comandante, Reid Wiseman, lo ha confirmado desde la cápsula: “Qué viaje. Estamos estables. Cuatro tripulantes en verde”, dijo. (El código ‘green’ significa estar en buenas condiciones.)

Se espera que la tripulación regrese al Centro Espacial Johnson de la NASA en Houston hoy sábado. “Están felices y saludables, listos para volver a sus casas”, ha dicho Rick Henfling, director del vuelo de entrada en rueda de prensa. Ahí mismo, el administrador de la agencia estadounidense, Jared Isaacman, dijo: “Christina, Jeremy, Reid y Victor, bienvenidos a casa y enhorabuena por un logro verdaderamente histórico”.
Luego, añadió: “La Artemis II ha demostrado una valentía y dedicación extraordinaria. La tripulación ha llevado a Orión, al SLS (Sistema de Lanzamiento Espacial) y a la exploración humana más lejos que nunca”.
Tras el amerizaje en el océano Pacífico, los astronautas fueron recibidos por un equipo conjunto de la NASA y el ejército estadounidense que les ayudó a salir de la nave espacial en mar abierto y los trasladó al USS John P. Murtha (San Diego, California) para someterlos a los respectivos reconocimientos médicos.
Batieron los récords de distancia
Durante su misión, Wiseman, Glover, Koch y Hansen recorrieron un total de 1 117 kilómetros, por lo que su sobrevuelo lunar los llevó más lejos de lo que ningún ser humano había viajado antes. De hecho, superaron el anterior récord de distancia establecido por los astronautas de la Apolo 13 en 1970.
La tripulación de la Artemis II despegó a bordo del cohete SLS de la NASA a las 16:36 horas de la tarde del pasado 1 de abril (hora del centro de México), desde la plataforma de lanzamiento 39B del Centro Espacial Kennedy de la agencia en Florida sin contratiempos.
Durante el primer día en el espacio, los astronautas y los equipos en tierra revisaron la nave espacial —bautizada como Integrity por la tripulación— para confirmar que todos los sistemas funcionaban correctamente antes del tránsito hacia la Luna.
En el segundo día, con todos los sistemas listos, el módulo de servicio de Orión encendió su motor principal y colocó a los astronautas en trayectoria hacia la superficie lunar.
Los tripulantes sometieron a Orión a una evaluación completa en vuelo, probaron los sistemas de soporte vital de la nave espacial y confirmaron que podía mantener a seres humanos en el espacio profundo.
Durante varias demostraciones de pilotaje, los miembros de la tripulación tomaron el control manual de la nave espacial, y la pilotaron para validar su manejo y recopilar datos que guiarán a futuras operaciones de encuentro y acoplamiento con módulos de aterrizaje tripulados.
Además, Wiseman, Glover, Koch y Hansen colaboraron en investigaciones científicas para ayudar a la NASA a preparar a los astronautas que vivan y trabajen en la Luna, mientras la agencia construye una base lunar y pone su mirada en Marte.
Estos experimentos —incluida la investigación AVATAR, que estudia cómo responde el tejido humano a la microgravedad y a la radiación — han recopilado datos de salud esenciales para misiones de larga duración.
Un hito para la investigación científica
Durante el sobrevuelo del 6 de abril, los astronautas captaron más de 7 000 imágenes de la superficie lunar y de un eclipse, durante el cual la Luna bloqueó el Sol desde el punto de vista de Orión.
Las imágenes incluyen impresionantes vistas de la puesta y la salida de la Tierra, cráteres de impacto, antiguos flujos de lava, fracturas superficiales y variaciones de color en todo el terreno.
“Con la Artemis II completada, la atención se centrará ahora en el montaje de Artemis III y en la preparación para regresar a la superficie lunar, construir la base y no volver a renunciar nunca más a la Luna”, expresó Isaacman.
Así, la NASA y sus socios centrarán su esfuerzos en los preparativos para la misión Artemis III del próximo año, en la que una nueva tripulación de la Orión pondrá a prueba las operaciones integradas con módulos de aterrizaje lunares de fabricación comercial en órbita terrestre baja.

Siguiente objetivo: colonizar el satélite
Tras Artemis III, el siguiente paso: colonizar el satélite.
Así lo ha dicho en la conferencia Amit Kshatriya, administrador asociado de la agencia espacial: “Hace 53 años, la humanidad dejó la Luna, esta vez regresamos para quedarnos. Terminemos lo que ellos empezaron y enfoquémonos en lo que quedó pendiente… No vamos a plantar banderas y marcharnos, sino a quedarnos”, ha asegurado.
El primer paso para esa colonización será un aterrizaje previsto para 2028 con Artemis 4 y Artemis 5 y, tan sólo cuatro años después, tener asentamientos permanentemente habitados.
Sin embargo, el camino para lograr esos objetivos no serán fáciles. En primer lugar, están las contradicciones del inquilino de la Casa Blanca.
Si bien es cierto que fue Donald Trump el que impulsó el regreso a la Luna durante su primer mandato, en esta nueva administración la Casa Blanca intenta mermar la inversión en ciencia, incluida la agencia espacial; unos recortes inéditos desde la II Guerra Mundial.
“En mi primera legislatura tuve que tomar la decisión de qué hacer con la NASA, cerrarla o resucitarla”, les dijo Trump a los cuatro astronautas de la misión Artemis II durante un enlace con la Casa Blanca. “En mi mente no había alternativa, así que gastamos lo que había que gastar”.
Trump defendió su decisión de volver a la Luna con el programa Artemis, y lo relacionó con la creación de las Fuerzas Armadas del Espacio, a las que definió como su “bebé”.
Contradictoriamente, por segundo año consecutivo su gobierno quiere amputar el presupuesto de la NASA. En esta ocasión se busca un recorte del 23 % del presupuesto total para la agencia. Artemis se salva, pero se amputan 3.400 millones del presupuesto científico de la agencia, reduciéndolo a la mitad, y cancelando más de 40 misiones “de baja prioridad”.
En segundo lugar, está China: Pekín pretende enviar astronautas al satélite antes de 2030 y establecer en la próxima década una base en cooperación con Rusia. De ahí la urgencia de Estados Unidos. “Nunca seremos los segundos”, ha dicho una y otra vez Trump.
Así, los próximos cuatro años serán determinantes en la lucha de las grandes potencias por el control de la Luna y, en un futuro, del siguiente gran objetivo y deseo: Marte.
(NASA / Agencia SINC / Redacción SdE)



