Abril, 2026
Era un hombre poliédrico, de muchas facetas. Ejemplo de ética y estética, su nombre hoy está ligado y unido al activismo, a la lucha social y al humanismo, con una vida tan intensa como intachable. Su nombre, sin embargo —y sobre todo—, también está ligado y unido a lo más elevado y sobresaliente de la literatura mexicana, convertido ya en un autor fundamental de nuestras letras. Nacido en noviembre de 1914, se fue de este mundo en abril de 1976. Ahora que se cumplen cinco décadas de su muerte, recordamos al indestructible José Revueltas.
I
Hace cinco décadas partía de este mundo el indestructible José Revueltas. Fue nuestro último intelectual verdaderamente rebelde; verdaderamente indomito; verdaderamente contestatario. Un hombre al que le cabían demasiados adjetivos, también múltiples definiciones.
Hombre poliédrico, de muchas facetas, fue fiel a sus principios y a su ideología, con una vida tan intensa como intachable. Siempre a la idea de la militancia, siempre disidente del sistema político mexicano en todas sus vertientes, incluidas las de izquierda —cuando no le gustaba su actuar y las formas que adquiría—, Revueltas fue un ejemplo de ética y estética.
Hoy, su nombre está ligado y unido al activismo, a la lucha social, también al Humanismo. Así, con mayúsculas. De ahí que, a lo largo de sus 61 años de transito por este mundo, en diferentes periodos de su vida haya pasado encarcelado por defender con congruencia su pensamiento político en favor, siempre en favor, de la libertad, de la liberación del ser humano. Combatía, con el mismo fulgor, la desigualdad y la injusticia. Quizá, por eso, el poeta Octavio Paz lo consideró como una de las mentes más brillantes del siglo XX. En Posdata, sin embargo, fue todavía más preciso: Revueltas, escribe ahí, es “uno de los mejores escritores de mi generación”.
Y sí.
Hoy el nombre de Revuelta está ligado y unido a lo más elevado y sobresaliente de la literatura mexicana, convertido ya en un autor fundamental de nuestras letras. No sólo por haber sido un escritor prolífico, inagotable —ejercitó y practicó casi todos los géneros escriturales: novelas, cuentos, ensayos, crónicas, guiones de cine, obras de teatro, cartas y poesía—, también por haber hecho de la literatura un medio para describir su tiempo, para plasmar en ella la sordidez del mundo.
Y es que la vida literaria de Revueltas nunca se separó demasiado de su vida ideológica, como él mismo lo señaló. O como escribió José Emilio Pacheco: es el “novelista con mentalidad más teórica que ha habido nunca”.
Aunque la obra de Revueltas ofrece un amplio abanico de temas, es particularmente el de la condición humana —en sus aspectos más crudos y oscuros— el que se filtra en casi toda su literatura. Lo decía Eduardo Antonio Parra —escritor cuya obra sigue también la estela de Revuelta—: sus relatos, dijo hace algunos años Parra, resultan vibrantes debido a la humanidad que los alienta.“Sus personajes principales tienen realismo, son contradictorios, densos y están atormentados por sus vidas íntimas y creencias políticas”.
Y añadía: “Para mí, Revueltas es un autor cuyas historias duelen al mismo tiempo que deslumbran; el retrato del México subterráneo y marginal que consigue plasmar a través de las palabras es inquietante, incómodo y acaso desagradable, pero iluminador”.
En efecto. Como ejemplos ahí están obras tan sublimes como las novelas Los muros de agua, El luto humano y Los días terrenales. O los relatos que aparecen en El apando, Dios en la tierra o Dormir en tierra.
Por todo esto, por todo lo anterior, hoy cuesta creer que él, que don José Revueltas, haya sido autodidacta. Y sí, lo fue.

II
En unas notas redactadas en 1972, aparecidas en Las evocaciones requeridas, tomo siete de su Obra reunida (Ediciones Era, 2014), escribe Revueltas: “Soy marxista sin partido, no sigo la línea de la URSS ni la de China”.
A veces contradictorio, qué difícil, pero, también, qué apasionante, es adentrarse a la vida y obra del maestro. Empezando por su familia. En el texto citado, apunta:
“Fuimos una familia numerosa: doce hermanos, al viejo estilo provinciano. De ellos, Maximiliano —cuyo nombre llevo también— y Maura, que era menor que yo, murieron muy pequeños. En orden de edades éramos: Silvestre —el mayor—, Fermín, Maximiliano, Consuelo, Emilia, Cuca, Rosaura, Luz, yo, María, Maura y Agustín.
“Se trataba de una familia conservadora, más o menos bien establecida, que llegó a tener desahogo económico y que, a partir de la muerte de mi padre, en 1923, declinó grandemente en ese sentido, hasta llegar al extremo máximo de la precariedad”.
Luego, añadía: “En mi casa no existían prejuicio hacia la idea de tener hijos bohemios, sino más bien al revés: una proclividad al arte; como es muy frecuente en provincia, todas mis hermanas tocaban el piano. Si bien dedicado a actividades comerciales, mi padre siempre mostró una gran preferencia por la poesía, el arte y la cultura; poseía muchos libros en los que leíamos bastante”.
Como hoy sabemos, ese amor por la cultura y el arte hizo de la familia Revueltas una ‘fábrica’ de talentos: Silvestre fue músico y compositor nacionalista; Fermín, un pintor estridentista; Rosaura, actriz, bailarina y escritora; y Consuelo, también pintora.
III
En el (imprescindible) libro Conversaciones con José Revueltas, también editado por Era, Adrea Revueltas y Philippe Cheron recopilan diversas entrevistas que se le hicieron al escritor. Transcribo aquí algunas de sus respuestas para darnos una mejor idea de quién era y es y seguirá siendo José Revueltas. (Y, sobre todo, para que él mismo nos cuente su vida.)
“Mis padres eran gente de provincia —le dijo a Magdalena Saldaña, de Excélsior, en junio de 1973—. Mi papá empezó desde abajo como vendedor ambulante y semiarriero en Santiago Papasquiaro, donde nació la mayoría de mis hermanos mayores, yo soy de Durango. Por la guerra civil que había en el país, mis hermanos fueron a estudiar a Estados Unidos, y regresaron a México provisionalmente por los veinte y luego se establecieron definitivamente en la capital. Fermín entró a San Carlos a completar sus estudios, Silvestre al Conservatorio aunque ya estaba formado musicalmente, y luego abandonó la ejecución para ejercitar la composición, aunque los entendido dicen que era un muy buen ejecutante. Llegaron en una época muy buena, cuando había un momento cultural muy interesante, pues ya se había consolidado la revolución”.
IV
Revueltas, sin embargo, no fue tan afortunado como sus hermanos. Al morir su padre, la ruina económica sobrevino en la familia, por lo cual, el niño Pepe, que estudiaba en el Colegio Alemán, tuvo que cambiarse a una escuela pública; llegó hasta primero de secundaria, grado que ni siquiera terminó pues decidió abandonar la escuela y prefirió ser autodidacta.
Aquello fue decisivo, pues sus lecturas le dieron forma a su postura política.
También, desde muy chavo, comenzó a ser encarcelado. En algunos perfiles se apunta que pasó hasta diez años en la cárcel; en realidad, sumando, “sólo” pasó en prisión un total de cuatro años y medio, aproximadamente, en varias ocasiones a lo largo de su vida.

A María Josefina Tejera, de El Nacional (de Caracas), le dice en septiembre de 1968: “Yo he sido un autodidacta, sólo hice el primer año escolar y me salí porque consideré que el aprendizaje era muy lento. La preparatoria la hice en la Biblioteca Nacional, solo. Cuando salí de la correccional, me aceptaron en el Socorro Rojo Internacional y no en la Juventud, y cuando ya, después de pasar un periodo de prueba, debía pasar a la Juventud, no me aceptaron por una razón peregrina, pero típica: porque era yo demasiado ‘inteligente’ para la Juventud Comunista y, por ende, muy peligroso, y me pasaron directamente al partido. Eso fue en los años treinta”.
A Norma Castro Quiteño, de El Día, le platica en diciembre de 1967: “Por mi propio pie llegué al materialismo. Primero el metafísico y después el dialéctico, del socialismo italiano y después, de los grandes clásicos del marxismo. Esta formación específica contribuyó a darme un punto de vista más universal de los fenómenos y a alejarme de toda estrechez provinciana que siempre me ha repugnado. Y a los principios del internacionalismo que para mí fue el mayor atractivo, lo que más me acercó a la teoría comunista”.
Todos eso, poco a poco, se fue filtrando en su escritura.
Más adelante, Revueltas lo reconoce: “Mi vida literaria nunca se ha separado de mi vida ideológica. Mis vivencias son precisamente de tipo ideológico, político y de lucha social. Yo empecé a militar muy joven, a los 14 años ya era militante revolucionario. En mi casa hubo siempre un ambiente bastante avanzado, particularmente mi hermano Fermín, quien era militante político, y luego también Silvestre, participante en todo el movimiento renovador del arte mexicano (el grupo 30-30 de los pintores, la sinfónica de Chávez y Revueltas). Así que para mí no fue un problema del otro mundo arribar a conclusiones históricas que me aproximaron cada vez más al marxismo y que, finalmente, me hicieron adoptarlo como metodología filosófica, práctica y estética”.
V
¿Cómo se formó José Revueltas el escritor? Margarita García Flores le hace esta misma pregunta. En Cartas marcadas / Textos Humanidades (UNAM), le cuenta Revueltas: “La pregunta siempre ha sido un gran misterio referida a cualquier vocación. No sabe uno ni en qué momento comienza la vocación misma. Tal vez se haya formado en el momento en que hice el primer periódico a mano, para uso doméstico. Ése fue mi primer paso literario, como a los ocho o nueve años, sin tomarlo muy en serio, por supuesto. Y algunas de mis hermanas conserva pequeños cuadernillos de ‘poemas’ que escribía también por esos años. Eso fue el principio de la formación espontánea que después se va haciendo con lecturas, con vivencias y sobre todo con la influencia literaria que uno recibe de otros escritores”.
Líneas más adelante, añade: “Comencé a escribir como reportero de nuestros periódicos semiclandestinos en mi época del partido comunista. En [la cárcel de] las Islas Marías escribí un poco, pero no publiqué nada. Regresando de las islas me hicieron director del periódico Espartaco. Allí tuve oportunidad de desplegar más mi trabajo periodístico, pero con artículos políticos. Tenía intenciones de escribir cosas literarias desde muy temprana edad, pero encontré en el periodismo un campo interesante. Después, ya con más reposo pude escribir la novela El quebranto, mi primera novela, donde relato mis experiencias carcelarias. Más tarde pude romper el marco de esta temática para salir a otra mucho más penetrante en Los días terrenales. Son las relaciones políticas para penetrar en un problema humano mucho más profundo y trascendente: la soledad del hombre y su libertad.”
VI
Las influencias literarias en Revueltas son varias. A Norma Castro Quiteño le describe este aspecto: “Ha influido mucho sobre mi literatura Malraux. Cuando algunos críticos han dicho que Faulkner es mi modelo literario, se equivocan. Malraux es una de las grandes influencias que he tenido, particularmente La condición humana, que encierra enorme lecciones de creación literaria. Dostoevsky también ha influido mucho en la primera parte de mi formación literaria. José Carlos Mariátegui ha sido siempre mi maestro, pero en la cuestión ideológica. Fue él quien abrió los ojos a mi generación ante la necesidad de adaptar el marxismo a las condiciones nacionales y continentales, y no hacer un marxismo de importación, zafio y de repetición de fórmulas, sino tratar de captar la realidad nacional”.
¿Y Proust? “¿Qué ha sido Proust en la vida de usted?”, le pregunta Margarita García Flores.
Revueltas responde contundente: “Como en la vida de todo escritor, Proust representa una enseñanza inmejorable. Es un escritor para escritores, fundamentalmente. Creo que esto ya lo había dicho algún escritor español. Es una gran escuela literaria”.
VII
“Yo hubiera querido denominar a toda mi obra Los días terrenales”, le dice José Revueltas a Margarita García en abril de 1972 para Excélsior. “A excepción tal vez de los cuentos, toda mi novelística se podría agrupar bajo el denominativo común de Los días terrenales, con sus diferentes nombres: El luto humano, Los muros de agua, etcétera. Y tal vez a la postre eso vaya a ser lo que resulte, en cuanto la obra esté terminada o la dé yo por cancelada y decida ya no volver a escribir novela o me muera y ya no pueda escribirla. Es prematuro hablar de eso, pero mi inclinación sería ésa y esto le recomendaría a la persona que de la casualidad esté recopilando mi obra, que la recopile bajo el nombre de Los días terrenales”.

VIII
¿Por qué clase de literatura está usted?, le pregunta Margarita García Flores. “Por una literatura libre, abierta, realista por supuesto”, responde Revueltas. “Estoy en contra de la literatura de fotocopia, del realismo socialista y todos los ismos enajenantes que han surgido en los países de dictadura burocrática. El realismo es muy amplio. Puede ser mágico, puede ser misterioso. Hasta Borges me parece realista. La realidad no deja de existir, así la pueda uno transformar en lo que uno quiera. Uno no puede prescindir de la realidad de su contexto, así vuele uno mucho en la imaginación como Verne, como Wells. Estoy absolutamente, de una manera incondicional, con esta literatura”.
¿Literatura totalizadora?, le inquiere Margarita.
“Totalizadora en el buen sentido de la palabra —dice Revueltas—: que toma las realidades como totalidades. Si yo agarro un personaje, lo tomo como totalidad en sus relaciones concretas con los demás. La concreción es una realidad paramétrica, que tiene una relación de coordenadas establecidas. Uno no puede salvarse de eso. No puedo salvarme de este espacio. Si yo describo personajes que están en este espacio, tengo que partir del hecho concreto que estamos platicando, etcétera”.
IX
Desde luego hablar de la vida y obra en José Revueltas era hablar de lo mismo. Nunca estuvieron separadas. Él fue un humanista, un gran humanista.
“¿Qué siente usted frente a la miseria humana?”, le cuestiona Margarita García. Revueltas no se lo piensa mucho: “La miseria humana es un fenómeno que se ha dado siempre en todas las sociedades y no la veo desde el punto de vista subjetivo de la compasión o algo que pudiera parecérsele, aunque esté tan bien inoculado mi sentimiento de ese mal pensamiento que es la compasión o la piedad. Veo la miseria humana como una degradación del hombre. El hombre no debería ser miserable en ninguna de sus etapas de desarrollo, ni en el pasado, ni en el presente ni en el futuro. Por eso creo que todas las teorías sociales que tienden a abolir la miseria humana, cuando menos tienden a obtener el mínimo de dignidad al que debe aspirar el ser humano.”
X
Ante Magdalena Saldaña, Pepe Revueltas se sincera: “Yo soy un hombre, un ser humano con todos los vicios y limitaciones inherentes y una que otra intención. Me interesa la comunicación como comprensión global de los fenómenos sociales, pero no me siento intelectual aunque en algo me identifico con ellos, pues son los que se meten en los problemas de la cultura”.
“¿Qué piensa del mito en torno a José Revueltas?”, le revira.
Él es contundente: “Que si existe hay que destruirlo”. ![]()
⠀⠀Nota bene: José Maximiliano Revueltas Sánchez nació en Santiago Papasquiaro, Durango, el 20 de noviembre de 1914. Murió en la Ciudad de México, el 14 de abril de 1976.



