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Detenido
Julio, 2026
Aunque es economista de profesión, Kyra Galván decidió seguir el llamado de la cultura y, sobre todo, el llamado de las letras. Así, ha escrito —con soltura y solvencia— novela y cuento, y ha ejercitado también la traducción y el periodismo cultural. Pero, en especial, Kyra Galván se ha desenvuelto como poeta. Como una gran poeta. Nacida en 1956, la escritora —convertida hoy en uno de los nombres esenciales de la literatura mexicana contemporánea— llega a las siete décadas de vida. A manera de homenaje, Víctor Roura ha conversado con ella.
Kyra Galván nació en la Ciudad de México el 14 de julio de 1956. Poeta y novelista, la autora ha recorrido las letras en una treintena de libros, sin contar sus investigaciones desplegadas en la UNAM donde estudió la licenciatura de Economía. De 1987 a 1989 vivió en Japón y de 1990 a 1999 en Londres. Es profesora en Literatura por el Colegio de Morelos; además, estudió foto en la Escuela Activa de Fotografía. Fue becada por el INBA en 1975 bajo la dirección de Hernán Lavín Cerda (Chile, 1939). Ha dado clases de poesía y talleres de creación literaria en la Sociedad General de Escritores de México. Su nuevo libro de poesía: La vorágine, lo visceral, el vértice filoso y lo vacante fatuo, se dio a conocer en el año 2026. La escritora no deja de intervenir en las ferias del libro suscitadas en el país.
De su poemario Artificio del duelo (Ediciones del Ermitaño / El Juglar, 2013) extraemos el siguiente texto que nos transmite no sólo el amor hacia su madre perdida sino, asimismo, el poema fue escrito para sacudirse el peso de los pesares:
Entre lo grotesco y lo amoroso
te busco apenas
en una relación fracasada desde el comienzo.
Miro tus intimidades con turbación,
con asco y con reverencia arcaica.
Ahora eres mi niña
y tu cuidado agobia el movimiento alado de mis manos.
Tu aliento fatigoso al andar me consume
y antepongo una barrera tras otra
para no dejar pasar lo correoso,
para no entregarle las riendas a la muerte,
que demora en llegar.
El olor de los desechos humanos,
ostentoso, se parodia en mi nariz,
me provoca náusea, pero también
me alienta a expiar los pecados que aún no cometí.
Debido a su nuevo aniversario, hemos dialogado con Kyra Galván.

“La novela me pareció como el monumento más grande de la literatura”
—Pese a ser una narradora de altura, a Kyra Galván se la conoce más como poeta, ¿es ésta una vertiente literaria que tú has elegido también?, ¿o las circunstancias te han puesto más como poeta que como prosista?, ¿estás de acuerdo con esta designación?
—Yo te diría que nací siendo poeta y me volví novelista, no sin bastante esfuerzo. La poesía siempre se me dio fácil, natural, aunque no quiere decir que no haya aprendido el oficio de trabajar un poema. A veces me tardo años antes de darme por satisfecha con un poema. Creo que la poesía es como el vino, tiene que reposar y añejarse, pasar la prueba del tiempo, es un arte de paciencia, lento, tiene que madurar para dar lo mejor de sí.
“Siempre tuve la ilusión de escribir novela, desde que era una adolescente la novela me pareció como el monumento más grande de la literatura, pero me daba pavor intentarlo, hasta que llegó un momento en mi vida en que, primero, me di cuenta de que estaba siendo cada vez más narradora en mi poesía y, segundo, que si no me atrevía a hacerlo nunca iba a hacerlo. Comencé a escribir novela muy tarde, a los 49. Y creo que ambos géneros los he abrazado como míos, nadie me los ha impuesto. Más que prosista me considero narradora. Y ambos mundos son muy diferentes”.
—Con el paso del tiempo quizás miramos las cosas de otra manera, ¿hay algún libro tuyo, de la treintena que posees, que volverías a escribir y por qué?
—No, la verdad no reescribiría ninguno.
“La poesía puede salvarte de la tristeza”
—¿Es necesaria la poesía, ha sido necesaria en cualquier época?
—¡Uy, sí!, yo creo que la poesía siempre ha sido necesaria, y más aún en nuestra época. La poesía es un bien espiritual, no un bien utilitario.
“Alguien puede decir que no sirve para nada, en términos prácticos, pero yo diría que es un alimento para el alma, es un espacio para hablar de las emociones, del yo lírico, pero la poesía también sirve para reflejar la realidad, para burlarse de ella, para criticarla, para dar otra perspectiva. La poesía puede servir para decirle a alguien que lo amas, que lo extrañas, pero también sirve para protestar, para gritar injusticias, para reconfortar, para cuestionar, para imaginar.
“La poesía te hace sentir vivo, puede salvarte de la tristeza”.
“Creo que todavía le queda un ratito de vida al libro”
—En los tiempos que corren, al parecer, el libro está a punto de la extinción, ¿qué dice sobre esto una escritora como Kyra Galván?
—Hay algo de eso, quizá las nuevas generaciones vayan a tener en sus manos formatos de imágenes con palabras porque así lo irá exigiendo la vida, la tecnología (y no tenemos por qué pensar que son malas o inferiores), simplemente será otro modo de ver, de aprender y tenemos que estar abiertos. Aunque creo que todavía le queda un ratito de vida al libro.
“La novela me parece un género lleno de retos, todo un abanico de posibilidades”
—Casi tres décadas después de tu primer poemario (Un pequeño moretón en la piel de nadie, del año 1982, prácticamente en tu primer cuarto de siglo), ganador del Premio Elías Nandino, publicaste tu primera novela: El perfume de la faraona, en 2010, y de ahí te has seguido en la exploración narrativa, ¿cuál de los dos géneros te provoca mayor reflexión?
—Mi primera novela fue: Los indecibles pecados de Sor Juana (2010), El perfume es de 2013. La poesía la guardo para contar mis sentimientos más íntimos, aunque también haya reflexiones sociales, pero definitivamente la novela me parece un género lleno de retos y el vehículo para transmitir inquietudes políticas, sociales, de género, desigualdades, en fin, todo un abanico de posibilidades.

“Por primera vez me cuestioné si se puede expresar el dolor, la tristeza, el vacío, la soledad, con palabras”
—Trece años después de tu poemario Artificio del duelo, de 2013, donde se vislumbra el dolor de la partida de tu madre, publicas en 2026 tus pesares por la muerte de tu esposo Arturo, ¿cómo se describe poéticamente un duelo, cómo externa su dolor un poeta, es posible escribir con tristeza?
—Pues trece años después vuelvo a retomar el tema del duelo, porque la vida así me lo impuso. Esta es una de las preguntas más difíciles de contestar porque después de trasegar por el mismo camino, no sé si haya acertado. Releyendo mi poemario por la muerte de mi esposo, me pregunto si será válido todo lo que escribí, si no debí de eliminar algunos poemas, si uno se engolosina con lo que escribe y pierdes la objetividad. En este poemario mezclé poesía, con prosa y con twitters, que fui escribiendo los primeros meses. Frases cortas que pensaba cada mañana con un dolor inconcebible en el pecho. Y mezclé los géneros porque por primera vez sentí que la poesía no era suficiente. Que la prosa no era suficiente. Que nada realmente expresaba al 100 por ciento lo que sentía. El lenguaje se me quedó corto y pobre. Por primera vez me cuestioné si se puede expresar el dolor, la tristeza, el vacío, la soledad, con palabras. Y me quedo con la impresión de que hice lo mejor que pude, pero que quizá no llegué a transmitir todas las emociones que sentía.
—¿Puede la escritura aliviar los dolores del alma, Kyra?
—Mentiría si te dijera que sí. Ayuda, por supuesto, y sobre todo porque la disciplina de escribir que ya tenía me sostuvo como un andamio, pero en este caso la música fue la que me proporcionó más alivio.
“Vivo más adentro de mí que afuera”
—Cierta vez, en alguna parte, escribiste que lo que ahora haces, y mucho, es “pensar en silencio y a veces en voz alta”. Borges decía que “pensar es olvidar”. Sí, es muy poético pensar en ello, ¿pero hasta qué punto un poeta es rebasado por la realidad y llevado, sólo, en las aguas que transportan las palabras?
—Bueno, espero haber entendido la pregunta. Creo que, poeta o no, uno tiene que encontrar el equilibrio de algún modo. La realidad diaria está ahí y uno tiene que verla de frente. Eso a veces te quita tiempo valioso para el trabajo creativo, pero siempre he sido muy introspectiva y, como buen escritor, vivo más adentro de mí que afuera. ![]()



