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«El eterno femenino»: una transgresión a la cultura machista mexicana

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Junio, 2026

Figura indiscutible y esencial de las letras mexicanas, Rosario Castellanos ejercitó con solvencia casi todos los géneros escriturales. En esta entrega de ‘Voces Insurrectas’, Estefania Ibañez se detiene en El eterno femenino, su única pieza de teatro: una farsa feminista impregnada de buen humor y aguda picardía. Una obra en la que crítica los estragos de las realidades de las mujeres mexicanas.

Sugerencia: acompañar la lectura del libro con la sesión de jazz: enlace YouTube.

Bien dicen que el humor ayuda a atenuar algunos dolores y pienso que la escritora y poeta Rosario Castellanos lo sabía muy bien. Lo percibí al leer El eterno femenino (1975) —su única obra de teatro—, perteneciente a la icónica Colección Popular del Fondo de Cultura Económica, en la que crítica los estragos de las realidades de las mujeres mexicanas. El texto lo escribió meses antes de que, prematuramente, falleciera el 7 de agosto de 1974 a los 49 años, en Tel Aviv, Israel, donde fungía como Embajadora de México en ese país.

Cuando entro a una lectura lo hago sin expectativas y siempre encuentro la manera de sorprenderme; sólo que esta sátira me confrontó mucho. Rosario, nacida en la Ciudad de México en 1925 y criada en Comitán de Domínguez, Chiapas, no aceptó los estándares culturales que en la época que le tocó vivir se le asignaban a las féminas.

La cuentista, novelista y ensayista sí quiso ver las deudas familiares y sociales que ya padecían mujeres y varones; mismas que, pese a los notorios y grandes avances, algunas persisten. Una de ellas es la invisibilización del trabajo doméstico que sigue recayendo más en nosotras que en ellos.

Si bien en el volumen teatral Rosario se mofa de todo lo que deben hacer las mujeres para agradarle a los prójimos —como la extensa inversión de tiempo en el cuidado de la belleza física y el poco valor que se le da a la inteligencia femenina—, igualmente deja ver la inseguridad varonil y su tenaz violencia machista que no sólo las minimiza a ellas, sino que demuestra que ellos, al practicarla, no salen bien librados porque imposibilita su evolución como seres humanos.

Los roles femeninos en tres actos

La pieza teatral de 204 páginas en su edición original está dividida en tres actos. La protagonista es Lupita, una personaje machista —porque reproduce ese tipo de violencia— que representa a muchas morras en diferentes facetas, pero también demuestra que el patriarcado, el silencio y la sumisión no le sientan bien a ninguna persona.

En el primer acto Lupita, segura de que el matrimonio y ser madre son los únicos roles que debe desempeñar, asiste el día de su unión a un salón de belleza con la intención de que la peinen. En el lugar, la Dueña y la Peinadora le colocan un secador que tiene adherido un “dispositivo electrónico”, que previamente un Agente “le ensartó” a la propietaria.

Lo curioso del artilugio es que, según el Agente, sirve para que las clientas no se fastidien y, en cambio sueñen. Ese proceso sí lo tienen permitido las mujeres, ya que si piensan por sí mismas pueden adquirir independencia, valentía y sensatez, y la sociedad no quiere eso para ellas.

En el viaje onírico, Lupita descubre que la vida conyugal, basada en modelos culturales machistas, es realmente un calabozo: no se le permite disfrutar de su sexualidad, debe ser obediente al esposo y ser una madre sacrificada entregada a su “hogar”.

En el segundo acto, Lupita asiste mediante otro sueño, a una representación de lo que es considerado el Paraíso y se encuentra con Eva. La compañera de Adán trasgrede la historia bíblica y, sin culpa, le platica que comió la manzana para liberarse, aprender y consolidar un empleo.

Pero esa reunión es sólo el inicio de un ciclo de charlas (con cierto tono irónico) que Lupita goza con mujeres ilustres que trastocaron los esquemas de la identidad nacional en diferentes tiempos. Ellas son —respetando los nombres que la autora eligió en su texto— la Malinche, Sor Juana, doña Josefa Ortiz de Domínguez, la Emperatriz Carlota, Rosario de la Peña y la Adelita, quienes dan su testimonio y opinión de los acontecimientos históricos que vivieron, con una mirada femenina.

Y en el tercer acto, Lupita, abrumada por dormir profundo, acepta que la Dueña y la Peinadora del salón de belleza le ayuden a probarse distinguidas pelucas. Todas las prótesis capilares que usa significan los pasajes de diferentes mujeres: la soltera, la prostituta, la otra, la reportera, la astrónoma y la maestra; quienes hacen el esfuerzo por tener voz propia en entornos donde rige la conducta patriarcal.

Rosario Castellanos, para siempre

La comedia negra que es El eterno femenino me conmovió y me recordó que las mujeres no debemos actuar como víctimas de un sistema, pese a que el principio de igualdad de género aún debe fortalecerse. Más bien, la pieza invita a evitar las violencias y estimula nuestra hambre por el conocimiento y por el desarrollo y responsabilidad personales.

Rosario Castellanos, también periodista, docente y diplomática, demostró a través de sus personajes ternura, sensibilidad y comprensión, sin soltar sus herramientas literarias de sarcasmo e ironía, para autocriticarse y criticar las barreras mentales que imposibilitan el crecimiento social.

El eterno femenino circula desde hace 51 años y quizás nunca pierda vigencia, debido a que la farsa teatral ha sido reeditada con frecuencia y a la honesta meditación de los temas que envuelve, como es la autonomía femenina. Asimismo, incluye el mensaje de que los varones no son nuestros enemigos, sino seres con emociones, sentimientos y derechos igual de valiosos que los de nosotras, con los que definitivamente tenemos que aprender a tener mayor complicidad y comunicación asertiva, que desemboque en una liberación de las ataduras mentales.

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