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Detenido
Junio, 2026
Fallecido en julio de 2025, José de Jesús Sampedro publicó en las páginas culturales de El Financiero, entre 2008 y 2011, su columna ‘CronoGrafías’, misma que luego recopilaría para el libro No estar y estar y, editado en la colección Cuadernos de El Financiero. Escritor y melómano (rockero), el querido Sam —como lo llamaban lectores y amigos— también era un forofo del futbol. Aprovechando la fiebre mundialista, recuperamos este breve ensayo de su libro.
Bendito sea siempre el futbol porque de él serán las alegorías y las ironías, y porque de él será también aquello inexpresable e intraducible que media aún entre ambas, y porque de él será también su metáfora indivisa… Bendito sea siempre el futbol porque me permite recordar justo hoy a mi padre durante alguno de los amaneceres que desplegaban luego la magia rítmica del Mundial de la característica Inglaterra beatle de 1966 dejándome una inmensa taza de fiel café y apercibiéndome acaso apenas de la necesidad que estudiara… Bendito sea siempre el futbol porque multiplicó mi Yo inequívoco y lo bordeó de una fonética cantarina: Sívori, Eusébio, Beckenbauer, Cruyff, Didí, Vieri, Puskás, Trézéguet, Masopust… Bendito sea siempre el futbol porque le falta (o mejor: porque le sobra) un grado sólo para transmutarse en dúctil ciencia cuyo objeto de reflexión y de estudio único lo constituya el caos geométrico que antecede o que precede a la vida… Bendito sea siempre el futbol porque de improviso un día decide manifestarse a fondo e inunda entonces de altos ambleos el devenir de equipos de época como el Real Madrid o como el River Plate o como el untuoso Internazionale de Milán del sabio e insigne Helenio Herrera… Bendito sea siempre el futbol porque populariza el deseo secreto de la Actitud de ordinario casi cumplida, del indisoluble espacio que deviene aliado o hermano del tiempo (y viceversa), de la Idea innata que circunda el cruel trasluz del Enigma… Bendito sea siempre el futbol porque justifica el empleo oblicuo de una alquimia toda llena de una especie de efemérides que entremezclan certeza y duda, y que celebran o que descartan versiones de un origen promiscuo… Bendito sea siempre el futbol porque me salva a cada instante de ese tedio íntimo que particulariza a la edad adulta y porque me devuelve el intuitivo y cauto asombro que subyuga y que maravilla… Bendito sea siempre el futbol porque mi fanatizada novia me contó de su intimista apego al América debajo del sombrío destello de los abedules que había en un exiguo jardín, incluso ahora mismo ya ido… Bendito sea siempre el futbol porque propicia un éxtasis (que asemeja luego la duermevela y que asemeja luego la voluntad despierta) dentro de un profuso éxtasis que recomienza y que comienza… Bendito sea siempre el futbol porque irradia o imanta una fe y porque el Internazionale de Milán es feliz campeón de la Copa y de la Liga de Italia y de la Champions League de Europa y porque complace así al Yo en proceso incierto que fui repitiéndome de memoria los legendarios nombres de Jair Da Costa y de Luis Suárez y de Mario Corso y de Giacinto Fachetti y de Tarcisio Burgnich y de Joaquín Peiró y de Alessandro Mazzola, etcétera, y a quienes (en augustos términos de eficacia) tanto y tanto todavía debo… Bendito sea siempre el futbol porque posee una humana estirpe divina que lo preserva indemne no obstante la obvia patriotería y el rudo mercantilismo… ![]()



