Fotograma de la película El viaje de Keta. / Imagen de 3 puercos films/Cinetc.

Cuando el transcurso es igual de emocionante (o más) que el destino

Cuéntame una historia: «El viaje de Keta».

Un proyecto absolutamente independiente, sí de la censura pero también de los recursos económicos regulares para la producción —que abarcaría además la experiencia de experimentar cuatro o cinco drogas—, acabó convertido en un largometraje sobre una traficante de enervantes e influencer de videochats regordeta, sinuosa, que recorrerá las vidas de los más disímbolos personajes y que ya se proyectó en festivales como Morelia, Transilvania, Ginebra y California. Luego de un rápido paso por la cartelera, El viaje de Keta se oferta en distintas plataformas en línea.


Hace unos años —ya no quiero saber cuántos— en una de esas pláticas necias, típicas de reven, de aquellas en las que no te das cuenta ya de la hora, pero te acaba amaneciendo por —según tú— estar “arreglando el mundo”, se nos ocurrió la idea de hacer unos cortos a Julio Bekhór, Fernando Sama y a mí. El concepto original consistía en hacer unos cuatro o cinco, cada uno sobre el uso de una droga distinta. Las drogas que elegimos entonces fueron éxtasis, cocaína, ghb (g), ácido y ketamina.

Ellos iban a dirigir mientras que yo me di a la tarea de escribir los guiones. Todo iba a ser muy casual: los filmaríamos en casa —o en casas de amigos—; con actores que antes de serlo eran amigos nuestros; con cámaras y equipo prestado; y, lo mejor, con muchas, pero muchas ganas de hacerlos.

Grabamos el primero, sobre el éxtasis, en la casa de mi vecino, con el invaluable apoyo de Leticia Huijara, Alberto Estrella, Eugenio Bartilotti y Patricia Reyes Spíndola. En ese momento necesitábamos a un chavito de 20 años y como no encontramos a nadie, Fernando entró al quite, sin ser actor y superando los 25 de edad. El resultado fue mucho mejor de lo que esperábamos.

En el segundo corto, que se hizo en mi departamento y que va del ácido lisérgico o LSD, contamos de nuevo con el talento de Julio, además de Daniela Schmidt, Rodrigo Virago y Livia Rangel, y ahí —no sé bien en que momento—, se nos ocurrió otra gran idea… ¿Por qué no hacer que todas estas historias tuvieran un hilo conductor?

Y ya que una cosa lleva a la otra, decidimos hacer una película de largometraje…

¿Qué tan difícil es hacer un largo? ¡Ajá!… Recuerden que este proyecto se hizo sin dinero, sin apoyos del gobierno, sin nada de nada, nada más que mucha creatividad, el apoyo de muchos amigos y las ganas de contar una historia divertida pero, sobre todo, diferente.

El viaje de Keta. / Imágenes de 3 puercos films/Cinetc.

Sin dinero y sin censura

Las ventajas de hacer un proyecto así —y es que tiene que haber, al menos, una que otra ventaja— es que no das concesiones, tampoco existe la censura y además cuentas con la libertad absoluta de hacer lo que se te dé la gana… lo que sea que esto signifique.

La primera tarea, un tanto difícil —además de escribir el guion, obviamente—, fue buscar a dos de nuestros personajes principales.

El primero de ellos Lucrecia, una especie de narca-youtuber, basada en una amiga, Madela Bada —que no es ni narca ni youtubera, pero que maneja todo tipo información, tanto necesaria como innecesaria—; lo que no sabíamos era si sabía —y si quería— actuar y que acabó con el papel de Lucrecia. El segundo, mucho más complicado, fue encontrar ni más ni menos que a Keta, una gordita —¡sí, amo a las gordas!— con un look retro que además de actuar supiera andar con tacones en bicicleta… Y así es como un buen día, caminando en la colonia Condesa —y después de haber hecho un extenso casting— nos topamos con Mayte Vallejo, una maquillista con muy buen look que lo único que no sabía —según ella— era actuar, algo que unos cuantos cursos intensivos con Julio no pudieran solucionar.

El resto de las historias se fueron dando de manera natural y los personajes fueron escritos con todos los actores ya en mente, y de actores estamos hablando de gente tan talentosa como generosa, que van desde Angélica María (la Señora Vázquez-Mota) y Regina Orozco (Reina de los Cupcakes), hasta Mónica Dionne (la casera) y Mónica Huarte (Sor Tacha), pasando por Fabiola Campomanes (Carla), Laura de Ita (Comper Moi), Roberto Wohlmuth (Camilo), Gabriel Retes (señor Malverde, lamentablemente hoy fallecido), Humberto Busto (Kike), Alberto Wolf (Gerardo), Valeria Vera (policía 2) Catalina López (policía 1), Alejandra Bogue (pecadora), Haydee Leyva (Jennifer), Horacio Castelo (cliente), Eugenio Bartilotti (Alejandro/secretaria)… ¿Ya dijimos Angélica María, verdad?

Drogas y endrogamientos

La historia va más o menos así: Keta es una maquillista profesional que, además de grandes muslos y un gran trasero, tiene grandes sueños y grandes deudas. Pero su gordura, además de su adicción a la marihuana y su cabello color de rosa provocan que no consiga trabajo en ninguna parte, situación que la orilla a convertirse en dealer, y es de esta manera como termina repartiendo todo tipo de drogas a personajes de lo más estrafalarios que van desde su casera hasta una actriz de telenovelas, pasando por una pareja de swingers, una ama de casa mocha y una monja no tan mocha, entre muchos otros.

Se trata de una comedia —no tan comedia— a veces negra y a veces rosa que habla acerca de las ventajas y desventajas de las drogas.

La historia de la producción y la post-producción es mucho, pero mucho más complicada, ya para ese entonces se sumaron al equipo Santiago Ortiz-Monasterio, Claudia Del Castillo y Mónica Lozano. Ya con ellos a bordo continuamos solicitando todo tipo de apoyos para obtener fondos públicos o exenciones fiscales y nada. También buscamos marcas que pudieran identificarse con la película y patrocinarnos, y de nuevo nada. Así que nos decidimos iniciar una campaña de recaudación de fondos en la plataforma Kickstarter —antes llamada Fondeadora— para conseguir algo de dinero, mientras que gran parte del elenco y del equipo técnico se integraron al proyecto por medio de puntos —porcentaje de la recaudación en taquilla— o, lo que es lo mismo, por amor al arte.

Si las películas normales y con subsidios públicos se tardan años en producirse, la nuestra se llevó muchos más. Hubo momentos en los que no adelantábamos nada, ya que necesitábamos recursos —para decirlo llanamente, dinero— para terminarla, lo que de alguna manera nos ayudó a ser más creativos y, contradictoriamente, a vestirla más, ya que, durante ese tiempo, Fernando se dedicó a realizar varias animaciones mientras que Julio, por su parte, escribió el tema musical de la película —mismo que grabó con Regina Orozco—, además se metió de lleno al soundtrack: compuso varias rolas, entre ellas un remix de una canción del grupo de Laura de Ita, Las Luz y Fuerza. Pero la cereza del pastel fue que consiguió que Fred Schneider, vocalista del legendario grupo The B-52’s, hiciera el tema principal del filme, producido por Brian Hardgroove de Public Enemy.

Después de algunos años y ya con la película lista, finalmente decidimos estrenarla fuera de competencia en el décimo quinto Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), por razones más que obvias, ya que no sólo se trata del festival más importante de México, sino que lo considero mi casa. De ahí nos invitaron al Transilvania International Film Festival (TIFF); al Black Film Festival, en Ginebra Suiza; al Cinequest, en California, y a otros más.

Y ya cuando creímos —después de varios festivales en los que fue recibida con bombo y platillo— que estábamos más que listos para estrenarla comercialmente, nos topamos con uno de los procesos más complicados de la industria fílmica: la distribución en México de este tipo de películas… (¡Ese tema da para otro artículo completo!) Lo importante aquí es que, finalmente y después de un largo —¿qué digo largo?, larguísimo— y muy emocionante viaje, pudimos ver a Keta en algunos cines a partir del 31 de enero del 2020 y, unos meses más tarde, a partir del 24 de abril, en distintas plataformas en línea: Cinépolis Klic, Yahoo y Google Play, en las que está disponible para su renta o venta en alta definición.

Lo cierto es que este, el de Keta, ha sido un largo viaje y toda una lección de vida: por ejemplo, el aprendizaje de hacer una película 100 por ciento independiente, con un tema fuerte como es el consumo de drogas, y con un esquema de producción en el que muchas veces no estuvimos seguros de poder terminarla. Pero, sobre todo, aprendí algo muy importante: que tenemos muchos amigos, amigos que siempre estuvieron con nosotros, apoyándonos incondicionalmente durante todo este periplo y eso es con lo que me quedo, con saber que este no ha sido de El viaje de Keta sino de todos, de todos los amigos que le dieron vida, luz, color, música y muchísimo amor al proyecto. Y con todos, y con cada uno de ellos, estoy eternamente agradecido.

(¡Ah! y de paso, muchas, muchísimas gracias también a esta naciente Salida de Emergencia, que me regaló este espacio para poder contar mi historia.)

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