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“Este es el país que ayer apenas existía y ahora no se sabe dónde quedó”

Poemas de David Huerta; un homenaje por el primer aniversario de su partida

Septiembre, 2023

Nació en la Ciudad de México el 8 de octubre de 1949, y falleció el 3 de octubre de 2022. Fue profesor universitario, periodista, autor ocasional de ensayos, traductor, y, sobre todo, poeta —uno de los más importantes de las últimas décadas en México, sin duda. Hijo de uno de los grandes bardos mexicano: Efraín Huerta, se cumple un año de la partida de David Huerta: prolífico escritor, también polifacético hombre. Y es que, a lo largo de cinco décadas —desde 1972, cuando publicó su primer libro de poesía—, David se consagró a la literatura en diversos terrenos. Sus tareas abarcaron diferentes géneros y modalidades: de la creación de obras propias a la enseñanza y la investigación; de la ensayística y la crítica a la reseña bibliográfica y la crónica; de la edición de revistas y suplementos a la difusión cultural; de la elaboración de antologías a la traducción al español de obras en italiano, francés e inglés. Su vasta producción poética, por otra parte, consta de una veintena de obras publicadas, siendo Incurable de 1987 quizá su libro más conocido y comentado. El poeta Hernán Bravo Varela lo decía hace poco: “David era una de las voces más vitales y centrales de la poesía en la lengua española”. O como señaló Fernando Fernández (también vate): David fue un gran maestro de poesía; sin duda, el más importante que ha tenido México en los últimos años. La prueba está en que consiguió contagiar el interés por la mejor literatura a una inmensa cantidad de jóvenes, sin rebajarse a simplezas o a cursilerías. Una poesía seria, sofisticada e incluso, en ocasiones, especialmente difícil”. Ahora que se cumple el primer aniversario de la partida de David Huerta, en nuestras páginas de poesía quisimos rendirle un homenaje con esta breve selección de poemas.

En donde estés

En donde estés oye la desgarrada boca
del tiempo. No dudes, avanza
contra la montaña de espejos. (Luego
podrás dudar. En donde estés
aprende a dudar
para servir a la vida.) En donde estés
mira los rostros del dolor
y abraza las espigas, desaprende
el agobio, observa el rostro
de tus hermanos
y el tuyo. En donde estés
recuerda y olvida. En donde estés
come con un estoicismo místico.
En donde estés acércate con deseo
y aléjate con repugnancia,
como quería el Lince.
En donde estés piensa en cada cosa
como si ella misma pensara. En donde estés
aprópiate del mundo
y olvídate de las finalidades. En donde estés
inventa finalidades y juega con ellas
hasta el hartazgo trágico y cómico.
En donde estés ejerce tu política.

A una cantante de rock

Desnuda, maltrecha, enronquecida:
¿vas a decirme por fin qué nos sucede
o me levantarás, en cambio, sin hablar y,
desnudándome, llenarás mi boca de llamas
y mi carne de fría ceniza?
No quiero ver tus ojos alzados y hechos polvo
en el diluvio de la borrachera; no quiero sentir
tus brazos amargos y tu cuello debilitado.
Prefiero poner mi pie sobre tu espalda
y preguntar, amenazar, oscurecerme
con tu pausada locura de sinsonte.

Hay el agua que chorrea de un bestial mirlo mojado;
hay pedazos de niebla en mi ventana;
hay el rodar de una diadema de lobos
por el ardor de la playa pacífica.
No me veas, no mires lo que te ofrezco:
estos utensilios de ígnea tinta, estas luidas
imperfecciones de trapo en mis vestidos, estos
endulzados chispazos de mis manos cuadruplicadas
entre tus piernas de vacío animal hecho de luz dorada.
Tú canta, una y otra vez, así como amorosamente
⠀⠀estés:
desnuda, maltrecha, enronquecida.

Noviazgo

Hay sangre debajo de esta piel, ¿lo recuerdas?
Una sangre directa y calurosa. Hay un muro de palabras
y un puño que toca unas rodillas que a su vez
emblanquecen la noche con un temblor agudo y sacramental.

¿Lo recuerdas? Mi boca en tus cabellos y
la mortal soledad que rodeaba.
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀Los dos: solos.
⠀⠀⠀⠀⠀⠀Amor mío,
senda impura donde hundo estos dedos homicidas,
clara mortaja de mi cuerpo desnudo, de mi cuerpo de ahorcado…

Yo recuerdo la línea de tu cuerpo, las visibles
agrupaciones de tus dedos agarrando mi pelo, el sedoso
y rendido abrazo de tu ansia. Recuérdame, esto te pido.

Si hubiera gritado, si hubiera yo gritado un lamento, si
hubiera aullado al penetrarte, el sol habría
aparecido en tu boca besada y penetrada.

Recuérdame, te pido. No soy ningún Ronsard, fui tu amante
y al tocarte mi cuerpo se cubrió de canciones asesinas.

Hablamos muchas horas, estuvimos desnudos tantas horas
y el arrullo de la droga nos cubría los brazos de amor.
Yo dije que eras hermosa y tú dijiste que yo era hermoso.

⠀⠀⠀⠀Vivimos
a la manera de los náufragos, silenciosos y rodeados
por el tumulto, por las muchedumbres que nos ignoraban.

El cuerpo ignoró toda miseria, puso a su lado las armas
e inició esta guerra dulcísima. Dije “te amo” como si en mi boca
estuvieran cocinándose razas, conquistas, ejércitos enteros.
Tú murmurabas como un sediento animal, como una
desilusión que empezara a dejar de ser desilusión.
⠀⠀⠀⠀⠀Te amé,
larva, casa de mi silencio, encendido peñasco, te amé en tu cuerpo
y en tus presagios, hasta casi morir para que lo supieras…

Estos milímetros de mí pesaron en tu pelo,
estas dimensiones mías te asediaron y cuando lo quisiste
fui tuyo hasta la molécula entintada de los minutos compartidos.
Toqué tu cuello, tus tobillos, tus dedos.
Fui tuyo, amor, camino, turbia novia, virgen loca,
perro de mi desdicha, nostalgia de mis lápices memoriosos.

¿Cómo te nombro, amor? Te llamo blanca piel, senos ardientes,
muslos dolientes para mi cabeza de guerrero, entero mar
donde se cumple esta caliente profecía, esta promesa…

Mi amor, esta cintura. Este vientre donde tu cabeza reposó,
estos músculos que supieron entregarte los salmos, los himnos
y la dicha de estar desnudos, juntos, abiertos, fatigados.
Novia, fui yo también tu novia. Yo fui tu compañía
y deberás guardar este negro testimonio de mi desdicha para saber
que existo, amor mío, centenar de demonios, apetecida cueva.

Antes de tirar la basura

Frente al papel de estaño y un torbellino orgánico—
frente a la lechuga que amarillea o pardea

y las infames colillas de la Noche Que Pasó, antes
de tirar la basura conviene

mirar el mundo con una paz de atardeceres
y una dulzura de adagios, rodeándose una o uno,

de ser posible, con los perfumes de la serenidad
y los acentos de un noble impulso evangélico, entender

con franciscanismo que la materia así depositada
(pues debe ser depositada, no arrojada) es,

sí, mal que nos pese, nuestra también, y que el hecho
de desecharla o sacarla de la Casa

no significa nada, nada, nada—
pues seguirá en el mismo planeta donde padecemos

con esta materia nuestra, el cuerpo, las lágrimas,
las manos extendidas y abiertas

que alguna vez serán basura y no deberán ser arrojados
sino depositados otra vez en el mundo

para las celebraciones, las mutaciones, la maravilla
de ser, aun en el fondo de los basurales.

El pensador

Sentado en medio de los chisporroteos, de las babas
del siglo, de los ramos de estaño que rechinan y se curvan
hacia la mano de la doncella hipnotizada,

sentado a tientas en la oscura
limpieza del orgasmo, sentado y desnudo, sentado y vestido
por las carnales turgencias de una capa de ozono,

sentado entre los azules chasquidos y los ángulos apetitosos
de un muslo de muchacha desmayada y blanca,
más pálida, más lunar, más lánguida
cuanto más cerca de los ejes en racimo y más situada
en la vecindad de su visible dominio,

sentado y pensando en los caballos,
en las desigualdades sociales, en no-importa-qué,
en los galicismos, en la prosa del mundo,
en el antipático Hegel, en la necesidad
de tirar la basura. El pensador

se levanta luego, camina por las habitaciones azules
y por el Desierto de Gobi. Se sienta de nuevo.

Ciencia poética / Tratado número 1

La poesía deberá aparecer,
como un flujo iridiscente,
si y sólo si —según se lee
en ciertos reglamentos—
se utiliza alguna de estas palabras
(u otras parecidas):
“águila”, “abismo”,
“resplandeciente”, “dolor”,
“infinito”, “soledad”.
No aparecerá
si se escribe “cerillo”, “bobo”,
“chuchería”. Aparecerá
si se combinan, con ingenio exacto,
palabras de un tipo y otro
y se agregan signos de admiración,
rayas diagonales, puntos suspensivos,
todo tipo de gracias tipográficas.

El poeta David Huerta. / Foto: Secretaría de Cultura.

Literatura

Lo escrito, lo penosamente
garabateado
en cuadernos exánimes;
lo taquigrafiado, las líneas
y los renglones
del ansia y el deseo,
se desdoblan
sobre las encendidas blancuras
de la página.
Abren sobre las hojas
un murmullo de alas
y de frondas de tinta
—vehículos veloces.
Si tan sólo un instante
y un miligramo
de esas tenues aventuras
llegaran, vibrantes y sin mancha,
a los ojos que leen…

Insomnio

Embozado
yo gozo del insomnio
y de sus turbias vinculaciones,
de sus torvas alucinaciones,
de sus angustias
de sudar y durar.

El insomnio es la sopa de los entes,
la numerada soga
de la finitud ciudadana, la ciudad
de la materia y los diezmos.

El insomnio es una destruida limpieza.

Te digo que el insomnio
nunca me ahoga: con elegancia desordenada

yo lo lleno, lo llevo,
lo tacho y lo suspendo
y en vilo cuezo en él

adjetivos, cápsulas
de agrios vocablos
o de sílabas y migajas, tramos
de inesperadas inoculaciones
y de ondulantes
enfermedades.

Domingo

Todo está sucio
porque es domingo:

el reloj del andrógino
y la cabellera del demiurgo.

Todo está sucio como una exclamación,
como una novela, como una caja de pobre.

Las pólizas, la guayaba,
los tenedores, el uranio.

Las manos están sucias
y avergonzadas
detrás del espejo.

Todo está sucio,
embozado
⠀⠀⠀⠀en la tristeza
del domingo. Y arrecia.

Ayotzinapa

Mordemos la sombra
Y en la sombra
Aparecen los muertos
Como luces y frutos
Como vasos de sangre
Como piedras de abismo
Como ramas y frondas
De dulces vísceras

Los muertos tienen manos
Empapadas de angustia
Y gestos inclinados
En el sudario del viento
Los muertos llevan consigo
Un dolor insaciable

Esto es el país de las fosas
Señoras y señores
Este es el país de los aullidos
Este es el país de los niños en llamas
Este es el país de las mujeres martirizadas
Este es el país que ayer apenas existía
Y ahora no se sabe dónde quedó

Estamos perdidos entre bocanadas
De azufre maldito
Y fogatas arrasadoras
Estamos con los ojos abiertos
Y los ojos los tenemos llenos
De cristales punzantes

Estamos tratando de dar
Nuestras manos de vivos
A los muertos y a los desaparecidos
Pero se alejan y nos abandonan
Con un gesto de infinita lejanía

El pan se quema
Los rostros se queman arrancados
De la vida y no hay manos
Ni hay rostros
Ni hay país

Solamente hay una vibración
Tupida de lágrimas
Un largo grito
Donde nos hemos confundido
Los vivos y los muertos

Quien esto lea debe saber
Que fue lanzado al mar de humo
De las ciudades
Como una señal del espíritu roto

Quien esto lea debe saber también
Que a pesar de todo
Los muertos no se han ido
Ni los han hecho desaparecer

Que la magia de los muertos
Está en el amanecer y en la cuchara
En el pie y en los maizales
En los dibujos y en el río

Demos a esta magia
La plata templada
De la brisa

Entreguemos a los muertos
A nuestros muertos jóvenes
El pan del cielo
La espiga de las aguas
El esplendor de toda tristeza
La blancura de nuestra condena
El olvido del mundo
Y la memoria quebrantada
De todos los vivos

Ahora mejor callarse
Hermanos
Y abrir las manos y la mente
Para poder recoger del suelo maldito
Los corazones despedazados
De todos los que son
Y de todos
Los que han sido

Cosas en la muerte

Los diagramas y las ondulaciones de la fiebre,
las islas y el rojo mar de Grecia, los vasos
de un color matinal, los arbustos y las espigas,
las calles despobladas en medio de la lluvia,
una esquina de París con muros de carteles arrancados,
libros obsesionantes y frases conversadas,
amaneceres con amigos, abrazos inolvidables,
confusos legados sobre mesas claras,
tormentosas querellas, blancas luces, las olas
del Adriático en la memoria convulsa, mediodías
en cantinas mexicanas: ¿cuántas cosas —o ninguna
de ellas, borradas por el final espasmo—
lo visitarán en el momento postrero? Ya están aquí,
desaparecerán con las invisibles
páginas escritas de los recuerdos individuales,
nunca habrán existido, dejarán sin embargo
una huella en algún lugar misterioso del tiempo,
del espacio, y serán cosas inmortales, cosas
en la muerte, tocadas y abandonadas, sentidas
y examinadas con desdén o pasión, vida impura.

Los poemas que aparecen en estas páginas digitales fueron seleccionados, en su gran mayoría, de La mancha en el espejo / Poesía 1972-2011, volumen II (Fondo de Cultura Económica, 2013); este segundo volumen reúne los libros publicados por David Huerta entre 1990 y 2011 (varios de ellos editados en Ediciones Era, su principal sello). Así, los versos también pueden ser hallados y leídos en: “Noviazgo” y “A una cantante de rock”, en Historia (Ediciones Toledo, México, 1990). “En donde estés”, “Ciencia poética / Tratado número 1” y “El pensador”, en La calle blanca (Era / Conaculta, México, 2006). “Antes de tirar la basura”, en Lápices de antes (Toque, colección de poesía, Guadalajara, 1993). “Cosas en la muerte”, en El azul en la flama (Era / Conaculta, México, 2002). “Domingo” e “Insomnio”, en La sombra de los perros (Editorial Aldus, México, 1996). Y “Literatura” en La música de lo que pasa (Conaculta, México, 1997). El poema “Ayotzinapa”, por otro lado, formó parte de una instalación, de título homónimo, presentada en el Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca en noviembre de 2014, firmada por los artistas plásticos Rubén Leyva, José Villalobos y Luis Zárate.

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