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Sesiones del Pescador: 1973

Celebramos el 50 aniversario de algunos sonidos y discos legendarios

Diciembre, 2023

Regresan las ‘Sesiones del Pescador’. Esta vez, en una triple sesión, viajamos a un año irrepetible para celebrar medio siglo de una cosecha histórica de algunos álbumes y canciones provenientes del rock y el jazz, que ayudaron a definir una era. Son tres listas de reproducción para saber cómo se escuchaba 1973.

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Por las referencias esparcidas en los primeros episodios, se supone que Vinyl —la fracasada serie de HBO de Martin Scorsese y Mick Jagger— está ambientada en el negocio de la música de 1973. El segundo episodio, titulado “Yesterday once more”, muestra el día más decadente y loco del protagonista Richie Finestra, aunque en realidad todos sus días parecen ser igual de vertiginosos y caóticos. Pero algo más sucede en este capítulo.

Interpretado magistralmente por el actor Bobby Cannavale, en él Richie Finestra quiere desesperadamente hallar nuevos sonidos y artistas que puedan salvar su compañía, así que reúne a su equipo de A&R (“Artists and repertoire”), esas personas que se supone son capaces de sondear el mercado musical y descubrir nuevos talentos. Primero les informa como van a ser las cosas a partir de ese momento: tendrán que salir a la calle y demostrar que merecen un puesto en la empresa.

Unos segundos después, el discurso de Richie a sus tropas de rock and roll es algo teatral e histérico: toma violentamente un álbum de Jethro Tull del tocadiscos y lo parte por la mitad sobre su rodilla. “Quiero cosas nuevas, rápidas, frescas y emocionantes”, dice Richie. Y añade: “A ver, a ver, todo se trata de las canciones, muchachos. ¿Pueden tararearlas? ¿Las recordarán mañana? ¿Te dan ganas de llamar a la estación de radio y saber quién es la banda que acaban de tocar? Se trata de pensar en retrospectiva—argumenta Richie—. Piensen en la primera vez que escucharon una canción que les puso los pelos de punta, o que te daban ganas de bailar, tener sexo o salir a patearle el trasero a alguien. Eso es lo que quiero”.

Uf.

Aunque sólo duró una temporada, con el sello impecable de Martin Scorsese las referencias históricas en Vinyl eran asombrosas y muy precisas. Y una de esas referencias —por lo menos una de las que a mí más me gustó— fue hacerle saber al espectador qué significó 1973 para la música toda.

¿A qué me refiero? A que con frecuencia escucho decir que 1973 no fue precisamente un año de gran cosecha para el rock (y en general para la música). Incluso ahora, 50 años después, mucha gente se sigue dejado llevar por esta falsa conclusión.

Craso error. Nada más lejos, eh.

En realidad, en 1973 se publicaron una buena cantidad de álbumes maravillosos y significativos de algunos de los artistas más exitosos de los últimos 50 años. También, y sobre todo, 1973 fue un año en que los sonidos —en especial desde el underground— empezaron a burbujear con más fuerza y se diversificaron, dejando claro que la década de 1970 quería forjar su propia identidad.

Y aquí me detengo.

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Es un hecho: los primeros años de una década no suelen tener música que defina una era, tal vez porque todavía se está haciendo la transición de un periodo a otro. Pero al tercer año, la cosa fluye, las revoluciones ganan terreno. Así, podríamos decir que a partir de 1971, pero sobre todo en 1972, varios de los artistas y estilos que dominaron los años sesenta empezaron a dar paso a nuevos nombres que —junto con otros que tenían la intención de romper con su pasado para explorar nuevas direcciones— llegarían a dominar la década que estaba en desarrollo. Y esa tendencia cobró fuerza definitiva en 1973, cuando, sobre todo, se diversificaron aún más los géneros musicales.

Porque, en efecto, el tercer año de la década de 1970 lo tuvo todo: en él, el heavy metal no sólo se consolidó sino que se expandió; también, fue un año con mucho soul, rhythm and blues y en el que el furioso funk comenzaría su transformación hacia lo que se llamó después música disco. Asimismo, el rock progresivo alcanzaba su cima (creativa como comercialmente), mientras que la revolución de los cantautores ganaba popularidad (con Stevie Wonder y Cat Stevens al frente de aquella tropa). De igual forma, empezaron a imponerse nuevos estilos, incluido el reggae (este último, sobre todo, por el impulso desde las discográficas del Reino Unido).

Por otra parte, en 1973 también brotó la chispa que dio origen a lo que después se etiquetaría como hip-hop, mientras que el garage rock y el protopunk continuaban con su mutación hacia lo que se identificaría como punk. (Fue el debut, por ejemplo, de los icónicos New York Dolls, quienes, junto con otros, seguían despojando a la música de sus accesorios estéticos y canalizaban su poder hacia melodías más cortas, rápidas y divertidas (tal como lo pedía el personaje de ficción Richie Finestra).

Las ramificaciones y subgéneros del jazz, por otro lado, también se consolidaron. Así, el free jazz, el jazz-funk, la fusión, el avant-garde jazz, o el progressive jazz volaban tan alto que casi tocaban al Sol.

En cuanto al rock y sus satélites, aquí vale una aclaración: si bien algunos pesos pesados de los años sesenta resistieron al embate generacional (por ejemplo, los cuatro Beatles publicaron discos en plan individual, los Rolling Stones lanzaban Goats Head Soup, y desde la Motown seguía saliendo una música revolucionaria), la línea temporal de 1973 está desprovista de varias de las otroras grandes figuras. Eso sí: surgieron nuevos nombres, artistas que pasarían a formar parte del tejido permanente de nuestra cultura musical. Ese año fue testigo de varios debuts: (mi adorado) Tom Waits lanzaba Closing Time, y (mi idolatrado) Bruce Springsteen se presentaba al mundo con dos álbumes: Greetings from Asbury Park, N.J. (en enero) y The Wild, the Innocent & the E Street Shuffle (en septiembre). («Vi el futuro del rock and roll, y su nombre es Bruce Springsteen», escribió el crítico musical Jon Landau en el periódico semanal The Real Paper tras ver al músico en un concierto en mayo de 1974. «En una noche en la que necesité sentirme joven, él me hizo sentir como si escuchara música por primera vez», sentenciaba). También 1973 atestiguó los debut discográficos de Lynyrd Skynyrd, Aerosmith, Camel, Queen, el vaquero espacial Jobriath, Mike Oldfield o los ya citados New York Dolls, entre otros.

La pregunta surge: ¿fue 1973 el mejor año de la música de todos los tiempos?

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Ya lo he escrito anteriormente en esta misma columna musical: pocas cosas en la vida provocan tantos arrebatos como responder a la pregunta: qué año fue, es, ha sido, el mejor en la historia de la música.

¿Fue 1973 el mejor de todos los tiempos? Uf. Evidentemente, hay tantas opiniones como melómanos y “expertos” hay en el mundo. Con la ventaja que nos da el tiempo —y visto en perspectiva—, hay muchos argumentos para asegurar que sí, que dicho año se puede unir a la fiesta. Veamos.

1973 estuvo repleto de discos que, 50 años después, han resistido la prueba del tiempo. En ese año se publicaron dos de las grabaciones de piano solo más influyentes en la historia del jazz: Solo Concerts: Bremen/Lausanne de Keith Jarrett, y Open, To Love de Paul Bley. También, 1973 fue testigo de uno de los álbumes más asombrosos de la década de 1970, así como el debut más duradero del año: el ambicioso Tubular Bells, la obra de Mike Oldfield que redefiniría el concepto de multiinstrumentista. Ese año vio aparecer además dos de los mejores discos de soul de todos los tiempos: Call Me de Al Green, y el cachondo Let’s Get It On de Marvin Gaye (mejor aclaro: este álbum es sexo en estado puro). En 1973, Stevie Wonder creó también una de las grandes joya del soul con conciencia social: Innervisions, mientras que la heroína de culto Judee Sill editaba su última obra: Heart Food.

Leyendo la breve lista anterior, ¿verdad que 1973 es, a bote pronto, firme contendiente para ser uno de los mejores años en la música?

Conste: argumentos sobran. Es más, aquí van otros: 1973 atestiguó la salida de Raw Power, de los indomables Stooges; de Houses of the Holy, de los amos Led Zeppelin; de Sabbath Bloody Sabbath, de los sangrientos Black Sabbath; de Killing Me Softly, de la potente Roberta Flack; de Billion Dollar Babies, de la locochona banda de Alice Cooper; de Imagination, de los explosivos Gladys Knight & the Pips; de Tyranny and Mutation, de los cultos Blue Öyster Cult; de Hello!, del gran Status Quo (una de las bandas más exitosas de todos los tiempos en el Reino Unido); de Catch A Fire, el primero de Bob Marley y los Wailers con una gran discográfica, Island Records (el álbum, por cierto, los catapultaría al estrellato mundial). Y, aunque siempre me ha parecido un fresita, Paul McCartney y sus Wings lanzarían el que, creo, es su mejor disco: Band on the Run.

Aquí abro un paréntesis. Aunque hoy en día es inconcebible que un artista edite dos álbumes en un año, por entonces la creatividad era tal que entre los que lo hicieron se encontraba precisamente Paul McCartney y sus Wings (su otro disco sería Red Rose Speedway). Otro músico que publicó dos álbumes fue John Martyn, con los que ahora se consideran clásicos: Solid Air e Inside Out. Otro fue el entonces imparable Elton John, primero con el fascinante Don’t Shoot Me I’m Only the Piano Player, y después con el monumental doble disco Goodbye Yellow Brick Road. (Mi amado) David Bowie también sumaría dos obras a su historial: el genial Aladdin Sane, y luego su disco de versiones Pin Ups. Los avanzados Roxy Music publicarían, de igual forma, dos grandes discos: For Your Pleasure y Stranded, mientras que el prolífico y superlativo James Brown lanzaría un triple (en realidad, los tres serían soundtracks): Black Caesar, Slaughter’s Big Rip-Off y The Payback. Y Faust, el grupo alemán experimental y aventurero, editaba Faust IV —un clásico del krautrock— y The Faust Tapes —como lo apuntó la revista The Wire en los noventa: el disco muestra el arte del collage sonoro en su máxima expresión. Asimismo, en aquel año Faust colaboraría en Outside the Dream Syndicate, del compositor vanguardista Tony Conrad, un disco clásico de la música minimalista y drone. Ahora sí, cerremos el paréntesis.

¿Más argumentos? Veamos. 1973 también testificó el debut en plan solista de varios músicos sobresalientes con camino recorrido. Por ejemplo, el de John Fogerty (con The Blue Ridge Rangers), Paul Kossoff (con Back Street Crawler), Rick Wakeman (con The Six Wives of Henry VIII) o el de Roger Daltrey (con su homónimo disco). Y mientras ellos y otros músicos se embarcaban en nuevas carreras, algunos se despedían: la banda inglesa Free terminaba su aventura en lo más alto con Heartbreaker. Otro grupo inglés que se desintegraba (dejando de igual forma un gran disco: Ooh La La) fue Faces.

Por si estos fueran pocos argumentos para validar a 1973 como un gran año musical, en esos doce meses varias obras conceptuales y revolucionarias también brillaron: Berlin de Lou Reed, Dark Side of the Moon de Pink Floyd, Quadrophenia de The Who, así como Desperado de The Eagles. El periodista David McPherson lo decía bien: estas obras son ejemplos que ilustran cómo algunos artistas utilizaban técnicas narrativas para explorar temas más amplios y hacer declaraciones más importantes sobre cuestiones sociales, políticas y económicas.

En fin.

La música legendaria de 1973 podría seguir y seguir. Como decía líneas arriba: fue un año de mucho soul, rhythm and blues y funk. La lista de grandes nombre que publicaron álbumes, en esos doce meses, marea: ahí estuvieron Kool & The Gang, Redbone, Marlena Shaw, The J.B.’s, Tower of Power, Betty Davis, Sylvester And The Hot Band, Mandrill, The Temptations, The Spinners, The Detroit Emeralds o Betty Wright. Desde el reggae, brillaron The Upsetters, Burning Spear, Toots & The Maytals, I-Roy, Larry Marshall, The Heptones, Jimmy Cliff, John Holt, The Silvertones o Slim Smith.

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En cuanto al jazz, en los años de la década de 1970 mucha de la música que salía de sus filas a menudo era subestimada o, en algunos casos, desestimada (e, incluso, ligeramente difamada). Sus detractores solían ser aquellos con oídos más tradicionales y, en ocasiones, pesados. Sin embargo, no hay duda que conforme fue avanzado la década el jazz expandió sus alas, abriendo nuevos caminos y vías. Y el año de 1973 no fue la excepción. Mientras que la mayoría de los artistas de fusión de la época complementaban su jazz con guitarras rock y “elementos” de funk, había agrupaciones determinadas (pienso en Gary Bartz, por ejemplo) que ofrecían un funk concentrado y punzante.

A los nombres ya citados al principio de este texto —Keith Jarrett y Paul Bley—, podemos sumar otro puñado que dejó discos gloriosos y embriagadores, y, en algunos casos, revolucionarios. Algunos se atrevieron con doble disco. Por ejemplo, el genial Herbie Hancock publicó Sextant y Head Hunters; el poderoso Cecil Taylor lanzó Indent y Solo; Roy Ayers, pionero del jazz-funk, editaría Coffy y Virgo Red; Art Blakey y The Jazz Messengers harían lo propio con Buhaina y Anthenagin. Por otro lado, Gary Burton Quartet lanzó The New Quartet, pero también Burton, junto con Chick Corea, se aventuró a publicar Crystal Silence; y Corea, dirigiendo Return to Forever, editaría además Light as a Feather.

¿Más nombres? También publicarían grandes obras el máster Sun Ra (Space Is the Place), Sam Rivers (Streams), Joe Henderson (Multiple), Weldon Irvine (Time Capsule), Stanley Cowell Trio (Illusion Suite), Dave Holland Quartet (Conference of the Birds), Paul Motian (Conception Vessel), Bobbi Humphrey (Blacks and Blues), Ramsey Lewis (Funky Serenity), Yusef Lateef (Hush ‘N’ Thunder), Young-Holt Unlimited (Oh, Girl), Lucky Thompson (I Offer You) y Billy Cobham (Spectrum); además, Ralph Towner y Glen Moore (con Trios / Solos), Ella Fitzgerald junto al guitarrista Joe Pass (Take Love Easy) y la Mahavishnu Orchestra (Birds of Fire).

Asimismo, durante aquellos doce irrepetibles meses verían la luz los álbumes del noruego Jan Garbarek (Triptykon), la brasileña Flora Purim (Butterfly Dreams), el argentino Gato Barbieri (en realidad fue un triplete: Chapter One, Under Fire y Bolivia), el alemán Alexander von Schlippenbach (Pakistani Pomade), y el álbum de Peter Brötzmann, Fred Van Hove y Han Bennink (Brötzmann/Van Hove/Bennink, conocido también como FMP 0130).

Conste: me he limitado a mencionar aquí sólo algunos. Hubieron más, muchos más.

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El año pasado, mientras revisaba 1972 para esta columna musical llamada ‘Sesiones del Pescador’, me preguntaba si dicho año podría calificarse como el mejor de todos los tiempos. Me temo que de nuez me estoy haciendo la misma pregunta. La lista de clásicos que salieron en 1973 es contundente; refleja el gran momento creativo que atravesaba el mundo. Toda una explosión de talento y creatividad. Y lo fue desde todos los frentes y periferias; es decir, básicamente desde todos los géneros: glam, soul, progresivo, art rock, metal, folk, jazz, pero asimismo sonidos latinoamericanos.

Por ejemplo, de 1973 es el disco homónimo de Toncho Pilatos, sin duda uno de los más importantes en la historia del rock mexicano. También vieron la luz grandes álbumes de Secos & Molhados, Raul Seixas, Paco de Lucía, Camarón de la Isla, Pescado Rabioso (uno de los tantos proyectos de don Luis Alberto Spinetta), Litto Nebbia, Caetano Veloso, Antônio Carlos Jobim, Gal Costa, João Gilberto, Milton Nascimento y de mi amada e infinita Elis Regina. Asimismo, salieron obras de Ismael Miranda, Ray Barretto, Willie Colón junto a Héctor Lavoe, Johnny Pacheco, Cheo Feliciano y Roberto Roena y Su Apollo Sound.

De 1973 es también Canto por travesura, el octavo disco de Víctor Jara, al que mucha gente le tiene especial cariño pues fue el último que publicaría en vida: en septiembre de ese año sería torturado y asesinado por milicos, tras el golpe de Estado del dictador Augusto Pinochet. Por cierto: el 27 de enero, también de 1973, la delegación de Vietnam del Sur, la norvietnamita, la estadounidense y la del Gobierno Provisional de la República de Vietnam del Sur (el FNLV o Vietcong) firmaron los Acuerdos de paz de París. Era el principio del fin de la Guerra de Vietnam.

Creo que ya me extendí demasiado.

Resumo: en esta ocasión las Sesiones del Pescador están dedicadas a homenajear la música de 1973 y celebrar el 50 aniversario de algunos discos y canciones legendarios de aquel entonces.

Para ello —y como en años anteriores—, he hilvanado tres listas de reproducción: el episodio 15 está dedicado al rock y sus satélites, el episodio 16 al jazz, y el episodio 17 a los otros sonidos de 1973.

Medio siglo después, todas estas canciones y discos que ayudaron a definir una era se sienten tan relevantes como siempre.

Sí: viéndolo en perspectiva, tenemos que admitir que todos fuimos muy afortunados de tener esta música en nuestras vidas. Y todavía lo somos.

Nos leemos hasta el siguiente año. A todos, lo mejor para 2024.

Escucha Sesiones del Pescador, episodio 15 (rock):


Escucha Sesiones del Pescador, episodio 16 (jazz):


Escucha Sesiones del Pescador, episodio 17 (los otros sonidos):

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