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Del Premio Akutagawa al Goncourt: crecen los casos en los que la IA participa como coautor de obras ganadoras

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Octubre, 2026

El mundo literario francés se ha visto sacudido por otro caso relacionado con la inteligencia artificial. Una novela superventas ha sido retirada del Premio Goncourt tras las acusaciones sobre el uso de la IA. Sin embargo, este último escándalo obliga a cuestionarnos qué esperamos de los escritores. Algunos autores franceses sostienen que la IA ya forma parte de nuestra vida y que la autoría está evolucionando. Este caso recuerda a otros recientes, como el de Rie Kudan, ganadora del premio literario Akutagawa, o la publicación del libro Hipnocracia, que sacudió el mundo académico.


Una novela superventas ha sido retirada del Premio Goncourt tras las acusaciones sobre el uso de la IA

Anthony Cordingley


El mundo literario francés se ha visto sacudido por un escándalo relacionado con la inteligencia artificial. El autor haitiano-canadiense Thélyson Orélien ha visto cómo su novela era retirada de la lista de finalistas del Premio Goncourt, el galardón literario más prestigioso de Francia, el pasado viernes, poco después de que una cuenta anónima en X afirmara que había sido escrita “casi en su totalidad por inteligencia artificial”.

La novela, intitulada C’était ça ou mourir (que se podría traducir como “Era eso o morir”), narra el peligroso viaje de un haitiano hacia Canadá pasando por Brasil, México y Estados Unidos. El libro encabezó la lista de bestsellers en Francia a principios de septiembre tras su publicación en agosto, y ha vendido unas 35 000 copias. Pero además, el lunes pasado había obtenido otro galardón francés, el Premio Fnac de Novela, y ha recibido críticas muy favorables.

Orélien, de 38 años, emigró a Canadá en 2010 tras el devastador terremoto de Haití que arrasó su hogar. Él niega haber utilizado IA para escribir su obra.

Pangram, que se utilizó para plantear las acusaciones, ha sido calificado como el “estándar de referencia” de los detectores de IA. La Academia Goncourt, que supervisa el premio homónimo, retiró el libro de su lista de finalistas debido a los “resultados sistemáticos de los análisis realizados por investigadores y periodistas de prestigio” que sugerían que la obra era, “con toda probabilidad, en gran parte producto de la inteligencia artificial”.

La editorial francesa de Orélien afirmó que éste comenzó a escribir la novela en 2017 y terminó un borrador en 2019, mucho antes de que la IA generativa estuviera disponible en el mercado. En un comunicado de la semana pasada, Orélien, que es de raza negra, afirmó que había sido víctima de “numerosos ataques racistas” y que “actualmente está recopilando un expediente junto con [sus] editoriales en Francia y Quebec para demostrar [sus] afirmaciones”.

Samuel Fitoussi, columnista del periódico conservador Le Figaro que se ha autodefinido como “bastante de derechas”, ha admitido formar parte del “proyecto colectivo” que hay detrás de la cuenta de X. Sin embargo, el autor de Woke Fiction niega cualquier motivación política y afirma que defiende “el pacto moral que une a un autor con sus lectores” y que “sensibiliza sobre la escritura generada por IA”.

A raíz de las acusaciones sobre la IA, el periódico quebequés La Presse publicó denuncias de plagio en artículos y columnas de opinión escritos por Orélien entre 2012 y 2013. A éstas les siguió una investigación de Radio-Canada, que reveló que “al menos cinco” de las columnas y artículos de opinión de Orélien habían sido copiados parcialmente de textos de otros autores.

La Presse también descubrió, mediante Pangram, que el relato corto de Orélien Où va le monde, galardonado en 2012, contenía “al menos cuatro frases idénticas” a las del libro de Louis Pauwels de 1960, Le matin des magiciens (1960). La Presse se puso en contacto con Orélien, pero éste no respondió.

El escándalo no sólo pone de relieve la fiabilidad de este tipo de detectores, sino que también cuestiona nuestras expectativas respecto a los escritores. Algunos autores franceses sostienen que la IA forma ya parte de nuestras vidas y que la autoría está evolucionando.

¿Hasta qué punto son fiables los detectores de IA?

Orélien ha declarado: “Las imágenes, las repeticiones, los ritmos son lenguaje vivo, son míos. Mis tradiciones son haitianas y caribeñas”.

La pregunta es validad: ¿podría un francés no estándar y muy oral llevar a Pangram a cometer un error?

Para comprobar esta posibilidad, el experto francés en IA Benoît Raphaël presentó dos capítulos de dos —y posteriormente cuatro— novelas haitianas en Pangram. Ambas fueron identificadas correctamente como creadas por humanos.

A continuación, Raphaël introdujo una muestra de la poesía, la prosa breve y los escritos críticos de Orélien publicados antes de 2023, cuando la IA generativa aún no estaba lo suficientemente desarrollada como para producir ese tipo de texto. Estos también fueron identificados como creados por humanos.

Raphaël afirmó que, antes de que estallara este escándalo, había escrito a otro experto en IA para expresarle sus sospechas de que la novela de Orélien se había escrito con la ayuda de la inteligencia artificial. Había detectado los signos reveladores de la prosa generada por IA, incluida la dependencia excesiva de ciertas construcciones retóricas.

Los estudios han demostrado que Pangram es muy preciso a la hora de detectar el uso de la IA, con una tasa de detección exitosa superior al 95 % y prácticamente sin falsos positivos. Aun así, sí que esto se ha dado en algunos casos.

Empero, se ha utilizado para plantear acusaciones sobre otras obras literarias recientes, incluidas las de Jamir Nazir, que fue absuelto oficialmente. Nazir, un escritor trinitense de ascendencia india, explicó al jurado que su proceso de escritura consistía en utilizar herramientas de conversión de voz a texto, seguidas de una edición exhaustiva, debido a sus problemas de salud crónicos.

El novelista canadiense de origen haitiano Thélyson Orélien. / Foto: Joel Saget/AFP (The Conversation).

¿Es aceptable que los autores utilicen la IA?

En la televisión francesa, la autora Virginie Despentes, entre cuyas novelas se encuentra Vernon Subutex 1, rechazó la semana pasada la idea de que los autores deban rendir cuentas por el uso de la IA. “Thélyson Orélien no tiene por qué justificarse […] No tiene nada que ver con nosotros. Escribe como le da la gana. Que le den a Pangram”.

A Despentes le gustaron las frases cortas de la obra, sus poderosas metáforas y su carácter episódico, que considera rasgos típicos de la escritura contemporánea. Raphaël Doan, cocreador de una historia alternativa de 2023 que escribió abiertamente con ChatGPT, compartió pantalla con Despentes. A pesar de la negación de Orélien, Doan afirmó que creía que el autor había utilizado inteligencia artificial, citando el estilo formulista propio de la IA de su novela, las imágenes trilladas y una trama carente de continuidad, que saltaba de una escena a otra (la IA tiene dificultades para mantener una narrativa en prosa convincente a lo largo de cientos de páginas).

Alexandre Gefen, editor de la Historia cultural de la IA, comparó a Orélien con un artista del Renacimiento que llenaba su taller con otros artistas que trabajaban a sus órdenes. La autoría, dijo, siempre ha evolucionado con las tecnologías de escritura.

El éxito comercial de la novela de Orélien demuestra que ha logrado crear una voz auténtica que resulta cautivadora para los lectores. Si utilizó la IA para ello, es imposible pensar que sucediera sin una intensa serie de indicaciones y reajustes.

Quizás, en esta era de la IA, la forma en que los escritores la utilicen se convierta en una habilidad que se pueda emplear bien o mal. La literatura de alta calidad incluirá el uso ingenioso de esta nueva tecnología de escritura, mientras que la mala literatura se caracterizará por un uso perezoso o poco original.

Sin embargo, muchos lectores atesoran un pacto implícito con el autor, en busca de un encuentro íntimo con una subjetividad humana diferente. La crítica literaria lleva mucho tiempo cuestionando esto, sobre todo desde la clásica revelación sobre las numerosas manos que contribuyeron a la escritura de las obras de algunos de nuestros autores románticos más venerados, como la esposa de William Wordsworth, Dorothy Wordsworth.

Del mismo modo que cabría pensar que esos autores también deberían reconocer la aportación de otras personas a su obra, es razonable pedir a los autores que utilizan la IA que lo revelen. Así, los lectores tendrán la opción de participar en este nuevo juego o de optar por no hacerlo.

[Anthony Cordingley: senior Lecturer in English Literature,
University of Sydney. // Fuente: The Conversation;
licencia Creative Commons — CC BY-ND 4.0]

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Una nueva caverna platónica: el caso del libro «Hipnocracia»

Ronald Forero-Álvarez


Sucedió el año pasado. La publicación del libro Hipnocracia: Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad sacudió el mundo académico por doble partida. No sólo fue por su tesis sobre la manipulación política y mediática, ejercida mediante el poder y las fantasías, sino por el descubrimiento de —digamos— su origen “real”.

Jianwei Xun, el supuesto autor, resultó ser una quimera. La periodista Sabina Minardi del diario L’Espresso reveló que Andrea Colamedici, un profesor italiano, había creado el texto y la identidad del autor con inteligencia artificial generativa. El hecho generó un debate sobre la producción del conocimiento, el reconocimiento de la realidad y la responsabilidad autoral.

La declaración de Andrea Colamedici sobre el asunto causó aún más asombro: “Nunca he querido construir una mentira ni hacer una burla para demostrar que los periódicos no son capaces de controlar la información. Me interesaba realizar un performance narrativo que construyera la misma realidad que el libro analizaba teóricamente”.

Desde luego, la expresión “performance narrativo” abre una serie de interrogantes. ¿Puede la IA considerarse coautora? ¿Qué valor tiene en estos casos el conocimiento? ¿Importan más las ideas o su transmisión escrita? ¿Si las ideas son válidas, cambia en algo si quien escribe es una persona o un algoritmo?

Estas preguntas nos trasladan a la autoría en los diálogos de Platón. En la mayoría de los atribuidos al filósofo, la voz principal es la de su maestro Sócrates, quien se negó a dejar obra escrita. Platón lo convierte en personaje para transmitir sus ideas y desarrollar un sistema filosófico.

No obstante, a medida que su pensamiento madura, Sócrates pierde protagonismo hasta que desaparece en Las Leyes, considerado su último diálogo. Teniendo en cuenta esta singularidad y algunas semejanzas con el caso de Colamedici-Xun, podemos preguntarnos ¿qué ideas son de Sócrates y cuáles de Platón? ¿Fue Sócrates catalizador de un performance platónico?

Persuasión aristotélica

En el caso de Hipnocracia, Colamedici diseñó un personaje bastante particular pero vendedor: un pensador chino que acuña un término con raíces griegas —hypno– (“sueño”) y –kratía (“gobierno, poder”)— para criticar a Trump y Musk, además de otras figuras occidentales poderosas en el ámbito político y económico. Dejó la voz y el tono en “manos” de la inteligencia artificial partiendo de investigaciones previas, lo que implicaba la construcción de un discurso a base de probabilidades algorítmicas.

¿El resultado? Los lectores especializados y no especializados no sólo aceptaron la propuesta, sino que la celebraron. El producto era justamente lo que la gente quería oír, de quien lo quería oír, en el momento indicado.

El libro reúne las tres pruebas de persuasión que pueden obtenerse mediante un discurso, de acuerdo con Aristóteles en su Retórica: “unas residen en el talante del que habla, otras en predisponer al oyente de alguna manera y, las últimas, en el discurso mismo, merced a lo que éste demuestra o parece demostrar”.

De esta manera, el ethos (“credibilidad”) es la figura de autoridad oriental que respalda las afirmaciones filosóficas; el pathos (“emoción”) son las pasiones que despiertan las figuras de Trump y Musk en la actualidad; y el logos (“razón”) son los postulados de Hipnocracia coherentes con la situación actual.

Parecería que el problema es sólo una cuestión de mercadeo. ¿Pero entonces qué es lo que genera tanta controversia? La fiabilidad y la validez de las afirmaciones, así como la facilidad de caer en un engaño.

Fantasías más allá de la tecnología

Ya en ocasiones anteriores a las IA, discursos falsos que parecían verdaderos lograron engañar a la comunidad científica.

En 1996, el físico Alan Sokal quiso demostrar la falta de rigor académico de ciertas revistas científicas. El “escándalo Sokal” consistió en la publicación de un artículo deliberadamente absurdo en Social Text. Según Sokal, su propósito fue poner a prueba los estándares intelectuales predominantes mediante un artículo salpicado de disparates, pero que sonara bien y favoreciera las preconcepciones ideológicas de los editores.

Similar fue el caso del generador automático de artículos científicos SCIgen, creado por investigadores del MIT, con el que se han logrado publicar varios textos en revistas científicas. Los artículos están registrados en su página web y ponen al descubierto el negocio detrás de este tipo de publicaciones.

Un elemento más se suma a esta entelequia: la apariencia real de las cosas creadas por una IA.

El fotógrafo Jos Avery confesó en 2023 que sus retratos virales en Instagram habían sido hechos por una IA. Otro caso fue el de la escritora japonesa Rie Kudan, ganadora en 2024 del prestigioso premio literario Akutagawa, quien aseguró que el “5 %” de su novela había sido escrita con ayuda de ChatGPT.

Los casos anteriores indican que cada vez es más difícil distinguir los productos de las IA, lo cual remite a otro principio socrático-platónico expresado mediante su famosa “alegoría de la caverna”.

Una nueva caverna platónica

Platón —o Sócrates— narra en el libro VII de La República cómo un prisionero que se encuentra en el fondo de una caverna es liberado y puede ver la luz cuando sale de ella. En el camino se da cuenta de que toda su vida había pensado que la realidad eran las sombras proyectadas en el muro de su celda. Consciente de ello, regresa para revelarles a sus compañeros de prisión el engaño en el que han vivido, pero éstos no le creen y terminan por asesinarlo.

La alegoría muestra cómo el mundo, captado e interpretado únicamente a través de los sentidos, puede engañarnos, por lo que la razón tiene que intervenir en el proceso de análisis de lo que percibimos. De ahí que, como cada vez es más difícil distinguir lo hecho por las IA, pareciera que se nos estuviera recluyendo en una nueva caverna y estuviéramos conformes con el mundo de apariencias que se nos representa.

Este fenómeno parece ya estar pasando. El director de L’Espresso, Emilio Carelli, declaró el año pasado: “Si las tesis del libro son correctas, o al menos han sido capaces de encender un animado debate cultural que ha involucrado a intelectuales y filósofos […] ¿qué importa que la haya escrito la inteligencia artificial? ¿O, como en este caso, si han sido cocreadas con la IA?”.

Un aspecto fundamental que debemos tener en cuenta es que las IA no son neutrales. Sus respuestas contienen los sesgos y las intenciones de quienes las programan, así como las estructuras de poder que las determinan. El riesgo de aceptar sin criterio este tipo de sombras “oníricas” —reelaborando el planteamiento de Hipnocracia— no está solamente en lo que dicen, sino en lo que ocultan. La falta de una persona en la autoría libra de toda responsabilidad al discurso ante las consecuencias de sus afirmaciones y esconde sus motivaciones intrínsecas.

El caso Hipnocracia no sólo llama la atención sobre los límites difusos de la autoría y la coautoría en la era digital. También nos invita a recuperar el espíritu que fundamenta la filosofía y a preguntarnos siempre quién habla, por qué lo dice y qué verdad hay en ello, tal como los eruditos han hecho al cuestionar hasta qué punto la obra de Platón refleja realmente el pensamiento de Sócrates.

Igualmente, surge la pregunta de si seguimos siendo capaces de distinguir entre lo auténtico y lo que no lo es en un mundo donde lo artificial puede sonar verosímil, conmovedor y razonable. El auge de las IA pone a prueba la capacidad de discernimiento de los seres humanos. Debemos recordar en todo caso que hay una salida de la caverna: pensar, reflexionar y tomarse el tiempo para comprender lo que nos rodea es el primer paso del camino que lleva a la luz del conocimiento verdadero.

[Ronald Forero-Álvarez: filólogo clásico,
Universidad de La Sabana / Fuente: The Conversation;
licencia Creative Commons — CC BY-ND 4.0]

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