Escuchar esta nota
Detenido
Junio, 2026
Nació en 1956 en la Ciudad de México. Es poeta, ensayista, novelista y traductor. También ha ejercido el periodismo como columnista, y, tras el terrible asesinato de su hijo Juan Francisco (en 2011), es activista, fundando además el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Autor de una veinte de títulos —su libro Tríptico del desierto obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes en 2009—, el escritor Javier Sicilia llega a las siete décadas de vida. Víctor Roura escribe sobre ello.
1
Cuando apareció el libro Permanencia en los puertos, de Javier Sicilia (nacido en la Ciudad de México el 31 de mayo de 1956, recién septuagenario), volumen que anunciara —según consta en los archivos de la Editorial Era, que publicara el libro en 1982— “la extraña presencia de un joven poeta católico en medio de una poesía mexicana dominada por los herederos de la vanguardia”, ya tres años antes el jalisciense Ricardo Yáñez (1948) había publicado, en la Universidad de Guadalajara, Escritura Sumaria, donde recurre constantemente a Dios:
Este baño es mi castillo,
y estos orines mis ríos,
y esta flor,
esta flor
Eres
tú,
Señor.
Pero después Ricardo Yáñez andaría otros caminos literarios (los encuentros amorosos y la búsqueda de sí: “Canciones en melancólico inglés/ acompañadas con mariachi/ escuchas. / Has estado en reposo mucho tiempo,/ has entendido al fin lo que es la vida,/ preparación para la muerte/ que es —o debe ser— la vida. / Fragmentario es tu amor, criticables/ tus modos de acercarte/ a la eterna sorpresa de lo real./ En ningún cumpleaños, ahora lo sabes,/ nadie podrá nunca regalarte/ el estar de tu corazón consigo mismo”, dice en el libro Dejar de ser, que Era le editó en 1994), mas ni Ricardo Yáñez ni Javier Sicilia (y he allí los desalientos, o las desilusiones, o los desencantos, o las contrariedades de una antología, cuando se toman como tales, es decir cuando quieren ser, de veras, un muestrario completo de lo que se está hablando) están incluidos en Deíctico de poesía religiosa mexicana (Lumen, 2003), nada menos que de don Raymundo Ramos (fallecido en su natal Piedras Negras en el último día del año de 2017 a sus 83 años de edad), quien incluyó casi 200 poemas seleccionando, entre otros, a Bernardo de Balbuena, José Agustín de Castro, Antonio Plaza, Manuel M. Flores, Manuel Caballero, Francisco González León, Manuel Ponce, Gabriel Méndez Plancarte, Joaquín Antonio Peñalosa y Jesús Arellano, pero no al poeta contemporáneo con mayor inclinación hacia Dios: Sicilia.
¿Por qué?
Porque siempre en una antología se recurre, necesariamente, o a la arbitrariedad personal (¿no en 1984 Carlos Monsiváis publicó la antología de cuentos Lo fugitivo permanece excluyendo a Juan Rulfo e incorporando a su amigo Héctor Aguilar Camín como agradecimiento por haber editado su libo en Cal y Arena, la editorial del director de la revista Nexos?) o al desconocimiento del paisaje entero: el antólogo no puede, o no quiere, leer todos los libros que circulan en el mercado. Y cuando el volumen de don Raymundo Ramos salió, ya tenía más de 20 años en circulación el primer libro de Javier Sicilia.
2
En 2009 obtuvo Javier Sicilia con su Tríptico del desierto (Editorial Era) el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes.
En las urnas de arena
desnudo en la mañana
desnudo por la noche
habita el cuerpo de la Resurrección
bóvedas de cielo y suelo de tierra
el tiempo fluye en la creciente
ya cicatrizado
la noche descorre sus velos
el cosmos continúa
los vestidos caen
y los miembros a salvo en sus urnas de arena
aguardan como puntos luminosos en medio del silencio.
En 2011, luego de haber publicado nueve poemarios, Javier Sicilia renunció voluntariamente a la poesía, después de escribir la última (“El mundo ya no es mundo de la palabra./ Nos la ahogaron adentro/ como te asfixiaron,/ como te desgarraron a ti los pulmones/ y el dolor no se me aparta. / Sólo tengo al mundo./ Por el silencio de los justos/ sólo por tu silencio y por mi silencio, Juanelo…/ El mundo ya no es digno de la palabra,/ es mi último poema,/ no puedo escribir más poesía…/ La poesía ya no existe en mí”), en el momento en que fue enterado del asesinato de su hijo Juan Francisco en Morelos —a finales de marzo de 2011— debido a la infructuosa, inútil, debilitada, absurda guerra contra el narcotráfico que emprendió Felipe Calderón durante su mandato presidencial (2006-2012).
Sí, el escritor ha publicado libros posteriores de narrativa como El fondo de la noche (2012), y las reediciones de Viajeros en la noche (2014), El bautista (2014), A través del silencio (2015) y La confesión (2016), pues, como bien apuntara en marzo de 2011, haría a un lado la poesía, confirmando con Vestigios (2013) su mortuoria declaración poética: si bien fue editado en 2013 es un libro que congrega poemas trabajados a lo largo de aquel escabroso año 2011, y en 2023 saldría Indicios de la presencia desierta, una compilación exploratoria sobre la temática del desierto en otros autores, antología poética publicada en la serie de Viva Voz, grabada por el propio Javier Sicilia, en una edición de la UNAM.
El escritor, encolerizado acaso por el desinterés en su caso por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien prometiera inútilmente acabar con la corrupción en el país, escribió linduras inconcebibles, extrañas en un escritor con su cordura, como afirmar que el mandatario actuaba como Hitler lo hiciera en su momento en Alemania, lo cual lo acercaba, a Sicilia, con aquellas voces discordantes que pedían la decapitación del tabasqueño. Y, sí, en el obradorismo el Primer Ejecutivo desatendió groseramente a la cultura y a sus creadores nacionales, pero de ahí al fascismo, con fortuna, había un desmesurado paso.

3
Pocos meses después del retiro de Javier Sicilia de la poesía, en la colección bibliográfica Cuadernos de El Financiero, en junio de 2011 —con prólogo y selección de Eusebio Ruvalcaba—, se publicó el libro Poemas para un poeta que dejó la poesía que incluía 70 poemas de igual número de autores.
En la presentación, Eusebio Ruvalcaba (1951-2017) apuntaba que “los acontecimientos atroces conmueven, sublevan a los poetas. Y la poesía da cuenta de esta indignación. Entonces la poesía fluye como un río que irriga el alma de los hombres”.
Cada poeta, decía Eusebio Ruvalcaba, “lo manifiesta a su modo. Como acaso lo observe el supuesto lector, el espectro poético de esta antología es tan versátil como enriquecedor. Hay poemas punzocortantes, como el llamado filo que hacen los reclusos con sus propias manos, sea para defenderse o para matar. Hay poemas silenciosos, más cerca de la cripta que del mausoleo, cuya voz sólo se escucha si cerramos los ojos y guardamos silencio. Si miramos hacia nuestro interior. Si descubrimos la parte por el todo. Y poemas que rayan la intimidad feroz de una declaración de odio, cuya lectura mueve a la ira, o bien al remordimiento”.
El poemario, pluralizado a todos los creadores de la República Mexicana (porque la convocatoria se mantuvo abierta hasta poco antes de la edición del libro), incluso llegó a Europa; “La poesía es como una esfera de barro que hiciera un niño para nosotros —decía Eusebio Ruvalcaba en el prólogo—. Que llega a nosotros en el mejor momento, cuando todo parecía venirse abajo. En escasas tres semanas, nació y culminó la gestación de esta antología. Hasta llegar a su integración total. El primer asombrado es quien esto firma. Salvo contadísimos casos (que respeto; si para algo sirve la poesía es para unir, no para separar), por parte de los poetas no hubo más que comprensión y apoyo. A lo que se sumaron los señores españoles convocados (Eloy Sánchez Rosillo, Vicente Gallego, José Rubio, Rafael Adolfo Téllez, José María Álvarez y Luis Antonio de Villena), que desde la misma España no solamente estaban enterados de los tristes sucesos que dieron lugar a esta compilación de poemas, sino que enviaron su material a la brevedad, de un día para otro si no es que en el tramo de unas cuantas horas”.
La intención primera de Eusebio Ruvalcaba, al crear esta antología, fue que Javier Sicilia se sintiera “acompañado en su pena”.
A tres lustros de aquella tragedia y ya con siete décadas en la vida de Javier Sicilia, reproducimos sólo siete poemas de la antología:
Una carta a Eusebio Ruvalcaba sobre Javier Sicilia
José Emilio Pacheco
Para hablar del dolor más íntimo y más público,
ese dolor que incendia a Javier Sicilia,
no pretendo ninguna autoridad. Mal podría
aconsejar y mucho menos imponer nada.
Una cosa que alabo del poema
es su capacidad de llevarme siempre
al terreno del otro,
de ponerme en su piel y darme
la perspectiva ajena que sin él no tendría.
Pero esta vez me siento derrotado.
Soy incapaz de imaginarme
lo que siente Javier Sicilia.
Sin embargo me explico su voluntad
de no volver a escribir poesía,
la poesía culpable que fue incapaz
de proteger a su hijo Juan Francisco.
Mi única autoridad en este caso
es la de haber sido su lector
a lo largo de muchos años.
No nada más quiero seguir leyéndolo siempre.
Pienso que cada verso por humilde que sea
es un guijarro contra la barbarie,
una llamita entre la oscuridad,
un dibujo a ciegas
en la caverna a la que hemos regresado,
un segundo de paz entre la violencia
omnipresente y proliferante.
Javier Sicilia tiene la palabra.
Si él decide callar
todos quedamos en silencio
ante el horror y la sangre.
Lo que escucho en Sicilia
Araceli Mancilla
Para ganar el privilegio de la paz
deshazte de tus privilegios.
Deja de habitar, comer y reír con holgura
cuando muchos sólo tienen lugar para mirarte.
Para ganar el privilegio de la paz,
cuídate de ser gobernado por hombres
y mujeres roídos por la desesperación, pues
será su único interlocutor y las batallas más feroces
quieren salvar el amor propio.
Para ganar el privilegio de la paz
si eres varón, toma a un niño recién nacido;
críalo como una madre hasta que diga sus primeras
palabras y dé sus primeros pasos.
Si eres mujer, haz guardia a solas en la oscuridad,
reconoce sus sonidos y pierde el miedo
a los seres de la noche.
Para ganar el privilegio de la paz,
di No a quienes deciden convertirnos en un
cementerio mientras otros se divierten
sin violencia.
Para ganar el privilegio de la paz,
piensa en ella.
Javier
Juan Gelman
Javier:
El Poeta que abandona a la Poesía
será castigado por Ella:
volverá.
Tu silencio nos duele
Rosalba Robles Vessi
El silencio es la muerte
y tu dolor me duele.
Me duele por ti, por mí
y por todos.
El silencio, tu silencio, nos duele
y cuánto duele este país.

El silencio (sentencia de un poeta)
Enna Osorio
Solemos recogernos en torno a un centro.
Es el curso del aire
y sus corrientes disponen paisajes,
labran los caminos para la tierra que versa.
Somos mitad planta y mitad animales.
Nuestra naturaleza extiende su mirada sobre el campo,
entre montañas,
por el desierto hasta la costa,
dentro del mar.
El vuelo alimenta esa parte aérea.
Conocemos la violencia en los giros extremos del viento,
bajo las voces punzantes de la tormenta
en que la fisura nace como una senda grave.
Allí siempre es de noche,
por eso la vida es otra
y sólo la parte animal se conserva.
Llegamos hasta el abandono;
luego
despuntamos la voz.
Lo único que no podemos
es perder el centro,
nombrar desde la no-palabra.
Enterrar a un hijo
cuya vida ha sido cercenada.
Emerger de esta fractura
donde el juicio condena
y proyecta un viaje
sobre nada.
Cierto silencio
Eduardo Hurtado
El silencio mayor no da en la muerte.
Sólo callan los vivos; los actuales
que no ejercen la voz
para entonar ausencias; los que un día
versaron a la luz del asombro y lo posible,
y hoy deciden bordear
bajo el signo de un habla sigilosa.
Silencio es mucho más que un cántico florido.
Es gritar hacia dentro “estoy falto de lumbre
y horizonte, mondo de haber amado, fértil
de estar cosido a lo indecible”. La más grande
metáfora es callar, repetir
la orfandad de cada cosa
—Como el que escribe “a ver”
hundido en la tiniebla.
Infatigable insomnio
Víctor Roura
I
Un encarcelamiento
es también el secuestro: horas de tortura,
de desvelo, de insomnio.
Como en la cárcel, mirando paredes
sin ventanas, sin luz propia,
sin vida, sin respiraciones.
¿Para qué el sacrificio humano?
La violencia es la madre de la sinrazón,
de la ignorancia, del poder a oscuras.
¿Para qué la difuminación de la vida?
La muerte en la noche no revela nombres:
oculta rostros, gestos, temores, miedos.
La noche es negra porque es nada.
Como nada es la vida frente a la metralla.
Las palabras sobran si los odios son finitos.
II
Hoy no te beso porque mañana voy a morir.
¿Y cómo estoy informado de mi inminente muerte?
Porque todos estamos a un paso de ella:
salimos de casa, pero no regresamos.
El pánico lo veo en tus ojos, cariño,
porque sabes que puedo perderte una tarde,
una sábana, una huella, una imploración.
III
¿Por qué voy a matar si hasta ahora nadie me ha matado?
Un encarcelamiento es también el secuestro.
No sé cuánto llevamos con el susto en los pulmones,
pero el tiempo no se mide en las lágrimas
que vierto en tu ausencia.
IV
¿Por qué me quitas lo que más quiero
si yo no te conozco e ignoro tu dulce mirada?
La cárcel también es el pecho oprimido,
es la piel que se marchita,
es el ansia que ya no puede gritar.
V
¿Para qué el sacrificio humano si los dioses
no se alimentan ya de los cuerpos ajenos?
Una cárcel es también mi casa
cuando están ausentes los que debieran estar,
cuando no escucho tu voz,
cuando tus ojos están cerrados,
cuando no brota sangre de tu corazón.
VI
Horas de tortura, de desvelo,
de infatigable insomnio.
Como en la cárcel, mirando paredes con retratos invisibles,
sin luz propia, sin vida, sin respiraciones.
Sin palabras. Porque yo no soy si no tengo palabras.
¿Porque para qué tenerlas si no son audibles,
si nadie las escucha, si nadie las cobija,
si nadie las contempla, si nadie las recuerda?![]()



