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Los motivos de Bembeya

Junio, 2022

En su revisión de los sonidos africanos, Constanza Ordaz se detiene, en este nueva entrega, en la poderosa Bembeya Jazz National, una banda que “dejó un claro testimonio de los tiempos de ruptura que se experimentaban en el arte continental a raíz de la ola independentista que recorría a casi todos los países africanos”.

Una banda legendaria

El destino de la banda seminal Bembeya Jazz National fue el de abrir definitivamente los sentidos de los músicos guineanos a la vida moderna para conmover a una nueva generación juvenil urbana ansiosa de liberar su energía.

La estela de la Bembeya Jazz National, marcada por un sencillo puñado de discos, dejó un claro testimonio de los tiempos de ruptura que se experimentaban en el arte continental a raíz de la ola independentista que recorría a casi todos los países africanos.

Rememorar a la Bembeya Jazz significa la evocación de su magisterio vigente aún hoy en los días presentes, de ahí la importancia de rescatar algo de su legado a la manera de Frank Tenaille tomando ciertos fragmentos de su libro La música es el arma del futuro (Fifty Years of African Popular Music, Editorial Lawrence Hill Books, Chicago, 2002).

Un guitarrista y un cantante

Cuando se formó en 1961, en el sudoeste de Guinea, la Bembeya Jazz era sólo una banda especializada en temas cubanos, pero con la incorporación del joven guitarrista griot Sékou Diabaté empezó a introducir elementos del folclor guineano. Sin embargo, no fue sino hasta la llegada de Aboubacar Demba Camara, un tímido carpintero que convertía su tartamudeo habitual en un canto de excepcional fluidez, cuando el grupo cristalizaría su sonido definitivo.

Bembeya ganó el concurso bienal de grupos regionales en 1964, dos años antes de que fuera nombrada orquesta nacional, convirtiéndose en bandera de la campaña de autenticidad cultural del presidente Sékou Touré.

Su primera canción significativa: “Ballake”, homenaje a un luchador contra los invasores franceses, proporcionó arreglos modernos al tradicional elogio mandingo, estableciendo un fondo solemne para las caricias de la voz de Camara. De pronto, la guitarra de Diabaté era barrida por la irrupción de dos vigorosas ráfagas de viento que inducían a Camara a emitir una serie de gemidos guturales y extrañas carcajadas.

Los elementos clave del estilo Bembeya ya estaban fijados como arreglos inventivos sobre el folclor apoyando a un cantante intenso e imprevisible, fórmula aplicada a una amplia gama de material, desde la epopeya histórica de Regards sur le Passé hasta las adaptaciones de los highlife “Mami Wata” y Whisky Soda”. En el tema “Doni Doni”, Camara arrastra, ebriamente, las palabras reflejados en la vida urbana.

Dos testigos eternos

Sus dramáticos conciertos concretaron su reputación y el optimismo de la época fue captado en la primitiva grabación en directo 10 Ans de Succes, donde incluso Camara se burlaba de su tartamudeo en el tema “Tentemba” (una historia de brujería y locura). En 1971, durante el primer festival panafricano Festac, en Argel, Bembeya arrasó a todos sus oponentes obteniendo la medalla de plata. Por supuesto, un grupo argelino ganó el oro.

Dos años después, el avance triunfal de la banda se vio truncado por la muerte de Demba Camara en un accidente automovilístico en Dakar. Muchos creyeron que Bembeya Jazz había muerto con él, pero tras un descanso de un año el resto de la formación supo recuperar su fama internacional volviendo a ser la comidilla en el segundo Festac —ahora en Lagos— en 1977; Sékou Diabaté ganó el apodo de “Dedos de Diamante” y durante la clausura del festival, compartiendo escena con los zairenses Franco y Rochereau, éstos no pudieron dar ninguna respuesta a sus extravagantes solos.

Empero, la crisis económica y política de su país no le permitió a la banda aprovechar este triunfo. Los Bembeya no volverían a grabar sino hasta la muerte del presidente Sékou Touré en 1984, cuando viajaron a París y editaron dos discos de escaso éxito; los tiempos habían cambiado y el antiguo adalid ya estaba pasado de moda.

Su disolución final, en 1991, pasó casi inadvertida; no obstante, cualquier grupo africano que intente modernizar su folclor siempre estará en franca deuda con Bembeya Jazz National pues, como dice Diabaté: “Bembeya abrió la puerta”. Aún puede escucharse la guitarra acústica de Sékou Diabaté acompañando el canto de su hermana Sona, o en Diata, un disco instrumental editado en Guinea en 1994, que demuestra el persistente brillo de los “Dedos de diamante”.

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