Lo hice por el punk: la historia de Los Violadores contada por Sergio Gramática

El baterista de la banda argentina publica su autobiografía…

Existen diferentes formas de contar una historia: escribiendo desde lo simbólico, mitos, leyendas, o narrando los hechos tal cual fueron. En su autobiografía, el baterista y fundador de Los Violadores repasa su vida y su carrera atravesada por el punk, donde no falta el recuerdo de Pil Trafa, amigo y compañero de mil batallas (fallecido en 2021). Publicado por Mala Difusión Almacén, Lo hice porque me lo prometí no es sólo un libro descriptivo de los hechos sino que también es la reivindicación de una de las bandas más influyentes de la historia del rock argentino. Con él, con Sergio Gramática, es la entrevista…


Sergio Gramática es baterista y miembro fundador de Los Violadores, la banda más influyente del punk argentino. En esta conversación, reflexiona sobre la edición de Lo hice porque me lo prometí, una autobiografía donde relata en primera persona su infancia en San Justo, el impacto y la influencia que le causó descubrir a Óscar Moro sentado a la batería de Los Gatos, los inicios con Los Violadores en una incipiente escena punk que afloraba en la Buenos Aires de principios de los ochenta y del dolor que le causó la prematura muerte de Pil Trafa.

—En el libro le dedico un capítulo entero a Pil. Cuando me enteré de su muerte, no lo podía creer, y a partir de ese momento intenté hacer mi vida normal, pero la verdad es que cada día lo extraño más —dice Sergio Gramática—. Fue una pérdida muy importante porque además se trató del primer cantante y frontman de la histona del punk argentino.

—¿Qué te motivó a escribir tu autobiografía?

—En el momento más crítico de la cuarentena impuesta a causa de la llegada de la covid-19, empecé a recibir mensajes de gente de todas partes del país ligada a radios o grupos de fans de Los Violadores que quería que contara sobre los inicios del punk. A todos ellos le respondí disculpándome, pues en aquellos momentos no estaba de ánimo para hacerlo. De todos modos esa situación me llevó a preguntarme por qué no empezaba a escribir sobre lo que me pedían (¡sin saber que todo iba a terminar en un libro!); así que empecé desde mi infancia a los 10 años incluyendo fotos de mi archivo personal y no paré hasta llegar a la actualidad. Y de esta manera es que también le pude encontrar un sentido a la pandemia, pues disparó el hacer algo creativo y que terminó materializándose en Lo hice porque me lo prometí.

—Escribir sobre tu propia historia no debe ser fácil. Pero lo bueno que tiene es que evita malos entendidos porque es tu voz, nadie la cuenta por ti…

—Es un trabajo muy duro el escribir un libro, por eso es que también sentía que era ahora o nunca. Porque si bien es verdad que hay muchos músicos que no se acuerdan nada de los ochenta, yo por suerte aún tengo los recuerdos frescos en mi memoria que me ayudaron a ir completando el texto poco a poco. Por otra parte, y respondiendo a la segunda parte de tu pregunta, existía ya una biografía de Los Violadores que si bien fue escrita con buenas intenciones está llena de inexactitudes. Por eso creo que mi trabajo, que son mis propias vivencias, viene a corregir un poco eso.

Lo hice porque me lo prometí tiene en sus primeras páginas una mención a Óscar Moro. ¿Qué significó para ti, aún siendo niño, haber visto en escena a quien fuera baterista de Los Gatos y Serú Girán?

—Para mí Óscar Moro fue fundamental. Por eso el libro comienza cuando a los 10 años mi abuelo me llevó a ver a Los Gatos al Club Huracán de San Justo que solía traer muchas bandas para actuar los sábados en la noche. Y cuando vi la batería Ludwig de doble bombo dorada no lo podía creer. Recuerdo preguntarme cómo haría este tipo para poder tocar eso (risas). Por eso digo que ver tocar a Moro fue mi inspiración.

Sergio Gramática. / Foto de Juli Ortiz.

—Inspiración que terminó originando tu relación con la batería.

—Totalmente, al poco tiempo me regalaron una batería profesional, de marca Nucifor, y me mandaron a estudiar a un conservatorio que quedaba en la esquina de mi casa. Que ahora, y viéndolo a la distancia, me terminaron frenando un poco porque allí usaban métodos muy antiguos. Por eso puse en el prólogo del libro que yo aprendí a tocar la bata como una venganza de mi mano izquierda. Porque en el conservatorio me hacían agarrar los palillos como lo hacía Charlie Watts, con ese estilo jazzero que el baterista de los Rolling Stones tenía para tocar y al cual yo me resistía. Motivo por el cual estuve cursando solo un mes y me fui, porque no concibo la música como algo sistemático, estricto y leído con partituras.

—Esto que dices cumple con una de las premisas del punk, que es: “Hazlo tú mismo”.

—Exacto. Por eso soy autodidacta, porque como bien enseña el punk: todo sale de la intuición. Yo aprendí a ser baterista de tanto ver, escuchar y practicar. Y teniendo como modelos a esos primeros rockeros como Pappo o Moris, que tocaban de una manera muy libre.

—Teniendo en cuenta los cuerpos y los tonos que tiene el instrumento, ¿cuesta domar la batería?

—La batería, como alguna vez dijo Pappo con respecto a la guitarra, es infinita. Porque con ella puedes hacer las combinaciones que quieras. Sí cuesta domarla, porque para poder hacerlo tienes que vencerte a vos mismo. Es como enfrentar a un toro salvaje que sólo vas a poder doblegar con muchos años de práctica y constancia. Teniendo en cuenta además que la música de Los Violadores no es tan sencilla. Es muy exigente como la de Ramones, por ejemplo. Marky, su baterista, alguna vez dijo: “La gente piensa que esto es fácil y nada que ver. Hay que saber sostener la intensidad y la energía que se necesitan para tocar punk rock”.

—Hace unos días me encontré con la periodista Lala Toutonián. Ella me decía que considera que eres el primer punk argentino. ¿Concuerdas con esto?

—Es posible que así sea, especialmente por haber sostenido esta cultura toda mi vida. Y por la constancia también… Es cierto: fue Hari B el que puso un aviso en la revista Pelo que yo contesté para de esta forma comenzar la historia de Los Violadores. Después, el se retiró tempranamente y se convirtió en guía de alta montaña en la Patagonia luego de grabar el primer disco homónimo de la banda en 1983. En cambio, yo seguí adelante con el punk resistiendo el paso del tiempo. Así que Lala tiene razón. (risas)

—Mencionaste a Hari B quien decidió muy pronto abandonar la escena. Con él empezaste Vaselina, considerado el primer fanzine punk de Argentina…

—El fanzine Vaselina lo empecé justo cuando Hari tuvo que hacer la colimba [servicio militar]. Recuerdo que yo tenía una vieja máquina de escribir que heredé de mi abuelo, con la cual empecé a escribir las cosas que me interesaban del punk. Luego, salía a repartir en mano los números al parque Rivadavia donde también se intercambiaban discos de vinilo. Por otra parte, debo decir que antes de la pandemia me encontré con Hari B por intermedio del periodista Mariano Asch, quien me avisó que estaba en Buenos Aires. Como no tenía una foto de la primera época de Los Violadores con él para incluir en el libro, nos encontramos después donde intercambiamos la carta que yo había mandado a la revista Pelo para conectarme con él, con una imagen del grupo donde estamos juntos Hari, Pil Trafa, Stuka y yo.

—Alguna vez dijiste que Mercado indio (1987) es el mejor álbum de Los Violadores. ¿Por qué?

—Si bien es muy difícil escucharse a sí mismo, para mí es el mejor porque al ser el quinto disco ya estábamos tocando bien y muy ajustados. Veníamos de hacer muchas giras exitosas y contamos además con la producción artística de Michel Peyronel, histórico baterista de Riff, quien había trabajado con nosotros en el primer álbum de Los Violadores. A eso hay que agregarle la calidad del audio de sus nueve canciones y la madurez que había alcanzado la banda… En esto de señalar a Mercado indio como el mejor trabajo de Violadores también coincidimos, como en tantas otras cosas, con Pil Trafa.

—¿Por qué decidiste abandonar el grupo justo en el momento de mayor éxito y popularidad? ¿Los problemas que siempre hubo entre los integrantes de Los Violadores influyeron para tu alejamiento?

—Me fui porque quería que todo quedara en los mejores recuerdos, y sinceramente no fue una decisión fácil de tomar ya que no lo hice de un día para el otro. Por otra parte, es verdad lo que dices: existían problemas entre nosotros que nos acompañaron desde los inicios. Pero, también, los había de contrato y relación con Mundy Epifanio, un productor que fue muy importante para la banda. Se percibían esas tensiones internas que hay en toda agrupación cuando llegan a la cima y experimentan lo que es el éxito y la fama. Sin embargo, antes de irme cumplí con todos los compromisos de contrato que incluyó la presentación de Mercado indio en el estadio Obras Sanitarias y un par de show más.

—Y partiste a México donde por ejemplo volviste a tener contacto con Soda Stereo. Una banda con la que siempre los unió una gran relación a pesar de las diferencias estéticas y musicales.

—Es que con Soda empezamos juntos en el Café Einstein, el boliche que tenía Omar Chabán y Sergio Aisenstein a principios de los ochenta. Después los vi actuar varias veces en la Esquina del Sol donde conocí a Gustavo Cerati. Un tipo muy abierto que me hablaba de Sex Pistols y The Clash. Entonces, cuando me fui a vivir a Tijuana, una ciudad fronteriza de México muy cercana a California (USA), ellos estuvieron ahí siendo ya una banda muy famosa. Recuerdo que estaban recorriendo el continente con la gira presentación de Canción animal (1990), para mí, además, su mejor trabajo. Y no dudé en ir a verlos cuando Zeta Bosio me invitó a ver el show desde el costado del escenario. Lo cual me hizo dar cuenta lo que significaba el rock argentino y de la tremenda importancia que tenía en la región. Y me puse a pensar de dónde salimos ambos grupos y de cómo tanto Los Violadores como Soda Stereo terminamos tocando para miles de personas

—En tu libro le dedicas un capítulo entero a Bernard Shaw (1856-1950). ¿Qué te llevó a escribir sobre el autor y dramaturgo irlandés?

—Escribir sobre Bernard Shaw tiene que ver con que mi abuelo era sobrino de la actriz italiana Emma Gramática, considerada una de las más grandes artistas de teatro del mundo. Aquí en Argentina ella llegó a filmar dos películas, una con Hugo del Carril llamada Pobre mi madre querida (1948), dirigida por Homero Manzi y Ralph Pappier, y la otra junto a Mecha Ortiz cuyo título fue Mi vida por la tuya (1951), con la dirección de Roberto Gavaldón. En total filmó más de 25 largometrajes, la mayoría en Francia e Italia, donde también protagonizó Milagro en Milán (1951) de Vittorio Lezica, un clásico del neorrealismo italiano. De este modo, ella será la que descubra la figura de Bernard Shaw en su gira por Europa recomendando prestarle atención a este escritor formidable. Así que cuando leí su obra me pareció que Shaw era un verdadero punk de la Inglaterra del siglo XIX por lo sarcástico y denso de sus escritos.

—Fuiste muy importante no sólo para reunir el grupo, sino también para la realización del histórico concierto del Luna Park en 2016. Cuéntanos algunos detalles de cómo se gestó todo…

—Las tratativas que culminaron con el show en el Luna Park de 2016 comenzaron cinco años antes. Recuerdo que un día, haciendo memoria, me di cuenta que la historia de Los Violadores, que comencé junto con Stuka, databa de 1981. Por lo cual, me pareció que por haber pasado 30 años era oportuno hacer algo en conmemoración. Entonces llamé a Pil, con quien siempre tuve una gran relación, y quedamos en encontrarnos la próxima vez que él viajara a Buenos Aires desde Perú donde vivía. Al poco tiempo nos reunimos, le comenté la idea que tenía y aceptó enseguida. Después nos pusimos de acuerdo con El Polaco Zelazek y Stuka que también vivían en el exterior, y todo fue tomando forma. Además (y como dato de color), el mismo día que firmamos contrato con Santiago Cichero de la productora Hellnoise, quien se hizo cargo del concierto, coincidió con la presentación de 1, 2 ultra violento. La historia de Los Violadores (2015) de Esteban Cavanna, en el Centro Cultural San Martín.

—¿Qué te pasó por el cuerpo la noche del concierto, al ver el Luna Park repleto y tocar con Los Violadores, 27 años después?

—Fue todo muy emocionante. Por ejemplo, como llegamos temprano pudimos observar mientras se iba colmando el lugar a los padres llevando a sus hijos al concierto, algo que fue maravilloso. Porque los ensayos previos hacían que no tuvieras tiempo de pensar mucho en lo que iba a pasar con la gente. Había que tocar y preparar muy bien los temas que hacía mucho no interpretábamos porque todo iba a ser filmado en blue ray con la mejor tecnología, grabado y editado en vinilo. Y por suerte quedó un gran registro de una noche increíble. Es cierto, habíamos tocado para multitudes como aquella vez en la Plaza de Toros de Acho, en Perú de 1987, pero ver el Luna repleto fue muy especial. Y si bien pudimos hacer una segunda fecha, decidimos que sólo se tratara de una única y recordada función. Además recuerdo decirles a los chicos que el regreso teníamos que hacerlo mientras estuviéramos vivos, porque muchas bandas colegas de los ochenta no pudieron hacerlo (ya que, por ejemplo, Luca Prodan, Miguel Abuelo y Federico Moura murieron tempranamente). Por suerte, nosotros sí lo pudimos hacer.

—Para cerrar, no puedo dejar de preguntarte por la tan prematura muerte de Pil ¿Cómo te enteraste y cómo te pegó su desaparición física?

—En el libro le dedico un capítulo entero a Pil. Recuerdo recibir la noticia de su fallecimiento muy de madrugada por medio de un mensaje de texto que no tenía remitente y que sólo decía: “tristeza infinita”. Pero entre sueños, todo era muy confuso. Así que ni bien me levanté de dormir puse una radio y confirmé la lamentable noticia, no lo podía creer. A partir de ese momento intenté hacer mi vida normal, pero la verdad es que cada día lo extraño más. Fue una pérdida muy importante porque además se trató del primer cantante y frontman de la histona del punk argentino. Por eso es que deseo que su memoria sea homenajeada siempre.

[Fuente: Agencia Paco Urondo; texto reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons.]

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