Mayo, 2026
Profesor en la Universidad de Barcelona, ensayista, también poeta, el argentino Edgardo Dobry ha publicado América en sus poetas / Una cartografía lírica del continente, en donde echa una mirada y examina las circulaciones y cruces entre escritores de nuestra zona. Apuntan los editores en la contra: “América no es una unidad sino un conjunto con algunos rasgos comunes, sin ignorar las grandes diferencias, sobre todo entre la angloparlante y la América Latina. La inclusión de poetas de esas dos Américas en un mismo trabajo es una decisión y no una obviedad”. Sin embargo, hoy ¿cuáles son los rasgos que las unen? “La constelación de voces que se encuentra en este libro señala un claro vínculo de impulsos e inquietudes compartidos. En los versos de poetas de Estados Unidos, Argentina, Nicaragua, Chile, Perú, Cuba y México encontramos algunas respuestas y, al mismo tiempo, nuevos interrogantes”. Albert Gómez ha conversado con Edgardo Dobry.
Albert Gómez
¿Por qué escribir sobre poesía? Puede que sea algo inevitable para el crítico literario, como el teorema para el matemático. O puede que los poemas contengan preguntas que deban o no ser resueltas. ¿Cómo leer poesía? ¿Existe una fórmula perfecta? Hace poco estudiaba el ensayo de Elena Medel: Todo lo que hay que saber sobre poesía, y detecté un esfuerzo por deconstruir una cosa en apariencia tan natural como sentarse a leer algo tan castizo como un soneto. Que resulta que no es tan español, pues hay influencias italianas, pero acostumbrados a tantas antologías nacionales muchas veces ignoramos algunos desplazamientos culturales.
¿Existen vínculos entre Walt Whitman y Rubén Darío? ¿Pertenecen a la misma tradición? Para responder preguntas como éstas, pregunto a Edgardo Dobry (Rosario, Argentina, 1962), poeta, ensayista y traductor afincado desde hace tiempo en Barcelona, donde imparte clases en la Universidad de Barcelona y en la Universitat Pompeu Fabra. Dobry ha escrito un ensayo sobre poesía que será la delicia de todo lector con vocación comparatista.
América en sus poetas / Una cartografía lírica del continente (Taurus, 2026) no pretende ser un nuevo canon panaméricano sino una red, una serie de conexiones y afluencias, algo más semejante a una constelación, una concatenación de tensiones. A partir de la tesis de que tanto en inglés como en español se encontraban lenguas heredadas en paisajes nuevos, con una nueva necesidad de nombrar, Dobry se detiene en poetas menos conocidos y omite algunos muy célebres para trazar un mapa que, según él, se construye posteriormente a la lectura de los poemas, nunca antes. No se trata ni de unir un territorio de vasta extensión geográfica ni de trazar paralelismos que reduzcan la diversidad de tradiciones del continente, sino de señalar afluencias y desplazamientos entre Edgar Allan Poe, Walt Whitman, César Vallejo, Alejandra Pizarnik o William Carlos Williams, entre muchos otros.
Desplazamientos que luego llegarían hasta Europa, concretamente España, que, en palabras de Darío, estaba “amurallada de españolismo”, una expresión que nos recuerda el crudo presente. En un momento en que la conversación pública tiende a polarizarse entre pertenencias rígidas y relativismos cómodos, el libro propone una tercera vía: una pertenencia crítica, hecha de lecturas comparativas, de genealogías no lineales, de atención al detalle y de respeto por la singularidad de cada obra. Si el título podía inducir a un equívoco, el de América como esencia unitaria, el recorrido lo desmiente desde dentro: América aparece como pluralidad irreductible y a la vez como espacio donde ciertas preguntas regresan con obstinación. Quedé con Dobry para una llamada telefónica en la que charlar.

“La poesía europea tiende a lo elegíaco, a lamentar la pérdida de lo que se ha tenido; la poesía americana tiende a lo celebratorio”
—¿Cómo se relaciona éste con sus ensayos anteriores? ¿De dónde surge?
—Publiqué en 2022 un libro llamado Celebración que se articula con el actual, si bien es un poco más teórico, un poquito más académico, con algunas tesis sobre qué sería la poesía americana respecto a la europea. Resumiéndolo mucho, cuando la poesía europea tiende a lo elegíaco, a lamentar la pérdida de lo que se ha tenido —como la naturaleza, los dioses que nos abandonan, etc.—, la poesía americana tiende a lo celebratorio ya desde su origen, a partir del momento en que las naciones americanas consiguen su soberanía; tiende a la oda, cuyo gran fundador fue Walt Whitman, pero que también encontramos en varios poetas latinoamericanos.
“El nuevo libro no tiene una intención académica, es un libro para lectores comunes, y en este sentido es más ensayístico. La particularidad que tiene es que, a partir de un prólogo en el que, como habrás visto, intento definir un poco por qué ese título, trabaja no sólo sobre escritores en particular, sino también sobre libros en particular. Creo que el ensayo debe ir del poema a la idea y no al revés. Si uno dice ‘el Romanticismo es esto’ y luego pone un ejemplo, en realidad está haciendo el camino al revés. Hay que partir de la lectura del poema y decir luego a qué movimiento pertenece, pues lo importante no es el movimiento, es el poema. Yo quería hacer un libro que pusiera el centro en la lectura de la poesía”.
—¿Cómo se puede pensar la poesía continental?
—Creo que hay algunos rasgos comunes, entre ellos, por ejemplo, la atención a la continuidad de la tradición de la lengua, a la que se agrega la novedad de un nuevo mundo. La literatura de Estados Unidos, como las de México, Argentina o Brasil, se escriben con lenguas europeas, pero a la vez nombran cosas distintas. En ese aspecto, los poetas de todo el continente se han encontrado con situaciones similares y con la marca también heredada de los europeos, pero que América asume cuando se convierte realmente en América. Hay que recordar que Latinoamérica empieza a llamarse así después de la soberanía, antes eran las Indias Occidentales o Virreinatos. Hay una marca fuerte que es el utopismo, el nuevo jardín del Edén, el sitio donde la cultura occidental puede redimirse. Lo que pasa es que luego hay diferencias muy grandes entre la América anglosajona, que es hija del protestantismo y la revolución industrial, y la América latina, que es hija de la Contrarreforma y de la monarquía española. Justamente en los primeros capítulos, en Darío en particular, muestro que hay un cambio de Prosas profanas a Canto de vida y esperanza que se corresponde con la situación de la América latina contra la amenaza de Estados Unidos a partir de la guerra de Cuba; eso aparece en las crónicas de Martí desde Nueva York al diario La Nación. Hay algunos rasgos comunes y también muchas diferencias.
“Poe es la gran figura de la primera mitad del XIX y Whitman la gran figura de la segunda mitad del XIX”
—¿Cuál fue la innovación de Edgar Allan Poe? ¿Y la de Whitman?
—Poe es la gran figura de la primera mitad del XIX y Whitman la gran figura de la segunda mitad del XIX. Poe es el primer poeta de América que plantea una poesía que no está sometida al didactismo; algo no sometido a la moral, algo autónomo, con entidad como arte. Por eso se convierte en el primer poeta americano que tendrá una influencia muy grande en Europa, especialmente en Francia. Baudelaire lee a Poe, hay que recordar que el francés sabía inglés porque su madre era profesora de esa lengua y había vivido en Londres, y conoció a Poe en revistas, y lo toma como emblema de la guerra antirromántica que emprendió especialmente contra Víctor Hugo. Hay un libro de Poe llamado Filosofía de la composición en el que argumenta que el poeta, antes de escribir el poema, debe saber su objetivo, el poema debe ser una composición artística, no simplemente una inspiración.
“Whitman, a su vez, es el fundador de la gran poesía norteamericana porque Hojas de hierba es un canto a la democracia, no sólo como sistema político, también como manifestación de una nueva cultura humana basada en la fraternidad y en la hermandad con la naturaleza, con una forma nueva que es la salmódica, inspirada por el culto cristiano pero adaptada a esta nueva religión de la democracia. Esta forma consiste en grandes tiradas enumerativas —lo que se entiende por parataxis—: no hay casi subordinación, todo está al mismo nivel, la idea de democracia se pone en juego en la sintaxis. Eso tuvo una enorme influencia en poetas latinoamericanos como Neruda, Lugones, así como en composiciones tardías de Darío como el Canto a la Argentina, donde usa esa técnica enumerativa. Esto es algo que ya tuve en cuenta en el libro Celebración y que aquí reaparece: el modo en que la poesía americana tiende a lo político. Lo poético y lo político se entrelazan de una manera muy fuerte”.
—¿Qué le motiva para incluir poetas menos conocidos como Tamara Kamenszain o Daniel Samoilovich?
—Es una buena pregunta, porque yo no intento construir un canon, decir que unos poetas son mejores que otros. La novela es más industrial, hay más presencia de las grandes editoriales; hoy en día un escritor de novela que destaca en Argentina es muy fácil que sea conocido en España. Mientras que los poetas tienen una distribución más lenta, mucho menos industrial, a veces incluso clandestina, de ahí que uno de los objetivos que yo tenía era dar a conocer algunos de estos poetas que ya tienen una gran trayectoria. Algunos ya no están, pero son poetas importantes como los que mencionas, que a lo mejor en España no se conocen. La excepción es Raúl Zurita, publicado por Random House. Pero cuando uno construye una genealogía se tiene que llegar a algo más actual y deducir de los fundadores del XIX y XX que hay esta descendencia o la otra.

“Creo que un poema, o un libro de poemas, es algo que invita al diálogo, como si fuera la primera voz de una conversación”
—Hablando de cánones, ¿cómo se crea uno?
—Hay poetas que indudablemente son canónicos, no descubriré su importancia a nadie, hay un tronco bastante indiscutible, de hecho hay poetas canónicos que no están en el libro, no quería hacer un manual. Yo doy por supuesto que esos manuales y cánones ya están hechos y yo hago incursiones de asuntos que me parece importante releer. Creo que el ensayista debe hacer aproximaciones a nuevos asuntos sin olvidar el espesor crítico que existe sobre esos asuntos, no puedo enfrentarme a Darío como si fuera el primer lector de Darío, tengo que poner de manifiesto la labor de otros lectores. Cuando uno sobrepasa los mediados del siglo XX entonces ya es más difícil construir un canon, me pareció más interesante construir algo a partir de libros que me parecieran significativos, cuestiones que de una manera u otra se relacionan con los padres fundadores y abren nuevos caminos.
—¿Es el momento de escribir sobre poesía?
—Para mí sí porque creo que el poema invita. En la tradición moderna muchos de los poetas significativos han sido ensayistas o críticos, creo que eso no es casualidad. La poesía, como todas las artes, a partir de las vanguardias pierde cierta especificidad, como las formas clásicas heredadas, y surge el verso libre. Los poetas entonces nos sentimos impulsados a reflexionar qué es la poesía hoy y cuáles son sus formas. Creo que un poema, o un libro de poemas, es algo que invita al diálogo, como si fuera la primera voz de una conversación que el crítico intenta continuar acompañado de todos los lectores que han reflexionado ya de esos asuntos. Parece que hoy la poesía fuera algo hermético, algo para algunos pocos, pero el ensayo de poesía puede facilitar esa conversación, puede ser la puerta a la ciudad amurallada de la poesía, en la que perderse como en un laberinto.
—¿Entonces ensayo y poesía son dos caras de la misma moneda?
—Yo creo que son dos cosas que van juntas por lo que te he dicho. Sin ánimo de querer incluirme en esa serie, si piensas en T. S. Elliot o Erza Pound o el propio Borges u Octavio Paz, han sido ensayistas y poetas. El poeta, cuando lee, piensa en lo que lee, en ese momento que alguien levanta la vista de la página es donde potencialmente puede encontrar la punta del ovillo. Evidentemente son dos energías distintas, en la poesía uno está más desnudo, hay más riesgo; en el ensayo siempre uno puede vestirse amparándose en unas relaciones. No me gusta la palabra pureza, pero un poco trata de eso. Son dos cosas que se relacionan con un mismo núcleo, pero que son muy distintas. ![]()



