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Detenido
Octubre, 2026
El teatro de la segunda mitad del siglo XX —su historia— no podría entenderse sin la presencia del dramaturgo y actor italiano Darío Fo. No sólo lo revolucionó desde la tradición. También, desde el escenario, desde las tablas, lanzó sus dardos —envueltos en humor y ácida sátira— contra todo tipo de poder —ya político, ya económico, ya religioso— y contra todo tipo de injusticia. Este teatro auténticamente independiente, popular, crítico, social y políticamente incorrecto lo llevaría al éxito y de ahí al Premio Nobel de Literatura en 1997. En este 2026, dos aniversarios sobrevuelan la figura de Darío Fo: su centenario natal —vio la luz primera en marzo de 1926— y diez años de su partida —murió en octubre de 2016. El crítico teatral Fernando de Ita aquí lo recuerda.
Darío Fo, el gran cómico del siglo XX, murió el 13 de octubre de 2016, luego de dos semanas en las que los pulmones que gritaron a los cuatro vientos que todo poder impuesto es infame dejaron de funcionar en el Hospital Luigi Sacco de la ciudad de Milán. El autor de Misterio Buffo tenía para entonces 90 años de haber llegado al mundo en el pueblo de San Giano, situado en la provincia de Verase de la región lombarda.
El dato es importante porque el Premio Nobel de Literatura de 1997 nunca rompió el cordón umbilical que lo unía a esa tierra de camelias, hortensias, arándanos, frambuesas, manzanas, peras y melocotones que se dan junto al lago Maggiore, donde crece la uva frasole que entinta los vinos de esa campiña. Fue ahí donde tuve el privilegio de ver bailar y cantar a Darío Fo, embriagado por el dolor que le provocó la primera y única ruptura con Franca Rame, su mujer por 59 años. Gracias a mi amigo Giorgio Ursini lo busqué para una entrevista que me negó esa vez, aunque me permitió quedarme a su borrachera.
Aprendí tarde que la intimidad con personajes de la altura artística y social del comediante italiano te enseña que la condición humana no se mide por la importancia personal sino por todo lo contrario: por su anonimato. En mis inicios como reportero, acompañé a Cantinflas a un viaje de 24 horas solo para escuchar de su boca que era el cómico más famoso del mundo. En el Salón México de la capital del país presencié, por casualidad, como Gabriel García Márquez se alababa a sí mismo en compañía de María Rojo y otras mujeres de notoria belleza.
En el verano de 1989, Darío Fo se despojó de su investidura como el artista más sobresaliente de la escena italiana —y, en esa medida, de Europa—, solo para ser un hombre agobiado hasta el llanto por su irrefrenable gusto por el cuerpo femenino.
La prensa del corazón, como los rotativos Oggi y Eva Express, se esforzaron en investigar los devaneos y las conquistas del futuro premio Nobel, llegando a publicar que Franca Rame lo encontró con las manos en el cuerpo del delito, más precisamente en los senos de una joven actriz, y por ello su mujer anunció en un famoso programa de televisión, en vivo y en directo, que se separaba de su marido. Por el contrario, un diario de prestigio nacional como La República recogió la declaración de Franca Rame diciendo que se sentía sofocada por el ritmo de trabajo de su compañía que había convertido su matrimonio en una alianza política y profesional, por lo que requería tiempo para sí misma.
Misterio Buffo
La trayectoria artística de Darío Fo es una larga marcha hacia la radicalización política del espectáculo, aunque desde sus inicios en la radio de los años cincuenta ya utilizaba la sátira y el lenguaje popular como la base de su performatividad, en la que su filosofía del lenguaje verbal y corporal siendo el mismo cambió periódicamente de sujeto y de predicado.
La burguesía fue el primer blanco de su crítica entre 1954 y 1960, ya casado con Franca Rame. Esta explosiva pareja utilizó el formato del vodevil para ridiculizar a los nuevos ricos de la posguerra, logrando con ello ser las estrellas del teatro comercial que abandonaron estando en la cúspide para hacer todo lo contrario: un teatro de crítica social que presentaban en fábricas, plazas, sindicatos y otros espacios alternativos, bajo el nombre de Nuova Scena, compañía ligada al Partido Comunista del que se apartaron en 1970 por diferencias ideológicas y en beneficio de su libertad artística.
Luego de esta separación formaron La Communa, agrupación con la que abordaron la represión política, la defensa de los derechos de los trabajadores y la protesta social desde el punto de vista de los oprimidos. En Aquí no paga nadie (1974), Fo y Rame justifican la toma de supermercados en nombre de “la economía moral de la multitud”, en la que el historiador E.P. Thompson sostiene que el asalto motivado por hambre es un acto de legítima defensa.
Sin embargo, la obra que encumbró a Fo como artista del teatro y activista social fue Misterio Buffo (1969), un impresionante trabajo unipersonal en el que el cómico lombardo actualiza la figura del juglar medieval como vocero del pueblo. Fo investigó textos de la edad media, evangelios apócrifos, biblias censuradas, leyendas y canciones antiguas para escribir los monólogos que conforman la pieza y que el comediante alternaba según la audiencia y la coyuntura política.
También recurrió al Grammelot, una jeringonza de dialectos del norte de Italia mezclados con onomatopeyas, sonidos guturales y expresiones absurdas que crean un sinsentido verbal, el cual, sin embargo, entendía el público gracias al silabario corporal y la intención dramática del juglar. Fo presentaba sus monólogos con un mallón negro y sin otra escenografía que la de su imaginación. Lo virtuoso del acto era que él interpretaba todos los papeles de sus fábulas en un vértigo de acciones físicas en las que el personaje cambiaba con un simple aditamento externo, así que era el poder físico y verbal del comediante el que mataba de risa al auditorio a pesar de que estaba desacralizando sus creencias religiosas.
En 1977 la televisión pública de Italia (RAI) trasmitió una versión grabada de Misterio Buffo y el vaticano comentó que era el programa más blasfemo en la historia de la televisión. Ese mismo año Nancy Cárdenas hizo un montaje de la obra en la Casa del Lago, del bosque de Chapultepec, y a falta del genial travestismo de Fo presentó los misterios con un grupo de actores universitarios, provocando el malestar de los buenos cristianos por el tratamiento del autor italiano que, en Las bodas de Caná, por ejemplo, los invitados terminan borrachos cantando canciones leperas.
Otra de las obras emblemáticas de Fo presentadas en México fue la Muerte accidental de un anarquista, basada en un hecho real ocurrido en Milán en 1969, cuando Giuseppe Pinelli, un ferroviario anarquista, acusado injustamente por haber detonado una bomba, cayó “accidentalmente” del cuarto piso de la jefatura de policía.
Esta “herramienta de investigación pública”, como la denominó su autor, fue estrenada en 1983 por Blas Braidot y Raquel Soane en el Foro Contigo América, aunque fue el montaje de José Luis Cruz y Héctor Ortega en el teatro Juan Ruíz de Alarcón de la UNAM, en 1984, cuando esta obra documental alcanzó una gran difusión, debido al argumento y la trama pero también al regocijante papel de Héctor Ortega como Il matto, el loco de la pieza.

La señora Franca Rame
No falta quien diga que Darío Fo utilizó, como Brecht, el trabajo de su mujer para beneficio propio sin darle crédito, aunque hay muchos testimonios de lo contrario, entre ellos que a partir de 1980 el teatro de Fo se feminiza en forma y fondo al tratar temas como el aborto, el machismo, la doble moral masculina o la pareja abierta, que es como se llama la pieza más traducida y adaptada de Fo en ese periodo. Solo en México conté en su momento siete distintos montajes. El argumento es simple: Pio, para cubrir sus infidelidades, le propone a su esposa Antonia abrir la relación a otras personas alegando que esa es una actitud progresista, y que le ofrece a la mujer una libertad inédita. En los hechos Pio hace lo que ya hacía, ahora con el consentimiento de su mujer, así que Antonia tiene dos intentos de suicidio.
Cuando Antonia finalmente supera la depresión y comienza a salir con un arquitecto culto, sensible y atractivo, Pio pide regresar a la monogamia dejando en claro su doble moral. Ciertamente las obras inducidas por Franca Rame no condenan radicalmente el patriarcado porque su interés está en develar que la sumisión femenina comienza con la educación que recibe la mujer en su casa, en la escuela y en la sociedad. Por ello escribe obras didácticas en un formato de vodevil invertido. En los montajes originales hay puertas que se abren y cierran cómicamente, malos entendidos hilarantes, mujeres en paños menores. De ahí que la obra que la pareja escribió a tres manos con su hijo Jacobo, ¿Sexo? ¡Sí, gracias!, estrenada en 1994, es un manual de educación erótica.
En una entrevista formal que le hice a Darío Fo en 1993, publicada en el libro Telón de fondo, el artista lombardo me comentó que se divirtió mucho colaborando con Franca Rame en esas obras sobre sexo; afortunadamente no le comenté entonces que esos textos habían dejado una secuela de imitadores porque yo fui uno de ellos con dos obras que tuvieron mucho éxito de público y viajaron por diversas capitales del país, gracias a la habilidad histriónica y el dominio del público de Morena Gonzáles, una actriz regia de formación académica que completó su entrenamiento con la Nena Delgado, la reina del teatro popular de Monterrey.
El único poder que no corrompe
Ya como premio Nobel, Darío Fo siguió satirizando a la iglesia y al poder político con una obra sobre Silvio Berlusconi, el magnate que compró la presidencia de Italia, con una fábula malvada en la que luego de un atentado en contra de Putin y Berlusconi, el presidente ruso muere y el italiano sufre daño cerebral, y para salvarle la vida le injertan el cerebro de Putin. La obra se llama El bicéfalo anómalo y fue estrenada en 2003.
En sus últimos años Fo recobró su afición por la pintura y dio conferencias didácticas por Italia y Europa. Franca Rame murió en mayo de 2013 dejando un vacío en el corazón de su compañero de vida. Esa imagen me lleva a repetir la pregunta que le hice a Fo hace 23 años, con su debida respuesta:
—Usted comenzó a hacer teatro a la mitad del siglo y tiene por lo tanto casi cincuenta años sobre el escenario, ¿qué le ha dejado esa experiencia?
—La convicción que el poder de la risa es insobornable. En todos esos años que usted menciona he vivido el nacimiento y la muerte de diversas utopías, he luchado por algunas de ellas y he combatido la opresión del hombre por el hombre. En ese andar he comprendido que en nombre de las ideas se prohíbe pensar y en nombre de la libertad se esclaviza a pueblos enteros. Frente a la estupidez de la historia queda la risa, el único poder que no corrompe. ![]()



