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Bicentenario luctuoso: E.T.A. Hoffmann, paradigma del artista total y verdadero

Aunque han transcurrido dos siglos de su muerte, el escritor y músico alemán nos sigue iluminando a través del trabajo que nos heredó, nos dice Carlos Fuentes y Espinosa Salido, su biógrafo mexicano.

Junio, 2022

La poliédrica figura de Ernst Theodor Amadeus Hoffmann ocupa, por derecho propio, un lugar en el estante dedicado a los genios. Porque eso fue E.T.A. Hoffmann. Fue un artista total. Fue poeta, compositor, pintor, dibujante, caricaturista, cantante, arquitecto, crítico musical —también prestigioso jurista— y, desde luego, narrador y creador del género fantástico. Al cumplirse los doscientos años de su muerte, a la muy temprana edad de 46 años —Hoffmann nació en Königsberg en 1776 y falleció en Berlín en 1822—, aquí lo recordamos…

Una alegoría del arte humano. Una poderosa fuerza creadora cuya genialidad desbordante se impone a las escisiones acostumbradas entre especialidades artísticas. Eso fue (eso es) Ernst Theodor Amadeus Hoffmannn (nacido como Ernst Theodor Wilhelm Hoffmannn y a quien el mundo conoce, simplemente, como E.T.A. Hoffmannn). Ahora que se cumplen 200 años de su partida se vuelve imprescindible recordar su espíritu incandescente capaz de transformar y reconstruir lo que veía, lo que escuchaba, lo que tocaba, lo que imaginaba, lo que pensaba. Por eso conversamos con Carlos Fuentes y Espinosa Salido, uno de sus biógrafos. Para que nos hable de este genio, de este poeta, de este compositor, de este hombre que también fue pintor, dibujante, caricaturista, cantante, arquitecto, jurista, crítico musical y, desde luego, creador del género fantástico.

—Es pertinente que desde México se recuerde a Hoffmannn —dice Carlos Fuentes y Espinosa Salido— porque, aunque han transcurrido ya dos siglos de su muerte, nos sigue iluminando a través del trabajo que nos heredó imbuido de esa intención de los viejos alquimistas, que es la magia del genio en la producción. La singularidad de Hoffmann [Königsberg, 24 de enero de 1776 – Berlín, 25 de junio de 1822] nace con él y muere con él. Pasa como con todos los genios: aportan al mundo pero se llevan con ellos el secreto de su arte. Cada genio tiene su propio secreto.

Y es que ¿quién no ha leído, disfrutado, sentido el miedo, palpado el terror; quién no ha sufrido, gozado o reído con obras como “Maese Pulga”, “El hombre de la arena”, “Historia de fantasmas”, “Vampirismo”, “El huésped siniestro”, “Los elíxires del diablo”, “La señorita de Scuderi”, “El Cascanueces y el rey de los ratones” (que Tchaikovsky, al lado de los coreógrafos Marius Petipa y Lev Ivanov, convirtiera en un hermoso ballet), “La princesa Brambilla” (pieza que fascinara al poeta francés Baudelaire), “El puchero de oro”, “El mayorazgo” o aquel texto que muchos consideran su obra maestra: Puntos de vista y consideraciones del gato Murr sobre la vida en sus diversos aspectos y biografía fragmentaria del maestro de capilla Johannes Kreisler en hojas de borrador casualmente incluidas?

—Aunque es verdad que, como señaló Sigmund Freud, E.T.A. Hoffmann abrió la llave de lo siniestro —nos dice Carlos Fuentes y Espinosa Salido—, su legado va mucho más allá: nos ha dotado de la proyección de nuestros ideales, de nuestros temores, de nuestras inquietudes, de nuestros deseos íntimos, quizás inconfesables ¿eh? Y lo hizo no sólo a través de soberbias construcciones literarias, sino también con intrincadas coloraciones expresivas en sus pinturas o por medio de sonoridades que infunden el fuego prístino que les fue robado a los dioses en un acto muy conmovedor. Hoffmann es un artista total y verdadero.

E.T.A. Hoffmann. Autorretrato.

Una de las cosas más interesantes de la literatura hoffmanniana es que, aunque fantástica, no habla de épocas remotas al momento en que fue escrita, tampoco de lugares ignotos que llevaran a los lectores de su tiempo a ubicarse en condiciones desconocidas. Todas sus historias aluden a la cotidianidad del ser humano, eso sí, como parte de un mundo mágico, de fantasía, de terror, de ironía.

—En efecto —dice Carlos Fuentes y Espinosa Salido—, Hoffmann no solamente explora los sueños sino las ensoñaciones mezclando profundamente, íntimamente, ineludiblemente la realidad cotidiana del mundo con las proyecciones psicológicas. El psiquiatra suizo Carl Gustav Jung nos habló de los arquetipos como un factor importante en el pensamiento humano y es precisamente lo que recoge Hoffmann: los arquetipos vertidos y presentes mágicamente en sus escritos, con los que crea un nuevo mundo dentro de la literatura. Estas entidades mágicas que están presentes en su obra ejercen un influjo determinante sobre el trabajo literario de otros genios de la talla de Edgar Allan Poe, Howard Phillips Lovecraft, Charles Baudelaire, Bram Stoker, Kafka, Borges o Cortázar. Todos ellos y muchos otros tienen una deuda enorme con él, la cual honran publicando grandes obras.

—Hoffmann ha trascendido como escritor, pero cuando decide dedicarse al arte y abandonar la profesión de abogado, el primer campo que explora es la música, como compositor. ¿Por qué su música no ha sido tan difundida como sus letras? —preguntamos a Carlos Fuentes y Espinosa Salido.

—Las obras musicales de Hoffmann estaban prácticamente perdidas. Fue a principios del siglo XX que empezaron a ser recuperadas. Así pudimos saber que fue un músico muy serio. Curiosamente, los amantes del terror y la oscuridad imaginaban que la suya sería una música tétrica, pero, para su sorpresa, se encontraron con una música muy propia, muy seria, muy linda, muy expresiva. Es una música que, a primera instancia, no parece hablar del reino de lo mágico. Y digo que a primera instancia porque si se la escucha a fondo desde luego que es posible encontrar ese reino mágico. Son piezas que establecen un puente entre el clasicismo tardío y el prerromanticismo de Von Weber [Carl Maria Friedrich Ernst von Weber], en especial hablo de El cazador furtivo, una ópera del género fantástico. Ondina, una ópera de Hoffmann con libreto de Friedrich de la Motte Fouqué, permite darnos cuenta de este influjo grandísimo que ejerció sobre Von Weber. Es una ópera muy larga. Lamentablemente no está restituida en el repertorio general, no obstante podemos escucharla gracias a las grabaciones que existen. Probablemente también Berlioz sintió algún interés por el trabajo de Hoffmann. Esto puedo decirlo al escuchar sus obras, pues no hay cartas que den testimonio de ello.  Rossini es otro compositor que debió haber oído a Hoffmann debido a su fascinación por los alemanes, concretamente por Mozart, porque incluso le roba un motivo musical que incluye en su primera ópera. En este sentido hay una frase extraordinaria que dice que los artistas mediocres copian las ideas de otros o las imitan, pero los grandes genios se las roban. Rossini se roba, pues, las ideas de Hoffmann y las utiliza en la primera aria de su primera ópera.

—¿Qué es, entonces, lo que determina que finalmente Hoffman se dedique a las letras?

—Hoffmann, cuando decide abandonar su profesión de jurista, quiere dedicarse a la música porque se la consideraba el arte más sublime, más alta. Él tocaba el violín, el clavecín y, sobre todo, el piano. Incluso muestra interés por construir un instrumento musical llamado eolomelodicón, a través del cual la naturaleza expresaba su esencia pues el viento soplaba unos tubos que lo hacían sonar. Sin embargo, una serie de acontecimientos lo llevan a escribir. Recordemos, por ejemplo, que en ese tiempo la gente se comunicaban con cartas, y en las cartas él expresaba sus inquietudes y sus intereses. En ellas está el embrión del futuro escritor, pues pronto se da cuenta de sus capacidades literarias. Son tan inmediatas la fuerza y la singularidad de sus escritos que incluso fue considerado en vida un autor importante, y digo incluso porque en realidad es una vergüenza para la sociedad mundial el trato que le damos a nuestros genios: Mozart murió en medio de penurias económicas espantosas, Beethoven no tenía una situación mucho mejor, y así podemos nombrar a cientos y cientos. Hoffmann también vivió angustias económicas, sobre todo a partir de que abandona la carrera de leyes, profesión que había estudiado por presión de la familia de su madre y de la cual se graduó con honores. Hay quienes apuntan que Hoffmann fue alumno de Kant en la Universidad de Königsberg, pero no hay prueba de ello, aunque es verdad que Kant estaba en esa escuela y pudieron haberse encontrado. No lo sabemos.

—Carlos, ¿cómo fue que usted quedó atrapado por la obra de Hoffmann?

—Fue en la secundaria. Tengo grabado con fuego en mi mente el fragmento del cuento “El mayorazgo” en el que el protagonista de repente se queda solo en el salón de los caballeros. Fue una emoción muy grande. Este cuento, con destellos autobiográficos absolutos, me atrapó. El protagonista está en un castillo hermosísimo y empieza escuchar unos ruidos raros, rascan en las paredes, y se inquieta muchísimo. Resulta que es el fantasma de un asesino. Al decírselo a usted siento cómo me recorre un escalofrío especial entre emoción y gusto por haberlo leído. Fíjese, entonces, la importancia de que toda la gente pudiera tener acceso a una buena instrucción porque ahí es donde nacen los buenos lectores. Muchas personas dicen que no leen, pero no es porque no quieran sino porque no han encontrado esa lectura que los atrape. Estoy seguro de que en la vasta literatura debe haber algo que les va a gustar. Luego de “El mayorazgo” leí “El puchero de oro”, una obra fantástica. A partir de entonces, y con el tiempo, fui adquiriendo toda la obra literaria de Hoffmann e interesándome cada vez más en él. En mi galería personal tengo un autorretrato suyo en el área de músicos y otro autorretrato suyo en la galería de escritores. Si tuviera una galería de pintores también él estaría ahí. Fue así como un día decidí estudiar profundamente su obra y escuchar su música. Creo que Las consideraciones del gato Murr… es, sin duda, uno de sus libros más importantes porque se trata de un gato que escribe pero luego aparecen las consideraciones del dueño del gato, que es un alter ego de Hoffmann: Johannes Kreisler. Justo de ahí vienen la colección de piezas de Schumann conocida como Kreisleriana. Las consideraciones del gato Murr… es también un antecedente de la estructura que empleó Julio Cortázar en Rayuela.

Carlos Fuentes y Espinosa Salido. / Foto: Facebook.

—Al vampiro solemos relacionarlo con Bram Stocker, pero Hoffmann tiene un personaje femenino fantástico…

—Goethe escribió un poema que se llama “La novia de Corinto”. Trata de una mujer vampiro. Es una maravilla, aunque curiosamente no es muy conocido. Este poema es importantísimo porque es la inauguración del género de fantasía terrorífica. Pero Hoffmann, antes que Stoker o el que usted quiera, escribió una obra que se llama “Vampirismo”, que lo tiene a uno con los cabellos erizados porque está viendo que al final de la última página está el culmen de la obra, pues quedan tres renglones por terminar, el cuento se va a acabar, y el lector está frente al momento más importante. El cuento concluye con una frase de cuatro o cinco palabras. ¡Es una maravilla!

Queda claro finalmente, como dice Carlos Fuentes y Espinosa Salido, que E.T.A. Hoffmann es la luz que esconde la luz; o sea, que el genio literario de Hoffmannn esconde su genio musical, que a su vez esconde el genio pictórico. Claro que antes y después de Hoffmann han existido grandes pintores, grandes músicos y grandes escritores, pero no alguien que contenga y exprese con tanta maestría, según Carlos Fuentes y Espinosa Salido, esta triada artística: “Es un hueco que solo él puede llenar. Por eso es que es tan célebre como escritor. Y es en el género fantástico donde se mueve a sus anchas”.

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