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Paul McCartney, octogenario

El Beatle incansable.

Junio, 2022

Amado y criticado a partes iguales, sir Paul McCartney cumple 80 años el 18 de junio. Compositor, músico, multiinstrumentista, escritor, activista, pintor y actor británico, McCartney ha sido mundialmente famoso desde que tenía 21, y por muy buenas razones: todos sabemos lo que logró con los Beatles, escribiendo e interpretando canciones que el mundo todavía canta hoy. Y no sólo eso: desde entonces, ha seguido haciendo música a un ritmo de productividad casi sin rival en su campo: tan solo en diciembre de 2020, el británico publicó su decimoctavo álbum de estudio en solitario, McCartney III (el número 47 si se cuentan todas las bandas y proyectos paralelos). Víctor Roura le dedica estas líneas…

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El jueves 18 de junio de 1942 nacía, en Liverpool, Paul McCartney, el futuro prominente bajista de los Beatles, la agrupación inglesa que cambiara, en definitiva, la visión que se tenía entonces de la música juvenil, asombrando a propios y a extraños las magníficas composiciones de aquel cuarteto que no se rindiera, nunca, al accesible comercialismo que le deparaba el futuro discográfico.

McCartney y Ringo Starr (7 de julio de 1940) son los dos sobrevivientes de ese hasta el momento insuperado cuarteto de Liverpool.

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Cuando Paul McCartney se enteró de la muerte de John Lennon, asesinado a balazos al entrar a su casa en los edificios Dakota en Nueva York, hizo una declaración escrita la cual fue leída, minutos después, por su encargado de prensa (Tony Bransby) en la escalinata de los estudios Air en el centro de Londres. McCartney opinaba: “John fue un gran hombre que va a faltarle al mundo entero y a quien se recordará por su contribución única al arte, la música y la paz”.

Como puede observarse, la declaración no es muy original que digamos. Más bien se trata de una nota apresurada, producto probablemente de la sorpresiva conmoción. Un escrito para salir del paso a las exigencias periodísticas.

El verdadero sentir del bajista ex Beatle no pudo captarse en esa escuálida y obligada nota, pero ya se sabe que el género fúnebre es esencial para cubrir la liviandad costumbrista de la prensa tradicional. Las encuestas surgen acaso para resarcir el posible descuido en que se tenía al infortunado, y aquí cabe recordar que, ciertamente, Lennon en ese momento era motivo de banales discusiones, las más de ellas centradas en su agotamiento creativo por su voluntaria cooptación en el seno hogareño a manos de la poderosa Yoko Ono, quien en febrero cumplió 89 años de edad. Hay que traer a la memoria, asimismo, que unos años atrás el propio Lennon, ante el azoro de la crítica roquera del mundo, se dejaba adular por el consorcio musical al recibir, entusiasmado, un Grammy que lo acreditaba, de paso, en la nómina de los roqueros finalmente domesticados. No sólo estaba ese desgano musical, sino también la prensa arremetía con dureza contra Lennon por considerarlo un falso feminista. (¡Aquí, en México, en Radio UNAM se armó una mesa redonda con algunos connotados “críticos” de rock cuya conclusión fue rotunda: el ex Beatle debía hacer a un lado los delantales para volver a tocar su piano!)

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A la hora de la muerte de Lennon las encuestas surgieron acaso para resarcir el posible descuido en que se tenía al infortunado. Porque no hay encuestado que opine mal, o en contra, del que acaba de irse de este mundo, a pesar de que en vida no le tuviera la menor simpatía. Por lo mismo, una declaración como la de Paul McCartney tenía que ser tomada como algo obvio, incluso intrascendental por su obligada premura discursiva. Quienes no tomaron el asunto como objeto de palabrería fueron, como siempre, los fieles seguidores de Lennon, que vieron en su muerte no sólo la muerte física de un músico que había modificado el transcurso de la música popular sino también la muerte misma del rock —cobijados en las transparentes palabras de Lennon, contenidas en su canción “God” (¡1970, exactamente una década antes de su asesinato!): “El sueño ha terminado”. La conglomeración de centenares de personas afuera de la casa del compositor, en Nueva York, aún cala hondo en los documentales que hablan de los estertores de la contracultura, cuyos analistas serios —sobre todo los europeos— coinciden en su crítica acerca del asombroso hecho de que precisamente con un disco de los Beatles, en 1964, se abriera un campo entonces inédito en la música (etiquetada más tarde como “moderna” o de la “era rock” para su apropiado consumo mercantil) y en 1980, con un disco curiosamente también del ex Beatle Lennon: Double Fantasy, se cerrara esta aventura del rock como transgresión independiente para pasar a formar parte del catálogo uniformizador de la industria disquera: el rock como un género común, ya sin distinciones, no exclusivo de la juventud… género común, nada sorpresivo, que puede vislumbrarse ahora en todas esas canciones desechables, de rápido “éxito”, que pululan en las redes, cada una de ellas en busca de más “visitas” que las otras para capitalizar con prontitud los dólares digitales.

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Sin embargo hay quienes, renuentes a estas detonaciones musicales o modificaciones negociadas (un disco o likes a cambio de famas), todavía comercian con aquellas épocas doradas de la subversión natural y buscan su explotación hasta en lo que queda de nostalgia. Resulta que el miércoles 28 de mayo de 1997, en Londres, la casa de subastas Christie’s remató la declaración escrita de Paul McCartney sobre la muerte de su colega John Lennon. Para comenzar, el papelillo fue estimado, en una primera instancia, entre unos 17,000 y 25,000 dólares, mas una mano anónima se levantó de entre el gentío para pagar aún más. El rock, como valor del pasado (como algo que fue), todavía tiene abonados en la galería de los millonarios.

Vamos, si los excéntricos son capaces de adquirir en una subasta un pedazo inservible de pastel, descompuesto por el tiempo, que pertenecía a alguna familia de abolengo o con supuesta sangre azul (aristócratas, suelen llamarlos), ¿por qué no invertir el ocioso dinero en un papel firmado por un ex Beatle que podría, en un futuro impensado, valer el triple de su costo original?

El rock, después de todo, es ya una historia que se nos fue de las manos.

Paul McCartney, en el centro, en una imagen durante su actual gira (en este 2022).

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Paul McCartney cumple ocho décadas y sigue grabando discos (por lo menos él continúa confiando en la artesanía fonográfica) sin, al parecer, ser afectado por corrientes y modas que vienen y van. Sus casi 40 álbumes a partir de 1970, cuando los Beatles se difuminan, registran a un compositor impertérrito en su laureado camino construido por él mismo a base de una incansable e imaginativa capacidad para inventar melodías que salen de su cabeza a mil por hora que, sin duda, nos hace afirmar que entre él y Lennon estaba la maquinaria cerebral de los Beatles, esa fascinante colectividad vocal. No sabemos qué habría grabado Lennon de seguir entre nosotros, pero McCartney nos lo sigue confirmando casi cada año. Su nuevo álbum, del año 2021, intitulado simplemente III para hilar el tejido de los dos anteriores discos homónimos, donde la generalidad de las piezas las crea el multiinstrumentista Paul McCatney regrabando los tracks en su propio estudio consiguiendo canciones bellas o enfáticas, siempre beatleanas, siempre impecablemente melódicas, el don indudable de este experto músico que jamás, seguramente, dejará de crear dulces sonoridades.

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