ConvergenciasCronoGrafías

Obertura…

Jesus Christ Superstar (o Jesucristo Superestrella) es una ópera rock con música de Andrew Lloyd Webber y letras de Tim Rice, que primero surgió como álbum conceptual en 1970, un año después dio el salto a los escenarios de Broadway, y luego llegaría al cine. En esta colaboración para «SdE», José de Jesús Sampedro se adentra a esta obra: “Jesus Christ Superstar recrea o insinúa los pormenores básicos de una historia proclive a repetirse, a sublimarse y a parodiarse, y dentro de la cual habrá dilemas y habrá odio y habrá certezas y habrá amor (y vida y muerte metafóricas y excepcionales)”.


Narra una giratoria leyenda hippie que cuando el insigne cineasta canadiense Norman Jewison (1926, en Toronto) escuchó entre febrero y marzo de 1971 el doble y cuádruplo y unitario álbum Jesus Christ Superstar (de cuyo aflujo derivará su estreno en Broadway, a mediados esto casi de octubre) visualizó entonces también a fondo una trama, y determinó transmutarlo en película… En auspicio de la verosimilitud de la giratoria leyenda hippie: Jewison estaba hacia aquella época en algún espacio de Hungría filmando su deliciosa Fiddler On The Roff (recuérdese, otro exento tipo del musical de boga en Broadway en los sesenta) y valorando acaso otras opciones (y, no obstante, poseedoras de una magia complementaria, es decir, que involucraran ciertos iconos de la euritmia), y bajo el desvelo impune del set y el desvelo oblicuo del camerino, y viceversa, lo maravilló y lo aterró (lo conmovió, en suma) la idea y la imagen de un Yo que un doble y cuádruplo y unitario álbum le conferían… Circuitos y ambleos del tiempo: Jesus Christ Superstar fue editada finalmente en 1973 y proyectada luego para una audiencia postmoderna e intuitiva y heterodoxa que (y de inmediato incluso) magnificará la polémica desde siempre implícita en su propuesta. Cierto: Jesus Christ Superstar perdura aún hoy porque (en inequívoca reciprocidad a su feliz nobleza estética) actualiza una muy triste y severa y cruel problemática, circunscrita toda a los claroscuros mismos de nuestra genérica (y, debido a ello, intransferible y única) condición humana… El Paraíso. El Mutuo Mundo Intermedio. El Infierno. Jesus Christ Superstar recrea o insinúa los pormenores básicos de una historia proclive a repetirse, a sublimarse y a parodiarse, y dentro de la cual habrá dilemas y habrá odio y habrá certezas y habrá amor (y vida y muerte metafóricas y excepcionales). De regreso ahora a la muy triste y severa y cruel problemática a la que aludí apenas arriba: fundamentalmente esa historia remite a la difícil complicidad de Judas Iscariote y de Jesús, escamoteada de las cromáticas páginas de la Biblia, y a la instintiva lucidez que guía los actos de Judas (de contrastarlos, justo una visionaria lucidez guía a Jesús en sus actos), quien deduce de ellos después su implicación en un drama atroz que ni comprende ni escogió, y que intrigó sólo Dios, amparándose en su omnisciencia, decidiendo atribuirle a él (ante el porqué a él, medita y duda el teólogo) tanto el efecto como la causa del martirio y del crimen que una turba bárbara perpetrará en la persona de su hijo… El Paraíso. El Mutuo Mundo Intermedio. El Infierno. Concluyo. Rock y ópera. He aquí los específicos planos fundacionales del nuevo viejo encanto que congrega a cada tuerca a su alrededor Jesus Christ Superstar (letra de Tim Rice y música de Andrew Lloyd Webber, a propósito). Alegoría y cifra e ironía. Ergo: no me parece que exagere si afirmo que fue gracias a la genuina cultura pop que el cristianismo realzó en los fastos jardines de los setenta…

Related Articles

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Back to top button