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Caja musical del mundo

Constanza Ordaz continúa con su exploración de los sonidos africanos: “Cada nación africana ha aportado sus propios ritmos a la miscelánea continental”, escribe aquí. La intervención de los músicos de los diversos países africanos, con sus respectivas tradiciones, ha refrendado al continente como caja musical del mundo.


La intervención de los músicos de los diversos países africanos, con sus respectivas tradiciones, refrendaron al continente como caja musical del mundo.

Si bien es cierto que tanto músicas como estilos y danzas han visto pasar su relevancia esnobista, hicieron rápidamente su aparición otras concepciones artísticas supliendo aquéllos satisfactoriamente con un crecimiento creativo y técnico a prueba de toda crisis.

El siguiente fragmento del libro La música es el arma del futuro (Fifty years of African Popular Music, de Frank Tenaille, Editorial Lawrence Hill Books, Chicago, 2002) es incisivo en registrar las nuevas rutas sonoras propuestas por los músicos africanos.

Una competencia fraternal

Cada nación africana ha aportado sus propios ritmos a la miscelánea continental.

En los años ochenta, el productor Aladji Touré suministró marcos lujosos y sintetizados para el enérgico makossa, cameruneses como la Moni Bile. Touré fue también la máquina motriz del acoplamiento entre el makossa y el zouk, una modernización de la música percusiva de guadeloupe, desarrollada por Kassav’.

La formación Kassav’ no se amilanó ante la logística de organizar giras por África, llenando estadios enteros desde Mali hasta Angola, mientras sus miembros todavía encontraban tiempo para ser los pilares del ambiente parisiense: su tecladista y arreglista Jean Claude Naimro ha sido ubicuo en numerosos discos de makossa, como el Makassi de San Fan Thomas y el O Sitapa Lambo Lam de Moni Bile.

Tanto el zouk como el makossa supieron explorar hábilmente los recursos técnicos de los estudios parisienses, aunque siguieron tomando prestados algunos trucos del soukous. San Fan Thomas, por ejemplo, incorporó un estribillo del compositor congoleño Franco Luambo (1938-1989) en su mayor éxito “African Typic Collection”, y guitarristas zairenses como Diblo Dibala y Rigo Star contribuyeron con sus garbosos solos en varios discos de zouk.

Sin embargo, la sofisticación del makossa y del zouk no tardó en presagiar la inminente crítica del soukous. Como comentaría el camerunés Douglas M’Bida, pianista de Kassav’: “Los africanos teníamos un punto de referencia que conocíamos de memoria: una música que había arrullado nuestra infancia: el soukous. El único problema es que no ha sabido evolucionar”.

La respuesta de los zairenses

Los zairenses supieron reaccionar ante esta amenaza aplicando los nuevos ritmos a sus distintas guitarras y con este espíritu el zairense Syran Mbenza, integrante de Les Quatre Etoiles, formó en 1986 un grupo empapado de zouk: Kass Kass; desde entonces ha surgido un soukous parisiense que elimina los restos de rumba y se concentra en rápidos ritmos bailables. Demasiado a menudo es muy formulista la combinación de guitarras diáfanas y armonías angelicales, salpicadas de vociferantes exhortaciones al baile, pero hay variantes que mantienen la frescura de la forma.

El músico Koffi Olomide —hoy caído en desgracia por acusaciones de agresión sexual—, a pesar de su predicción por el maquillaje musical, devolvió la dulzura al soukous con baladas arropadas por capas de sintetizadores. Por otra parte, Papa Wemba —antiguo cantante de Zaïko Langa Langa y fallecido hace exactamente un lustro— incorporó con gran gran maestría elementos del rock y el soul.

Novedades tecnológicas

Las sensibilidades musicales viajan a gran velocidad integrando las novedades tecnológicas, enriqueciendo el sonido con la sugerencia de nuevas atmósferas.

La modernidad musical suscitada por medio de generaciones tecnologizadas confirma su alianza con la inspiración autóctona y las ganas de trascender de un continente que guarda un paquete inacabable de sorpresas.

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