Marco Antonio Cruz (1957-2021).

“Me interesa dar voz, por medio de mi cámara, a los que no la tienen en este país”

Marco Antonio Cruz (1957-2021).

Marco Antonio Cruz, uno de los más reconocidos fotoperiodistas en México, falleció el pasado 2 de abril, a los 63 años de edad. Nacido en Puebla el 3 de noviembre de 1957, contaba con una trayectoria profesional de casi 45 años, la cual inició en 1978 al lado de Héctor García, otra de las grandes figuras de la fotografía mexicana. Pintor de formación, a la fecha se desempeñaba como coordinador de fotografía del semanario Proceso. Además de participar en la fundación del diario La Jornada, Marco Antonio Cruz fue asimismo fundador —al lado de Pedro Valtierra, Jesús Carlos y Luis Humberto González— de la agencia Imagen Latina. El fotógrafo poblano consolidó su oficio mediante su paso por varios diarios y revistas con posturas políticas de centro-izquierda, de ahí que su lente (y su obra) se dirigiera a la vida cotidiana y a momentos históricos de México. Como un homenaje, dejamos aquí esta conversación…


Dar entrevistas era la manera en la que Marco Antonio Cruz trataba de evitar que cualquiera interpretara sus fotografías. Así lo hizo saber aquella tarde de julio de 2013, en las instalaciones del semanario Proceso, donde se desempeñaba como coordinador de fotografía; la conversación duraría casi media hora y se centraba en la educación del fotoperiodista, asunto crucial de la tesis de maestría que yo elaboraba en aquel momento.

Siempre cortés y educado, Marco Antonio Cruz (Puebla, 1957-Ciudad de México, 2021) falleció el pasado 2 de abril, y la noticia nos ha dejado a todos boquiabiertos; ha partido, además, a unos días de que Alberto del Castillo Troncoso hubiera presentado su libro Marco Antonio Cruz: la construcción de una mirada (1976-1986). (La presentación, empero, sigue en pie y se realizará como un homenaje al fotógrafo mexicano el próximo jueves 15 de abril, a las 18 horas, por el Facebook del Instituto Mora.)

Portada del libro Marco Antonio Cruz: la construcción de una mirada (1976-1986).

Aquella tarde en que lo conocí, Marco Antonio Cruz habló precisamente de sus influencias iniciales, de los referentes que pueden contribuir a la formación de un fotoperiodista. Algunas de estos temas no son novedad para los que crecimos mirando (en los diarios y revistas) imágenes con un profundo sentido social, propias de un hombre con una gran sensibilidad, pero sin duda para muchos jóvenes entusiasmados con las nuevas tecnologías serán todo un hallazgo (bien lo sé porque imparto clases de fotoperiodismo desde hace diez años a muchachos que desean ser periodistas, pero desconocen a Tina Modotti, Héctor García o Manuel Álvarez Bravo).

Marco Antonio Cruz relató en múltiples entrevistas que ingresó a los 14 años en la Escuela Popular de Arte (EPA), un centro educativo de la capital poblana que mantenía entre su plantilla laboral académicos de izquierda, como Luis Rivera Terrazas, por lo que él mismo solía decir que a esa institución no sólo le debía su educación artística, también su formación política básica.

Pronto supo que su destino no estaba en Puebla, así que emigró a la Ciudad de México. A su llegada recibió el apoyo de uno de los profesores de la EPA, el escultor sonorense Hersúa (Manuel de Jesús Hernández Suárez), quien lo presentó con Héctor García (1923-2012) y su esposa María, pilares de la agencia Fotopress. Con este contexto, arrancó nuestra charla…

—¿Cómo aprendió a fotografiar?

—Fue un proceso largo. El primer contacto que tuve con la fotografía fue en la Escuela de Artes Plásticas; yo estudié ahí y teníamos varios talleres: escultura, diseño gráfico, pintura, dibujo, cine y fotografía (con Arturo Garmendia), y ahí fue el primer contacto que tuve con la foto.

“Un contacto poco desafortunado, porque en ese momento me parecía muy compleja la fotografía. En realidad, ésta tiene una complejidad: el uso de la cámara, el diafragma, las velocidades, la sensibilidad, y luego todo va con una armonía y con un orden y yo no entendía eso.

“En ese tiempo eran cámaras mecánicas, y yo no le entendí bien. Pero posteriormente, posiblemente dos años después, mi mamá me regaló una cámara: fue en ese momento cuando realmente empecé a entender su funcionamiento, pero a un nivel muy básico. Cuando llegué a vivir a la Ciudad de México (entonces Distrito Federal), tuve la fortuna de conocer a Héctor García y con él empecé.

“Realmente Héctor García fue una gran escuela, no solamente de fotografía sino de fotoperiodismo y de historia. Él era, es, uno de los fotógrafos más importantes del siglo XX. Yo lo conocí en 1979 y no sabía quién era; se sabía que era un gran fotógrafo, pero no con la magnitud de ahora de ‘el gran maestro de la fotografía en México’. Con él empecé… De hecho, de la familia García fue María, su esposa, de quien aprendí toda la parte técnica.

“María fue mi maestra técnica y Héctor fue mi maestro en imagen. María es una gran impresora. Ella resolvía todo lo de Héctor y lo resolvió toda su vida. Siempre he creído que Héctor no sería Héctor sin María García. Él era una persona muy intensa, como todos los fotoperiodistas de esa época, una persona que había vivido mil cosas, era un sabio. Yo creo que la gran fortuna del fotoperiodista es que está en mil situaciones y de todo eso se aprende.

“Fue una persona que supo entender su momento, registrarlo y lo que tenemos ahora como patrimonio es impresionante: es una cantidad tan enorme de obra, que se podría hacer una exposición tras otra. Así que con él aprendí. Yo creo que fue un momento muy afortunado en mi vida. El haberlo conocido, el haber estado con él formó la figura de quién soy yo ahora. Yo no sería lo que soy sin haber conocido a María y a Héctor García”.

—¿Cómo llega usted al fotoperiodismo?

—Bueno, primero empiezo como ayudante de Héctor García y como recadero y mensajero y oficinista contestando teléfonos. Poco a poco me empiezo a involucrar más en el trabajo de Héctor en la oficina que él tenía, se llamaba “Fotopress”. Empiezo con María García a imprimir, sobre todo la obra de Héctor para las exposiciones (pues todo el tiempo andaba exponiendo).

“La oficina de Héctor era una agencia, aunque no tenía propiamente fotógrafos contratados porque nada más era él y María. Cuando sintió que yo ya estaba capacitado para hacer foto, me mandaba a cubrir la información cuando él no podía. Y así empecé. Los primeros eventos informativos que cubrí fueron de esa manera. Desafortunadamente, mis fotos salían firmadas como ‘Héctor García’. Esto era muy común antes, los Mayo hacían lo mismo.

“Tiempo después, a Héctor lo contrataron como jefe de fotografía de una revista que se llamaba Interviú (México), que era una filial de la Interviú de España; eran básicamente entrevistas, pero tenía la parte política, la cultural y la parte central eran fotos de chavas desnudas o semidesnudas. Ahí me llevó Héctor como laboratorista y empecé a tener contacto con todos los fotógrafos de la revista, que eran como siete. Yo revelaba todos sus rollos (que eran kilos de materiales) y les imprimía; fue una lección muy grande de periodismo. Un año después de que empezó la revista, hubo problemas laborales, nos fuimos a huelga y ahí fue donde nos separamos: Héctor se quedó con la parte patronal y yo me quedé con los trabajadores.

“Dentro del comité de huelga hicimos otra revista que se llamó Interviú en Lucha, que fue inédito. En ella trabajé ya como fotógrafo, ahí empecé como fotógrafo”.

—¿Cómo interpreta la realidad a través de la fotografía?

—Para mí lo más importante es la cuestión social. Toda mi obra, desde el principio hasta el final, se centra en ello. De mis 30 años (o más de 30 años) haciendo foto, todo tiene que ver con la gente. Me interesa dar voz, por medio de mi cámara, a los que no la tienen en este país. Me interesa mostrar las desigualdades que existen en este país y me interesa, sobre todo, darle un sentido social a mi obra.

“Yo no veo el arte por el arte, o la cuestión estética por la estética; por ahí no va. Todo mi trabajo tiene un sentido social, y eso ha sido muy importante para mí. Esto no es gratuito. Uno se va formando a lo largo de la vida, te va formando tu carácter, tu manera de ser, como con Héctor, que fue una etapa muy importante en mi vida, pero después otro momento importante fue trabajar en el Partido Comunista.

Marco Antonio Cruz en 2019. / Foto de Alejandro Saldívar.

“El ser fotógrafo del Partido Comunista me dio un sentido social de las cosas. Desde muy joven empecé a retratar movimientos sociales y a darle un sentido a mi trabajo. Alguien que también influyó mucho fue Nacho López. Él mencionaba que la obra fotográfica debía tener un sentido social, de lo contrario se iba a la basura… Y eso es cierto. Yo creo que la cámara fotográfica es como una herramienta, y si la cámara la conjugas con el periodismo, es más poderosa aún porque estás en los momentos indicados.

“Si tú ves mi perfil como periodista, he estado en publicaciones críticas. Jamás he trabajado para publicaciones como el Heraldo o el Reforma, porque mi forma de pensar no va con ellos. He estado más del lado del periodismo de izquierda en México. Hay una identificación con el medio, porque finalmente no es una chamba, es ejercer el periodismo. Y la mejor manera de ejercerlo es con el compromiso… Mira, si una publicación tiene el compromiso de hacer las cosas, en automático estás de acuerdo con eso y trabajas sobre esa línea.

“Yo he tenido la fortuna de estar en el inicio de La Jornada, de haber estado en un partido comunista, ahora en Proceso, y, finalmente, mi forma de pensar va de acuerdo con el rostro de la publicación”.

—¿Cuáles son las características que debe tener el fotoperiodismo?

—Lo más importante es informar, ser como termómetro de la situación social de un país, el denunciar cosas. Lo peor que le puede pasar a un periodista (y hablo en general: periodista escrito, dibuje o haga fotografía) es quedarse callado. Lo más importante es luchar por decir las cosas. Yo no creo en el periodismo objetivo, porque estás de un lado o estás del otro. Siempre he pensado que estoy del lado de lo que es lo justo o denunciar lo que yo creo que es injusto.

“Para mí es el principal valor del periodismo, el compromiso. Y es un compromiso no momentáneo, es un compromiso de vida. Muchas veces tu trabajo rebasa hasta el periodismo inmediato. Por ejemplo, el trabajo que hice sobre la ceguera en México duró 17 años, no hay un medio que te aguante o que te sostenga una investigación de tantos años, tampoco hay un medio que te publique toda esa información que hiciste durante tanto tiempo.

“Entonces tu trabajo llega a rebasar la cuestión del periodismo y es cuando adquiere este sentido, que en México se le llama fotografía documental. Hay muchas salidas ahora para este tipo de fotografía. Yo creo que la tecnología trae cuestiones de mucho beneficio, sobre todo para el periodismo. El hecho de que tú hagas una imagen y la puedas mandar a cualquier parte del mundo, en ese instante, es un gran beneficio.

“Casi todo lo que tú ves ahora es en tiempo real, no es como antes que cubrías una información y haste el día siguiente salía publicada. Ahora casi todo es en tiempo real; eso es increíble y es un gran beneficio para la sociedad. La tecnología ha servido para abrir portales de difusión, como los que hay en internet. Ya no hay límites.

“Si tú sientes que te cierran las puertas porque no te quieran publicar tu trabajo, pues puedes crear tu propio medio. Ahora no existen ni justificaciones, ni pretextos ni nada, es impresionante lo que se ha hecho. Yo creo que el fotógrafo debe de trabajar para la sociedad porque finalmente todo lo que se hace, todo lo que se produce, no es para tenerlo archivado, es para mostrarlo a la gente.

“Cuando tienes tantos años trabajando, las imágenes que tomaste jamás mueren, son intemporales, y sobre todo ahora con las redes sociales, el internet y con la creación de tus propios sitios, pues estás mostrando a un público joven lo que hiciste hace 20 años, y es como si fuera nuevo, la gente se sorprende.

“Es uno de los grandes aportes de la tecnología… Claro, ésta también tiene sus contras; por ejemplo, el hecho de no tener negativo, el no tener nada físico es muy grave porque finalmente la historia de la fotografía es tan cortita en el tiempo de vida del hombre (¡menos de 200 años!); es como un pequeño granito de arena en esta playa que es la humanidad. Y en este granito de arena es impresionante lo que se ha hecho, lo que se ha registrado: la foto ha documentado al hombre como nunca, son millones de documentos los que se producen al día. La fotografía, sin duda, ha aportado a la humanidad, al conocimiento y a la ciencia”.

—¿Cómo se debería de enseñar el fotoperiodismo en las universidades o en talleres?

—Creo que tendría que haber un plan de estudios con un alto nivel, sobre todo un plan de estudios basado en la realidad: cómo cubrir la información, la parte de la ética es muy importante, el compromiso. Creo que tendría que ser un plan de estudios a nivel licenciatura. Es una pena que a estas alturas, con toda la trayectoria que tiene el fotoperiodismo en México, que es muy profunda (pocos países tienen una historia como la nuestra), no exista una carrera de fotoperiodista. No la hay.

“La enseñanza del periodismo en México y, en particular, de la fotografía, a falta de escuelas e instituciones, ha sido de una generación a otra… La educación de la fotografía en México es como una larga cadena, una generación es un eslabón amarrado a la otra generación. Yo provengo de la generación de Nacho López, Héctor García, de los que aprendí. Y seguramente hay gente que aprendió de nosotros, del trabajo de los fotógrafos de los años ochenta y noventa.

“Pero eso está mal; debería de haber un nivel avanzado de educación, porque finalmente la historia es muy profunda y ha llegado el momento de que la fotografía tenga su lugar.

“Por ejemplo, para mí la fotografía que existe en cualquier facultad de comunicación o carrera de periodismo es malísima. Las clases de foto son muy básicas. Cada maestro da de acuerdo a su visión, por eso son tan importantes los planes de estudio. Si existieran éstos, se darían clases bajo una línea, bajo un proyecto ya elaborado de educación y no de acuerdo con la experiencia de cada persona.

“En mi caso, yo doy clases de acuerdo con mi experiencia, con lo que he vivido… Al no existir una enseñanza profesional, la gente no sabe ni cómo armar un reportaje, una historia, una investigación. Yo lo he hecho a lo largo de mi vida con aciertos y errores, he ido aprendiendo cómo hacer las cosas. Entonces, cuando doy clases transmito lo aprendido”.

—¿Cómo debería de ser una ética para el fotoperiodismo?

—Tiene que ser con un compromiso con la sociedad, con su momento. De ahí parte todo: el que verdaderamente tengas el compromiso de hacer las cosas, el que seas crítico, que siempre seas punzante, el hecho de siempre cuestionar todo y, especialmente, el dar voz a los que no tienen voz.

—Uno tarda en encontrar su propio estilo, ¿usted ya encontró el suyo?

—Creo que la fotografía es algo tan generoso que jamás terminas de aprender. Siempre estás aprendiendo la manera de ver, de contar historias, de ver la realidad y de poder transmitirlo por medio de las imágenes. Hay mil maneras de ver las cosas, y, ahora, hay mil herramientas para poder hacerlo. Creo que el fotógrafo que más capacitado esté en todas estas herramientas, y sobre todo a nivel cultural, va a poder traducir una realidad, y en eso nunca se termina de aprender. Por experiencia propia te lo digo.

“Yo no creo que haya llegado a mi momento, y espero que nunca llegue y siempre esté aprendiendo. Sin embargo, también es cierto que luego de tantos años de hacer foto, no me veo haciendo fotoperiodismo a mis 80 años. Me empiezo a perfilar un poco a mis orígenes que son las artes plásticas, el diseño, el dibujo, todo eso.

“Yo estoy contento con lo que hecho hasta ahora, pero el futuro no sé cuál sea. Pero sí creo que en el fotoperiodismo tenemos un momento muy contado. Es como con los futbolistas: ellos no pueden serlo toda la vida porque se requiere de energía, de pasión, se requiere de juventud. Y así el fotoperiodismo…”.

Viernes Santo, Iztapalapa (1986). / Una de las fotos más conocida de Marco Antonio Cruz.

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