Ilustración: Johan Jarnestad / The Royal Swedish Academy of Sciences.

Nobel de Economía 2020: Paul R. Milgrom y Robert B. Wilson

Las pujas bien lo valen…

El Banco de Suecia, el banco central más antiguo del mundo y probablemente el más innovador de todo el sistema, anunció el pasado lunes 12 de octubre los premiados con el Nobel de Economía 2020. El galardón y cerca de un millón de euros lo obtuvieron los profesores estadounidenses Paul R. Milgrom y Robert B. Wilson, de la Universidad de Stanford; les fue concedido “por las mejoras en la teoría de las subastas y las invenciones de nuevos formatos de subastas”, según publicó la Academia Sueca de Ciencias. “Sus descubrimientos han beneficiado a vendedores, compradores y contribuyentes de todo el mundo”. Los catedráticos Luis Garvía Vega y Francisco Jareño Cebrián reflexionan y analizan esta designación…


Nobel de Economía para las subastas de franjas de aterrizaje, frecuencias de radio o derechos de emisión de CO₂

Francisco Jareño Cebrián

En época de pandemia y crisis mundial, el Banco de Suecia premia a dos economistas que desarrollan los procedimientos de subastas: Robert Wilson y Paul R. Milgrom.

¿Quién da más?

En una subasta queda claramente reflejado cómo, de un lado, los vendedores quieren encontrar el mejor comprador (el que pague más por el bien o servicio vendido) y, en el otro, los compradores desean adquirir el objeto deseado al precio más bajo. Se trata de un proceso de ajuste o fijación de precios entre la oferta y la demanda, hasta alcanzar un equilibrio. Un precio que ninguna de las partes conocía, pero surge de la interacción de ambas. Situaciones de este tipo son, en esencia, las que estudian los economistas galardonados.

No hace falta ser grandes inversores, empresas de suministro eléctrico o de telecomunicaciones: cualquiera puede intervenir en este tipo de operaciones. ¿Quién no ha participado en una subasta de eBay? A pesar del conocimiento tan profundo de los galardonados, Wilson manifiesta no recordar haber participado en algún tipo de subasta, pero seguro que lo ha hecho, pues, en su entrevista tras conocer la noticia, confirma que ha realizado alguna compra a través de eBay. Incluso para entender la factura de la luz, como consumidor, es útil conocer este tipo de procesos.

Wilson y Milgrom han estudiado la forma de actuar de los inversores, que en muchos casos muestran un comportamiento gregario o de rebaño, tomando decisiones en función de la información disponible, así como la que creen que poseen los otros inversores.

Wilson: desentrañando el cluedo de la economía

Wilson es uno de los pioneros en la aplicación de la teoría de juegos en contextos como las subastas, en las que existe asimetría de información entre compradores y vendedores, es decir, donde la información que poseen unos y otros no es la misma.

Esta circunstancia puede hacer que determinados inversores que carecen de información (o que la que tienen no es de calidad), propongan precios (pujen por los bienes o servicios) superiores al valor del bien, provocando que una de las partes se beneficie y la otra se vea perjudicada.

Sus investigaciones han permitido conocer mejor la forma de pensar y actuar de los inversores en situaciones de compra venta de productos y/o servicios a través de algún sistema de subastas.

Según Wilson, en las subastas, los inversores racionales (compradores) suelen proponer precios por debajo del máximo que están dispuestos a pagar, por miedo a sobrestimar el valor del bien o servicio en cuestión, en lo que se conoce como la maldición del ganador. Esto es, pujar ofreciendo un precio muy alto y, por tanto, incurrir en pérdidas.

Su aportación a la economía está relacionada con el estudio del comportamiento psicológico de los agentes económicos que participan en las subastas. En ellas, hay que saber interpretar la información que posee cada individuo y conocer la calidad de la misma, así como intentar predecir la información con la que cuenta la otra parte para prever su comportamiento. En definitiva, se trata de un juego psicológico.

Valores comunes, valores específicos y subastas

Milgrom, por su parte, ha desarrollado una teoría general de subastas que considera no sólo los valores comunes, sino también los valores privados que varían entre los participantes en una subasta.

Analiza también la dinámica de aquellas subastas que sólo interesan a determinados (y pocos) agentes económicos, por ofrecer bienes y servicios muy específicos. Estos bienes y servicios podrán venderse en el futuro pero con dificultad, pues se debe encontrar a compradores interesados en ellos.

Además, el académico apoya el sistema de pujas abiertas frente a las pujas cerradas, es decir, propone que las empresas que compiten entre sí deben conocer las ofertas que realizan sus oponentes. De esa forma, la información está disponible para todos, por lo que los clientes, en el caso de la fijación de precios como la energía, se verían beneficiados con precios mucho más ajustados.

Nobel a las subastas eficientes

Ambos galardonados han participado en el diseño y desarrollo de sistemas de compra-venta en mercados estratégicos (electricidad, telecomunicaciones). Estos procesos se han implementado en algunos productos especialmente complejos como pueden ser las subastas de las franjas horarias de aterrizaje, las frecuencias de radio y las subastas de derechos de emisión de gases de efecto invernadero, entre otras.

Wilson y Milgrom sostienen que en muchos de estos casos, los vendedores no buscarían maximizar el beneficio económico sino el beneficio social. En otros, el beneficio social es más difícil de justificar: por ejemplo, una subasta de derechos de emisión puede suponer que estos sean negociados posteriormente (comprados y vendidos), con lo que ciertas zonas podrían acabar realizando más emisiones de las deseadas. Como en todo, el proceso de subasta tendrá un objetivo más o menos justo en función de la aplicación que se haga de él.

Así, en unos momentos convulsos y de turbulencia económica, como la pasada crisis financiera global provocada por las hipotecas de alto riesgo (subprime) o como la actual crisis originada por la pandemia mundial de la covid-19, los procesos de subasta permiten conseguir una asignación más eficiente de los recursos, lo cual puede ayudar a alcanzar la tan ansiada recuperación económica.


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2013-2020: el coherente relato de los premios Nobel de Economía

Luis Garvía Vega 

Para los que nos dedicamos a esto de la economía, el anuncio de los premiados es un momento curioso. El Banco de Suecia se esfuerza cada año en transmitir un mensaje que, aunque a veces pueda resultar confuso, e incluso contradictorio, apunta siempre en la misma dirección, la del sentido común y el buen desarrollo de la economía.

Este 2020, el mensaje de la academia sueca se apoya totalmente en el sólido marco conceptual del año 2013 y lo desarrolla.

¿Cómo se pueden gestionar de manera eficiente los recursos en los grandes mercados regulados? Sin duda, el precio es la clave que articula el mecanismo, pero hay que entender que en los grandes mercados regulados intervienen los gobiernos y las grandes multinacionales para gestionar recursos de interés estratégico (como es el caso de la electricidad o los hidrocarburos).

Si a esto añadimos la complejidad introducida por Internet y el cambio climático, es evidente la importancia del trabajo de los profesores Milgrom y Wilson. Fruto de este trabajo, los Estados han podido recaudar miles de millones mediante el diseño de nuevos formatos de subastas.

En este sentido la obra de estos dos académicos tiene puntos en común con la del Nobel de 2017 Richard Thaler: la teoría de los empujones.

En ocasiones, en lugar de forzar a que sucedan cosas, es mucho mejor ser sutil y provocar que los propios individuos sean los artífices del cambio, con la motivación (empujón) correcta.

Si en 2017 se hablaba exclusivamente de fiscalidad pública, ahora se extrapola esta filosofía, que apuesta por la transparencia y el buen uso de la motivación de los jugadores, a los complejos mercados regulados.

Robert Wilson fue a despertar a su amigo y vecino Paul Milgrom durante la madrugada para comunicarle la novedad. / Imagen: Andrew Brodhead / Stanford University.

De 2013 a hoy, de eslabón en eslabón

Como si de una historia de folletín se tratase, los premios otorgados desde 2013 han ido dibujando una fuerte crítica a los aspectos más controvertidos de nuestro modelo económico.

En el 2013 el galardón recayó sobre Eugene F. Fama, Robert J. Shiller y Lars Peter Hansen.

Fama es el padre de la hipótesis del mercado eficiente, según la cual, se puede considerar eficiente un mercado cuando en el precio de los activos se recoge toda la información existente en el sistema.

Shiller, por su lado, impulsó el Behavioural Finance, que explica cómo los mismos mercados se mueven por ineficiencias causadas por la psicología del inversor.

En el medio estaba Hansen, con sus modelos econométricos para predecir el futuro. Los mercados tienden a la eficiencia, y cuando se produce una ineficiencia, esta generalmente se corrige por medio del arbitraje.

Dentro de esta dinámica general de equilibrio, la psicología del inversor tiene un peso específico y provoca, en no pocas ocasiones, la aparición de burbujas, crashes y pánicos. La aparente contradicción en las teorías no es tal y, precisamente, la combinación de diferentes puntos de vista enriquece y completa nuestro entendimiento del mundo.

En 2014, Jean Tirole era premiado por su trabajo sobre la globalización de la regulación, que en ocasiones puede llegar a transformar a las multinacionales en verdaderos monstruos.

El año 2015, con Angus Deaton, se ponía el foco en el consumo y su relación con la creación de riqueza.

En 2016 se pasó de premiar análisis globales al estudio de la relación entre individuos, gracias al trabajo de los profesores B. Holmström y O. Hart.

En 2018 se premió a Paul Rommer por integrar las innovaciones tecnológicas en el análisis macroeconómico a largo plazo, junto con William D. Nordhaus, que hizo lo propio con el cambio climático.

En 2019 el premio a Abhijit Banerjee, Esther Duflo y Michael Kremer fue por su lucha contra la pobreza. Todo un relato que permite dibujar el cambio de modelo económico.

Un continuo de sensatez

El premio de este año es un paso más en la historia que lleva años relatando el Banco de Suecia. Sobre el funcionamiento de los mercados descrito en el año 2013, es necesario controlar a las grandes multinacionales (2014) con políticas razonables (2017), en un entorno que está transformándose a gran velocidad (2018), para asignar de manera más eficiente los recursos favoreciendo la creación de riqueza del sistema (2015), sin dejar atrás a los que más nos necesitan (2015, 2016 y 2019).

Francisco Jareño Cebrián. Profesor Titular de Universidad, Área de Economía Financiera, Departamento de Análisis Económico y Finanzas, Universidad de Castilla-La Mancha.

Luis Garvía Vega. Profesor de finanzas en ICADE Business School, Universidad Pontificia Comillas.

Fuente: The Conversation.

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