José José. Imagen: página de Facebook oficial.

“Para bien o para mal, eres un compañero del amor y de la vida de la gente”

José José: a un año de su partida…

En el rol de entrevistador emergente para el semanario Mira, en febrero de 1994, el poeta y tallerista, pero también editor y corrector, experto en el cabeceo y en los pies de foto, Ricardo Yáñez, acudió a las instalaciones de la bmg-Ariola, en el 2519 de avenida Cuitláhuac, muy cerca de la colonia Clavería, de la Ciudad de México para entrevistar al cantante José José, con el pretexto de sus tres décadas en la profesión. La entrevista, pactada por 15 minutos, superó la hora de duración y se transformó en una charla entre artistas, bohemios, entre compadres —‘‘tú no hagas caso”, indicó ante la presión de una señorita que entraba y salía y señalaba con fingida o real desesperación el reloj en su muñeca. Recuperar dicha conversación nos pareció una inmejorable manera de recordar al intérprete mexicano, fallecido en Homestead, Florida, el 28 de septiembre de 2019, en conmemoración de su primer aniversario póstumo.


Ricardo Yáñez


—No me lo vayas a tomar a mal, pero no los he contado, porque gracias a Dios tengo muchos, muchos…

Se refiere a sus discos de Oro y de Platino, José José —bautizado como José Rómulo Sosa Ortiz, nacido el 17 de febrero de 1948 en Azcapotzalco—, quien cumple 30 años de cantar, para lo que nació, él, que siendo hijo de dos cantantes de ópera —José Sosa Esquivel, quien en la familia no quería ni acólitos ni músicos, y Margarita Ortiz, “hoy viuda de Sosa”—, vino a saber hasta los quince que podía cantar y tocar —contrabajo, guitarra, “piano muy mal”— y todo porque el José mayor se fue de la casa y debió el menor ayudar a su madre, tocando serenatas, en bares, donde se pudiera; él, hace cinco reconocido como el más grande vendedor en la historia del disco mexicano: “Yo nací para cantar, hermano, es una herencia total de mí”.

Con toda una vida escuchando música clásica, no obstante “de jovencito a escondidas oía rocanrol, twist, bolero, en la radio, en la calle, en otros lados, porque mi papá nos tenía siempre escuchando buena música. No nos dejaba tocar el piano (que había un piano siempre excelente en la casa), ni nada; sobre todo, porque la música de ópera a la que él se dedicaba es un negocio que no deja nada, aquí en México, y eso que en la época en la que él cantaba (los cincuenta) a mí me tocó verlo trabajar con Giusseppe Di Stefano, con María Callas”.

José José hace una pausa. Prosigue:

—Empecé a darme cuenta de mi capacidad para cantar a través del bolero romántico. Me tocó la mera última fase de la época de oro, el comienzo de la balada romántica que venía de Europa y de la balada americana, “Strangers in the night” (popularizada por Frank Sinatra), “Al di la” (Betty Curtis), “Capri c’est fini” (Herve Vilard), te recordarás de todas esas cosas, y luego la bossa nova. Entonces me volví músico, pese a mi disposición para tocar instrumentos. En un momento dado, llegué a cantar en cuatro idiomas: italiano, español, inglés y portugués. Aprendí a manejar todo tipo de ritmos, estando en un bar, entreteniendo a la gente, pues lo mismo tocas tropical que blues, bolero, balada, ranchera… entonces, ahí comenzó mi desarrollo.

“¿Notación? No sé leer ni escribir música. Lo que son las cosas. Nunca, y lo he intentado tres veces, aprendí a leerla y a escribirla. Sin embargo, mi hermano Gonzalo no sabe cantar, pero sí lee y escribe música. Se dividieron los talentos de mi papá ahí. Mi papá pintaba muy bien y era de una habilidad tremenda para todos los trabajos manuales, de electrónica. Todo eso lo sacó mi hermano, y yo saqué lo de la cantada”.

De las serenatas al estudio

“La nave del olvido”, salió en diciembre de 1969, y “El triste”, en marzo de 1970, “luego, luego”, tercer lugar en el entonces Festival Mundial de la Canción Latina, hoy oti de la Canción. Gran perdedora. Tenía entonces José José 22 años, y desde el pasado día 17 de febrero, 46. Nació “en la calle de las Artes, lo que hoy es Antonio Caso, y toda mi vida he vivido aquí en el df”. Hay quien piensa que es de Córdoba, que de Guadalajara. “Yo soy de donde quiera, pero aquí he vivido siempre, hasta ahora que estoy viviendo en Miami, de octubre para acá. Yo soy de donde quiera, claro que sí”.

Treinta años de cantar, que le festejaron en Vallarta sus amigos Rocío Dúrcal, Eugenia León, Armando Manzanero, Camilo Blanes o Sesto, Raúl Di Blasio, Marco Antonio Muñiz, José María Napoleón y Guadalupe Pineda, con la que próximamente rodará una película. Hay registro discográfico de la celebración.

—Yo comencé dando serenatas, comencé cantando en lugares chiquitos, comencé en fiestas, teníamos un grupo de rocanrol también, y ése fue mi inicio en esta carrera. Y como resultado, un día de una serenata me invitaron a hacer una prueba. Yo era estudiante de aviación, de mecánica de aviación, y tenía muchas ganas de ser piloto. Lo que pasó con mi carrera es que se cerró la escuela, que estaba en avenida Boulevard Aeropuerto, con el capitán Moncayo y el mayor Barrera. Y entonces entré a estudiar (porque la jefatura que dejó mi papá en la casa, de no músicos, seguía) al Tecnológico, aquí en Marina Nacional (la Universidad Tecnológica de México o unitec Marina), y estudié el primer año de contabilidad.

“Y de ahí, seguía dando serenatas en la noche. Era obrero en la industria litográfica. Aprendí el oficio de litografía. Y como respuesta a esa serenata que llevamos de regalo de cumpleaños se me invitó a hacer una prueba de grabación en Orfeón. Me contrataron. Desde octubre de 1965 empecé a grabar discos sencillos y a hacer televisión. Tú te acuerdas de Discotheque Orfeón a Go Go, que salían Los rebeldes del rock, Los locos del ritmo, Lucía Guilmáin en las jaulas… ¿te acuerdas?, padrísimo. Y ahí yo debuté con ‘El mundo’”.

El inicio del Príncipe

—Yo era el solista de ahí —continúa José José—, en el grupo en el que participé después de que no pasó nada con mis apariciones en televisión; entré a tocar el bajo. Le pusimos peg, que quiere decir Pepe, Enrique y Gilberto. Y tocábamos jazz y tocábamos bossa nova y tocábamos de todo. Y estuve 66, 67 y 68 en el grupo. Y entonces, en 69, don Rubén Fuentes me produjo mi primer disco, con Nacho González, en rca Victor, con la ayuda del maestro Armando Manzanero, “Armandito” Manzanero.

“Él me empezó a apoyar, a darme su música. Y me dio muchas canciones también para mis demás elepés, y seguimos trabajando muy fuerte. A raíz de ‘La nave del olvido’, en 69, yo hice mi primer lp aquí (en bmg-Ariola). En la foto estoy con un contrabajo. Vivía aquí enfrente, en Clavería. Me venía a pie. Aquí realicé diez elepés para rca”.

José Luis Moreno, de Radio Mil, le puso el mote de “El Príncipe de la Canción”: “Lo hizo, porque grabé una canción que se llamó ‘El príncipe’, de Manolo Marroquín”. La de la idea del nombre artístico, en cambio, fue de Lucero Isaac, bailarina y directora de arte en cine: “Yo lo uso por honrar la memoria de mi padre, que es el primer José”. Y canta: “‘Imagínate que un príncipe/ te trae lindas flores de color/ te acaricia entre sus brazos y/ tú le das tu amor; una cosa bien juvenil de aquella época”. Otra: “Las puertas del colegio”. La voz se oye en toda la sala. “Total, que nos iba muy bien con esa música y me empezaron a decir así”, señala.

Bajo el volcán

El tema le hace cambiar de tono. Se pone serio. Se le ha pedido algo breve, por breve que sea, pero se extiende. Medita, y aunque un tanto reiterativo, se nota que medita bien. Le escuece y a la vez le place hablar de ello: el alcohol.

—He llevado una lucha constante, por muchos años, contra el alcohol, y ahora lo logré vencer. En septiembre y octubre, en Minnesota, me deshice de esta enfermedad que ha estado a punto de aniquilarme… Ha sido un proceso doloroso. He sacado enseñanzas muy positivas, pero a través de mucho dolor. Se sufre mucho siendo alcohólico, y es una herencia desgraciadamente: mi padre murió muy joven también de alcoholismo, y yo contraje la enfermedad… Te evades, te refugias, por dolor, por pena, por timidez, en el alcohol, y no conoces el proceso de captura del alcohol y te enfermas de alcoholismo… Tuve una recaída pavorosa hasta que logré tocar fondo, uno de los factores elementales para poder salir adelante en este programa, que lleva mucha técnica, desde conocer tu química sanguínea, que está dominada ya por la acetona, que te produce una como obsesión: una copa y otra más y otra más, ni lo disfrutas, ya es destrucción.

Hay que “encerrar todo en una burbuja, que es el pasado, y enterrarlo”.

Las cosas han ido mejorando, dice:

—Ahora estoy resolviendo paso a paso mi vida y todo se ha transformado de un día para otro. Porque de cuatro meses para acá, que es tan poco tiempo, mira cómo estoy. Allí hay unas fotos en que parezco Chiquidrácula. Las vas a ver, en serio. Ahora me siento otro, renovado, recuperada la conciencia. Es posible. Yo soy un milagro de recuperación.

“La gente que sigue disfrutando de su alcohol, que lo puede disfrutar, que lo goce. Los que ya están en problemas, que no se metan más adentro porque se sufre mucho”.

José José es feliz cantando, cantándole “al amor y a la nostalgia de los que no son correspondidos”. Se sincera:

—Les canto mucho a ellos. Porque yo sé lo que es eso. Sé lo que son las traiciones de hombres y mujeres, porque la amistad —explica— es amor de varón a un amigo, es un compromiso de derechos y obligaciones, como con una mujer. Pues cuando te traicionan, cuando te fallan, duele mucho, y hay muchas canciones que me permiten cantarle a eso.

“A mí me toca narrar el don de Dios que le da a los compositores, que son los que saben escribir lo que nosotros quisiéramos escribir, todos”.

Yo me siento compañero de vida de las parejas

—Siento que “El triste” no podría existir si no estabas tú allí.

—Tienes toda la razón —ríe—. Mira cómo Dios sabe más que nosotros, él sabe muy bien por qué. A mí me ha dado unas y a otros compañeros otras. Eso es indiscutible.

¿No te sientes un poco terapeuta de toda esa gente que sufre, que ama? ¿No sientes un poco como que les dices: “ahorita les voy a dar un masaje con la voz para que entienda un poco más el mundo”?

—…al corazón —ríe—. El terapeuta viene siendo en sí el compositor. Yo me siento compañero de vida de las parejas. Para bien o para mal eres un compañero del amor y de la vida de la gente.

—Hay treinta años de trabajo evidente. ¿Cuántos más le piensas echar?

—Dadas las circunstancias, yo me siento con medio tanque todavía de gasolina, y la reserva.

Luego se habla de Frank Sinatra, Pedro Vargas, Barbra Streisand, Miguel Aceves Mejía, Lola Beltrán, Johnny Mathis, Pepe Jara, Pedro Infante, Javier Solís, el maestro Zenatti, Marco Antonio Muñiz, Luis Miguel —“estuve en su bautizo musical, nos aconsejamos mutuamente”—, Alberto Vázquez, Lupita D’Alessio, Juan Gabriel, José Alfredo Jiménez, César Costa, Luis Aguilar, el maestro José Pierson y Alejandro Algara.

José José ahora está vocalizando. “Empiezo a tecnificarme vocalmente”, dice. Y también, con un orgullo por su compositor de cabecera que se comparte: “El maestro Cantoral tiene como 90 versiones de ‘El triste’ en muchos idiomas”.

En algún momento, que no es el subsecuente, aprovecha para agradecer públicamente la colaboración de personas que, primero por malentendidos y, luego por aclaraciones, por ciclos cumplidos de uno y otro lado, ya no están con él: Joaquín Guerrero, Rafael Juárez y Fernando Arellanes.

Y concluye:

—Cada vez que subo al escenario ¿de qué me voy a acordar? Por qué grabé esa canción, a quien le cantaba yo. Es mucho dolor, a veces sí, o también puede ser mucha felicidad. Si estás en una época de depresión, como la que me tocó atravesar, olvídate, es una puñalada detrás de otra, pero es padre, es bonito, porque hay una honestidad detrás de todo esto. Compartes. Hay una transmisión completa entre uno, que está en el escenario, y el público, y hay una honestidad absoluta en lo que está pasando ahí. Tú no podrías cantar si no sintieras lo que cantas ahí. ¿Por qué te cree la gente a través de esta bocinita? Mira, mira, ¿de qué tamaño es? Porque lo estás diciendo en serio, sabes lo que se siente, y ellos también, ¡ay, compadre…!

Nota bene: esta entrevista se publicó originalmente en el semanario Mira, Volumen 5, Número 207, correspondiente al 28 de febrero de 1994.

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