Yo soy aquel que ayer no más tenía
contrato azul y editorial pagada,
en cuyo arcón un excedente había
que era caricia de oro en mis mañanas.

El dueño fui de mi revista artera,
llena de elogios y alabanzas vanas,
el dueño de las fábulas, el dueño
de invenciones serviles y profanas;

y muy siglo veintiuno, muy moderno,
y muy rastrero; reptil, tan sibarita,
con Carlos fuerte y con Felipe ameno,
y una sed de sobornos infinita.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *