Caricatura de Frederick Burr Opper (Wikimedia Commons / Dominio Público).

Sólo para desinformados


¿Se ha visto en la necesidad de eliminar —disimuladamente y esperando que nadie lo haya notado— alguna noticia que compartió en sus redes sociales, Facebook, por ejemplo? ¿Le han hecho saber —en una charla de café, por poner un caso— que la información de la que está hablando y que ha obtenido de Internet es falsa? ¿Se ha convertido en la comidilla de sus contactos de alguna red social tras haber compartido la noticia de algún acontecimiento ocurrido años atrás, pero que usted ha publicado como novedosa? ¿Ha caído en la trampa de difundir entre sus contactos una advertencia que amenaza con que, en caso de no hacerlo, comenzarán a cobrarle o que darán de baja su cuenta de mensajería instantánea?

Si ha respondido que sí al menos a una de estas preguntas, quiere decir que a usted le han alcanzado los tsunamis de desinformación. Y saber que no es la única persona a la que esto le ha ocurrido, no es (ni será) el mejor de los consuelos. 

El acceso a la abundante información en nuestra época, así como la rapidez con la que se mueve en Internet, no solo tiene efectos positivos en los usuarios, sino que también parece afectarles. Paradójicamente, el acceso a esa información abundante ha ido configurando un mundo plagado de desinformación y, en consecuencia, de desinformados. El club de la desinformación no solo está conformado por las noticias falsas (como regularmente se piensa): las mentiras y la inexactitud de la información también pertenecen a él.

Los desinformados son esos seres que, cual bañistas que revuelcan las olas a la orilla del mar, son arrastrados por las marejadas de desinformación que hay dentro y fuera de la red. Hacérselos notar, por cierto, es muy peligroso, pues comúnmente reaccionan negando su condición de desinformados argumentando que hablar de desinformación es un error o que nadie puede ser especialista en todos los temas como para saberlo todo. Nada más encantador que mirar a un desinformado esgrimir sus argumentos tratando de negar su condición (se parecen tanto a aquellos que quedan atrapados en las arenas movedizas que, de pronto, hasta compasión despiertan).

Los desinformados suelen conmoverse con noticias viejas que hacen pasar como novedosas. Recientemente —entre el 7 y el 8 octubre de 2019— volvieron a anunciar —en México, para ser exactos— la muerte de Zygmunt Bauman, quien falleció el 9 de enero de 2017. Usaron una nota que el diario El País publicó en su momento. Los desinformados suelen publicar también frases de autores que jamás han leído en sus vidas y que deben conmover su espíritu desinformado (hoy Neruda, mañana Benedetti, pasado mañana Bukowski y así hasta llegar al infaltable François de La Rochefoucauld). Si algo les caracteriza también es su baja capacidad de discriminación literaria. 

Los desinformados suelen ser las víctimas predilectas de los medios a los que les gusta manipular fotografías o acompañarlas con pies de fotos falsos para hacerlos reaccionar con su típica prontitud alarmista y lograr que las hagan circular en sus redes sociales.

En mayo de 2018, la fotografía de Jordi el Niño Polla (actor español de porno) se hizo viral en varios países de América Latina. A los chilenos se les presentó como familiar de distintos alcaldes de la región metropolitana, acusándolo de laborar con ellos ganando un salario ominoso, lo que despertó la indignación y la rabia de los desinformados. A los argentinos se les presentó como el orgullo de Tucumán, estudiante de Harvard y uno de “los creadores de la Vacuna contra la fiebre H1N1”, animando a compartir la publicación incansablemente. A los panameños se lo hicieron pasar por un estudiante chiricano que había ganado un premio de física en Nueva York.

En junio de ese mismo año, 2018, una fotografía de Mia Khalifa (actriz porno y celebridad de Pornhub desde 2014) se les presentó a los mexicanos como una estudiante de UPIICSA (una unidad interdisciplinaria del Instituto Politécnico Nacional), originaria de Oaxaca y ganadora del segundo lugar “en competencia de Máquinas de Movimiento Perpetuo que se celebra en Rusia”. Se solicitaba que la fotografía y su descripción se hicieran virales con el argumento de que, como no se trataba de un futbolista ni una actriz, entonces no se le tomaba importancia a su contribución (inexistente, desde luego) al mundo de la ciencia y la tecnología. Las felicitaciones de Tatiana Clouthier y Marcelo Ebrard en Twitter a esta estudiante no se hicieron esperar. Tampoco sus rectificaciones.

Con su debida intermitencia y con algunas variaciones, desde hace tiempo se hace circular la fotografía de un ave (un colorido loro o un colibrí funcionan bastante bien) con el texto de “Hoy el mundo está de luto”, escrito por encima de un crespón negro. En la parte inferior se puede leer: “El pájaro Patuano está oficialmente extinto”. Y las reacciones de “me entristece”, junto con comentarios de indignación que llegan a sesudas reflexiones sobre el cambio climático y la poca conciencia que tenemos de nuestra estancia en el planeta, no se hacen esperar.

Uno de los mejores catalizadores para que estas cosas ocurran en la Internet y en las redes sociales es la desinformación. Así que antes de compartir información, usted puede cuestionar, contrastar y comprobar (en ese orden).

Publicado originalmente en la revista impresa La Digna Metáfora, octubre 2019.

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