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“Estamos desatendiendo las emergencias medioambientales del presente”

Una conversación con Josef H. Reichholf, biólogo evolutivo y ecologista, autor del libro «La desaparición de las mariposas».

Septiembre, 2022

Las mariposas se están extinguiendo. Son pocos los que aún recuerdan los días en que las praderas estaban repletas de flores con infinidad de mariposas revoloteando por encima de ellas. Pero el deterioro de los hábitats por el uso de pesticidas, la sobrefertilización y los monocultivos han provocado un descenso de cerca del 80 % de la población de estos insectos en los últimos cincuenta años y la amenaza de su total desaparición es cada vez más real. En La desaparición de las mariposas, el reconocido biólogo Joseph H. Reichholf nos lleva de paseo por el fascinante mundo de los lepidópteros a la vez que nos advierte de la catástrofe ecológica que se cierne sobre nosotros ante su alarmante declive. En la siguiente entrevista realizada por Juan F. Samaniego, el exdirector del departamento de vertebrados de la Colección Zoológica Estatal de Múnich insiste en la necesidad de actuar contra la crisis de biodiversidad que atraviese el planeta.

“Unas alas tan finas como el papel de seda, con dibujos y colores que los artistas difícilmente podrían haber imaginado […]; unos ojos compuestos por millares de omatidios que registran los movimientos mucho más rápido que los nuestros; y unas patas cuya sensibilidad táctil es mucho más aguda que la de la yema de nuestros dedos”. El más reciente libro del biólogo alemán Josef H. Reichholf está plagado de dedicatorias a las mariposas. Descripciones que reflejan tanto ciencia y conocimiento como pasión por el mundo de estos pequeños insectos alados. Sin embargo, La desaparición de las mariposas (Editorial Crítica) no es precisamente un homenaje a los lepidópteros. Es más bien un grito de alerta. La enésima llamada de alguien que ha dedicado su vida a entender la importancia de un orden de seres vivos que, poco a poco, está esfumándose de la Tierra.

Reichholf es biólogo evolutivo y un reconocido ecologista. Durante años, fue director del departamento de vertebrados de la Colección Zoológica Estatal de Múnich, la mayor colección de mariposas del mundo, con más de 10 millones de ejemplares. Aun así, no están representadas las más de 200.000 especies descritas y catalogadas por la ciencia. Ni las muchas que todavía quedan por descubrir, si llegamos a tiempo.

—Contar insectos y mariposas no parece tarea fácil. Aun así, vemos cada vez más artículos que señalan el descenso en los números de estos animales. ¿Cómo lo sabemos?

—Un día de sol, en primavera, en el campo, vemos un montón de mariposas. A los pocos días, habrán desaparecido. Contar insectos y, en particular mariposas, en un entorno abierto es muy complicado. Tenemos varios métodos. El más efectivo, que sólo funciona para insectos nocturnos, es atraerlos hacia trampas de luz ultravioleta. Se ven atraídos por la luz siempre de la misma manera, estemos en el lugar del mundo en el que estemos, por lo que los resultados de los experimentos son comparables.

“Yo empecé a trabajar con estas trampas en 1969, hace más de medio siglo. En aquellos años no podía imaginarme de qué manera iban a reducirse las poblaciones de mariposas durante las próximas décadas. Recuerdo que en esos primeros experimentos estaba fascinado por el gran número y variedad de insectos registrados. He seguido haciendo este tipo de experimentos hasta hoy”.

—¿Cuándo se dio cuenta por primera vez del declive de los insectos?

—Ya en los noventa empecé a notar un descenso en los números de las poblaciones y una reducción en la variedad de especies. En aquel entonces, todavía no había demasiado interés en el tema. Hubo que esperar casi 20 años más hasta que otras investigaciones en otros países europeos mostraron las mismas tendencias. Entonces empezó a estar claro que los insectos nocturnos y, en particular, las mariposas estaban desapareciendo.

“Con ellos, desaparecía también una fuente de alimento para muchos otros animales y un valor estético importante de nuestros campos. Ahora nos estamos dando cuenta también de que las mismas tendencias detectadas en las trampas nocturnas están teniendo lugar con los insectos diurnos. En muchas zonas, es ya más fácil ver mariposas en las ciudades que en los campos”.

—¿Podríamos poner en números este declive de las mariposas?

—Depende de las investigaciones; también es necesario tener conjuntos de datos a lo largo del tiempo, porque el número de insectos fluctúa bastante de año a año. Los datos de mis estudios, desde los setenta hasta la actualidad, señalan que el declive empieza a finales de los ochenta y desde entonces es continuado. En el área estudiada, el descenso en las poblaciones es del 85 % y el número de especies se ha reducido un 65 %. Algunas especies son cada vez más raras. Pasan días y días hasta que aparece un individuo, por lo que ni siquiera se puede decir que exista una población viable.

“Si tenemos en cuenta todas las poblaciones de insectos, algunos estudios hablan de descensos de hasta el 95 %. Es increíble. Las mariposas al menos tienen la ventaja de que son buenas voladoras, pueden desplazarse grandes distancias y buscar nuevos hábitats. Pero los pequeños insectos, que son importantes polinizadores, apenas pueden moverse”.

El biólogo evolutivo Josef H. Reichholf.

—Habla del área de referencia de sus estudios, que es el sur de Alemania. ¿Qué está pasando en el resto del mundo?

—Existen investigaciones similares, con series temporales lo suficientemente largas, en Reino Unido y en otros países de Europa Occidental. La situación es mejor en el este y en el sur del continente, ya que el clima normalmente es más favorable para las mariposas, más caluroso y más seco. Los insectos se ven muy afectados por la temperatura superficial, cercana al suelo, y esta a su vez se ve muy influida por la vegetación. Cuanta más vegetación, más frío en la superficie.

“Estas son tendencias que no tienen por qué reflejarse en nuestros análisis meteorológicos, que miden la temperatura del aire a uno o dos metros de la superficie terrestre. Nuestros pronósticos nos dicen muy poco sobre cómo están cambiando las condiciones en el entorno en el que viven las orugas. Es por eso que hemos tardado tanto en entender el efecto real de la sobrefertilización de los campos en las poblaciones de insectos”.

—¿Es esta la razón principal del declive de las mariposas?

—Para mí, sí, aunque depende mucho del nivel de desarrollo agrícola de la región que estudiemos. En zonas con mucha superficie agrícola, el exceso de fertilizantes, que provoca el crecimiento excesivo de la vegetación, y de pesticidas, que contaminan la tierra y el agua, son la causa principal del descenso de las poblaciones de insectos y mariposas.

—¿Y la contaminación lumínica?

—En algunas zonas, como las zonas limítrofes de las ciudades, también es una causa importante. Sin embargo, nuestras investigaciones en Múnich, una ciudad con 1,5 millones de habitantes, han señalado que muchos insectos nocturnos que viven en la ciudad se han adaptado a un entorno con mayor contaminación lumínica. Puede ser incluso que haya tantas fuentes de luz que no sientan una atracción determinada de un punto concreto.

“No es que estén en las mejores condiciones, pero el impacto se difumina. Aun así, todos estos efectos podrían reducirse si usásemos fuentes de luz más amarilla y anaranjada y evitásemos las lámparas blancas y azuladas, más cercanas al ultravioleta, que es la parte del espectro luminoso que atrae a los insectos”.

—Antes señalaba que, para usted, el declive de los insectos empezó a ser obvio a finales de los años ochenta del siglo pasado. ¿Por qué?

—La serie de datos más larga es de mi pueblo natal, en la Baja Baviera. En aquellos años, los prados que eran ricos en flores y en insectos fueron sustituidos por cultivos de maíz. Hoy, Alemania tiene 2,5 millones de hectáreas dedicadas a la agricultura de este cereal, casi lo mismo que la extensión de trigo. Sin embargo, mientras para el trigo se permite que crezcan con él otras especies de plantas y flores, para el maíz, no.

“El cultivo del maíz es muy intensivo en pesticidas, agua y fertilizantes. De un único grano crece una planta de tres metros de altura en poco tiempo. Así, en la región estudiada, la agricultura del maíz a partir de los ochenta ha sido el factor más importante en el declive de las mariposas en el campo”.

—En su libro, critica el rol de la Unión Europea y el Gobierno de Alemania a la hora de fomentar y subvencionar este tipo de agricultura intensiva. ¿Cree que cambiará algo ahora que el principal partido ecologista ha llegado al poder en su país?

—No mucho, la verdad. Están intentando redirigir los subsidios hacia la agricultura ecológica, pero el problema de base continúa. Las subvenciones se otorgan hoy en función del área de los campos. Cuanto mayores sean, más dinero reciben. Y la superficie dedicada a agricultura ecológica es muy pequeña comparada con el resto.

“En mi tierra natal, antes casi todo el pueblo vivía de la agricultura, tenían sus terrenos que trabajaban. Ahora, todo el territorio es controlado por dos o tres grandes corporaciones que cultivan a gran escala. Los campesinos locales han desaparecido y nuestra sociedad se ha visto afectada. Es decir, las subvenciones también han contribuido a fomentar un proceso que no ha sido positivo para la ciudadanía en su conjunto. Ganan las grandes empresas, pierden los campesinos”.

—La agricultura industrial también ha contribuido a que hayamos simplificado la naturaleza. Un puñado de especies animales y vegetales, que nos son beneficiosas, se han hecho fuertes en todo el mundo. El resto está desapareciendo.

—Durante muchos años, las ciudades no han sido capaces de proporcionar unas buenas condiciones de vida para las personas. La vida urbana era una vida mala. Pero eso ha cambiado. Ahora se vive mejor en las ciudades que en el campo. El rural, al menos en buena parte de Europa, está contaminado, está lleno de productos químicos que se usan para envenenar la vida. En las ciudades, eso no pasa.

“Esto podemos llevarlo al terreno de la biodiversidad. Las mariposas y otros insectos, que son indicativos de la salud de los ecosistemas, son ya más abundantes en las ciudades que en el campo. No significa tanto que la calidad ambiental de las ciudades haya mejorado, sino que la del rural agrícola ha empeorado muchísimo. Volvemos a lo mismo, un pequeño grupo de personas se beneficia de una actividad que está costando la salud física y mental de la mayoría de personas que viven en el campo.

“Además, hemos convertido la agricultura en una actividad que es totalmente dependiente de la industria química y de la energía y los combustibles fósiles, lo que a su vez se relaciona con el cambio climático y con la crisis energética en ciernes. Cuando no haya petróleo suficiente, ¿cómo se van a mover las máquinas que trabajan los campos?”.

—En su libro llega a afirmar que las ciudades se han convertido en una especie de refugio de la biodiversidad. ¿Cómo hemos llegado aquí?

—A lo largo de las últimas décadas, las autoridades de muchas ciudades se han centrado en mejorar la calidad de vida para las personas. En el campo, sin embargo, este proceso ha ido en dirección contraria. Las praderas y los bosques han sido destruidos y las tierras se han convertido en unidades de producción. El medio rural debe cambiar, debe seguir un proceso en el que se restablezca la calidad de viva para las personas y los seres vivos que lo pueblan.

—Volviendo a las mariposas, ¿cuáles son las consecuencias de su declive?

—Una de las consecuencias más importantes es la falta de polinizadores, empezando por las abejas y siguiendo por muchos otros insectos que visitan las flores. Necesitamos a los polinizadores para producir buena parte de los alimentos que comemos. Hay zonas de China, por ejemplo, en las que los agricultores tienen que polinizar las plantas de forma manual. Esto no puede convertirse en la norma en toda el mundo. Si los insectos desaparecen, los procesos ecológicos más básicos dejarán de funcionar.

“Las mariposas no dejan de ser un indicador muy claro de qué está pasando con todos los insectos a mayor escala. Cuando hablamos de insectos, pensamos en lo molestos que son los mosquitos. Sin embargo, la mayoría de insectos no hacen ningún daño a las personas, mientras sí tienen muchos beneficios para el funcionamiento de la naturaleza”.

—También son comida para muchas otras especies.

—Lo vemos claramente con los pájaros. Cuando estamos en la naturaleza, nos gusta disfrutar del canto de las aves. Pero no seguirán cantando si no tienen suficiente que comer.

—¿Podemos revertir este declive?

—Me gusta creer que sí. Para lograrlo, tenemos que incrementar la superficie dedicada a agricultura ecológica, reduciendo el uso de fertilizantes y pesticidas. Para ello, los subsidios públicos deberían destinarse a aquellas prácticas agrícolas compatibles con la naturaleza. Esto tendría beneficios tanto medioambientales como sociales, ya que ayudaría a mejorar la distribución del dinero, y nos prepararía para el futuro.

—Hay otras iniciativas, como los proyectos de renaturalización de las ciudades o los que buscan reducir la limpieza de parques y cunetas para favorecer a los insectos.

—Esto es muy importante, sobre todo, por una razón: las personas vemos sus efectos directamente. Los usuarios de las carreteras pueden ver las cunetas llenas de flores autóctonas y mariposas y abejas. Es una forma de percibir la riqueza que puede perderse si eliminamos estas especies. Lo mismo podría aplicarse a todas las áreas urbanas y públicas, como los parques. En las ciudades en las que se aplican estos métodos, los efectos son muy positivos y lo serán todavía más a largo plazo. Ayudan a que la gente perciba las ventajas de intervenir menos en la naturaleza y pueden contribuir a que este punto de vista se extienda por todo el territorio.

—Al principio, señalaba la importancia de las condiciones climáticas en la salud de las poblaciones de insectos. ¿Cómo les está afectando el cambio climático?

—Cuanto más calor haga y más seco sea el clima, mejor para las mariposas y para la mayoría de los insectos. Podríamos pensar así que el cambio climático no es algo negativo para estas especies. El problema es que los extremos climáticos se incrementan y los riesgos de desastres aumentan. Deberíamos ser lo suficientemente inteligentes para darnos cuenta de que hay que frenar el cambio climático.

“Tenemos que hacerlo, además, de forma proactiva, todos en la medida en que podamos. Tenemos que intentar proteger lo que queda de la naturaleza europea y no dejar que nuestro continente se acabe convirtiendo en un desierto en el sur y un inmenso cinturón de producción agrícola en el centro, como sucede hoy en Estados Unidos, por ejemplo. En nuestro caso, tenemos que intentar mantener la diversidad y la biodiversidad europea”.

—Hablando de Estados Unidos, cuando Rachel Carson publicó Primavera silenciosa en 1962 generó un gran impacto. El país llegó a prohibir el uso de los DTT que estaban acabando con muchas especies. Desde entonces, se han publicado cientos de libros similares, como el suyo, pero la reacción ha sido muy diferente. ¿Hemos dejado de escuchar?

—La impresión es que nos hemos vuelto inmunes a esos mensajes. Hay muchos libros que llegaron después de Primavera silenciosa, pero las intenciones políticas no han cambiado gran cosa. En la actualidad, parece que el cambio climático está empezando a situarse en el centro de algunas políticas, pero al mismo tiempo parece que no existe nada más.

“Muchas políticas se están diseñando para el futuro a largo plazo, diciendo que se preocupan de las generaciones del mañana, pero estamos desatendiendo las emergencias medioambientales del presente. Nadie se hace responsable de los problemas actuales ni de la crisis de la biodiversidad. Al final, los mensajes siempre van dirigidos a la acción global y a largo plazo, lo que significa que en realidad se acaba haciendo muy poco.

“Necesitamos movimientos de base, necesitamos hacernos cargo de los problemas que están acabando con la biodiversidad. El dinero y el poder debería destinarse a acciones concretas que solucionen los desafíos del presente. No tenemos que rescatar el futuro, tenemos que salvar el presente. Nuestra tarea como seres humanos es mejorar las condiciones de vida en el planeta. El cambio debe llegar desde la base, porque es el más efectivo. Las conferencias climáticas generan más emisiones de CO2 que resultados reales”.

[Entrevista publicada originalmente en “Climática”, suplemento de la revista La Marea; es reproducida aquí bajo la licencia Creative Commons.]

Las mariposas monarca y los esturiones engrosan la lista roja de especies amenazadas

La mariposa monarca migratoria (Danaus plexippus plexippus), conocida por sus viajes desde Estados Unidos y Canadá a los criaderos de México, ha sido incorporada a la Lista Roja de Especies Amenazadas en la categoría de “en peligro”.

Tanto la actividad humana como el cambio climático han impactado significativamente a la mariposa monarca migratoria y constituyen una amenaza de rápido crecimiento para éste y otros insectos. La sequía limita y decelera el crecimiento del algodoncillo, de donde se alimentan, y aumenta la frecuencia de incendios forestales catastróficos, con temperaturas extremas que desencadenan migraciones más tempranas y matan a millones de mariposas.

El nuevo listado, obra de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), advierte también de que todos los esturiones migratorios del hemisferio norte están amenazados por la caza y sus depredadores. Actualmente, la lista roja incluye 147.517 especies, de las cuales 41.459 están en peligro de extinción.

“La actualización de la lista roja destaca la fragilidad de las maravillas de la naturaleza, como el espectáculo único de las mariposas monarca que migran miles de kilómetros”, ha dicho Bruno Oberle, director general de la UICN.

Situación alarmante

La población de mariposa monarca migratoria se ha reducido entre un 22 y un 72 % durante la última década, advierte la UICN. “Desde plantar algodoncillo nativo y reducir el uso de pesticidas hasta apoyar la protección de los sitios invernales y contribuir a la ciencia comunitaria, todos tenemos un papel para asegurarnos de que este insecto icónico se recupere por completo”, ha comentado Anna Walker, miembro del Grupo de Especialistas en Mariposas y Polillas de la CSE-UICN.

Paralelamente, la evaluación de la UICN revela que no se ha logrado detener el declive de los esturiones: la totalidad de las 26 especies que existen en el mundo está en peligro de extinción, frente al 85 % en 2009.

El esturión del Yangtsé (Acipenser dabryanus) ha pasado la categoría “en peligro crítico” a “extinto en estado silvestre” y otras 17 especies pasan a estar “en peligro crítico”, tres están “en peligro” y cinco son “vulnerables”. También se ha confirmado la extinción del pez espátula chino (Psephurus gladius).

Dichos animales han sido sobreexplotados por su carne y caviar durante siglos. A pesar de estar protegidas por el derecho internacional, se necesita “una aplicación más estricta de las regulaciones sobre la venta ilegal de carne y caviar de esturión”, dice la UICN. La restauración de los ecosistemas de agua dulce y la construcción de pasos efectivos para los peces, junto con unas repoblaciones, son medidas clave para apoyar la supervivencia a largo plazo de estos peces.   (Redacción SdE / Con información de la agencia SINC)

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