Rebosadas satisfacciones


Después de amar a la que calificó como la “última” mujer de su vida, el poeta prometió indagar los placeres en contextos, según dijo, menos terrenales. Su insaciabilidad parecía no tener fin hasta que una misteriosa musa, salida nadie sabe de dónde, interrumpió salvajemente su voraz apetito sensual, al grado de conducirlo al mismísimo Infierno para que todas las noches encendiera el fuego en la hoguera de su alcoba íntima sin la posibilidad de descanso, porque la bellísima bestia seductora no conocía tregua alguna en los goces corporales. El hombre ya no sabe cómo escapar hoy de sus rebosadas satisfacciones.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.