para Julieta Nolasco

Desde el siglo de Pericles hasta principios de la Guerra Fría los hombres cultivaron el deporte atendiendo únicamente a la segunda mitad del célebre aforismo: Mens sana in corpore sano.

Los historiadores del deporte solían coincidir en que, mientras nuestros afanes siguieran por tan ejemplar camino, no habría mayores inconvenientes. Éstos vinieron cuando el deporte se comercializó y en el 96.4 por ciento de la gente empezó a notarse un desinterés por todo lo relativo al cuerpo y al espíritu para dedicarse a rebuznar, esparcir orines, insultar, anatematizar y lanzar proyectiles desde el graderío.

Latinoamericano de nacimiento y famoso siquiatra (o epsiquiatra), el Dr. Eros Palomino convocó a los más destacados intelectuales de su tiempo para crear un deporte capaz de conjugar la habilidad física con los asuntos culturales.

Tan revolucionario deporte se llamó futneurobol y fue resultado de amalgamar el fut bol (o fútbol), el minué, las Matemáticas, la Historia, la Poesía e incluso la Música.

Los tantos se anotaban al introducir la pelota en la meta o portería y por medio de preguntas. Es decir, cuando un jugador anotaba, tenía derecho a preguntar algo al portero, verbigratia: ¿Cuántos son ocho por ocho? O, bien, Juanito tiene que cantar 12 por ciento más semifusas que Pedrito. Si éste dejara de cantar la última página del Requiem de Ferruchi, el total de semifusas que le corresponden disminuiría a la mitad. ¿A cuántas corcheas equivalen las semifusas que habría de cantar Juanito para que la citada página igualara sus semifusas con la mitad de las que canta Pedrito en el resto de la partitura?

Cuando el portero o guardameta ignoraba la respuesta o pedía más datos, el equipo contrario se anotaba doble tanto. Ahora bien, en caso de que la respuesta fuera correcta, el jugador tenía derecho a formular una adivinanza que le permitiría recuperar la mitad de los tantos perdidos. V gr.:

Pino sobre pino, sobre pino lino, sobre lino vino, junto al vino flores y alrededor amores, ¿qué es? O bien: una culebrita inquieta y pelada que llueva, truene o relampaguee, o aunque ni llueva ni truene ni relampaguee siempre está mojada, ¿qué es?

En caso de que la respuesta fuera incorrecta o ininteligible, el ansiado tanto se celebraba cantando a capela algo del cancionero de Upsala (Ay triste que vengo, No tenéis la culpa vos, Yo me soy la morenica…) o de las cantigas de Santa María o de cualquier colección monofónica de la época medieval.

Otra regla importante: el jugador que llevaba la pelota estaba obligado a avanzar bailando graciosamente demi-coupés o demi-jettés, o en su defecto recitando poemas ejemplares a condición, eso sí, de no repetir ninguno que ya hubiera sido pronunciado en el mismo partido. Además, por estar demasiado vistos, estaban prohibidos “La Canción del pirata”, “Hombres necios que acusáis” y “Nocturno a Rosario”.

De no cumplir con los requisitos señalados, el futneurobolista se hacía acreedor a castigos tales como un tiro libre o hacer un trabajo de diez cuartillas sobre las obras completas de algún escritor adscrito al realismo socialista.

Los boletos para admirar este espectáculo no se vendían, se obtenían por concurso de oposiciones.

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