¿Por qué?, se pregunta en este artículo Carlos Herrera de la Fuente. ¿Por qué no se reabre la UNAM en su totalidad? ¿Cuál es el argumento de las autoridades universitarias para mantener cerradas las instalaciones a la educación presencial después de 1 año y medio de haberlas cerrado? ¿Por qué los Consejos Técnicos de cada facultad, así como de la Escuela Nacional Preparatoria y los CCH, a pesar de tener la posibilidad de decidir regresar a clases, prefieren mantener cerradas las instalaciones por más meses, alargando la clausura hasta casi 2 años? ¿Cuál es el argumento definitivo? ¿Por qué?


¿Por qué no se reabre la UNAM en su totalidad? ¿Cuál es el argumento de las autoridades universitarias para mantener cerradas las instalaciones a la educación presencial después de 1 año y medio de haberlas cerrado? ¿Por qué los Consejos Técnicos de cada facultad, así como de la Escuela Nacional Preparatoria y los CCH, a pesar de tener la posibilidad de decidir regresar a clases, prefieren mantener cerradas las instalaciones por más meses, alargando la clausura hasta casi 2 años? ¿Cuál es el argumento definitivo en vista de los procesos para paliar los efectos negativos de la pandemia, principalmente la campaña masiva de vacunación a los mayores de edad (de la cual los profesores y trabajadores universitarios fueron tempranos beneficiarios), el bajísimo nivel de letalidad en menores de 30 años y la avanzada vacunación de la población entre 18 y 29 años? ¿Por qué los profesores y activistas supuestamente “progresistas”, con toda la disposición  de datos sobre la grave afectación psicológica y educativa a adolescentes y jóvenes, a sus propios alumnos y compañeros, prefieren seguir una inercia que no corresponde a la realidad mundial, justo en el momento en que, a nivel global, se han reabierto los centros educativos en casi todas partes, y no se ha demostrado una correlación efectiva entre la reapertura de esos espacios y el aumento de contagios y muertes? ¿Por qué?

Antes de la pandemia, los activistas, profesores y trabajadores “progresistas” tenían como consigna central la defensa de una universidad pública, gratuita y abierta a todos; una universidad que se mantuviera como espacio de educación, formación, debate y convivencia social, con la finalidad de formar jóvenes para el servicio de la nación. Hoy, esos mismos activistas, profesores y trabajadores hacen todo para que la universidad no se reabra, e incluso se quedan callados ante la inoperancia, la absoluta indolencia, la falta de responsabilidad del rector de la UNAM, Enrique Graue Wiechers. Este rector es responsable de la más larga clausura de la universidad en su historia. Frente a Graue, el Mosh (líder estudiantil de la huelga de 1999-2000) parece, en realidad, un parista neófito.

¿Qué fue lo que sucedió? Se responderá, evidentemente, que la pandemia misma. Eso podría haberse respondido al comienzo de este triste acontecimiento histórico, probablemente a lo largo del año pasado. Pero una vez que la exitosa campaña de vacunación del actual gobierno comenzó a tomar forma, acelerándose en febrero de este año, y se consideró a los maestros de todos los ámbitos como principales beneficiarios de dicha campaña, y más tarde, se vacunó casi a la totalidad de jóvenes de entre 18 y 29 años, la clausura dejó de tener sentido. Por si fuera poco, en la Ciudad de México, lugar donde se asienta Ciudad Universitaria, la campaña ha sido tan exitosa que se ha vacunado a más del 98% de la población de 18 años, y ya comienza la campaña de vacunación dirigida a los adolescentes de entre 12 y 17 años de edad con graves comorbilidades.

Siguiendo los datos de la propia UNAM en su sitio web dedicado a presentar las estadísticas de la pandemia a nivel nacional (https://covid19.ciga.unam.mx/), así como del CONACYT (https://datos.covid-19.conacyt.mx/), para el 7 de octubre de 2021, el total de contagiados entre 15 y 24 años, la mayoría de la población universitaria, era de 467 mil 909, esto es, alrededor de 11.9% del total de contagios en el país (3 millones 916 mil 477). La letalidad, sin embargo, era casi nula en esas edades: de 0.27% en el rango de edad de 15 a 19 años, y de 0.36% en el de 20 a 24 años. Con la casi totalidad de universitarios vacunados, la posibilidad de muerte en los rangos de edad señalados desciende prácticamente a 0%. En los hechos, tal como lo ha indicado ya varias veces el Dr. López-Gatell, el 95% de los hospitalizados graves y de fallecimientos después de la campaña de vacunación es de personas con comorbilidades graves que no se vacunaron. En este momento, prácticamente no hay jóvenes de 15 a 24 años de edad hospitalizados a causa de Covid-19.

Por si fuera poca esta información, ya se cuenta con los resultados del primer mes de asistencia a clases presenciales en las edades de 6 a 25 años, esto es, en los niveles de primaria, secundaria, preparatoria y universidad. La asistencia ha sido de alrededor de 54% a nivel nacional (una cifra muy respetable, si uno toma en cuenta el tamaño de la histeria mediática y el terror colectivo). El resultado es el que los conocedores del tema ya pronosticaban desde el comienzo: no sólo no aumentaron los contagios en la población en ese rango de edad y en ese periodo de tiempo, sino que ¡incluso disminuyeron! (https://www.jornada.com.mx/2021/10/07/politica/014n1pol y https://la-lista.com/mexico/2021/10/06/regreso-clases-presenciales-covid). ¿Por qué? Porque, como se ha comentado desde hace mucho tiempo, los niños tienden a contagiarse más en el contacto con familiares que en el ámbito público. La escuela es un entorno muy seguro, con mejores filtros sanitarios y mayores medidas de precaución.

¿Por qué, entonces, este indigno rector mantiene clausurada la universidad? La respuesta no se debe buscar, como se ve, en la pandemia ni en la falta de una campaña masiva de vacunación, sino en el terreno político. Esto es así, porque el rector no quiere enfrentar directamente todo lo que los demás rectores y autoridades, a lo largo de la historia de la UNAM, han enfrentado: el activismo político de los jóvenes, los reclamos salariales de profesores y trabajadores, la necesidad de mejorar y ampliar las instalaciones y la oferta educativa de la UNAM, etc. Es más fácil mantenerla cerrada, seguir cobrando su sueldo de rey, sin hacer nada trascendente. ¡Y todo con la justificación de que lo hace por el bien de la comunidad universitaria! Enrique Graue Wiechers ya no tiene ninguna excusa para mantener cerrada la universidad. Y no es obligación de los Consejos Técnicos abrir las distintas facultades, institutos y bachilleratos, sino de él mismo, que decidió cerrarlos de manera indefinida. Lamentablemente, en lugar de abrir de inmediato todas las instalaciones universitarias y reiniciar clases presenciales, la rectoría ha comenzado a sondear la posibilidad de mantener las clases híbridas de manera permanente (convirtiendo, sin consultarlo con nadie, la universidad entera en una universidad en línea).

Soy profesor de la UNAM, doy clases en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. He impartido clases virtuales por año y medio, y he sido testigo del daño psicológico a estudiantes a lo largo de todo este periodo. Cuando he podido, los he tratado de apoyar y sacar adelante. Pero no soy psicólogo, y por más apoyo que se les dé, lo que ellos necesitan es regresar a clases, reencontrarse con sus compañeros y maestros, volver a visitar las bibliotecas y recorrer los hermosos espacios de Ciudad Universitaria (sus jardines, sus edificios, sus cines, sus teatros, sus museos); necesitan salir de sus casas y volver a recobrar su vida estudiantil (como lo señala bien el presidente: no se puede estar todo el tiempo enajenado en la pantalla ni pegado al internet). Esto lo deberían comprender los profesores, trabajadores y activistas supuestamente “progresistas” y de “izquierda”, que, hasta ahora, en su gran mayoría, con su silencio y complacencia, han sido cómplices de esta agresión inédita contra la universidad. No hay ninguna excusa. ¡Reabran la UNAM ya!

Twitter: @CarlosHF78

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