El castor y la liebre


A un costado del río, bajo un portentoso árbol, construyó el castor con esmero y minuciosidad durante casi todo el día, con ramas recogidas aquí y allá, una preciosa casa para su pareja, luego de lo cual fueron a retozar a las aguas y buscar alimento para encerrarse a deglutirlo en su acogedora morada. Mientras esto sucedía, una liebre, que pasaba por allí, se deslumbró con la novedosa arquitectura y, por no dejar, para sentirse tranquila, la deshizo toda y después se fue completamente en paz consigo misma.


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